El cierre del Estrecho de Ormuz genera un riesgo permanente relacionado con el petróleo, lo que aumenta la presión en el mercado macroeconómico.
Los ataques recientes representan un cambio fundamental en el panorama energético de Oriente Medio. Los ataques coordinados por Irán dañaron infraestructuras cruciales en todo el Golfo Pérsico: plantas de generación de electricidad y de desalinización en Kuwait, unidades petroquímicas en los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, así como un importante complejo petrolero en la ciudad de Kuwait. El daño físico es grave, pero la reacción del mercado indica que se trata de un cambio más profundo y duradero: la creación de un nuevo nivel de riesgo.
Este precio de venta se establece en un contexto en el que un punto estratégico está ahora cerrado. El Estrecho de Ormuz, por donde fluye aproximadamente el 20% del petróleo crudo comerciado en el mundo, está cerrado al tráfico de buques petroleros. Esto crea una restricción física en la supply chain, algo que no puede ser ignorado fácilmente. La combinación de ataques contra la producción y la infraestructura de transporte, junto con la clausura de este importante paso marítimo, ha obligado a realizar una reevaluación completa del equilibrio a largo plazo del mercado del petróleo.
La evolución de los precios confirma el impacto del shock. Inmediatamente después, el precio del crudo de Brent aumentó en más del 2.8%.$115.73 por barrilMientras tanto, el precio del WTI aumentó un 3.14%, hasta alcanzar los 102.77 dólares por barril. Más tarde, los precios superaron los 116 dólares por barril. Este aumento no se debe únicamente a una escasez de suministros, sino también a una recalibración permanente de los cálculos relacionados con los riesgos. No se trata de un aumento temporal; es el mercado que establece un nivel más alto de inestabilidad geopolítica.

En resumen, el costo de hacer negocios en esta región simplemente ha aumentado. El nuevo riesgo que conlleva este contexto hará que los precios de los productos básicos sigan fluctuando, siempre y cuando el entorno estratégico siga siendo volátil. Por ahora, el mercado está dispuesto a pagar un precio elevado por la certeza de que tales perturbaciones podrían repetirse, y que el cierre de los puntos estratégicos es una opción militar viable. Esto impone un precio más alto para los precios del petróleo, además de crear una fuente constante de volatilidad que debe tenerse en cuenta en cualquier estrategia de inversión a largo plazo.
Disrupciones en el suministro estructural y el ciclo macroeconómico
Los daños físicos causados por los ataques ahora se reflejan en todo el complejo energético, lo que genera un efecto de shock en el suministro de energía. Estos daños interactúan con el nuevo riesgo que representa el mercado para los inversores. Los daños causados en Kuwait…Refinerías Mina Al-Ahmadi y Mina AbdullahDirectamente amenaza la producción de refino de la región. Además, el ataque con drones contra Qatar…Terminal de GNL de Ras LaffanSe trata de una instalación que, normalmente, suministra alrededor del 20% del LNG mundial. Sin embargo, esta instalación está bloqueada, lo que dificulta el flujo de gas hacia los países exportadores. Además, la interrupción del tráfico de petroleros a través del Estrecho de Ormuz también ha causado un grave problema, ya que no hay otra opción para el transporte de la producción de la región. El resultado es una limitación estructural que no puede resolverse mediante el cambio de los barriles existentes. Se trata, en resumen, de una nueva limitación en el nivel de suministro.
Esta perturbación física se refleja en el ciclo macroeconómico. Citi ya ha elevado su pronóstico para el petróleo a corto plazo; ahora espera que los precios del Brent y del WTI alcancen los 120 dólares por barril en los próximos uno o tres meses. Los analistas advierten que una perturbación prolongada podría llevar los precios del Brent a más de 130 dólares. La situación prevista por el banco es que la situación se normalice en cuatro a seis semanas, lo que permitiría que los precios vuelvan a rondar los 70-80 dólares por barril para finales de año. Esta perspectiva considera el aumento actual como un fenómeno cíclico dentro de un ciclo a largo plazo. Sin embargo, este aumento se ha acelerado debido a un shock estructural. La nueva línea base es más alta, y el camino hacia los niveles anteriores al shock depende completamente de la velocidad con la que se reduzca la perturbación.
