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La noticia causó un gran revuelo en los medios de comunicación la semana pasada. La secretaria de Agricultura de los Estados Unidos, Brooke Rollins, en una entrevista de rutina, ofreció una receta sencilla para preparar una comida económica.
Lo respaldó con una estadística que sonaba impresionante: “Hemos ejecutado más de 1,000 simulaciones”. Insistió en que esta combinación podría costar alrededor de 3 dólares por comida, y además podría ahorrar dinero al ciudadano promedio. La base para esta opción era las directrices dietéticas actualizadas de la Casa Blanca, que fomentan el consumo de carne roja y productos lácteos integrales. Como señaló Rollins, estos productos no son baratos en este momento.La reacción del público fue inmediata y cruel. A través de los medios sociales, tanto los ciudadanos comunes como los políticos se burlaron de esa idea. La representante Pramila Jayapal lo calificó como algo absurdo.
La sensación era clara: esto no era simplemente una sugerencia alimentaria. Se trataba más bien de un desprecio hacia el verdadero estrés que implica poner comida en la mesa. Los comentarios eran mordaces: uno de ellos dijo que “las raciones durante tiempos de guerra son mejor que esto”. Otro preguntó si los funcionarios realmente habían comido algo alguna vez.Para entender por qué esta idea tuvo tan mala acogida, es necesario analizar la realidad del mercado de los alimentos. La afirmación se hizo en un contexto de presiones de precios constantes.
Superando incluso la inflación general. Es un número que convierte una simple salida de compras en un ejercicio de planificación financiera. Para muchos, la comida por 3 dólares no es realmente un ahorro; es más bien una fantasía que ignora el costo de los alimentos básicos, como el pollo y los brócolis, que cada vez son más caros.
Se está preparando el escenario para una evaluación basada en el sentido común. La simulación de Rollins es un modelo teórico. La prueba real se lleva a cabo en los pasillos de la tienda, donde lo importante es determinar el precio real de esos ingredientes y si el consumidor puede permitirse comprarlos. La reacción política demuestra que, para millones de personas, esa situación no tiene sentido desde un punto de vista matemático.
Los números no mienten. Aunque la inflación general se mantuvo estable…
El costo de los alimentos ha ido aumentando a un ritmo más rápido. Los precios de los alimentos que se compran en casa, que incluyen todo lo que se compra en el supermercado, también han subido.Esa es una presión constante sobre todo tipo de presupuestos. Convierte un simple viaje para comprar cosas básicas en una verdadera negociación.Lo realmente sorprendente es lo que ocurre en la sección de proteínas. Los precios del carne han aumentado significativamente: han subido un 16.4% con respecto al año anterior. No se trata de una fluctuación menor; se trata de un aumento de costos drástico que afecta directamente a muchas comidas preparadas en casa. Cuando el precio de un ingrediente clave aumenta tan rápidamente, todo el sistema de cálculo se vuelve inviable.
Así que, vamos a echar un vistazo a este plato que cuesta solo 3 dólares. La receta se basa en un trozo de pollo, brócoli, una tortilla y algo más. En realidad, un plato básico hecho en casa, como este, suele costar entre…
Se trata de hacer todo desde cero. Eso representa ya más del 50% del precio declarado de 3 dólares. Las cifras se vuelven aún más precisas cuando se incluye el costo de las tortillas, cualquier tipo de condimentos, y el precio real de ese pollo… que también está bajo presión.En resumen, se trata de una prueba de eficacia de los alimentos. La simulación realizada en la Casa Blanca es un modelo teórico. La utilidad real de esa comida por solo 3 dólares se prueba en la situación real. Cuando el precio del carne aumenta un 16%, y los precios de los alimentos aumentan más rápido que la economía en general, la idea de poder preparar una comida equilibrada por solo 3 dólares parece algo irreal. Para millones de personas, esa idea simplemente no tiene sentido.
