La 'Maldita mentira' de Zuckerberg: La realidad iterativa de la innovación

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porAInvest News Editorial Team
domingo, 4 de enero de 2026, 1:45 pm ET3 min de lectura

La barrera más perniciosa para la innovación no es la falta de talento o de capital, sino un mito arraigado profundamente: que los descubrimientos importantes llegan como "momentos eureka" instantáneos y solitarios. Esta narrativa, que se perpetúa en películas y en la cultura popular, es una mentira peligrosa que desanima activamente cualquier progreso. Hace que las personas se sientan profundamente inadecuadas por no contar con su propio brillo de genio e impide que aquellas con ideas novedosas ni siquiera las comiencen. La realidad en cuanto a la construcción de algo transformador es la opuesta: es iterativa, desordenada y nace del trabajo infatigable y no de una claridad repentina.

Mark Zuckerberg ha sido un desmantelador vocal de este mito. En su discurso de graduación en Harvard de 2017, dijo explícitamente que la idea de un solo momento de eureka era una "engaño peligroso" que hace que las personas se sientan inadecuadas y detenga la promoción de ideas prometedoras. Su propio viaje desde un proyecto de un dormitorio hasta una plataforma global es la contranarrativa definitiva. Cuando lanzó Facebook, no tenía una gran visión de conectar el mundo. Simplemente esperaba conectar a sus compañeros de Harvard. La idea de que su proyecto secundario se convirtiera en una red social multimiliardaria nunca lo pasó por la cabeza. Como recordó, asumió "que uno de ellos conectaría al mundo entero", no que él y sus amigos serían esa compañía.

El núcleo del peligro del mito es su exigencia de anticipación perfecta. Sugiere que se debe comprender todo acerca de un problema y su solución antes de comenzar. El aviso de Zuckerberg es directo: "Si tuviera que entender todo acerca de conectarnos a las personas antes de comenzar, nunca habría empezado Facebook". La verdadera innovación, argumenta, es el trabajo de la experimentación y los errores. Las ideas no salen completamente formadas; solo se vuelven claras a medida que uno trabaja en ellas. El catalizador no es un momento de revelación, sino el valor de comenzar de todos modos, de construir y repetir a la vista de una profunda incertidumbre.

Esta disuasión psicológica es un riesgo sistémico para el progreso futuro. Desalienta la experimentación misma que alimenta el descubrimiento. Cuando el estándar es una brillante idea individual, la gran mayoría de las tentativas incrementales, colaborativas y con frecuencia fallidas se descartan como irrelevantes. El camino hacia la construcción de grandes movimientos, ya sea una plataforma global, una nueva tecnología o un servicio social, requiere años de esfuerzo, la confianza para actuar antes de que el camino esté claro, y una gran tolerancia a la crítica. El mito del momento eureka obscurece esta verdad esencial, haciendo que la cuesta abrumadora de la creación parezca imposible desde el principio.

La realidad: El trabajo iterativo y la libertad de fracasar

El mito de Hollywood sobre la innovación es una mentira peligrosa. Promete un único, brillante "momento eureka" en el que un solitario genio resuelve todo de un soplo. Esta narrativa no solo está equivocada; sino que es perjudicial, deja que la gente se sienta inadecuada y detiene ideas prometedoras antes de que comiencen. La mecánica real de la invención es mucho más humilde e iterativa. Como ha argumentado Mark Zuckerberg de Meta,

Pero solo se pueden entender mediante un trabajo continuo. Los avances importantes surgen del intento y error, no de un genio repentino.

Este proceso exige un tipo específico de entorno: la libertad para fallar. Los fundadores deben tener la confianza para actuar antes de que esté claro el camino, sabiendo que cada intento, incluso si falla, es un paso adelante. El propio viaje de Zuckerberg desde un proyecto en la habitación del dormitorio hasta una plataforma global es una prueba de esto. Su lanzamiento de Facebook se hace con la esperanza de conectarse solo con los compañeros de clase, sin ninguna visión de su eventual escala. Los mayores éxitos, señala, provienen de tener el espacio para intentar y fallar repetidamente. Este principio se repite en otros gigantes: Jeff Bezos busca que Amazon sea «el mejor lugar del mundo para fallar» y Ray Dalio exalta la «disposición para fallar repetidamente» como un requisito previo para la invención.

El fin último de este trabajo iterativo es construir algo tan grande que a otros les de sentido. Zuckerberg insta a los jóvenes a ir más allá de encontrar su propio propósito y, en cambio, construir proyectos tan grandes que a otros les den también un propósito. Este es el cambio de la ambición personal en el de crear valor social. El ejemplo histórico de la puesta en órbita de la luna ilustra esto de manera poderosa. Cuando el presidente Kennedy visitó a la NASA, preguntó a un limpiador de cuarto qué estaba haciendo. La respuesta del hombre:

- Captura la esencia del trabajo impulsado por el propósito. Muestra cómo un esfuerzo colectivo masivo puede alinear a los individuos en torno a un objetivo compartido y significativo, haciendo que cada contribución se sienta esencial.

La conclusión es que construir el futuro requiere esfuerzo sostenido y resistencia. Implica abrazar el proceso desordenado y no lineal de aprender de los errores y de iterar. La libertad de fracasar no es un lujo; es la condición necesaria para el tipo de invento que cambia el mundo.

Implicaciones de mayor alcance y relevancia reciente

Las consecuencias sociales y económicas del mito del «momento eureka» son profundas. Fomenta una cultura que celebra avances dramáticos únicos que desvaloriza la labor lenta, iterativa de crear sistemas y comunidades. Este modo de pensar se opone cada vez más a los desafíos de nuestro tiempo, en donde el catalizador primario es el ritmo acelerado de la automatización. Como advirtió Mark Zuckerberg,

, interrumpiendo la fuente tradicional de propósito que viene de la carrera de una persona. Esto crea un imperativo social para nuevos proyectos a gran escala, como conectar el mundo o abordar el cambio climático, que puedan proporcionar un sentido de significado colectivo.

Pero este imperativo se enfrenta a un riesgo crítico: un

de ataques y desinformación en línea. El ecosistema digital, diseñado para acelerar conflictos, puede silenciar a los innovadores y distorsionar el discurso popular. Como describió un periodista, el objetivo de tales operaciones es, a menudo, el caos y la crisis de confianza, lo que dificulta que la sociedad actúe sobre problemas compartidos. Esta dinámica no es teórica; Zuckerberg mismo ha experimentado el costo personal, recordando 90 mensajes de odio por hora en 2016 y la weaponización de la ley contra él. El riesgo es que las propias plataformas que están diseñadas para conectarnos se conviertan en herramientas para aislar y aterrorizar.

Para cualquier organización que tenga como objetivo liderar en este entorno, el indicador crítico es su capacidad para atraer y retener talento dispuesto a abrazar la incertidumbre y los fracasos. El camino hacia el éxito requiere de personas que puedan construir sistemas, no solo perseguir momentos de revelación, y que puedan soportar las presiones de un ecosistema digital hostil. Las compañías que logren el éxito serán aquellas que promuevan resiliencia y propósito, convirtiendo el reto de la automatización en una oportunidad para la creación colectiva.

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Julian West

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