¿Acaso los adultos solteros de América están perdiendo espacio y dinero para vivir?

Generado por agente de IAEdwin FosterRevisado porTianhao Xu
sábado, 17 de enero de 2026, 10:34 am ET4 min de lectura

Los números cuentan una historia clara sobre una revolución silenciosa en la vida estadounidense.

Ahora, viven solos, sin cónyuge o pareja. Este grupo representa el 28% de la población en ese grupo de edad. Es un aumento significativo, comparado con los datos anteriores.Esto no es simplemente un fenómeno estadístico; se trata de un cambio fundamental en la forma en que las personas envejecen. Como resultado, cada vez hay más personas que no cuentan con el apoyo de sus familias, que normalmente son su red de seguridad en la vejez.

Esta tendencia es especialmente marcada entre las mujeres. Aunque la proporción total de mujeres mayores que viven solas ha disminuido ligeramente, el hecho de que las mujeres vivan más tiempo crea un desequilibrio significativo. Después de los 75 años, el 43% de las mujeres vive solas, en comparación con solo el 21% de los hombres. Este diferencia se debe directamente a que las mujeres viven en promedio más tiempo, a menudo superando en edad a sus cónyuges y teniendo menos hijos adultos cerca de ellas.

Este auge es el resultado de décadas de cambios. Las bajas tasas de matrimonio, el aumento del número de divorcios en la edad avanzada, y la decisión de las generaciones más jóvenes de no tener hijos, han contribuido a esto. Como señala un experto: “Nuestra generación… todos hemos perdido la capacidad de formar familias”. La libertad para vivir solos, posibilitada por el crecimiento económico y los derechos de las mujeres, ha venido acompañada de un costo oculto: la posibilidad de enfrentar vulnerabilidades financieras y emocionales.

Para estos individuos que viven solos, el margen de error es extremadamente pequeño. Asumen todos los costos relacionados con la vivienda, los servicios públicos y el transporte… Lo que los expertos financieros denominan “el impuesto de los solteros”. Cuando la economía les presiona, como ocurre en situaciones de inflación constante, la presión es inmediata y severa. Se está preparando así un grupo demográfico que enfrenta cada vez más presiones financieras y sociales.

La doble crisis: costos exorbitantes y redes de seguridad cada vez más débiles

Las condiciones para las personas mayores son simples, pero cada vez son más difíciles. Se enfrentan a dos problemas a la vez: los costos de vivienda los abruman, mientras que las medidas de seguridad financiera destinadas a ayudarlos se están debilitando. Los datos muestran que el sistema está bajo presión. La proporción de hogares de personas mayores que gastan más de la mitad de su ingreso en vivienda ha casi duplicado desde el año 2000.

No se trata solo de los gastos relacionados con el alquiler o la hipoteca; se refiere también a todos los costos adicionales como los impuestos sobre la propiedad, los seguros y las reparaciones necesarias. Para una persona con un ingreso fijo, eso significa que casi no queda nada para gastar en comida, medicinas o situaciones de emergencia.

No se trata simplemente de un problema de vivienda; se trata también de un problema de pobreza. La tasa oficial de pobreza entre los estadounidenses de 65 años o más ha aumentado.

Es decir, más de 9 millones de personas tienen dificultades para costear las necesidades básicas de la vida. Es un aumento significativo, motivado en parte por el fin de la ayuda proporcionada durante la pandemia y por las reducciones en programas como SNAP y Medicaid. El resultado es que cada vez más personas mayores viven con poco dinero, sin poder ahorrar para casos en los que pierden un día de trabajo o enfrentan facturas inesperadas.

El miedo a quedarse sin hogar es un peligro real y presente. Piense en Valerie Miller, una mujer de 68 años que ha vivido en su complejo residencial durante décadas. Trabaja desde casa, pero sus contactos personales se han reducido. Al no tener familiares cerca, su situación es clásica para una persona sola. “Se siente como si estuviera volando sin ningún lugar donde caer”, dice ella. “No hay nadie que pueda ayudarme”. Su preocupación es concreta: teme quedarse sin hogar si tiene que dejar de trabajar. Es una vulnerabilidad enorme: cuando tu refugio también es tu único recurso, y el mercado puede actuar contra ti en cualquier momento.

Esta doble crisis revela que el sistema está fallando en su capacidad para atender las necesidades de sus miembros más antiguos. El mercado inmobiliario no está preparado para enfrentar una población envejeciente, y las redes de seguridad social se están debilitando. Para quienes viven solos, la margen de error es muy pequeña; en realidad, ya casi no existe.

La falta de correspondencia entre la oferta y la demanda de viviendas: un mercado diseñado para los jóvenes.

El mercado inmobiliario está causando problemas cada vez más graves para un número creciente de ancianos estadounidenses. El problema no radica en que el mercado sea defectuoso, sino en que nunca se construyó con el fin de satisfacer las necesidades de estas personas. El problema es estructural. Para una persona mayor que vive sola, la casa ideal no es una propiedad grande o una vivienda con varios dormitorios y que necesita ser reformada. Es mejor optar por un lugar seguro y accesible, diseñado para una sola persona que valore la compañía y la seguridad. En este momento, ese tipo de viviendas escasea.

