El “cargo personal” de Truman frente a la disuasión institucional de hoy en día

Generado por agente de IAJulian CruzRevisado porAInvest News Editorial Team
sábado, 17 de enero de 2026, 5:03 am ET4 min de lectura

La tensión central de la era atómica se desató debido a un único momento de horror. El presidente Harry Truman, al conocer el éxito del test de la bomba atómica, dijo a su gabinete que…

Ese era el peso moral de un hombre que acababa de heredar un arma de poder sin precedentes. Sin embargo, en pocos días, él autorizaría el uso de esa arma. La decisión no era simplemente una acción de guerra, sino una elección calculada entre cuatro opciones muy difíciles, cada una con un enorme costo humano.

La razón militar principal era evitar una invasión de Japón. La alternativa al uso de la bomba era un ataque anfibio a gran escala. Esta opción seguía rondando en la mente de los planificadores aliados. Como señaló posteriormente Truman: “El bombardeo masivo de Japón causó daños mucho más graves y desastres mucho mayores que los causados por la bomba atómica”. Sin embargo, incluso ese horrible bombardeo no logró romper la resistencia japonesa. La invasión, cuyo nombre en clave era Operación Caída, se proponía costar cientos de miles de vidas de estadounidenses y japoneses. En ese contexto, la bomba atómica, por muy terrible que fuera, parecía ser una alternativa mucho menos sangrienta que una guerra terrestre.

Este cálculo militar se modificó instantáneamente debido al test de la bomba atómica. El éxito de esa bomba cambió fundamentalmente la situación estratégica. Antes del test, los Estados Unidos necesitaban que los soviéticos participaran en la guerra del Pacífico para poder derrotar a Japón. Después de ese test, esa necesidad desapareció. Como señala el historiador Alex Wellerstein, Truman…

La bomba le dio a los Estados Unidos un camino unilateral hacia la victoria. Esto cambió el equilibrio de poder después de la guerra: pasó de ser un equilibrio basado en alianzas, a uno basado en el uso de la fuerza. La decisión de utilizar la bomba no se limitaba únicamente a poner fin rápidamente a la guerra; también implicaba dar forma a la paz desde una posición de superioridad abrumadora. Este acto marcaría el inicio de la Guerra Fría.

El paradojo es evidente: el horror personal de Truman era real, pero su papel institucional exigía que se tomase una decisión que permitiera establecer un control nuclear en todo el mundo. El uso de la bomba era una necesidad militar para poner fin a una guerra brutal. Pero también representaba un acto político que redefinía el poder mundial. El horror que expresó Truman era el costo humano de esa decisión. La propia decisión fue, en realidad, el marco institucional para un nuevo mundo, un mundo peligroso.

La institucionalización de la disuasión: de la elección personal a una doctrina sistémica

La carga personal que supuso la decisión de Truman se ha convertido en una doctrina sistémica. La lógica de la Destrucción Mutua Asegurada reemplazó la necesidad de tomar una decisión única y dolorosa por una forma de cálculo calculado y retaliador. Durante décadas, este sistema funcionó bien. El miedo a la aniquilación causado por un segundo ataque creó un equilibrio estable, aunque aterrador. Como señala un analista, la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada ayudó a evitar conflictos nucleares mundiales, ya que garantizaba que cualquier ataque inicial traería consigo represalias devastadoras. Este esquema definió la era del Guerra Fría.

Sin embargo, la estabilidad estratégica de hoy está siendo atacada directamente por las mismas tecnologías que en el pasado eran consideradas como algo típico de la ciencia ficción. El documento de política publicado recientemente por el Wicked Problems Lab señala cómo los avances en la tecnología hipersónica, los sistemas autónomos y las tácticas de guerra cibernética están socavando los fundamentos de esa doctrina.

La compresión de la ventana para obtener una respuesta racional… La inteligencia artificial y las operaciones cibernéticas amenazan con socavar o corromper la autoridad presidencial. Además, el sistema de defensa contra misiles dificulta la efectividad de las acciones de represalia. Juntos, estos desarrollos están erosionando la percepción de que una guerra nuclear es imposible de ganar. La incertidumbre que generan estos factores recuerda al “niebla de la guerra” que enfrentó Truman… Pero ahora, esa incertidumbre es tecnológica, no estratégica.

