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La visita del presidente Donald Trump a la sede de la Reserva Federal, un evento históricamente raro, ha intensificado el escrutinio del liderazgo y las prácticas de gasto del banco central. El presidente, un crítico vocal del presidente de la Fed, Jerome Powell, aprovechó la ocasión para criticar un proyecto de renovación de $2.5 mil millones, que calificó de derrochador y desalineado con las prioridades económicas. Esto marcó la cuarta vez en la historia que un presidente estadounidense visitó el Fed, después de paradas por Roosevelt (1937),
(1975) y Bush (2006), cada uno bajo circunstancias distintas. La visita de Trump, sin embargo, destaca por su tono político abierto, ya que exigió la rendición de cuentas por lo que describió como "prestigio burocrático" sobre el interés público.La renovación, enfocada en restaurar dos edificios del siglo XIX en Washington, D.C., ha generado fuertes críticas de Trump y sus aliados. Los informes indican que el personal de la Fed reconoció en privado que la construcción de nuevas instalaciones podría haber sido más barata que preservar estructuras envejecidas, un detalle que alimentó aún más las acusaciones de mala gestión financiera. Trump aprovechó la visita para presionar a Powell sobre los costos del proyecto, citando documentos como evidencia de un gasto excesivo. El presidente ha argumentado durante mucho tiempo que la priorización de tales proyectos por parte de la Fed socava su mandato central de administrar la inflación y el empleo, una postura que ha reiterado en medio de su campaña más amplia para forzar tasas de interés más bajas.
La tensión política se intensificó cuando la Casa Blanca enmarcó la renovación como una base legal potencial para desafiar el liderazgo de Powell. Si bien no se ha anunciado ninguna acción formal, los aliados de Trump sugirieron que la administración del proyecto podría ser examinada bajo las leyes federales de adquisiciones. Esto se alinea con los esfuerzos continuos para cuestionar el mandato de Powell, que comenzó con la nominación de Trump en 2017 y desde entonces ha enfrentado repetidas críticas. El presidente también apuntó a la estrategia de comunicación de la Fed, señalando la divulgación pública retrasada de los costos de renovación durante una conferencia de prensa como evidencia de la falta de transparencia [7].
Los analistas observaron que la visita podría profundizar las divisiones entre el poder ejecutivo y el banco central independiente. Si bien la independencia estatutaria de la Fed sigue siendo una salvaguardia legal contra la interferencia política directa, los desafíos públicos de Trump corren el riesgo de erosionar la confianza institucional. El banco central defendió la renovación como necesaria para modernizar la infraestructura, pero la óptica de una reforma financiada por los contribuyentes en medio de la incertidumbre económica ha demostrado ser políticamente volátil. La decisión de otorgar acceso a los medios de comunicación al proyecto antes de la visita subrayó su sensibilidad [8].
Las implicaciones se extienden más allá de la política interna, con los mercados globales monitoreando la posible inestabilidad en la política monetaria de EE. UU. La Fed ha enfatizado constantemente su compromiso con la estabilidad de precios y el máximo empleo, pero las críticas sostenidas de Trump corren el riesgo de enmarcar a la institución como fuera de contacto con el sentimiento público. Esta confrontación pone a prueba los límites de la influencia ejecutiva sobre una agencia independiente, y los analistas señalan que la capacidad de la Fed para mantener la credibilidad depende de su adhesión a su mandato central en lugar de presiones políticas [9].
Fuente:
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