Las plantas de gas de Tailandia que no se utilizan adecuadamente contribuyen a aumentar los costos energéticos. Esto representa una limitación estructural para EGAT y para la estabilidad fiscal del país.
El núcleo de la actual crisis en Tailandia es un severo golpe en el suministro de bienes y servicios. La clausura del Estrecho de Ormoz, un punto estratégico que controla el flujo de suministros, ha causado grandes problemas.El 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo proviene de estas regiones.Esto representa una amenaza directa para la red de suministro de importaciones de una parte significativa del país. En particular, aproximadamente el 30% del GNL de Tailandia y el 50% de su petróleo crudo pasan por este estrecho. Esta perturbación geopolítica ha obligado a tomar medidas rápidas y reactivas.
El primer ministro Anutin Charnvirakul fue confirmado en el cargo el 19 de marzo, heredando así una clara autoridad para enfrentar esta emergencia en materia de política energética. Su nuevo gobierno se enfrenta a una situación delicada: los precios mundiales del petróleo están en aumento, mientras que el mercado interno de combustible ha estado protegido de los costos reales del mercado. El momento político es crítico; el cambio de gabinete ocurrió justo cuando la crisis energética se hizo más grave.
La primera intervención importante del gobierno en el mercado ocurrió el 26 de marzo, cuando implementó una medida relacionada con ese tema.Aumento del precio del combustible: 6 bahts por litro.Este aumento significativo no fue un ajuste habitual, sino una medida dirigida a frenar la acumulación de bienes y el contrabando. Los precios internos, hasta ahora, habían sido artificialmente bajos en comparación con los de los países vecinos. En términos más generales, esta medida tenía como objetivo reflejar con mayor precisión los costos del mercado. Sin embargo, esta acción ejerce una presión adicional sobre el margen fiscal del gobierno. El Fondo de Petróleo y Combustibles, que ha sido un instrumento importante para absorber los impactos de los cambios de precios, está enfrentando problemas debido a esto.Estrés derivado del reembolso de deudas.Como se dice, es necesario que se gestione la situación resultante de esto. Esto crea una tensión clásica: utilizar el fondo para proteger a los consumidores a corto plazo puede llevar a un agravamiento de las vulnerabilidades fiscales a largo plazo. Este patrón se ha repetido durante más de dos décadas.
El desequilibrio estructural: gaso en uso insuficiente y costos cada vez más altos
El impacto inmediato causado por el cierre del Estrecho de Ormoz es un golpe grave, pero temporal. El problema más profundo y duradero radica en el desequilibrio estructural del sistema energético de Tailandia. La infraestructura de suministro no se ajusta a las necesidades y la economía del país. Este desajuste crea una vulnerabilidad costosa que el nuevo gobierno debe enfrentar ahora.
En el fondo del problema radica una enorme subutilización de la capacidad existente de generación de energía mediante gas. Siete plantas de energía que utilizan gas como fuente de energía, con una capacidad total de más de 11 gigavatios, operaban con una cantidad muy reducida de potencia.Un factor de capacidad del 10% en el año 2025.Esto significa que, durante la mayor parte del año, estas plantas estuvieron prácticamente inactivas, generando casi ningún electricidad. El costo económico de esta ineficiencia es impresionante: desde 2023, estas plantas han causado un costo de 159 mil millones de baht tailandeses (5.02 mil millones de dólares estadounidenses) para la Autoridad de Generación de Electricidad de Tailandia, una entidad estatal, así como para los contribuyentes. El gobierno incluso ha suspendido las operaciones de varias de estas instalaciones, alegando que existía un exceso de electricidad en el mercado. Esto demuestra una grave equivocación en la planificación anterior.

