Voto de Vancouver sobre la reserva de bitcoins: un análisis de los flujos relacionados con una propuesta municipal que se ha paralizado.
Los hechos son claros: el personal de la ciudad de Vancouver ha concluido que el Bitcoin no constituye una inversión permitida según lo establecido en la Carta de Vancouver. Esta determinación legal, presentada en un informe antes de una reunión del consejo en marzo, contradice directamente la propuesta presentada por el alcalde Ken Sim en 2024. Esa propuesta buscaba convertir una parte de las reservas financieras de la ciudad en Bitcoin, como forma de protegerse contra la inflación y la volatilidad de los precios.
La recomendación es sencilla. El personal tiene…Se ha decidido de manera definitiva que, según el Estatuto de Vancouver, el bitcoín no es un activo de inversión permitido para la Ciudad.Ellos están aconsejando al consejo que anule esa propuesta y cese las actividades relacionadas con este proyecto. Argumentan que esto se debe a la prohibición legal y a la necesidad de priorizar otros recursos humanos. Esta decisión elimina, de hecho, toda posibilidad de establecer una reserva municipal de bitcoines, independientemente del precio del activo en cuestión.
El momento en el que se creó esta barrera legal es importante. Esta barrera surgió después de que el precio de Bitcoin descendiera en aproximadamente un 50% con respecto a su punto más alto, que era de más de $126,000. Sin embargo, la prohibición en sí es de carácter estructural, y no cíclico. Proviene de un marco regulatorio muy restrictivo que rige cómo los municipios canadienses pueden invertir los fondos públicos. Este marco regulatorio solo permite la inversión en instrumentos conservadores, como valores gubernamentales y depósitos bancarios.
En resumen, se ha bloqueado legalmente una posible fuente de demanda institucional para la asignación de Bitcoins en los tesoros municipales. Esto no tiene ningún impacto directo en el precio del activo, ya que las reservas de la ciudad no son un participante importante en el mercado.
El flujo en el mundo real: Lo que aún queda por abrir en cuanto a la adopción de criptomonedas
La prohibición legal de mantener Bitcoin como reserva es absoluta. Sin embargo, el personal ha dejado abierta una vía alternativa para no cumplir con esta regla: aceptar la criptomoneda para los pagos municipales, siempre y cuando sea convertida inmediatamente en dólares canadienses. Este enfoque evita las reglas de inversión, ya que considera a Bitcoin simplemente como un método de pago, y no como un activo que se pueda mantener. Esto se alinea con una tendencia general: las opciones de pago gubernamentales siguen la adopción por parte del sector privado, en lugar de liderarla.
El impacto del flujo de Bitcoin en este contexto es mínimo, pero simbólico. Para que Bitcoin sea aceptado como medio de pago para pagos de impuestos o tarifas, la ciudad tendría que integrar un procesador de pagos de terceros que se encargue de la conversión inmediata de las monedas. Esto genera un volumen pequeño de Bitcoin que pasa por el sistema, pero no representa una nueva fuente de demanda institucional ni un cambio en la estrategia financiera de la ciudad. La atención de la ciudad se centra ahora completamente en su presupuesto operativo de 2,39 mil millones de dólares. La prioridad es controlar los costos y evitar cualquier aumento en los impuestos sobre propiedades, sin explorar nuevas clases de activos.
En resumen, el sueño de que la ciudad tenga una reserva de Bitcoin se ha desvanecido. La única opción que queda es una cuestión técnica que no cambia la situación fundamental del mercado. Esto no añade ningún nuevo comprador para las criptomonedas, ni indica ningún cambio en la estrategia financiera del sector público. Los recursos de la ciudad están siendo reorientados hacia el equilibrio de sus finanzas, y no hacia el desarrollo de pagos mediante criptomonedas.
Catalizadores y riesgos: El camino a seguir para las criptomonedas en los municipios
La narrativa de desarrollo inmediato ya se ha cerrado. La barrera legal en Vancouver sigue siendo firme, y la ciudad está decidida a dejar de explorar la posibilidad de utilizar criptomonedas como reserva económica. El próximo factor que podría influir en este proceso depende completamente de cambios en las políticas gubernamentales. La mejor opción es que se produzca un cambio en las leyes provinciales o federales, que permitan a los municipios utilizar criptomonedas como reserva económica. Sin tal cambio legislativo, las restricciones establecidas en el Estatuto de Vancouver seguirán siendo una barrera insuperable. El riesgo es que este revés potencial intensifique la incertidumbre regulatoria, lo que podría disuadir a otras ciudades canadienses de considerar la adopción de medidas similares.
Un punto clave es si otros municipios seguirán el ejemplo de Vancouver y abandonarán las propuestas relacionadas con la creación de reservas. La conclusión de la ciudad de que el Bitcoin no constituye un “activo de inversión permitido” según su estatuto establece un precedente que otros gobiernos locales podrían considerar como algo que debe respetar. Esto podría ralentizar la adopción del criptoactivos en los municipios, ya que el riesgo legal percibido supera cualquier potencial beneficio financiero. El impacto sería la pérdida de una oportunidad para obtener una nueva fuente de demanda institucional, sin fines especulativos.
Por otro lado, el modelo de aceptación “suave” sigue siendo una opción viable. El personal de Vancouver ha dejado abierta la posibilidad de aceptar Bitcoin para pagos relacionados con impuestos o tarifas, siempre y cuando los pagos se convirtan inmediatamente en dólares canadienses. Esto reduce el volumen de Bitcoin que pasa por el sistema. Lo importante aquí es si otras ciudades también adoptarán este modelo, considerándolo como una solución práctica para los pagos, en lugar de una estrategia de gestión financiera. Este enfoque no impulsa los precios, pero sí representa un camino menos riesgoso para la integración de las criptomonedas en los servicios públicos.



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