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La actual fascinación del mercado bursátil por Tesla, Inc. (TSLA), refleja una peligrosa desconexión entre la valoración y la realidad. Con un ratio P/E de 293, Tesla es la acción más cara entre las empresas del grupo de aquellas que valen al menos 1 billón de dólares. Este nivel de valoración contradice la lógica financiera convencional; en cambio, depende de factores que no están relacionados con la rentabilidad real de la empresa.
En el campo de la conducción autónoma y la robótica, este optimismo está cada vez más en desacuerdo con los progresos reales de la empresa, así como con el creciente escepticismo incluso de sus críticos más entusiastas. Ross Gerber, inversionista de larga data en Tesla y crítico abierto de Elon Musk, ha alertado sobre lo que él llama “alucinaciones” de Musk respecto al estado tecnológico de la tecnología de conducción autónoma completa de Tesla. Las advertencias de Gerber, junto con la posición retrasada de Tesla en la carrera de vehículos autónomos y su precio de acciones inflado, constituyen una razón convincente para que los inversores que tienen opiniones contrarias reevalúen su exposición a la empresa.La crítica de Gerber se centra en la tendencia de Musk a exagerar los avances de Tesla en el área del conducción autónoma. Durante las llamadas con los inversores, Musk ha afirmado repetidamente que el sistema FSD de Tesla está “cercano” a alcanzar la autonomía total. Pero Gerber sostiene que esta afirmación contradice el rendimiento real del sistema en la práctica.
La versión FSD v14 de Tesla, aunque se promociona como una solución casi completa, sigue teniendo problemas en condiciones adversas, como la lluvia. En tales situaciones, la fiabilidad de los sensores y la capacidad de toma de decisiones disminuyen significativamente. Este desajuste entre las palabras y la realidad ha llevado a que Gerber califique las afirmaciones de Musk como “alucinaciones”. Es un término que utiliza para describir declaraciones que no se basan en la realidad.Español:
El ratio P/E de Tesla, que es de 293, no se justifica por sus ganancias actuales, sino más bien por otros factores.
Desde el punto de vista de la conducción autónoma y los taxis robóticos, esta valoración parte de la premisa de que Tesla logrará un avance significativo en la tecnología de vehículos autónomos y obtendrá una cuota dominante en el mercado de los taxis robóticos. Sin embargo, este escenario aún no ha sido demostrado. En cambio, el coeficiente P/E de Alphabet es de 29, y el coeficiente P/E futuro de Nvidia es de 51.Atados a sus actuales fuentes de ingresos y a su liderazgo tecnológico.La disparidad es aún más notable si se considera el panorama competitivo del mercado. Las operaciones de asistencia automática de Waymo ya generan datos y perfeccionan los algoritmos a través de su uso en el mundo real. En cambio, el sistema FSD de Tesla sigue en una versión beta cerrada, con pruebas públicas limitadas. Para los inversores, esto plantea una pregunta crucial: ¿Es la valoración de Tesla un reflejo de su potencial, o simplemente un error de precisión causado por el culto a la personalidad de Musk y el interés del mercado por historias de crecimiento especulativo?
Para los inversores que prefieren el enfoque contrario, la trayectoria actual de Tesla constituye un ejemplo de lo que puede suceder. La disminución en las ventas de vehículos eléctricos de la empresa, la creciente competencia de fabricantes chinos como BYD, y los desafíos técnicos relacionados con la conducción autónoma, todos indican que esta acción es algo preocupante.
La predicción de Gerber de que 2026 será un “año clave” para Tesla destaca la urgencia de este problema.En cuanto a FSD y los taxis robóticos, la percepción de los inversores podría cambiar rápidamente, lo que podría provocar una corrección drástica en el precio de sus acciones.Además, la dependencia de Tesla en la visión de Musk como motor de crecimiento introduce un riesgo único. A diferencia de empresas como IBM o Nvidia, que tienen modelos de negocio diversificados y ganancias más estables, el futuro de Tesla depende del éxito de una tecnología que aún no ha sido probada. Esta concentración de riesgos rara vez se compensa en mercados maduros, donde los inversores prefieren cada vez más empresas con flujos de caja predecibles y posiciones en el mercado sólidas.
La sobrevaloración de Tesla es un caso clásico en el que el mercado subestima el presente y exagere las perspectivas futuras. Aunque las ambiciones de la empresa en materia de conducción autónoma y robótica son indiscutiblemente audaces, sus capacidades actuales y su posición competitiva no justifican una relación precio/ganancia tan elevada en comparación con sus competidores. Las críticas de Ross Gerber, aunque duras, ponen de manifiesto una realidad que muchos inversores se resisten a aceptar: el liderazgo de Tesla en el sector de la conducción autónoma no es algo inevitable, y su precio de acción refleja un nivel de optimismo que podría no ser sostenible. Para los inversores que buscan valores reales, la lección es clara: valorar a una empresa basándose en su potencial, y no en sus resultados, es una estrategia peligrosa en una época en la que los fundamentos financieros vuelven a ganar importancia.
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