Esta falta de utilización se refleja en el retraso en la implementación de nuevas capacidades de generación de energía. El plan a largo plazo del gobierno para incorporar 6.3 GW de nueva capacidad de generación de energía a partir de gas antes de 2037 ahora está sujeto a grandes dudas. Casi todos los proyectos propuestos enfrentan grandes retrasos. En el año 2025, EGAT canceló las licitaciones para tres proyectos importantes. La causa raíz es la escasez mundial de equipos críticos, lo que ha triplicado los costos de capital para las nuevas plantas de generación de energía a base de gas en los últimos años. Esto hace que todo el plan de expansión sea mucho más costoso y menos viable económicamente de lo que se pretendía.
El resultado es un giro doloroso hacia fuentes de combustible más costosas. Mientras que las plantas de producción de gas nacionales permanecen inactivas y los nuevos proyectos se ven frustrados, la dependencia de Tailandia del gas natural licuado importado aumenta. Este cambio contribuye directamente al sobrecargo fiscal que recae en el Fondo de Combustibles Petrolíferos. El fondo está diseñado para absorber los impactos de los cambios en los precios, pero su eficacia se ve debilitada por esta situación.Décadas de control de precios.Además, el aumento en el costo del combustible que debe subsidiar también representa una carga fiscal considerable. El reciente aumento en los precios mundiales del GNL, causado por las tensiones geopolíticas actuales, está generando una presión fiscal constante. El fondo está siendo solicitado para cubrir la brecha entre estos costos de importación más elevados y los precios internos muy bajos. Esto, a su vez, profundiza su deuda y limita su capacidad para actuar como un respaldo en futuras crisis.
En resumen, el sistema energético de Tailandia se encuentra entre dos problemas costosos e ineficientes: por un lado, hay que pagar por plantas de generación de energía que producen muy poca electricidad; por otro lado, hay que pagar más por el LNG para compensar esta deficiencia. Este desequilibrio estructural convierte una interrupción temporal en el suministro de energía en una presión económica a largo plazo, lo que dificulta la implementación de las políticas energéticas del nuevo gobierno.
Puntos de presión financiera y económica
El desequilibrio inmediato en los precios de los bienes se está traduciendo en riesgos financieros y económicos tangibles. La respuesta del gobierno consiste en una combinación de medidas de apoyo específicas y soluciones estructurales. Sin embargo, estas medidas destacan la gravedad de la situación.
Para mitigar el impacto, el Gabinete aprobó un paquete de siete medidas el 26 de marzo.10 mil millones de THB (aproximadamente 303 millones de dólares estadounidenses), como préstamos blandos para aumentar la liquidez de las pequeñas y medianas empresas y otros sectores.Se trata de un intento directo para evitar una ola de fracasos empresariales y pérdidas de empleos. Otros elementos, como los subsidios para los operadores del transporte y el proyecto “Green Flag” para los agricultores, tienen como objetivo proteger grupos y sectores específicos que son vulnerables. Sin embargo, estos son herramientas reactivas, no una solución real a las presiones de costos subyacentes.
El riesgo económico más grave representa una amenaza directa para los presupuestos de las familias y los costos empresariales. Mientras el primer ministro comienza su segundo mandato, el gobierno enfrenta una clara advertencia: un shock petrolero prolongado.Podría aumentar la presión sobre los presupuestos de las familias, los costos empresariales y la confianza económica en general.Cuando los precios del combustible aumentan drásticamente, el costo de todo, desde los alimentos hasta las producciones industriales, también aumenta. Esto reduce los ingresos disponibles y las ganancias, lo que podría llevar a una desaceleración en el consumo y la inversión interna. Para un país que ya está luchando para lograr un crecimiento inferior al potencial, esto representa un gran obstáculo.
