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La historia de los buenos tiempos del mercado se basa en una base muy endeble, consistente en las ganancias obtenidas gracias a la venta de activos. Hasta ahora, el índice S&P 500 ha aumentado.
La gran mayoría de esa ganancia proviene de un aumento en el precio del 1.38%. La contribución por parte de los dividendos es apenas del 0.06%. Este aumento se debe a la euforia, y no a un incremento en la actividad económica real.El indicador clave es la forma en que el mercado ha reaccionado ante los últimos datos económicos. En noviembre, las ventas minoristas superaron las expectativas.
El mercado no mostró mucha reacción al respecto. Eso es indicativo de algo importante: si los inversores realmente apostaban por un auge impulsado por los consumidores, entonces un informe de ventas sólido debería haber provocado un aumento en los precios de las acciones. En cambio, la escasa reacción del mercado sugiere que los inversores están concentrándose más en los resultados financieros de las empresas, y menos en el gasto de los consumidores.Los analistas proyectan ganancias sólidas en el cuarto trimestre, y las estimaciones de ingresos para ese período son positivas. El mercado toma en cuenta estas buenas noticias, y no los datos del mes de noviembre. Se trata de un caso típico de ganancias ficticias: el índice se mueve según las expectativas de ganancias futuras, no según la demanda actual. Para que este aumento sea sostenible, ese optimismo debe estar respaldado por una realidad tangible, como la lealtad de los clientes hacia la marca. Por ahora, el estacionamiento aún no está lleno.

El optimismo del mercado se basa en gran medida en las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial. Los inversiones en IA claramente están contribuyendo al desarrollo económico. Se prevé que las inversiones fijas empresariales seguirán creciendo de manera significativa.
Estas inversiones son un verdadero motor económico, que impulsa el crecimiento en los sectores tecnológicos y afines. Pero la pregunta para los inversores es si se trata de un aumento sostenible en la productividad, o simplemente de una burbuja especulativa que puede colapsar en cualquier momento.La previsión básica supone que este impulso en la inversión en IA continuará, aunque a un ritmo ligeramente más moderado. Esta suposición se refleja en las perspectivas de los gastos del consumidor, quienes se espera que disminuyan del 2,6% en 2025 al 1,6% en 2026. La conexión es clara: los beneficios obtenidos gracias a la tecnología de IA generan un efecto de riqueza, lo que impulsa el gasto hoy en día. Pero a medida que los aumentos en los precios de las acciones disminuyen, ese apoyo desaparece, obligando a que el crecimiento del consumo vuelva a estar en línea con el crecimiento más lento de los salarios. Esa es la dinámica de los “beneficios financieros”, pero en una forma diferente: la riqueza proviene de los activos financieros, no de los aumentos en los salarios.
El verdadero riesgo es un retracción repentina en las inversiones en IA. Este fenómeno se considera un factor clave que podría causar una desaceleración económica más amplia. La previsión muestra cuán vulnerable está la situación actual: una caída brusca en las inversiones en IA podría llevar a un aumento del índice de desempleo al 4.5%. Eso es un signo de alerta. Significa que el motor de crecimiento económico depende ahora tanto de esta fuente de gasto, que es potencialmente volátil, que cualquier problema podría rápidamente afectar los empleos y los salarios.
Entonces, ¿se trata simplemente de ingeniería financiera? En cierto modo, sí. El aumento actual en los precios de las acciones está motivado por las expectativas sobre la productividad del AI en el futuro, y no por un aumento en la demanda real de bienes y servicios por parte de los consumidores. Puede que el estacionamiento esté lleno de inversores en tecnología, pero el verdadero motor de la economía depende de si el AI realmente logra hacer que las empresas sean más eficientes y crear productos mejorados que las personas quieran comprar. Por ahora, el mercado cree que esa suposición es correcta. La sostenibilidad de esa creencia, y por ende el aumento en los precios de las acciones, depende completamente de que esa suposición sea cierta.
Los datos de diciembre parecen prometedores en términos generales. Las ventas minoristas han aumentado significativamente.
