La baja barrera establecida por SVB para los shocks podría permitir que se actúe como un catalizador regulatorio que no está siendo aprovechado por nadie.
El mercado ya ha superado los peores efectos regulatorios derivados del colapso de Silicon Valley Bank. Cuando se publicó el informe inicial de la Reserva Federal, pocas semanas después del colapso, se confirmó lo obvio: los supervisores no detectaron señales de alerta importantes y no tomaron medidas decisivas. La reacción del mercado en ese momento fue moderada, lo que indica claramente que las expectativas de críticas ya estaban previstas. Ahora, la Fed está llevando a cabo una nueva revisión externa, dirigida por la empresa Starling. Pero la principal preocupación del mercado sigue siendo la misma: el mercado ya ha descartado cualquier posibilidad de una mayor vigilancia regulatoria y de problemas en el manejo de los asuntos relacionados con la supervisión. El impacto de esta nueva revisión dependerá únicamente de si sus resultados superan estas bajas expectativas.
Esta situación es un claro ejemplo de “vender las noticias”. La primera evaluación interna realizada por la Fed, que el vicepresidente Michael Barr calificó como una “autoevaluación”, señaló los principales errores: los supervisores no reconocieron plenamente las vulnerabilidades de SVB; además, no lograron solucionar los problemas a tiempo. También se encontraron dificultades debido a un cambio en las políticas de supervisión desde años anteriores. Ese informe fue una gran decepción para quienes criticaban a la Fed desde dentro. La nueva evaluación externa no tiene como objetivo asignar culpas, sino obtener “conocimientos adicionales” desde una perspectiva más objetiva. Sin embargo, dado que la primera evaluación ya era una confesión interna negativa, las expectativas para las nuevas revelaciones son altas. El mercado ya ha incorporado en sus precios el peor escenario posible: una cultura de supervisión deficiente y una falta de control de riesgos.

La tesis aquí es bastante clara. Las consecuencias regulatorias derivadas del fracaso de SVB ya han sido analizadas en detalle. La caída inicial del mercado de valores fue una reacción instintiva a la crisis, y no representó un cambio a largo plazo en la valoración de las acciones relacionadas con la credibilidad del Fed. Desde entonces, la atención se ha centrado en las implicaciones generales para los tipos de interés y la estabilidad del sector bancario. Esta nueva evaluación es simplemente un paso formal, pero sus resultados probablemente no causarán ningún impacto significativo en el sistema. El vacío de expectativas ya se ha llenado. Lo importante ahora es si esta evaluación confirma la narrativa existente, o si, más importante aún, identifica cualquier debilidad nueva e imprevista que pueda generar nuevos temores regulatorios. Por ahora, el mercado está preparado para una decepción, no para una sorpresa.
Expectativas versus realidad: Lo que la revisión podría descubrir realmente
Las bajas expectativas del mercado crean una oportunidad reducida para sorpresas. La revisión anterior de la Fed ya había identificado los principales problemas: los supervisores no detectaron las vulnerabilidades, demoraron en tomar medidas y también se vieron obstaculizados por diversos factores.Cambio en la política de supervisión.Desde el año 2018-19, ese informe fue una gran decepción. Confirmó que la cultura organizativa estaba orientada más hacia la cumplimiento de normas que hacia la identificación de los verdaderos riesgos. La nueva revisión externa, liderada por Starling, no tiene como objetivo refutar esa opinión. Su valor radica en si puede revelar detalles que el informe interno pasó por alto o que no tuvo suficiente capacidad para investigar.
Un área que merece un análisis más profundo es el papel de las alianzas entre bancos y empresas tecnológicas, así como las consecuentes vulnerabilidades en términos de liquidez. Estos fracasos se han convertido en un tema central en la agenda de reformas regulatorias, y las discusiones sobre este tema continúan.Liquidez y financiación del bancoY también los posibles riesgos sistémicos que podrían derivar de estas relaciones. La revisión interna se refirió a los fracasos en la gestión de riesgos, pero no analizó en detalle las presiones específicas que estas alianzas ejercían sobre el balance general y el modelo de financiamiento del banco. Una investigación independiente podría proporcionar una visión más detallada de cómo estos arreglos interactuaban con el riesgo de concentración y el desajuste de vencimientos del banco, lo que permitiría tener una idea más clara de esta amenaza, aunque no haya sido cuantificada completamente.
