El Banco Mundial señala que los aranceles brutos y la sobre-targeting están frenando el crecimiento industrial en los países en desarrollo. Es hora de pasar a políticas más eficaces para fomentar el desarrollo industrial.

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porShunan Liu
miércoles, 18 de marzo de 2026, 1:37 am ET4 min de lectura

El hallazgo principal de la nueva analisis del Banco Mundial es una falta de adaptación estructural: los países en desarrollo intentan abordar más industrias utilizando herramientas poco eficaces. Los datos revelan una marcada diferencia en los enfoques adoptados por los diferentes países. Mientras que los países de altos ingresos se concentran generalmente en un puñado de sectores estratégicos, los países de bajos ingresos buscan el crecimiento industrial en una variedad de sectores.13 industriasEse número es más del doble que el objetivo establecido por los estados más ricos. Esto demuestra una aplicación mucho más intensiva, pero al mismo tiempo más difusa, de las políticas implementadas.

Esta sobre-targeting se combina con un uso excesivo de medidas coercitivas. El informe advierte que los gobiernos a menudo recurren a “las medidas coercitivas como aranceles elevados y subsidios, en lugar de utilizar programas de desarrollo industrial y capacitación de recursos humanos”. Las pruebas respaldan esta crítica: las economías de bajos ingresos imponen los mayores tipos arancelarios sobre las importaciones, llegando hasta el 12%, casi el doble del 5% que se aplican en los países de altos ingresos. El Banco alerta de que este tipo de proteccionismo no es eficaz para fomentar el progreso industrial sostenible.

Esta desproporción entre la oferta y la demanda está generando una gran demanda de soluciones más eficaces para la gestión industrial. En respuesta a este desafío político, los economistas de la Banco Mundial han observado un interés sin precedentes por parte de los gobiernos de los países receptores de ayuda. El año pasado, el 80% de los economistas del Banco Mundial informó que los gobiernos de los países receptores solicitaban su asesoramiento sobre cómo utilizar las políticas industriales de manera más eficiente. Esta alta demanda demuestra que existe una creciente conciencia de que los herramientas actuales son insuficientes para enfrentar la complejidad del proceso de transformación industrial.

Enfoques contrastantes: Instrumentos directos vs. Enfoques orientados al éxito

El análisis de la Banco Mundial destaca una tensión fundamental en la política industrial. Aunque las tarifas elevadas y los subsidios son herramientas comunes para muchos países en desarrollo, la historia demuestra que el éxito industrial sostenido siempre ha requerido un enfoque más preciso. La desconexión entre estas dos estrategias es evidente: los gobiernos utilizan métodos brutales cuando lo que se necesita es un enfoque más delicado.

Las pruebas apuntan hacia una alternativa clara. El informe cita ejemplos concretos en los que las políticas dirigidas dieron resultados transformadores. En la década de 1970…La atención que Corea del Sur presta a las industrias pesadas y químicasEstos casos sentaron las bases para décadas de crecimiento. Recientemente, Rumanía ha fortalecido su industria de software, gracias a la exención de impuestos sobre nóminas de trabajo, lo que ha permitido crear una industria competitiva. De manera similar, los inversiones que Brasil ha realizado en investigación relacionada con la agricultura local han convertido al país en una potencia exportadora mundial. Estos éxitos se lograron porque se abordaron problemas específicos, se crearon grupos de empresas competitivas, se redujeron los costos laborales en nuevos sectores y se adaptó la tecnología a las condiciones locales. Todo esto se logró con un nivel de enfoque que las políticas arancelarias tradicionales simplemente no pueden igualar.

El alto costo del enfoque alternativo ya se ha cuantificado. El informe indica que, en los países de ingresos medios-altos, las subvenciones generalizadas representaron un promedio del 4.2% del PIB en el año 2025. Este es el nivel más alto registrado hasta ahora. Esta carga fiscal es una consecuencia directa de la estrategia de uso de herramientas poco eficientes. Cuando los gobiernos ofrecen apoyo generalizado, subsidian tanto a empresas eficientes como a aquellas que no lo son, lo que reduce el efecto de dichos subsidios y agrava la situación financiera pública. En cambio, políticas específicas como los parques industriales o programas de capacitación permiten utilizar los recursos donde es más probable que generen beneficios, lo que hace que el uso del capital sea más eficiente.

En resumen, lo importante es la eficiencia y la efectividad. Las tarifas elevadas y los subsidios pueden dar una sensación de control, pero estructuralmente no son adecuados para enfrentar las complejidades que implica el desarrollo de industrias modernas. La historia y los datos fiscales actuales nos indican una sola lección: el desarrollo industrial requiere un enfoque preciso y meticuloso. Para los países en desarrollo, el camino a seguir es claro, aunque difícil. Eso significa abandonar los métodos costosos e ineficaces, y adoptar políticas precisas y bien planificadas.

El contexto global y el impacto financiero

Las decisiones políticas de los países en desarrollo se producen en un contexto de intensas y volátiles tensiones comerciales a nivel mundial. Las advertencias de la Banco Mundial son relevantes, ya que gobiernos de Estados Unidos hasta China están utilizando cada vez más medidas proteccionistas para proteger sus industrias estratégicas. Esto agrava aún más la situación, ya que las fricciones comerciales aumentan los costos e incrementan la incertidumbre para todos los participantes.

