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La fragilidad del yen japonés en el año 2025 se ha convertido en un punto de atención crucial para los inversores mundiales. Esto se debe a una combinación de excesos fiscales, tensiones geopolíticas y diferencias en las políticas monetarias. Mientras el gobierno y el banco central de Japón intentan encontrar un equilibrio entre las presiones inflacionarias y la estabilidad económica, el papel del yen como instrumento macroeconómico global se ha vuelto aún más importante, con consecuencias directas en los mercados de divisas y de acciones.
La estrategia fiscal de Japón para el año 2025, marcada por un presupuesto complementario récord de 18.3 billones de yenes, refleja una dependencia excesiva en los recursos externos.
El objetivo de este gasto es ayudar a las familias a enfrentar los aumentos en los costos de vida y los bajos salarios. Sin embargo, esto contribuye a aumentar la deuda pública y puede socavar la sostenibilidad fiscal a largo plazo. El Banco de Japón ha resistido la necesidad de endurecer la política monetaria, manteniendo una postura accommodativa, a pesar de que la inflación supera su objetivo del 2%. Esta diferencia con respecto a las políticas de los bancos centrales globales, quienes han aumentado drásticamente las tasas de interés…Entre Japón y los Estados Unidos, esto contribuye a la salida de capitales y a la debilidad del yen.
Al más allá de las dinámicas fiscales internas, las tensiones geopolíticas están complicando la fragilidad del yen. El gobierno que asume bajo Sanae Takaichi ha señalado
Para 2026, lo que podría fortalecer aún más el yen al inflar las expectativas de inflación y aumentar la emisión de bonos gubernamentales. Mientras tanto, el deterioro de las relaciones con China, incluyendo una prohibición de exportaciones de tierras raras a Japón, haY esto empuja a la gente a no confiar en el yen como una manera segura de ahorro.La incertidumbre política en Japón también ha jugado un papel importante.
Esto provocó una caída en el precio del yen, ya que los inversores tomaron en consideración la posibilidad de que se aplicaran políticas fiscales expansivas. El ministro de Finanzas japonés, Satsuki Katayama, advirtió públicamente sobre “la tolerancia limitada hacia una debilidad excesiva del yen”.Se trata de estabilizar la moneda. Estos escenarios no son hipotéticos: el valor del yen se está acercando a los umbrales que requieren una intervención.Se trata de una acción coordinada con los Estados Unidos y otros socios del Grupo de los Siete.La fragilidad del yen tiene implicaciones más amplias para los mercados mundiales de acciones y divisas. Un yen más débil beneficia a los exportadores japoneses, ya que hace que sus productos sean más baratos en el extranjero. Sin embargo, esto también aumenta las presiones inflacionarias en Japón, lo que podría obligar al Banco de Japón a reconsiderar su postura acomodatista. Esto podría provocar un aumento significativo en el valor del yen. Para los inversores mundiales, la operación de “carry trade”, en la cual se toman préstamos en yenes de baja rentabilidad y se invierten en activos de mayor rendimiento, se ha convertido en una herramienta con dos caras: tanto puede ser un instrumento útil, como algo que podría causar problemas.
La volatilidad del yen lo ha convertido en un instrumento macroeconómico muy importante, ya que reacciona de manera pronunciada a los datos económicos y a las declaraciones de los bancos centrales.Los mercados de capitales mundiales también se encuentran a merced de posibles efectos secundarios. Una depreciación del yen de largo plazo podría generar desestabilización en los sistemas financieros asiáticos, en particular en países que dependen de las corrientes de capital japones. Además, las tensiones geopolíticas, como la prohibición de exportación de tierras raras, amenazan con
Esto continuó aumentando la volatilidad del mercado.Los políticos japoneses se enfrentan a un precario arcoíris: estimular la economía sin provocar una crisis fiscal, y estabilizar el yen sin socavar la confianza en los mercados mundiales. La cautelosa normalización de la política monetaria de la BoJ y la dependencia del gobierno del estímulo fiscal han creado una mala alineación de políticas que corre el riesgo de un mayor descenso del yen. Mientras tanto, las fricciones geopolíticas y la incertidumbre política interna agrega capas de complejidad.
Para los inversores, la fragilidad del yene resalta la necesidad de utilizar estrategias de cobertura y prestar atención detallada a las comunicaciones de los bancos centrales. A medida que Japón se acerca más a escenarios de intervención, la trayectoria del yene seguirá siendo un indicador tanto de la coherencia de las políticas internas como de la estabilidad geopolítica mundial.
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