El ciclo macroeconómico en su conjunto se encuentra ahora bajo una presión directa. El aumento en los precios del petróleo y el gas representa un claro shock inflacionario. En Europa, los precios del gas natural han aumentado un 24% debido a esta noticia. Esto influye directamente en la dinámica de la inflación mundial, complicando la política monetaria de los bancos centrales, que ya están luchando contra las presiones de precios constantes. La combinación de altos precios del petróleo, aumentos en los rendimientos de los bonos estadounidenses y un dólar más fuerte actúa como una fuerza destructiva sobre los activos y monedas asiáticas. Para el ciclo económico, esto representa un gran obstáculo: la inflación energética puede retrasar o debilitar el crecimiento económico, lo cual a su vez podría debilitar la demanda relacionada con el petróleo. El mercado ahora está tratando de equilibrar el impacto de este shock en el suministro con el posible impacto en la demanda, lo que genera un equilibrio volátil.
En resumen, el ciclo macroeconómico ha sido reiniciado. El nuevo riesgo estructural no es simplemente una cuestión de precio relacionada con la incertidumbre geopolítica; se trata de una restricción física en la oferta, lo que ya está llevando los precios a niveles más altos. La trayectoria del ciclo ahora estará determinada por la interacción entre la velocidad de reparación de las infraestructuras, la duración del cierre del Estrecho de Ormuz y la capacidad de la economía mundial para soportar mayores costos energéticos, sin que esto provoque un desaceleración significativa. Por ahora, la trayectoria del ciclo es ascendente, pero su destino sigue siendo incierto.
Respuestas políticas y el camino hacia la inflación
La reacción medida del mercado ante este shock sugiere una suposición clave: que se trata de un evento a corto plazo. Los operadores están evaluando la posibilidad de una resolución rápida del problema, lo cual permitiría que los mecanismos de respuesta existentes puedan absorber las consecuencias negativas. Sin embargo, el factor crítico sigue siendo la duración del conflicto. Las medidas políticas que se están implementando ahora son intentos por gestionar ese riesgo y determinar el curso de la inflación.
La forma más directa de suministro se refiere a la posible liberación de petróleo crudo iraní que se encuentra en situación de emergencia. El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, ha indicado que Washington podría tomar medidas al respecto en breve.No se ha autorizado la exportación del petróleo iraní que se encuentra en el agua; se trata de aproximadamente 140 millones de barriles de petróleo.Si se implementa, esto podría ayudar a mantener los precios estables durante los próximos 10 a 14 días. Sin embargo, la escala y el momento en que se llevará a cabo son inciertos. Además, este es un remedio temporal, no una solución estratégica. No aborda el problema fundamental que surge debido al cierre del Estrecho de Hormuz, que es la principal fuente de perturbaciones en el suministro. Este instrumento político es simplemente un medio táctico, no una solución estratégica.
En el lado de la producción, OPEC+ intenta compensar esta deficiencia al vender más petróleo al mercado. Sin embargo, su capacidad para compensar completamente esta situación está limitada tanto por las capacidades físicas como por la voluntad política de los países miembros. La capacidad de OPEC+ para resolver este problema será limitada, debido a sus propios límites de producción y a la necesidad de manejar su propia cuota de mercado. Sus esfuerzos podrían proporcionar alguna ayuda, pero es poco probable que logren eliminar completamente los efectos negativos de una suspensión prolongada del flujo de petróleo, especialmente teniendo en cuenta los daños causados a la capacidad de refino regional.
La calma inicial del mercado es indicativa de algo importante. Como señaló un comerciante:El mercado actual está muy regulado… No veo que haya pánico en el mercado.Esta resiliencia se debe, en parte, a las reservas estratégicas existentes, al trasbordamiento de cargamentos y a los inventarios flotantes elevados. Pero estos son soluciones temporales, no permanentes. La trayectoria inflacionaria ya está en marcha. Los precios más altos del petróleo y el gas representan un impacto directo en la inflación mundial, lo que complica las políticas de los bancos centrales. La guerra en Irán ha causado que los precios de la gasolina en Estados Unidos aumenten en promedio de 10 a 30 centavos por litro. Algunas estaciones incluso han visto incrementos aún mayores en los precios. Esto contribuye a crear presiones adicionales sobre los precios de consumo.