Los Estados Unidos han estado en el epicentro de esta turbulencia. A principios de 2026, la Corte Suprema dio un golpe importante al poder ejecutivo, al decidir por un voto de 6 a 3 que las tarifas impuestas por el presidente Trump, en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, excedían los límites de autoridad presidencial. La decisión de la Corte invalidó efectivamente cientos de miles de millones de dólares en aranceles. Sin embargo, el gobierno reemplazó rápidamente este fundamento legal por otro nuevo.Tarifa del 10% sobre la mayoría de los bienes importados, según lo dispuesto en el artículo 122 de la Ley de Comercio de 1974.Este rápido giro en las políticas comerciales destaca la existencia de una apuesta arriesgada y de alto riesgo, basada en políticas comerciales unilaterales. Esto genera inestabilidad que se refleja en las cadenas de suministro mundiales.

El impacto financiero de este cambio en la política estadounidense es considerable y directo. Se estima que las tarifas impuestas por el gobierno de Trump para el año 2026 causarán un aumento adicional en los costos.600 dólares en impuestos por cada hogar en los Estados Unidos.Esta carga fiscal y económica constituye parte de un shock más amplio en el ámbito fiscal y económico. La tasa arancelaria promedio en el año 2025 alcanzó un nivel muy alto: 7.7%. Incluso con la decisión del Tribunal Supremo, el nuevo impuesto arancelario de 10% eleva la tasa promedio a 10.3% durante el período en que está en vigor. Esta ola proteccionista no ocurre en un entorno sin precedentes; además, contribuye a una desaceleración proyectada en el crecimiento mundial.

La situación de la economía mundial ahora es de desaceleración. Se proyecta que el crecimiento global disminuirá.2.6% en el año 2026Las economías en desarrollo, excluyendo a China, enfrentan una contracción aún más severa, del 4.2%. Este ralentecimiento es en parte consecuencia directa del shock arancelario, que debilita la demanda de exportaciones y agrava las condiciones financieras. Para los países en desarrollo que buscan implementar políticas industriales, esto crea un dilema. Se encuentran con un mercado mundial más fragmentado y costoso para sus productos, mientras que, al mismo tiempo, dependen de herramientas como los aranceles elevados y los subsidios, que con toda probabilidad distorsionarán sus propias economías nacionales y podrían llevar a medidas de represalia por parte de otros países.

En resumen, se trata de una combinación de presiones que son difíciles de manejar. Los instrumentos blandos utilizados en las políticas industriales no son adecuados para una época marcada por grandes conflictos comerciales y un crecimiento económico más lento a nivel mundial. Cuando los gobiernos de los países en desarrollo aumentan las tarifas y los subsidios, corren el riesgo de agravar aún más las condiciones externas que ya están ralentizando su crecimiento económico. Los costos financieros son cada vez mayores, tanto en términos de la carga que supone esto para los hogares de las principales economías, como en términos del impacto negativo en la inversión y el comercio de los países en desarrollo.

Implicaciones políticas y lo que hay que tener en cuenta

El análisis del Banco Mundial nos muestra un imperativo claro: los países en desarrollo deben pasar de una estrategia de alcance general a políticas más precisas y pragmáticas. Los datos demuestran que utilizar instrumentos de presión generalizada es una opción costosa y sin resultados. El camino a seguir requiere un cambio fundamental en la forma de pensar y en la selección de herramientas para implementar políticas eficaces. Los gobiernos deben imitar los ejemplos históricos de éxito: el esfuerzo industrial concentrado de Corea del Sur, los incentivos fiscales específicos para cada sector en Rumania, y las inversiones en I+D adaptadas a las necesidades locales en Brasil. En otras palabras, los gobiernos deben utilizar métodos más precisos y eficaces en lugar de métodos bruscos y poco efectivos.

El punto de referencia para el éxito ya está establecido en la práctica. La métrica clave que debemos observar son los resultados tangibles obtenidos por los países que comienzan a implementar este enfoque dirigido. Busquemos ganancias medibles en términos de productividad, diversificación de las exportaciones y inversiones privadas en sectores específicos y bien seleccionados. El signo de fracaso será la continua presión fiscal causada por subsidios ineficaces y la incapacidad persistente para crear aglomeraciones industriales competitivas. Existe una gran demanda de orientación.El 80% de los economistas de países miembros del Banco Mundial informan sobre las solicitudes de sus clientes.Eso indica que existe disposición a cambiar. La verdadera prueba es si esta demanda se traduce en cambios concretos en las políticas aplicadas.

Externamente, la estabilidad de los flujos comerciales mundiales será un indicador importante. A medida que el crecimiento global disminuye…2.6% en el año 2026El riesgo de una mayor fragmentación aumenta. Los países en desarrollo deben enfrentar esta turbulencia, pero también tienen una oportunidad. La expansión del comercio entre los países del Sur y la integración regional podrían servir como motores alternativos de crecimiento, reduciendo la dependencia del Norte, que está perdiendo su importancia debido a sus políticas proteccionistas. Es esencial monitorear el ritmo y la profundidad de estos acuerdos comerciales regionales. Una política industrial exitosa en este contexto no solo contribuirá a desarrollar la capacidad interna, sino también a posicionar a los países para que puedan beneficiarse de estos cambios en los patrones comerciales. El objetivo es desarrollar la resiliencia, diversificando tanto los mercados como las herramientas políticas utilizadas.

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