La parálisis de Teherán Bazaar indica que el sistema comercial está colapsando debido a la caída de los precios de las mercancías, así como a la inflación causada por la guerra.

Generado por agente de IAMarcus LeeRevisado porRodder Shi
miércoles, 18 de marzo de 2026, 5:26 pm ET5 min de lectura
TRI--

El impacto económico inmediato en Irán es el resultado de una lucha doble: tanto los conflictos externos como la crisis interna. La guerra, que ya dura más de dos semanas, ha causado daños materiales considerables en la infraestructura económica y cultural del país. El Ministerio de Patrimonio Cultural de Teherán informó que al menos 56 museos y sitios históricos han sido dañados, incluyendo el Palacio Golestán, de la época qajarí. Además, el Gran Bazar también ha sufrido daños graves. No se trata simplemente de una pérdida simbólica; se trata de un golpe directo en el corazón de un importante centro comercial que impulsa el comercio y el empleo. Como señaló Reuters este mes, la guerra ya ha afectado al Gran Bazar, cerrando muchas tiendas y aumentando los precios para una población que ya está sufriendo debido a años de sanciones.

Este daño físico coincide con una caída catastrófica de la moneda nacional. Se dice que el dólar llegó a alcanzar los 150,000 tomanes. Este nivel de devaluación fue el motivo inicial de las huelgas en los bazares a finales de diciembre. Esa situación ha causado una paralización económica generalizada. La devaluación ha eliminado el poder adquisitivo de las personas, lo que hace que las importaciones se vuelvan prohibitivamente caras y provoca una inflación descontrolada. Por lo tanto, el cierre de los bazares es un síntoma de una interrupción mayor en el ciclo de los productos comercializados. Cuando la moneda colapsa, el costo de los bienes importados – desde electrodomésticos hasta materias primas – aumenta enormemente. Esto reduce los márgenes de beneficio de los comerciantes y fabricantes, interrumpe las cadenas de suministro y, en última instancia, conduce a la misma paralización económica que se observa en los bazares.

La presión externa está agravando la crisis interna. La guerra entre Estados Unidos e Israel está afectando a las empresas de todo el mundo, provocando aumentos en los precios de la energía y reduciendo los suministros de materias primas esenciales. Este desorden en la cadena de suministro y en el mercado energético añade un nuevo factor de choque externo a una economía ya deprimida. Para Irán, que depende del comercio para obtener bienes y recursos vitales, esto significa que sus vulnerabilidades económicas se ven exacerbadas en múltiples frentes. El conflicto ha cerrado gran parte del espacio aéreo del Medio Oriente, ha interrumpido los principales corredores de exportación de petróleo y ha aumentado los costos de transporte. Todo esto contribuye a la inflación y a la escasez de bienes dentro del país. El resultado es un shock macroeconómico en el que la destrucción física, la caída de la moneda y la turbulencia en el mercado mundial se combinan para desestabilizar la economía.

El Bazar como mecanismo de transmisión de precios de los bienes

El Gran Bazar ya no es simplemente un mercado; se ha convertido en el lugar donde se encuentran los impactos globales con las dificultades que enfrentan los iraníes en su vida cotidiana. Los cierres recientes del mercado y las constantes aumentos de precios son una manifestación directa del colapso monetario y de las restricciones en la oferta debido a la guerra. La función tradicional del Gran Bazar como indicador de la estabilidad política ha sido reemplazada por su papel como indicador en tiempo real de la inflación de los precios de los bienes. Cuando la moneda nacional cae en valor, el precio de todos los bienes importados que se venden en el mercado aumenta enormemente. Esto no es una teoría económica abstracta; es la realidad diaria para los comerciantes y los compradores. Como se puede ver en los cierres recientes y en los lamentos de clientes como Nisrin, quienes ahora encuentran incluso las compras más básicas insostenibles.