En resumen, las medidas políticas intentan gestionar el aumento inmediato de los precios. Pero no pueden cambiar la trayectoria inflacionaria del ciclo macroeconómico. El ciclo actual se caracteriza por un mayor riesgo y una restricción en el suministro de bienes y servicios. El camino hacia los niveles anteriores al shock depende de la reducción de la tensión, y no de ajustes políticos. Por ahora, la presión inflacionaria sigue aumentando, y el mercado espera ver si los mecanismos de control son suficientes para mantener el equilibrio o si el conflicto se prolonga lo suficiente como para forzar una redefinición permanente del ciclo económico.
Catalizadores, escenarios y la línea base macroeconómica
La nueva línea base de precios elevados ahora depende de unos pocos factores críticos y orientados hacia el futuro. El factor principal que determina este nivel de precios es la reapertura del Estrecho de Ormuz. Israel ha declarado que…Esfuerzos por ayudar a reabrir el estrecho de Hormuz, que es estratégicamente importante.Pero la cronología de este proceso sigue siendo completamente incierta. La posición actual del mercado sugiere que se debe mantener una actitud de espera. Sin embargo, la restricción en el suministro físico es el factor principal que impulsa al aumento de los precios. Hasta que se reanude el tráfico de tanques, el shock estructural continuará existiendo, y el nivel de precios seguirá siendo elevado.
Un escenario de riesgo importante es la escalada de los ataques contra la infraestructura petrolera de Arabia Saudita. El reino ya ha informado sobre esto.Intentos de ataque contra la Arabia SauditaY sus funcionarios han derribado aviones no tripulados que tenían como objetivo una refinería de petróleo. Arabia Saudita es el mayor exportador de petróleo del mundo. Un ataque exitoso contra sus instalaciones de producción o exportación podría convertir esto en un problema regional, pero también en uno global. Los analistas advierten que tal desarrollo podría provocar un aumento aún más severo en los precios del petróleo. Se espera que los precios del crudo alcancen los 180 dólares por barril si las interrupciones continúan hasta finales de abril. Esto haría que el nivel macroeconómico se redujera permanentemente a un nivel mucho más alto.
El monitoreo de las respuestas oficiales a las políticas proporciona un marco para evaluar los esfuerzos del mercado por gestionar este aumento en la demanda. Las acciones del Tesoro de los Estados Unidos en relación con el petróleo iraní son un indicador claro de esto. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha señalado que Washington podría pronto desaprobar el petróleo iraní que se encuentra en el mercado, aproximadamente 140 millones de barriles. Si esto se lleva a cabo, podría ayudar a controlar los precios durante los próximos 10 a 14 días, actuando como una medida temporal. Sin embargo, esta es solo una medida temporal que no aborda el problema de cerrar el punto de control de la oferta de petróleo. El mercado esperará ver cuándo se liberarán realmente estos barriles, como señal de intervención oficial.
En el lado de la producción, los ajustes realizados por OPEC+ son otro indicador importante. El grupo intenta compensar esta deficiencia, pero su capacidad para hacerlo de manera efectiva está limitada por las cuestiones relacionadas con la capacidad de producción y la voluntad política de los países miembros. Las decisiones de producción de OPEC+ serán un indicador clave de si el sector oficial considera que este shock es temporal o estructural.
En resumen, el nivel base del mercado se ha convertido en un punto de enfrentamiento entre estos factores. El camino hacia precios elevados sostenibles depende de que el Estrecho de Ormuz permanezca cerrado y que el conflicto no se extienda. La recuperación de un equilibrio más bajo depende de una reducción de la tensión, del éxito en la liberación de la producción de petróleo iraní, y del aumento de la producción por parte de OPEC+. Por ahora, el mercado está intentando equilibrar el impacto de los shocks de oferta con el posible impacto de los shocks de demanda debidos a los altos costos energéticos. La reapertura del Estrecho de Ormuz es, sin duda, el factor más importante en este contexto.



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