En respuesta, se busca institucionalizar el control de nuevo. El documento propone una transición de la tríada nuclear tradicional a una pentada nuclear. Este marco ampliado tiene como objetivo restablecer la disuasión, de modo que los enemigos se den cuenta de que cualquier ataque, por muy sofisticado que sea, será enfrentado con una respuesta decisiva. Se enfatiza la modernización de la tríada nuclear, además de incorporar sistemas avanzados de defensa antimisiles y aérea, así como una arquitectura de comando nuclear segura cibernéticamente y resistente a las tecnologías de inteligencia artificial. El objetivo es defensivo: asegurarse de que nadie crea que puede ganar una guerra nuclear.

Este esfuerzo por construir un nuevo instrumento institucional es, en realidad, una continuación directa de las acciones realizadas por Truman. En aquel entonces, la bomba era el instrumento institucional ideal para poner fin a una guerra. Ahora, el “pentad” se presenta como un instrumento institucional que pretende evitar tales situaciones. La carga ha pasado de ser una responsabilidad moral individual a ser algo que depende de un sistema establecido por el sistema mismo. La prueba consiste en ver si esta nueva estructura puede soportar las presiones derivadas del rápido cambio, de la engañifa y del riesgo constante de errores en los cálculos.

El desafío duradero: el control, las consecuencias y lo que hay que observar.

El marco institucional para la disuasión, creado bajo el manto de la decisión de Truman, ahora se enfrenta a su prueba más compleja. La principal dificultad sigue siendo la misma: mantener una disuasión creíble, al mismo tiempo que se evita cualquier tipo de sorpresa estratégica. Sin embargo, para lograr esto se requiere una inversión rigurosa y a largo plazo en los aspectos humanos e industriales relacionados con esa disuasión. Como señala un análisis,

Depende de una base científica y tecnológica sólida. Esto significa que es necesario reconstruir la fuerza laboral nuclear de los Estados Unidos y modernizar la industria manufacturera. No se trata de un proyecto a futuro, sino de una necesidad urgente para mantener la posición actual del país.

Un catalizador clave para esta inversión es la consideración explícita de la disuasión nuclear como una de las principales prioridades estratégicas del país. El documento publicado recientemente…

Su visión se basa en la idea de “la paz a través de la fuerza”. Se afirma que solo una disuasión nuclear fuerte puede proteger los intereses centrales de Estados Unidos. Esta doctrina oficial eleva la estabilidad nuclear desde una cuestión de defensa secundaria, a un pilar fundamental del poder nacional. Alinea así la seguridad económica con la fuerza militar. Ofrece una justificación clara para el financiamiento continuo y la voluntad política necesarios para mantener esta iniciativa nuclear como una infraestructura esencial para la estabilidad global.

Sin embargo, el riesgo principal es la falta de capacidad para adaptarse. Los cambios tecnológicos identificados por el Wicked Problems Lab no son amenazas lejanas; en realidad, están erosionando activamente las condiciones que hacían que MAD funcionara correctamente.

Mientras que la IA y las operaciones cibernéticas amenazan con corromper el sistema de mando. Si el sistema estadounidense no se moderniza lo suficientemente rápido para mantenerse al día, correrá el riesgo de socavar la percepción de que una guerra nuclear es imposible de ganar. Esta es una vulnerabilidad crítica: la pérdida de claridad estratégica puede llevar a errores en los cálculos. El sistema diseñado para prevenir la guerra podría convertirse en un punto de fallo si los enemigos creen que pueden obtener una ventaja gracias a la rapidez o al engaño.

Por lo tanto, el camino a seguir es una tarea doble. En primer lugar, es necesario institucionalizar la inversión en la fuerza laboral y en la base manufacturera, para garantizar que el sistema de disuasión siga siendo seguro y confiable. En segundo lugar, es preciso adaptar la propia estructura del sistema, como sugiere la propuesta de Pentad, para que sea capaz de enfrentar nuevas amenazas. La lección que se puede extraer de la historia es que el sistema de disuasión no es algo estático, sino un sistema dinámico que debe mantenerse y actualizarse constantemente. La carga ya no recae sobre la moralidad de un solo individuo, sino sobre la disciplina institucional colectiva de una nación. La prueba ahora es si esa disciplina puede adaptarse antes que la tecnología.

author avatar
Julian Cruz
adv-download
adv-lite-aime
adv-download
adv-lite-aime

Comentarios



Add a public comment...
Sin comentarios

Aún no hay comentarios