La Confrontación del Tercer Mundo con el Fed: Un Traición Mutua a la Credibilidad de la Política
La confrontación ha evolucionado de una simple disputa política hacia una amenaza directa contra la dirección del Fed. En los últimos días, el Departamento de Justicia envió citaciones judiciales al Fed, amenazando con presentar cargos penales relacionados con las declaraciones hechas por el presidente Jerome Powell en junio pasado. Powell calificó las preocupaciones expresadas en la investigación sobre la renovación de la sede del Fed como “pretextos”, afirmando que el verdadero objetivo es la independencia del Fed.
El principal motivo que impulsa esta cuestión es evidente: el cálculo político del presidente Trump para las elecciones de mitad de mandato en 2026 precisa tasas de interés a largo plazo inferiores para mejorar la accesibilidad de la vivienda y el gasto de los consumidores. Se trata de una demanda política clásica: demandar más facilidades de crédito. Sin embargo, el banco central encabezado por Powell ha permanecido cauteloso, atento a la inflación persistente y al riesgo de que las tarifas puedan reactivar presiones de precios. El conflicto, por lo tanto, es un enfrentamiento directo entre las necesidades políticas a corto plazo de un presidente y el mandato a largo plazo de un banco central para la estabilidad de precios.
Esta confrontación mutua conlleva graves riesgos para ambas instituciones. Para la Casa Blanca, la investigación sobre el presidente de la Fed representa una amenaza política, y podría desencadenar un conflicto en el Senado. Dos republicanos ya se han comprometido a bloquear cualquier nominación hasta que el caso se resuelva. Para la Fed, la amenaza de cargos criminales contra su presidente es un golpe grave a su independencia, algo que constituye una piedra angular de su credibilidad. Como señala un experto, el papel de la Fed como “modelo global de banco central independiente” está ahora en duda, con miles de millones de dólares y millones de empleos en juego. En resumen, se trata de una traición mutua hacia la credibilidad de las políticas de ambas instituciones, donde las acciones de cada lado socavan las propias instituciones que intentan controlar.
La erosión de la credibilidad mutua
El conflicto es un caso clásico de autoinvasión mutua. Los ataques del gobierno contra la independencia del Fed están socavando la propia credibilidad de este último. Por otro lado, el desafío que plantea el Fed al adversario político de este último revela las vulnerabilidades políticas de su oponente.
Para la Fed, la amenaza inmediata es su credibilidad institucional. El enjuiciamiento criminal sin precedentes de la presidenta Powell es más que una agresión personal, es un ataque directo al principio fundamental de independencia del banco central. Como advirtió un ex presidente del BCE, una "Reserva Federal que sea el servicio más obediente de la Casa Blanca está en riesgo de la estabilidad financiera global". La declaración conjunta de solidaridad de los nueve jefes de bancos centrales, incluyendo a la presidenta del BCE Christine Lagarde y el gobernador de la Bank of England Andrew Bailey, destaca la preocupación global. Afirmaron que la independencia del banco central es "una piedra angular de la estabilidad de precios, financieras y económicas". Cuando un presidente de EE. UU. amenaza a la presidenta de la Fed con un proceso penal por una disputa de renovaciones, lo que indica a los mercados y a sus pares, que la autonomía del banco central ahora es un trofeo político, no una norma protegida.
Sin embargo, las acciones del gobierno también revelan su propia fragilidad política. La tensión es evidente: a pesar de las medidas de relajación monetaria por parte de la Fed,Tasa de rendimiento de los bonos del Tesoro de 30 años se mantienen cerca de 4,86 por cientoEs un nivel que indica que el mercado exige una prima de riesgo significativa. Esta desconexión es el punto débil político del gobierno. Esto demuestra que la política monetaria de la Fed no es el único factor que determina las tasas de interés a largo plazo; además, estas tasas también están influenciadas por las expectativas sobre la inflación y la política fiscal en el futuro. Las respuestas del gobierno, en forma de retórica agresiva y amenazas legales, solo sirven para aumentar la incertidumbre. Como señala un análisis,Un desafío fresco a la independencia de la Reserva Federal potencialmente complica los esfuerzos para impulsar los rendimientos de la deuda pública de referencia a largo plazo al bajarEn otras palabras, las herramientas que el presidente utiliza para lograr su objetivo, en realidad están trabajando en contra de ese objetivo.
El objetivo es un vacío de credibilidad. La independencia de la Fed está bajo asedio, amenazando su posición en el mundo y su capacidad de establecer expectativas. Al mismo tiempo, se está probando la credibilidad de la administración. Su estrategia de confrontación directa no ha logrado elevar los tipos a largo plazo, mientras sus propias puntuaciones de confianza se mantienen en un bajo 33%. La erosión mutua de la credibilidad crea un ciclo de retroalimentación peligroso, en donde las acciones de cada lado socavan la autoridad de la otra, dejando a los mercados y la economía explorar un periodo de gran incertidumbre.
Los Costos Políticos de Trump y sus Lesiones autoinflictidas
La estrategia de la administración es introducir una capa de incertidumbre que plantea desafíos directos a su objetivo político de base. El conflicto con la Fed ya ha desleído la presa de 2026 que se estuvo esperando para reducir los tipos de interés. El director de la economía de J.P. Morgan, Michael Feroli, ahora ve un caso “bastante débil” para un alivio a corto plazo, y sostiene queFuerza económicaY la inflación por encima del objetivo compensa la necesidad de estímulo. Este tipo de agudización por parte de los expertos contrarresta la posición del mercado, que todavía se espera dos recortes este año. La táctica dura de la administración, al hacer que el camino de la Fed sea menos predecible, podría ser precisamente aquello que retrasa los recortes al que la administración quiere.