La guerra añade otro factor de presión económica desde el extranjero. El conflicto entre Estados Unidos e Israel está afectando negativamente a las empresas mundiales, aumentando los precios de la energía y reduciendo los suministros de materias primas esenciales. Estos efectos negativos afectan al Irán a través de varios canales. En primer lugar, afecta directamente las rutas comerciales, ya que el conflicto cierra gran parte del espacio aéreo del Medio Oriente y perturba los principales corredores de exportación de petróleo. En segundo lugar, aumenta los costos de transporte de mercancías, lo que hace que los bienes importados sean más caros. En tercer lugar, provoca un aumento en los precios del combustible para aviones, lo que también contribuye al aumento de los costos de transporte de bienes dentro del país. Para un mercado que depende de las importaciones de electrodomésticos, piezas de repuesto y otros productos esenciales, estos aumentos de costos se reflejan inmediatamente en el precio final de los productos.

El resultado es una situación de caos total debido a las presiones inflacionarias. La debacle de la moneda nacional establece un marco para que los precios aumenten aún más. Además, la guerra agrava los costos en todas las etapas de la cadena de suministro. Este doble impacto explica por qué los comerciantes y los consumidores informan que los precios han aumentado aún más, superando incluso el ritmo de inflación del 36%, que ha sido constante durante gran parte de 2025. Por lo tanto, el mercado se convierte en un indicador importante para medir la situación económica. Su paralización y sus listas de precios son señales claras de que el ciclo de precios está siendo gravemente perturbado, con toda la fuerza del conflicto externo y del fracaso monetario interno afectando directamente a los consumidores.

Declive estructural y los límites del poder económico

La crisis actual revela una situación más profunda y de largo plazo. Durante décadas, los Guardias Revolucionarios han consolidado sistemáticamente su control sobre las redes petroleras e comerciales de Irán, marginando a la clase mercantil tradicional. Este dominio económico hace que el gobierno dependa de los Guardias Revolucionarios para garantizar su seguridad, lo que impide que el gobierno pueda reducir su influencia o gestionar efectivamente la crisis. Las protestas recientes en el mercado, aunque significativas, han sido reprimidas por el estado. Esto demuestra los límites de la capacidad política del gobierno para manejar esta situación.

El control que ejercen los Guardias Revolucionarios sobre la economía es ahora total. Ellos controlan los oleoductos, los puertos y los corredores comerciales que permiten el transporte del petróleo iraní y de las importaciones esenciales. Esto ha reducido sistemáticamente la capacidad del mercado local para obtener divisas extranjeras y bienes. Como señaló uno de los comerciantes:No podemos importar bienes, debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos. Además, solo los miembros de las Guardias o aquellos que están relacionados con ellas tienen el control sobre la economía.Sus redes no son solo comerciales; también son políticas y militares. Este entrelazamiento significa que el estado no puede actuar contra ellos sin poner en peligro su propio aparato de seguridad. Esto crea una dependencia peligrosa que paraliza la capacidad del estado para gestionar crisis.

Esta marginación económica ha contribuido directamente a los disturbios actuales. El bazar, que en el pasado fue la base financiera de la revolución de 1979, ha visto disminuir su influencia política y económica a medida que el poder de las Guardias se fortaleció. Las protestas de diciembre, que comenzaron en el bazar, fueron un resultado directo de esta erosión. Estas protestas fueron provocadas por el colapso del sistema monetario, pero tenían raíces en años de exclusión sistémica. Sin embargo, la respuesta del estado ha sido la represión, no el diálogo. El intento del Líder Supremo Khamenei de distinguir entre las quejas “legítimas” del bazar y los actos de violencia es una falta de comprensión. En la práctica…Los protestas continúan en el Bazar de Teherán. Las autoridades han utilizado gases lacrimógenos contra los manifestantes que gritaban consignas antiestatales.El poder económico de los Guardias les ha protegido de la presión política. Así, al régimen le quedan pocos instrumentos para gobernar, y solo cuenta con la fuerza militar.

En resumen, el papel histórico del bazar como fuerza estabilizadora se ha roto. Su poder económico ha pasado a manos de los Guardias, quienes no son un árbitro neutral, sino que constituyen un pilar clave para la supervivencia del régimen. Cuando la moneda colapsa y la guerra se desencadena, el bazar no puede movilizar al estado para proteger sus intereses. En cambio, se ve obligado a protestar en las calles, pero solo para ser atacado con gases lacrimógenos. Este declive estructural significa que incluso un choque económico importante como el actual no puede ser contenido ni canalizado a través de las redes comerciales tradicionales. La consolidación del poder por parte del propio régimen lo ha vuelto vulnerable a las mismas fuerzas que él mismo ha permitido que existan.

