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La pregunta fundamental para los próximos años es si estamos presenciando una simple fase cíclica o si se está iniciando un verdadero rebote estructural. La situación apunta a una recuperación latente, que se encuentra atrapada en tres años de presión constante. A pesar del crecimiento récord del PIB, la economía sigue sufriendo recesiones, con los sectores de la vivienda y la manufactura enfrentando contracciones profundas. Esto abre la posibilidad de un posible rebote económico, pero el momento y la durabilidad de este proceso sigue siendo algo incierto.
El primer pilar de esta tesis es la marcada reducción en la demanda. La vivienda, un indicador clave de la riqueza y confianza de los consumidores, ha estado en una situación de declive prolongado. Las ventas de viviendas existentes han disminuido.
Se ha alcanzado un nivel que no se veía desde principios de la década de 2010. Este profundo descenso en el mercado inmobiliario es una consecuencia directa de las agresivas subidas de tipos de interés por parte de la Fed. Esto demuestra cuán apretada está la situación actual. El segundo pilar del problema es la persistente contracción en la industria manufacturera, un sector que constituye la columna vertebral de la producción industrial. El indicador ISM sobre la industria manufacturera ahora indica una contracción.La tasa de vacantes en diciembre fue del 47.9%. Esto no representa una disminución insignificante, sino un período continuo de declive en la demanda y en los inventarios. Todo ello indica una demanda débil y una reducción en los inventarios.Sin embargo, en medio de esta situación de debilidad, está surgiendo un cambio estructural importante. El motor principal para el crecimiento futuro puede no ser el gasto de los consumidores o la industria manufacturera tradicional, sino un ciclo de gastos de capital históricamente alto, impulsado por la inteligencia artificial. Este es el potencial de liberación de esa “muelle enrollado”. Las pruebas indican que habrá un aumento extraordinario en las inversiones, especialmente en las infraestructuras fundamentales relacionadas con la inteligencia artificial. En 2025…
Es una situación que ocurre año tras año. No se trata simplemente de un aumento cíclico en las cantidades invertidas; se trata de una reasignación fundamental del capital hacia una nueva plataforma tecnológica. Se espera que este ciclo continúe, y que se proyecte un mayor crecimiento para el año 2026.
En resumen, se trata de un paradójico situación. Por un lado, tenemos un sector manufacturero profundamente debilitado y un mercado inmobiliario congelado, lo que crea las condiciones perfectas para un rebote económico. Por otro lado, el nuevo motor de crecimiento, es decir, la inversión en IA, está funcionando a todo ritmo. La cuestión estructural es si esta inversión impulsada por la IA será suficientemente duradera como para sacar a toda la economía del atolladero deflacionario y permitir una expansión sostenida, incluso mientras los sectores tradicionales siguen siendo débiles. La “mola” está lista para romperse, pero la dirección y la intensidad del rebote dependen completamente de la trayectoria de este nuevo ciclo de capital.
La discusión principal ahora se centra en la verosimilitud de este nuevo paradigma de crecimiento. Las predicciones de Cathie Wood sobre un aumento del PIB real hacia el año 2026 son bastante prometedoras.
Es una crítica directa al consenso oficial. El informe de proyecciones económicas del Banco Federal, publicado en diciembre, indica que la tasa media de crecimiento para el año 2026 es de solo…Esto no es una desviación menor; se trata de una gran diferencia entre un escenario de crecimiento estructural y una perspectiva más cautelosa, basada en un repunte cíclico. La trayectoria media propuesta por la Fed indica que la economía crecerá, pero a un ritmo que es solo aproximadamente la mitad del aceleramiento proyectado por Wood.El mecanismo que propone Wood es, en realidad, un tipo de crecimiento deflacionario. Según ella, el crecimiento impulsado por la tecnología y la inteligencia artificial es diferente del crecimiento motivado por la demanda, que, por lo general, genera inflación. En cambio, ve un escenario en el que la disminución de los precios del petróleo y la caída de los costos laborales actúan como fuerzas deflacionarias poderosas. Esto se asemeja a los entornos “Goldilocks” históricos de las décadas de 1980 y 1990, cuando había un crecimiento sólido, pero al mismo tiempo, la inflación era baja. La pregunta clave es si esta dinámica puede mantenerse durante mucho tiempo, y si es suficientemente poderosa para impulsar toda la economía.
Para que este escenario se haga realidad, el ciclo de capital de la IA debe traducirse directamente en ganancias significativas en la productividad. La inversión masiva en centros de datos es un primer paso hacia ese objetivo, pero el paso crucial es la transición de los gastos de capital a resultados y ahorros en costos. Si el dividendo de la productividad se materializa como se promete, podría verdaderamente apoyar un alto crecimiento, mientras se mantiene la inflación bajo control. Sin embargo, la perspectiva más conservadora de la Fed refleja un escepticismo sobre la velocidad y la escala de esa transición. Las proyecciones oficiales sugieren un proceso más gradual: el crecimiento se reducirá al 1.9% en 2028. Esto indica que se cree que el rebote estructural, aunque real, aún no es lo suficientemente fuerte para compensar completamente la debilidad subyacente en los sectores de vivienda y manufactura.
En resumen, existe un marcado contraste entre las dos perspectivas. La visión de Wood es la de un motor poderoso y autosostenible, donde la inversión en inteligencia artificial aumenta la eficiencia, reduce los costos y fomenta el crecimiento, sin generar presiones de precios. Por otro lado, la opinión del Fed es que el crecimiento será más lento y incierto, ya que los beneficios de la nueva tecnología se ven atenuados por la inercia de una economía todavía débil. El camino que sigue el PIB real en 2026 será la primera prueba importante para determinar cuál de las dos perspectivas es correcta.