También existe otra propuesta importante, relacionada con la imposición de un límite del 10% en las tasas de interés de las tarjetas de crédito. Esta propuesta fue anunciada hace pocos días y constituye un movimiento político destinado a garantizar que los precios sean asequibles para los consumidores. Sin embargo, su implementación representaría una presión directa sobre la rentabilidad del sector financiero. Las tasas de interés son un instrumento clave para fijar los costos de riesgo; un límite obligatorio podría obligar a los emisores de tarjetas de crédito a endurecer los estándares de aceptación de créditos, reducir los límites de crédito o limitar el número de prestatarios elegibles. Esto podría restringir la disponibilidad del crédito, algo que ya es una vulnerabilidad en una economía de consumo, que ya enfrenta altos costos de endeudamiento. La propuesta, sea o no obligatoria, genera otra fuente de incertidumbre en el mercado.
En resumen, la tolerancia del mercado hacia una presión política continua tiene un límite. Cuando un presidente utiliza amenazas legales contra el presidente de la Reserva Federal, al mismo tiempo que intenta manipular los precios del crédito para los consumidores, esto indica un ataque más amplio contra la estabilidad del mercado financiero. Esta combinación de acciones puede provocar que los inversores huyan de las inversiones en dólares, lo que aumentaría la volatilidad del mercado. Los daños causados por la administración son dobles: socavan la capacidad de la Reserva Federal para mantener bajas tasas de interés, y también amenazan los mercados de crédito, que son fundamentales para el gasto de los consumidores. Al final, los instrumentos utilizados para lograr objetivos políticos a corto plazo podrían ser precisamente aquellos que impiden el logro de esos objetivos.
Daños estructurales y escenarios futuros
La atención inmediata se centra en los próximos pasos que se tomarán en esta situación de conflicto. Las citaciones emitidas por el gran jurado del Departamento de Justicia establecen un nuevo precedente. La respuesta oficial de la Fed será clave para determinar la intensidad de la batalla que se avecina. El presidente Powell ya ha presentado la investigación como una herramienta política, pero los próximos pasos legales de la administración –ya sea la emisión de cargos o la persecución de otras acusaciones– determinarán si esto se convierte en un caso criminal prolongado o si se trata simplemente de una maniobra política. Por su parte, la capacidad de la Fed para mantener la continuidad operativa y la comunicación con el público bajo esta presión será puesta a prueba. La solidaridad mostrada por las autoridades centrales financieras a nivel mundial, con líderes del BCE y del Banco de Inglaterra afirmando la independencia como “fundamento fundamental”, constituye un contraargumento poderoso. Pero su influencia depende de la decisión que tome la Fed.
El riesgo principal, a largo plazo, es de carácter estructural: una erosión permanente de la independencia del banco central. No se trata simplemente de una disputa sobre el presupuesto para las renovaciones. Se trata de un ataque directo al principio según el cual la política monetaria debe estar separada de la presión política a corto plazo. Como advirtió el ex presidente de la BCE, Jean-Claude Trichet, “un banco central que sea el más obediente servidor de la Casa Blanca corre el riesgo de comprometer la estabilidad financiera mundial”. Si este precedente se mantiene, podría incitar a los líderes populistas de otros países a atacar sus propios bancos centrales, rompiendo así medio siglo de consenso. La credibilidad del Fed, basada en su capacidad para mantener las expectativas y gestionar la inflación, se vería dañada de forma permanente. Las futuras acciones políticas tendrían un mayor riesgo, ya que los mercados dudarán de la dedicación del banco central a cumplir con su mandato.
En resumen, se trata de una situación en la que ambas partes sufren pérdidas. La estrategia del gobierno, basada en amenazas legales y presiones políticas, está socavando sus propios objetivos políticos. A pesar de las medidas de relajación monetaria por parte de la Fed…Tasa de rendimiento de bonos del Tesoro de 30 años se mantiene cerca de 4.86%Una resistencia que refleja el escaso apoyo del mercado a la sostenibilidad del programa de la administración. El impulso renovado para entorpecer la independencia del banco central, como ha señalado el mismo equipo analítico,potencialmente complican los esfuerzos para impulsar los rendimientos a largo plazo del TesoroEn otras palabras, las herramientas utilizadas para alcanzar tasas más bajas están actuando activamente en contra de ellas. Al mismo tiempo, la desobediencia de la Fed expone sus propias vulnerabilidades políticas y pone en riesgo una agresión más general contra la estabilidad de los mercados financieros.
La perspectiva optimista es una de incertidumbre creciente. Ambas partes han puesto en juego su credibilidad en esta confrontación. La Fed debe defender su independencia para preservar su posición global y la eficacia de su política. La administración debe cumplir con su promesa de bajar las tasas para impulsar su fortuna política. Pero en esta traición mutua, cada acción debilita la autoridad de la otra. El daño estructural a la credibilidad de la Fed, junto con las heridas autoinfestadas de la administración, deja a la economía navegando en un periodo en el que las reglas del juego han cambiado.



Comentarios
Aún no hay comentarios