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El caso de inversión en materias primas en 2026 ya no se trata de reacciones cíclicas. Se trata, en realidad, de una apuesta por un cambio fundamental en la demanda mundial, impulsado por la convergencia de factores como la electrificación, la inteligencia artificial y las políticas gubernamentales. Estos factores están generando desequilibrios persistentes entre oferta y demanda. Se trata de un cambio estructural, no de una tendencia temporal.
El ejemplo más evidente es el cobre. Este metal es un elemento clave para la electrificación. Sin embargo, las fuerzas que impulsan su uso superan con creces su capacidad de suministro. Según un nuevo estudio, se proyecta que la demanda de cobre aumentará debido al crecimiento económico, la expansión de las redes eléctricas, las energías renovables, los vehículos eléctricos, la defensa y la inteligencia artificial.
Se trata de un aumento del 50% en comparación con los niveles actuales. Sin embargo, la producción alcanzará su punto máximo en el año 2030 y luego disminuirá, lo que generará una deficiencia en el suministro de 10 millones de toneladas métricas para el año 2040. Esto no es simplemente una pequeña deficiencia; se trata de un riesgo sistémico para el avance tecnológico y el crecimiento económico.Mientras tanto, el oro vuelve a ser considerado como un activo estratégico. Su precio ha aumentado significativamente.
Se espera que los factores que impulsan la demanda para el año 2026 sigan siendo sólidos. La compra por parte de los bancos centrales, un pilar clave de esta tendencia, promedioará 585 toneladas por trimestre en el año 2026. Esta diversificación continua del sector oficial, junto con su papel como medida de protección contra la devaluación de la moneda y las incertidumbres geopolíticas, indica que la valorización del metal se basa en fuerzas estructurales a largo plazo, y no en cambios momentáneos en las opiniones del mercado.La presión también se está acumulando en la red eléctrica. Los Estados Unidos están entrando en una era de aumento rápido del consumo.
Este aumento en la demanda de energía está impulsado por el crecimiento explosivo de los centros de datos que utilizan inteligencia artificial, así como por la continua expansión de la flota de vehículos eléctricos. La carrera tecnológica para satisfacer esta demanda se ha convertido en una característica central de la transición energética. La demanda de energía en los centros de datos, por sí sola, se triplicará para el año 2035. La red eléctrica, que ya está bajo presión, ahora debe soportar el peso de múltiples cambios estructurales al mismo tiempo.
En resumen, la demanda está siendo influenciada en múltiples direcciones por fuerzas poderosas y persistentes. Para los inversores, esta presión multidimensional crea una situación interesante, donde las materias primas no son simplemente activos para invertir, sino también insumos esenciales cuyas cadenas de suministro están siendo expuestas a riesgos.
El motor de la demanda estructural ahora se encuentra en conflicto con las realidades de oferta que son muy diferentes entre sí. Mientras que algunas mercancías enfrentan un déficit cada vez mayor, otras luchan contra un exceso de oferta, lo que crea un mercado complejo y desequilibrado para el año 2026.
La restricción más grave se da en el caso del cobre. El papel del cobre como conductor esencial para la electrificación ahora está en desacuerdo con su propia cadena de suministro. Un nuevo estudio proyecta que la producción mundial de cobre disminuirá en el futuro.
Esta situación, sumada al aumento en la demanda debido a la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y la expansión de la red eléctrica, conduce a un déficit catastrófico. El estudio advierte que un déficit en el suministro de 10 millones de toneladas métricas para el año 2040 constituye un “riesgo sistémico” para las industrias mundiales. Incluso con un aumento significativo en el volumen de materiales reciclados, la brecha entre el papel fundamental del cobre y su producción limitada sigue siendo un problema grave.Por el contrario, el mercado del petróleo está entrando en una fase de exceso de producción. Se pronostica que la producción global aumentará.
Se trata de una dinámica que contribuirá a un aumento en los inventarios. Se espera que esta sobreoferta presione a los precios del crudo Brent, llevándolos a una media de 56 dólares por barril este año. Este es un descenso significativo en comparación con el año 2025. La previsión parte de la suposición de que la producción seguirá aumentando, gracias a OPEC+ y otros productores. Esto creará un mercado en el que la oferta supera la demanda.El gas natural presenta una situación más compleja. Aunque se espera que la demanda aumente, especialmente en el caso de las exportaciones y de la generación de energía eléctrica, la oferta de gas natural está limitada. Se prevé que la producción de gas natural permanecerá estable en 2026. Esta situación estática, junto con la volatilidad inherente de los patrones climáticos y la complejidad de la logística relacionada con el GLP, representa un riesgo constante para la mezcla energética. El mercado se encuentra en una situación delicada, donde las restricciones en la oferta y los cambios climáticos pueden perturbar rápidamente el equilibrio estable del mercado.
En resumen, el mercado se encuentra en dos fases distintas. En el caso del cobre, existe un déficit estructural que se está acercando cada vez más a una crisis. En el caso del petróleo, se trata de un exceso de oferta cíclica que provoca la baja de los precios. En cuanto al gas natural, la situación es intermedia: la rigidez de la oferta se combina con una demanda en aumento, lo que crea condiciones volátiles para los inversores. Para los inversores, entender en qué lado se encuentran dentro de esta división entre oferta y demanda es fundamental para poder tomar decisiones adecuadas durante el año 2026.