La estadística más importante revela una brecha de accesibilidad fundamental. Según las investigaciones…

Es como una entrada sin escalones, además de un dormitorio o baño en el primer piso. Es un número sorprendentemente bajo para un país con una población envejeciente. Para quienes tienen problemas de movilidad, ese único escalón puede convertirse en un obstáculo para la independencia. Eso significa que la gran mayoría de las viviendas disponibles requieren reformas costosas, o simplemente no son adecuadas para personas mayores. Como resultado, los ancianos se ven obligados a permanecer en viviendas que se vuelven cada vez más peligrosas, o a mudarse a lugares donde quizás no quieran vivir.

Esto crea una desproporción fundamental entre lo que se está construyendo y lo que realmente se necesita. El mercado inmobiliario sigue orientándose hacia familias jóvenes. La mayoría de las nuevas casas son diseñadas para parejas con hijos, no para personas mayores que buscan un espacio adecuado para vivir. Como resultado, existe un mercado que ofrece pocas opciones para quienes quieren reducir su espacio habitable, pero al mismo tiempo buscan seguridad y facilidad en la vida cotidiana. Se trata de un caso típico de oferta insuficiente en comparación con la demanda, lo que deja a las personas mayores con pocas opciones.

No se trata simplemente de una falta de viviendas; se trata de un cambio social hacia una forma de vida en la que las personas mayores viven junto a sus cónyuges. La tendencia de que las personas mayores vivan con sus cónyuges es algo sin precedentes.

Eso es una señal importante. Indica que, durante décadas, se esperaba que las parejas mayores continuaran juntas, a menudo en los mismos hogares donde criaron a sus familias. Ese modelo está cambiando, pero el parque habitacional aún no ha adaptado su estructura para satisfacer las necesidades actuales de las personas que envejecen solas. El mercado sigue siendo diseñado para la situación del pasado, y no para la realidad actual, en la que cada vez más personas envejecen solas.

En resumen, el sistema de viviendas no está preparado adecuadamente para afrontar el aumento del número de personas que viven solas. Solo una décima parte de las viviendas cuenta con accesibilidad básica, y las nuevas construcciones no tienen en cuenta las necesidades de las personas mayores que viven solas. Por lo tanto, la presión sobre este grupo vulnerable solo aumentará. Para alguien como Valerie Miller, el miedo a perder su lugar donde vive no se trata solo de dinero, sino también de perder el único lugar que le parece un hogar en un mundo donde no tiene nadie a quien recurrir.

Catalizadores y puntos de control: ¿Qué podría cambiar la situación?

El camino a seguir para quienes trabajan solos depende de unos pocos factores críticos, los cuales pueden contribuir a aliviar la presión o, por el contrario, empeorarla. Las perspectivas a corto plazo son una mezcla de pagos predecibles y decisiones políticas que están por venir.

En primer lugar, el ajuste anual de los pagos del Seguro Social es una forma de ayudar a compensar la inflación. Pero su efecto es limitado. Como señala un informe,

Potencialmente, esto podría reducir los beneficios que reciben las personas mayores. Por ahora, este ajuste sirve como un mecanismo de compensación, pero no resuelve el problema fundamental del aumento de los costos. Una presión adicional proviene del posible abandono de otros programas de ayuda. Los expertos señalan que el abandono de los programas de ayuda que ayudaron a los adultos mayores durante la pandemia es un factor clave en el aumento de la pobreza recientemente observado. Las reducciones en programas como SNAP y Medicaid podrían debilitar aún más la red de seguridad financiera, dificultando así que los adultos mayores puedan acceder a alimentos y medicamentos.

El segundo punto de referencia se refiere a las principales iniciativas políticas destinadas al sector de viviendas para personas mayores. La evidencia es clara: el mercado no logra satisfacer las necesidades de este grupo demográfico. Los responsables de la formulación de políticas tienen una lista de herramientas disponibles para abordar los problemas relacionados con la accesibilidad, asequibilidad y disponibilidad de viviendas para estas personas. Estas herramientas incluyen…

La clave será si estas ideas se convierten en realidad, pasando de la teoría a la práctica. La necesidad es urgente; sin medidas concretas, las consecuencias serán graves, tanto para los individuos como para la sociedad en su conjunto.

En resumen, la situación actual no es sostenible. La creciente tasa de pobreza, la falta de viviendas adecuadas y la deterioración de las redes de seguridad constituyen una situación desastrosa. Existen medidas que podrían ayudar a solucionar estos problemas: los pagos de la Seguridad Social y posibles medidas políticas. Pero estas medidas por sí solas no son suficientes. El riesgo es que, si no se toman medidas decisivas, la presión sobre las personas mayores solo aumentará, lo que llevará a que más personas pierdan sus hogares y vivan con miedo.

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Edwin Foster
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