La narrativa macroeconómica se convierte ahora en una historia financiera clara, aunque algo irregular. El camino desde un aumento significativo en los gastos de capital hasta unos resultados corporativos sólidos no es inmediato; se trata de un ciclo que requiere tiempo para completarse. Esto crea una tensión a corto plazo entre la solidez del balance general y la reducción de las ganancias, lo cual prepara el terreno para una importante rotación en el mercado.
El impacto financiero inmediato es una reducción en los márgenes de beneficio. A medida que las empresas invierten capital en infraestructuras relacionadas con la inteligencia artificial, el aumento en los gastos ejerce una presión directa sobre los ingresos antes de impuestos y intereses (EBIT). Los datos muestran que el ciclo de capital ya está en pleno apogeo.
Este gasto representa una salida de efectivo que no se convierte inmediatamente en ingresos. En los próximos 12 a 24 meses, esperamos que haya un período en el que la alta intensidad de capital pueda reducir temporalmente las márgenes de beneficio. A pesar de que la economía en general muestre signos de crecimiento, el mercado tendrá que superar este obstáculo para poder ver las posibles ganancias futuras.Esto genera una fuerte rotación en los mercados de valores. La lógica financiera favorece que las empresas se alejen de los sectores tradicionales y cíclicos, como la vivienda y la fabricación básica, que todavía están en proceso de contracción. En cambio, las empresas relacionadas con el crecimiento y la tecnología, y que tienen una alta exposición a la IA, son las más beneficiadas. La razón es simple: estas empresas son las que directamente se benefician del ciclo de gastos de capital, y están en posición de aprovechar los beneficios derivados de la productividad. La tesis de ARK Invest sostiene que…
En el año 2026, todo se basará en esta premisa. A los inversores se les pide que paguen por el crecimiento futuro de las ganancias, y no por los flujos de efectivo actuales. Se trata, en realidad, de una situación típica de crecimiento.Sin embargo, el riesgo crítico radica en el aumento de la brecha entre el valor actual de las acciones y sus beneficios reales. El ciclo de gastos de capital se está acelerando rápidamente, pero los beneficios derivados de la productividad –el motor del crecimiento sostenible de las ganancias– siguen siendo una expectativa a futuro. Si el tiempo que transcurre entre los gastos y los resultados tangibles es más largo de lo previsto, el mercado podría enfrentarse a una recalibración dolorosa. La valoración de las acciones relacionadas con la inteligencia artificial, las cuales ya han reflejado un fuerte rebote, estaría en peligro si los aumentos en eficiencia y los ahorros en costos no se materializan tan rápidamente como se esperaba. Esto crea una situación en la que el impacto financiero inicial puede ser negativo para las márgenes, pero la recompensa final depende completamente de la velocidad con la que se produzca la transición hacia una mayor productividad. El mercado apuesta por esto último; las estadísticas financieras serán la prueba de esa apuesta.
La tesis de la molla enrollada ahora enfrenta su prueba a futuro. El camino desde un ciclo de capital estructural hasta una deflación duradera no está garantizado; depende de una serie de señales concretas. Los inversores deben estar atentos a tres factores clave que podrían confirmar el rebote económico, así como a un riesgo principal que podría frustrar ese proceso.
La primera señal de alerta es una ruptura continua por encima del nivel del 50 en el índice ISM de Manufactura. El sector ya ha experimentado una contracción.
La lectura de diciembre fue de 47.9%. Una verdadera recuperación generalizada requiere que este índice no solo alcance un nivel de expansión, sino que se mantenga en ese nivel. Eso sería la prueba más clara de que el descenso profundo en la producción industrial está disminuyendo. Esto valida la idea de que el ciclo económico está finalmente comenzando a recuperarse, y sugiere que el ciclo de inversión impulsado por la IA está finalmente estimulando la demanda en toda la economía.El segundo y más importante factor que influye en el mercado es el rendimiento financiero trimestral de las empresas. El impacto financiero del ciclo de capital basado en la inteligencia artificial se revelará aquí. El mercado necesita ver evidencia de que los altos niveles de inversión se traduzcan en aumentos tangibles en la productividad. En particular, busque empresas que informen sobre una expansión de sus márgenes, no solo sobre una alta intensidad de capital. La brecha entre los gastos y los resultados es real; los informes financieros mostrarán si esa brecha está disminuyendo. Si las empresas pueden demostrar que la eficiencia lograda mediante el uso de la inteligencia artificial reduce los costos y aumenta la rentabilidad, eso confirmará el efecto positivo en la productividad y justificará el actual aumento en las valoraciones de las empresas.
Sin embargo, el riesgo principal radica en el escenario en el que la narrativa de crecimiento sin inflación no se haga realidad. Esto dejaría a la economía en una situación precaria: altos gastos de capital, con un bajo crecimiento. Las consecuencias financieras serían graves. La brecha de valoración de las acciones relacionadas con la inteligencia artificial, que ya tienen un precio alto debido a su potencial de recuperación, estaría expuesta a una revalorización dolorosa. El mercado se verá obligado a enfrentarse a la realidad de gastos elevados, con rendimientos bajos, lo que presionaría aún más la narrativa de crecimiento que sustenta los precios actuales de las acciones.
En resumen, las próximas cuatro trimestres serán el momento en que se separará el “señal” del “ruido”. Una recuperación sostenida en la industria manufacturera, junto con los primeros signos de una expansión de las ganancias gracias al uso de la IA, confirmarían esta recuperación estructural. Sin embargo, el fracaso de cualquiera de estos aspectos pondría en peligro toda la teoría, lo que resultaría en un ciclo de capital costoso y sin beneficios reales. La situación es clara.
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