La caída de las acciones de Whirlpool en los últimos 12 meses alcanzó su punto más bajo en el año 2020. Este fenómeno se debe a la lucha de los activistas contra esta empresa. El volumen de transacciones, que fue de 860 millones de dólares, refleja una situación turbulenta en el ámbito financiero.
Resumen del mercado
La empresa Whirlpool Corporation cerró sus operaciones el 25 de febrero de 2026, con una disminución del 1.27% en el precio de sus acciones. Esto marcó la continuación de su tendencia negativa durante los últimos 12 meses. A pesar de un aumento del 4% antes de la apertura del mercado, debido a la carta pública enviada por el inversor activista David Tepper, las acciones terminaron en territorio negativo. El volumen de negociación aumentó en un 52.1%, hasta los 860 millones de dólares; esto la situó en el puesto 144 en términos de actividad en el mercado. Este comportamiento refleja el creciente interés de los inversores, dado el contexto empresarial actual. El rendimiento de las acciones resalta una crisis generalizada de confianza en el sector, ya que el precio de las acciones se encuentra en niveles que no se habían visto desde principios de la década de 2020.
Motores clave
La gestión de David Tepper en la empresa Whirlpool ha provocado una intensa disputa con la junta directiva de la compañía. Tepper acusa a la dirección de haber actuado de manera insensata, al realizar una emisión de capital por valor de 963 millones de dólares, a un costo de capital superior al 10%. El inversor activista considera que esta medida es innecesaria, especialmente teniendo en cuenta que la deuda de la empresa está cotizada a un costo impuestos inferior al 5%. La carta de Tepper, en la que solicita una revisión estratégica y la posibilidad de dividir la empresa, ha aumentado la atención hacia las decisiones de asignación de capital de Whirlpool. La emisión de capital, junto con la reducción del dividendo en un 48% en julio de 2025, y el reciente descenso de la calificación crediticia de la empresa, han contribuido a la disminución del valor para los accionistas. En el último año, el valor de las acciones de Whirlpool ha disminuido en casi un 32%.
Lo que agrava estos desafíos es la dificultad de Whirlpool para adaptarse a los cambios en la industria. Competidores como LG y Samsung han aprovechado el giro del sector de los electrodomésticos hacia los ecosistemas domésticos inteligentes y las tecnologías eficientes en términos energéticos. Por su parte, el modelo tradicional de Whirlpool, basado en el uso de hardware, se ha vuelto cada vez más obsoleto. La incapacidad de la empresa para integrar fuentes de ingresos recurrentes, como servicios de mantenimiento basados en IA o modelos de suscripción, la ha dejado vulnerable a las fluctuaciones del mercado inmobiliario. A pesar de las altas tarifas sobre los bienes importados, Whirlpool no ha aprovechado estas ventajas de manera efectiva. Tepper acusa a la dirección de la empresa de evitar fusiones o acuerdos que podrían mejorar su posición competitiva.
La campaña de activismo también ha puesto de manifiesto los defectos en la gestión interna de la empresa. Tepper consideró que los recientes cambios en el liderazgo, como la nominación de Roxanne Warner como directora financiera, no eran más que una mera reorganización del organigrama de la empresa. Argumentó que las ineficiencias operativas seguían existiendo. Las agencias de calificación crediticia han señalado que el ratio de deuda sobre capital total era de 2.7, y que el debilitamiento de los flujos de caja era uno de los principales riesgos. Moody’s y S&P Global rebajaron la calificación de la deuda de Whirlpool a no inversora a principios de 2026. Estas calificaciones han aumentado los costos de endeudamiento y limitado la capacidad de la empresa para llevar a cabo iniciativas de crecimiento, lo que ha agravado aún más su situación financiera.
Las especulaciones sobre los posibles licitadores o compradores estratégicos han aumentado. Tepper insta al consejo de administración a invitar a “empresas nacionales o extranjeras” a presentar ofertas. Se dice que el gigante industrial alemán Robert Bosch y firmas de capital privado como Bain Capital y KKR están interesados en adquirir unidades con altos márgenes de ganancia, como KitchenAid. Una estrategia de liquidación por partes, en la que las marcas de alta calidad se vendan por separado, se considera una forma de liberar valor. Sin embargo, tal división de activos dejaría un negocio central con escasas perspectivas de crecimiento y con una mayor exposición a la volatilidad de los precios de las materias primas. El mercado observará atentamente los resultados financieros trimestrales de Whirlpool y la respuesta del consejo de administración a las exigencias de Tepper. También hay un riesgo de disputa legal si la dirección se niega a aceptar cambios estratégicos.
La situación difícil de Whirlpool refleja una tendencia más general en la industria manufacturera tradicional. Los modelos de negocio tradicionales están siendo desafiados por la innovación digital y los cambios en las preferencias de los consumidores. La incapacidad de la empresa para adaptarse a modelos de ingresos recurrentes o aprovechar las ventajas de la fabricación nacional la ha dejado atrás a sus competidores. A medida que la industria de electrodomésticos pasa de un modelo basado en el reemplazo de productos a un modelo basado en plataformas, el fracaso de Whirlpool en adaptarse se ha convertido en un objetivo fácil para intervenciones externas. El resultado de esta crisis probablemente marcará un precedente sobre cómo las empresas tradicionales deben manejar la tensión entre el conservadurismo operativo y la innovación disruptiva.

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