La comida que cuesta 3 dólares es un modelo teórico. La realidad es otra cosa: se trata de estrés y de las decisiones que se deben tomar. Una encuesta realizada este verano reveló que…
Esto supera incluso la ansiedad relacionada con el alquiler, la atención médica y las deudas estudiantiles. Es ese factor emocional el que impulsa las decisiones que se toman en el área de la compra de alimentos.Para muchos, cazar es una ocupación de tiempo completo. Shelia Fields, una enfermera jubilada de Galveston, Texas, describe la búsqueda de alimentos asequibles como una verdadera ocupación. Ella y su esposo fueron a tres tiendas diferentes solo para comprar lo que estaba de oferta. Pero no consiguieron comprar ningún tipo de carne, ya que los precios eran demasiado altos. “No tenemos hambre”, dice ella. “Solo estamos ansiosos por esto”. Esa ansiedad es evidente y está muy presente entre muchas personas.
Esta presión está cambiando el comportamiento de las personas de manera tangible. Un ejemplo claro es el café. Con las tarifas impuestas por el presidente Trump, el precio de los bienes importados aumenta, lo que lleva a algunos consumidores a acumular alimentos. La utilidad real de un plato de comida que cuesta 3 dólares no aborda la necesidad de tener alimentos nutritivos, variados y asequibles. Este concepto no cumple con las expectativas del consumidor, ya que no resuelve el problema de cómo satisfacer las necesidades de una familia hambrienta. Un plato de comida por 3 dólares es simplemente una combinación básica de ingredientes. En realidad, lo importante es encontrar una combinación de valores, variedad y cantidad suficiente para alimentarse.
En resumen, las políticas deben tener en cuenta la realidad de la situación actual. Cuando la mitad de la población está sujeta a altos costos alimenticios, y la gente se ve obligada a tomar decisiones difíciles como evitar consumir carne o almacenar café para cuando sea necesario, lo importante es que haya una verdadera asequibilidad, no solo simulaciones teóricas. Los cálculos del White House pueden parecer correctos, pero no pasan la prueba del sentido común, que es lo que realmente determina qué tipo de alimentos sirven para saciar el estómago de los estadounidenses.
La afirmación de que el precio de los alimentos es de 3 dólares constituye un punto de discusión política. Pero los verdaderos factores que impulsan el cambio radican en los datos y en el bolso del consumidor. Para entender qué podría cambiar esa situación, es necesario prestar atención a tres factores clave.
En primer lugar, la volatilidad de los precios de los alimentos mensualmente es un indicador importante. Aunque el índice anual representa el número general, las fluctuaciones entre meses muestran cuánto sufren las personas debido a estos precios. En diciembre, los precios de los alimentos aumentaron significativamente.
Es el aumento mensual más grande en más de tres años. Esos picos en los precios, causados por fluctuaciones en la demanda y la oferta estacionales, hacen que el proceso de planificación presupuestaria sea algo realmente caótico. Si estos aumentos continúan, la población seguirá sintiéndose presionada, y cualquier afirmación de que el costo de los productos es asequible parecerá aún más infundada.En segundo lugar, la desconexión política es evidente. Las nuevas directrices dietéticas son la política oficial, pero chocan violentamente con la realidad de la vida cotidiana. La simulación llevada a cabo por la Casa Blanca es un modelo teórico. La reacción negativa del público, junto con los legisladores que lo critican…
Se puede observar una gran brecha entre las políticas actuales y la realidad real. Las políticas solo ganan credibilidad cuando reflejan la realidad del mercado. Hasta que esa brecha se elimine, las directrices seguirán pareciendo irrelevantes, independientemente de los cálculos matemáticos realizados.El tercer y más poderoso catalizador es, precisamente, el precio de los alimentos en sí. Si los precios de los alimentos se estabilizan, o, aún mejor, disminuyen, eso ayudaría directamente a aliviar la presión que ejerce sobre los consumidores, y que a su vez genera esa ira. En este momento…
Esa ansiedad impulsa el comportamiento de las personas. Por ejemplo, Shelia Fields busca productos en oferta en tres tiendas, solo para poder comprar lo que está de rebajas. Si esa presión disminuye, la conversación cambia. La afirmación de que se puede obtener un almuerzo por solo 3 dólares podría ser algo exagerado, pero no parece una fantasía. La verdadera utilidad de una política como esta se pone a prueba en la cola del cajero. Cuando la cuenta bancaria se vuelve más ligera, los números parecen más creíbles. Por ahora, lo importante es entender cómo se siente el público real. Miren las tablas de precios, y verán lo que la gente realmente piensa.Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
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