Los cambios estructurales se están traduciendo en resultados financieros muy diferentes en todo el sector de los productos básicos. En el caso del cobre, la situación es la siguiente: se trata de un aumento significativo en los precios, pero este aumento coincide con un límite cercano para el precio del metal.
Se espera un aumento anual del 40% o más, debido a la revaluación causada por las fuerzas de la electrificación y la inteligencia artificial. Sin embargo, Goldman Sachs Research prevé una desaceleración drástica en el año 2026. Se espera que el precio de las materias primas en la Bolsa de Metales de Londres permanezca dentro de un rango determinado.La razón para esto es el excedente global actual en el mercado. La demanda de cobre refinado por parte de China ha disminuido significativamente en el cuarto trimestre. Esto crea una situación en la que los temores relacionados con el déficit estructural a largo plazo son temporalmente superados por el exceso de oferta a corto plazo.La situación general de los commodities es más tranquila.
Se trata de un nivel que implica un año de consolidación, después de un año volátil en el año 2025. Esto contrasta con la trayectoria alcista del oro, donde las perspectivas son más optimistas. Los analistas esperan que el aumento de los precios del metal continúe.La demanda de oro por parte de las entidades centrales bancarias y de los inversores para fines de cobertura de riesgos sigue siendo elevada. En promedio, el sector oficial compra 585 toneladas de oro cada trimestre.El impacto financiero también se está haciendo sentir en los principales actores de la industria. Las grandes empresas mineras apostan activamente por el cobre a largo plazo. Sus carteras de inversiones reflejan ahora la importancia estratégica del cobre. El cobre ahora representa…
Esta asignación significativa representa un compromiso financiero directo con la tesis del déficit estructural. Esto permite que estas empresas puedan aprovechar las oportunidades cuando los controles de suministro se intensifiquen. Para los inversores, las perspectivas para el año 2026 son algo así como un estudio de contrastes: un “techo” para un metal en situación de superávit temporal; un aumento constante para un activo estratégico; y un mercado que procesa las implicaciones de un nuevo orden económico.La tesis del desequilibrio estructural para el año 2026 no es una predicción pasiva; se trata de una narrativa dinámica que será confirmada o invalidada por señales específicas del mercado y decisiones políticas. Para los inversores, es necesario monitorear algunos factores clave y comprender los riesgos reales que podrían cambiar la trayectoria de los mercados.
El indicador más importante que hay que observar es el flujo de inventarios de cobre. Actualmente, el mercado está en situación de excedente, pero la teoría del déficit estructural depende de un cambio continuo hacia una disminución en los inventarios. Los inversores deben analizar los informes trimestrales de bolsas como la LME, para poder ver una tendencia clara de disminución en los inventarios a lo largo de varios trimestres. Una disminución constante en los inventarios sería la primera señal concreta de que la demanda estructural de las redes eléctricas y la inteligencia artificial supera la oferta a corto plazo. Esto validaría el desequilibrio entre oferta y demanda a largo plazo, y podría llevar a una ruptura del precio actual.
La política es otro factor importante que influye en este proceso. El ritmo de electrificación, y por lo tanto, la demanda de cobre, está siendo influenciado activamente por las acciones del gobierno. En los Estados Unidos…
Está siendo impulsado por la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos. Pero la industria enfrenta nuevos desafíos normativos. De manera similar, el entorno regulatorio de la Unión Europea también influirá en las inversiones en infraestructura eléctrica y tecnologías limpias. Cualquier aceleración en el apoyo político para la modernización de las redes eléctricas, la integración de fuentes renovables o el gasto en defensa podría aumentar la demanda de cobre. Por el contrario, un ralentismo en estas iniciativas haría que la demanda estructural disminuyera.El principal riesgo para la tesis radica en un ciclo de retroalimentación poderoso: los precios altos pueden provocar una respuesta del sector suministrador, lo que lleva a la eliminación del déficit antes de lo previsto. El déficit actual se debe a una cadena de suministro limitada. Pero los precios elevados podrían incentivar la construcción de nuevas minas y el aumento de la producción de las actividades existentes. Esto sería una clásica corrección del mercado, lo que podría acortar el tiempo necesario para superar el déficit previsto para el año 2040. El riesgo es que la tendencia natural del mercado hacia el equilibrio podría socavar la narrativa de escasez que impulsa las inversiones a largo plazo.
Desde una perspectiva estratégica, esto crea una oportunidad en dos fases. A corto plazo, lo importante es identificar el momento exacto en que la reducción de inventario confirme el cambio de estado del mercado, pasando de un exceso de suministro a un déficit. Este punto de inflexión probablemente marcará el inicio de una nueva fase en los precios del cobre. A largo plazo, las implicaciones estratégicas son claras: el déficit estructural en el cobre es una realidad que ya dura décadas. El compromiso financiero de los principales mineros también es importante, ya que el cobre ahora representa…
Se trata de una apuesta por esta línea de tiempo extendida. Los inversores deben considerar la volatilidad a corto plazo, en comparación con la certeza de que el cobre, como conductor esencial en un mundo digital y electrificado, seguirá teniendo un valor fundamental, incluso si el momento en que se produzca el pico del déficit está sujeto a las fuerzas del mercado.Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
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