Seis de las nueve categorías monitoreadas registraron aumentos en sus resultados. Por ejemplo, el segmento de ropa y accesorios aumentó un 6% en comparación con el año anterior. Eso es algo que sirve como argumento para justificar la “economía lenta”. Pero un estacionamiento lleno… no es motivo suficiente para afirmar que la economía está estancada. Hay una condición importante que debe tenerse en cuenta: el final del Día de Acción de Gracias en 2025 causó que Cyber Monday se produjera en diciembre. Esto probablemente haya aumentado artificialmente los gastos de los consumidores durante ese mes. Pero esto no significa necesariamente que la economía esté sana; simplemente, el cambio en la fecha de Cyber Monday ha hecho que los datos de diciembre parezcan más altos de lo que realmente son.Miren más allá de esa oleada festiva. La previsión a largo plazo muestra un panorama diferente. La perspectiva básica proyecta que el gasto real de los consumidores aumentará.
Las razones son simples. En primer lugar, se espera que el efecto positivo que genera la inteligencia artificial en la economía, y que impulsa el gasto actual, disminuya a medida que las ganancias en los precios de las acciones se moderan. En segundo lugar, y de forma más estructural, hay una disminución significativa en la migración neta. Con menos trabajadores entrando al país, la economía enfrentará un crecimiento demográfico más lento, lo cual afecta directamente el gasto de los consumidores. Los altos aranceles también aumentan la presión sobre los precios de los consumidores y debilitan su poder adquisitivo.Por lo tanto, el aumento en diciembre es real, pero se trata de un aumento temporal causado por factores estacionales. La verdadera situación es la que se presenta en el futuro. El mercado anticipa una desaceleración, no un auge. Para que el gasto de los consumidores siga siendo alto, se necesita algo más que simplemente las fiestas de fin de año. Se necesita un crecimiento salarial adecuado para mantener el ritmo de los precios, además de un flujo constante de nuevos trabajadores. En este momento, la situación parece ser lo contrario. La realidad del mercado muestra que el alivio temporal solo oculta una tendencia a la desaceleración a largo plazo.
El análisis hasta ahora indica una desconexión entre la economía de mercado y las condiciones reales del mercado. El aumento en los precios se basa en las expectativas de ganancias futuras obtenidas gracias al uso de la inteligencia artificial, así como en el efecto positivo que esto puede tener sobre la riqueza de las personas. Sin embargo, la economía real enfrenta problemas debido a la disminución del gasto durante las vacaciones y al lento crecimiento de la población. Para ver si esta situación es sostenible o no, es necesario observar estos signos específicos.
En primer lugar, el próximo informe sobre las ventas minoristas de enero será un test crucial. El aumento de las ventas en diciembre probablemente fue exagerado debido al momento en que ocurrió: justo después del Día de Acción de Gracias y durante el Cyber Monday. Si las ventas en enero muestran una disminución significativa, lo cual indicaría que el aumento de las ventas en diciembre fue un evento único, eso confirmaría que el gasto de los consumidores está disminuyendo, en lugar de aumentar. El optimismo del mercado entonces enfrentará su primera prueba real.
En segundo lugar, los informes de resultados de las empresas para el cuarto trimestre proporcionarán datos concretos sobre el rendimiento económico de cada empresa. Los analistas proyectan un aumento en los ingresos durante ese período.
Si las empresas logran cumplir o superar ese objetivo, eso valida la hipótesis de que el mercado está obteniendo ganancias. Sin embargo, si no se alcanza ese objetivo, significará que la inversión en AI no está traduciéndose en aumentos rápidos en las ventas, lo cual ejerce presión sobre todo el mercado.Sin embargo, el riesgo más importante es una retracción en la fuente misma de ese tipo de inversión. La previsión básica supone que las inversiones en IA seguirán siendo fuertes, pero se basa en un modelo que no tiene en cuenta este posible escenario de retroceso.
Es un factor clave que puede contribuir a una situación negativa en la economía. Si el gasto empresarial en IA comienza a disminuir, esto podría provocar una desaceleración económica más amplia. Como se puede ver en las previsiones, la tasa de desempleo podría aumentar hasta el 4.5%. Ese es un indicio de alerta que hay que tener en cuenta en los datos relacionados con la inversión empresarial.En resumen, el estacionamiento puede estar lleno de inversores que apuestan en la tecnología de la inteligencia artificial. Pero el verdadero motor de la economía depende de si ese gasto genera una productividad duradera y una demanda de consumo constante. Los próximos datos nos dirán si ese “combustible” sigue fluyendo o si el “motor” ya está fallando.
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