La independencia de la evaluación también plantea la posibilidad de que se lleguen a conclusiones más críticas con respecto a la cultura o al nivel de riesgo del Fed, en comparación con lo que permite el informe interno. La evaluación anterior, aunque negativa, era una autoevaluación realizada por el personal que no tenía responsabilidad directa sobre SVB. Starling, operando fuera de ese círculo, podría identificar problemas sistémicos más profundos, como la “cultura de supervisión errónea, centrada demasiado en los procesos de cumplimiento”. Estos problemas son aquellos que el propio personal del Fed rehusaba destacar. Esto podría incluir una crítica más severa hacia la aplicación del MRA (Memorando de Entendimiento) o hacia la dependencia del juicio de los examinadores en los marcos de calificación.
Sin embargo, las bajas expectativas del mercado podrían atenuar cualquier tipo de impacto negativo. Si la nueva revisión simplemente refuerza la narrativa existente con más detalles, la reacción probablemente será débil. El verdadero riesgo es que esto confirme los peores temores sobre una cultura que prioriza el proceso sobre la seguridad, pero no identifica ninguna debilidad real que pueda desencadenar un pánico regulatorio. La brecha entre las expectativas y la realidad ya se ha superado. Los hallazgos de la revisión no se juzgarán por su gravedad, sino por si superan lo que ya se sabía. Por ahora, la situación favorece el sesgo de confirmación, en lugar de la revelación de información nueva.
Catalizadores y riesgos: El camino hacia un reajuste de la orientación
El catalizador que impulsa este proceso de análisis es claro: la publicación de los hallazos del informe de Starling. Este informe será el veredicto definitivo sobre las fallas en la supervisión por parte de la Fed. Su impacto principal será en el riesgo regulatorio asociado a las acciones bancarias. El mercado ya ha descartado la idea de una mala gestión y de una actuación tardía por parte de la Fed. Los hallazos del informe se evaluarán en función de si realmente cambian significativamente las expectativas de los inversores.
El riesgo principal es que el informe sea visto como algo insignificante. Si simplemente repite los puntos ya expuestos en la revisión interna…Cambio en la política de supervisión.O bien, se podría centrarse en el cumplimiento de las normas, en lugar de en los riesgos. De este modo, el impacto del mercado se reducirá. La brecha de expectativas ya ha sido superada. La verdadera prueba será si Starling identifica nuevas debilidades imprevistas que puedan provocar temores relacionados con mayores regulaciones en el futuro. Es importante estar atentos a cualquier recomendación sobre cambios específicos en la herramienta de liquidez contingente. Estos fueron temas importantes de discusión este año, y los funcionarios han estado analizando la eficacia de estas herramientas durante el período de estrés en 2023.Las discusiones han abarcado el tema de las ventanas de descuento, así como las perspectivas futuras en cuanto a la liquidez contingente.Las propuestas concretas de reforma aquí presentadas podrían afectar directamente los costos de financiación de los bancos. Además, podrían indicar una postura más agresiva por parte de los prestamistas, en cuanto a su disposición para actuar como último recurso en la solución de problemas financieros.
Otro posible catalizador es la forma en que se presentan las vulnerabilidades sistémicas en el informe. Si se hace mayor énfasis en los riesgos derivados de las asociaciones entre bancos y empresas tecnológicas, o en los desajustes de liquidez, esto podría acelerar el proceso de reformas regulatorias. El mercado ya ha tenido en cuenta algunos de estos riesgos, pero una crítica más contundente podría adelantar los plazos para cambios en las regulaciones relacionadas con el capital y la liquidez. De este modo, el riesgo pasa de ser una sanción puntual a un período prolongado de mayores costos de cumplimiento y requisitos de capital para el sector.
Por lo tanto, el camino hacia una reconfiguración de las normas de supervisión depende de la capacidad de dicha revisión para ir más allá de la simple confirmación de lo ya conocido. En cuanto a las acciones de los bancos, la situación actual implica expectativas bajas. Un informe que simplemente confirma los problemas ya conocidos probablemente sea ignorado. Pero aquellos informes que aporten nuevas perspectivas importantes, ya sea en relación con la cultura de supervisión, los riesgos sistémicos o la eficacia de los bancos como instituciones de último recurso, podrían obligar a reevaluar el riesgo regulatorio. El mercado estará atento a esas recomendaciones concretas que indiquen cambios tangibles en la forma en que los bancos son supervisados y financiados.



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