Implicaciones a futuro: Ciclos de los productos básicos y estabilidad del régimen

La crisis actual es una prueba de resistencia para todo el sistema económico y político de Irán. La trayectoria futura depende de tres variables interconectadas: la resiliencia del mercado como indicador social y económico; la cohesión de los Guardias Revolucionarios; y la evolución de la guerra en el exterior. El monitoreo de estas variables nos permitirá determinar si el shock provocará un declive controlado o si se desencadenará un colapso aún más grave.

En primer lugar, la reapertura o el posible cierre del bazar será el indicador más directo de la estabilidad económica y política del país. Su reciente actividad parcial también puede ser un indicio de esto.Menos clientes de lo habitual.A pesar de la agitación previa al Año Nuevo, se trata de una recuperación frágil, como máximo. Si el bazar sigue cerrado o si se producen nuevas oportunidades de cierre, eso confirmará que el colapso monetario y la guerra son demasiado graves para que el comercio pueda reanudarse normalmente. Esto sería una señal clara de la debilidad del régimen, demostrando su incapacidad para restablecer las funciones económicas básicas. Por otro lado, un regreso gradual a la normalidad en el tráfico del bazar podría indicar que el régimen ha logrado estabilizar la situación inmediata, aunque esto no resolvería los problemas de inflación subyacentes. Por ahora, la supervivencia del bazar depende de una negociación diaria entre la represión estatal y la desesperación de los comerciantes.

En segundo lugar, hay que estar atentos a cualquier cambio en la cohesión interna de los Guardias Revolucionarios. Su lealtad es la única garantía de supervivencia del régimen. Pero su poder económico también los convierte en una posible fuente de descontento.Legislación relacionada con el “salario mínimo”Para los miembros de las Guardias, aunque sea algo simbólico, esto destaca el esfuerzo del régimen por mantener a sus soldados leales, en medio del caos económico. Cualquier signo de tensión interna, ya sea en cuanto a la asignación de recursos, las decisiones de comando o los costos de la guerra, sería un claro indicio de problemas. Las Guardias no son un bloque homogéneo; sus diferentes facciones pueden tener intereses diferentes en el resultado de la conflictual. Si su unidad se rompe, las bases del régimen se verán gravemente debilitadas.

Por último, la trayectoria de la guerra y cualquier avance diplomático son los verdaderos puntos de presión externa. El conflicto no muestra signos de disminución en su intensidad.El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, advierte que no está listo para buscar un acuerdo.Y los Guardias Revolucionarios prometen perseguir a la dirección israelí. Esta postura duraimainiza la presión económica, manteniendo los precios del petróleo elevados y perturbando las rutas comerciales. Las conmociones en la cadena de suministro mundial debido a la guerra…Empresas que ruidan por todo el mundo.Esto, directamente, contribuye a la inflación en Irán. Sin embargo, un avance diplomático, por más improbable que sea, podría comenzar a aliviar estas presiones. Pero, por ahora, la supervivencia del régimen depende de poder soportar las consecuencias económicas de la guerra. Esta estrategia arriesga tanto agotar la paciencia de la población como la lealtad de los Guardias.

En resumen, la economía del Irán, que depende de los productos básicos, se encuentra ahora atrapada en un ciclo vicioso. La guerra aumenta los precios mundiales y perturba el comercio, empeorando así la inflación interna. El colapso de la moneda hace que las importaciones se vuelvan insostenibles, lo que agrava aún más la situación económica y social. La respuesta del régimen es la represión, no la reforma, lo cual solo profundiza la crisis. Se trata de una situación en la que cada variable, ya sea económica, política o militar, contribuye a la creciente presión sobre el sistema, haciendo que sea cada vez más difícil lograr un equilibrio estable.

Comentarios



Add a public comment...
Sin comentarios

Aún no hay comentarios