Sin embargo, el riesgo más persistente es la presión fiscal a largo plazo que supone el Fondo de Combustibles y Petróleo. Los déficits recurrentes del fondo representan una vulnerabilidad estructural. Durante más de dos décadas, los gobiernos han utilizado este fondo para soportar los impactos de las crisis de precios. Pero cada ciclo de crisis deja un legado de deuda que, con el tiempo, se transmite al público. A medida que avanza la crisis actual, el fondo…Enfrentándose a nuevos desafíos.La acumulación de deudas aumenta la carga fiscal del país. Esto crea un ciclo vicioso: el fondo se agota durante una crisis, lo que obliga a tomar nuevos préstamos, lo cual limita su capacidad para actuar en las próximas situaciones difíciles. El nuevo gabinete debe manejar esta emergencia, mientras aborda también la reestructuración económica a largo plazo que los grupos empresariales han pedido desde hace tiempo. Los puntos de presión financiera y económica son claros, pero el camino hacia la solución es estrecho.
Catalizadores y puntos de control para la nueva administración
La tarea inmediata del nuevo gabinete es gestionar este severo shock en el suministro a corto plazo. La prueba clave a corto plazo será la estabilidad del Estrecho de Ormuz y la trayectoria que seguirá el precio mundial del petróleo como resultado de esto. Si esta situación persiste, las medidas de emergencia se prolongarán y la presión fiscal sobre el Fondo de Petróleo aumentará aún más. La dirección del gobierno es asegurar nuevas fuentes de energía en el plazo de una semana.Se sigue la cerrazón del estrecho.Y esto resalta la urgencia de la situación. Por ahora, el enfoque es cerrar esa brecha entre las diferentes áreas. Pero una interrupción prolongada aumentaría la presión sobre los presupuestos de los hogares y los costos empresariales, como advierten los analistas.Podría aumentar la presión sobre los presupuestos de los hogares, los costos empresariales y, en general, la confianza económica en el país..
La eficacia de las medidas de suministro de emergencia es otro punto crítico que debe tenerse en cuenta. El gobierno ha aprobado la compra urgente de tres envíos adicionales de GNL para los meses de marzo y abril. Además, se ha ordenado a las centrales térmicas que funcionen a plena capacidad. Estos pasos tienen como objetivo mantener el suministro de electricidad y combustible. Pero estos medios implican ciertas concesiones. La transición hacia el GNL más costoso, especialmente proveniente de fuentes nuevas como Estados Unidos, espera que aumente los costos de la electricidad para los hogares. Lo más importante es que estas soluciones temporales no abordan el desequilibrio estructural subyacente. Simplemente, destacan el costo de la dependencia actual de los combustibles importados. Esta vulnerabilidad debe ser abordada por el nuevo gobierno.
Sin embargo, la reforma económica a largo plazo depende de otros factores que influyen en el proceso. El gobierno debe demostrar avances en la aceleración del plan de expansión de la producción de gas. El plan para introducir 6.3 GW de nueva capacidad de generación de energía a base de gas antes de 2037 está en duda; casi todos los proyectos están retrasados, y los costos de capital se han triplicado debido a las crisis globales. La suspensión de cuatro plantas de generación de gas en 2025 también afecta este proceso.Se menciona una sobreoferta de electricidad.Se trata de un error en la planificación que ha causado una acumulación de problemas costosos. La nueva administración tendrá que reevaluar este plan, buscando equilibrar la necesidad de suministro de energía fiable con el aumento de los costos de importación de GNL, así como con las ambiciones relacionadas con su compromiso climático actualizado. La publicación del próximo Plan de Desarrollo Energético en 2026 será un indicio clave de esta dirección.
En la práctica, el nuevo gabinete enfrenta una situación difícil. Debe manejar la crisis inmediata mediante la adquisición de suministros de emergencia y carbón, mientras que, al mismo tiempo, establece las bases para un mix energético más resistente. Los objetivos son claros: monitorear la situación en el Estrecho, evaluar los costos y la fiabilidad de los suministros de GNL y carbón en situaciones de emergencia, y buscar medidas concretas para reiniciar y reevaluar la expansión del sector gasífero. El éxito se medirá no por soluciones rápidas, sino por la capacidad del gobierno de manejar esta presión inmediata y lograr avances tangibles en la reestructuración económica que ya dura tiempo.

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