Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos enfrentan una crisis económica de -1.6 a -3.3% en el PIB, debido a la intensificación de los problemas en el Estrecho de Ormuz. Existe un riesgo de estagflación.
El shock derivado del cierre del Estrecho de Ormuz no es un fenómeno geopolítico temporal. Se trata de un verdadero shock en el suministro de petróleo, ya que casi una quinta parte del suministro mundial de petróleo está afectado. No se trata de un evento temporal; se trata de un cambio estructural que ya ha llevado a que los precios de la mayoría de las materias primas hayan aumentado significativamente. Sin embargo, la reacción inicial del mercado revela una subestimación peligrosa de la situación. Aunque los precios al contado han superado los 100 dólares por barril, los contratos futuros para finales de 2026 se venden en el rango de los 80 a 90 dólares por barril. Este desequilibrio indica que los comerciantes todavía consideran que este problema es temporal. Pero esa visión contrasta claramente con la realidad de un cierre prolongado.
Visto a través de un objetivo macroscópico, tal situación es inherentemente inflacionaria. El aumento en los costos de energía contribuye a elevar la inflación general, mientras que al mismo tiempo se reduce la demanda global. Las familias y las empresas enfrentan dificultades, ya que tienen que gastar más en cosas necesarias como calefacción y transporte, dejando menos dinero para bienes discrecionales e inversiones. Esta combinación tóxica –aumento de los precios y debilitamiento del crecimiento económico– crea una dilema político para los bancos centrales. Por ejemplo, se esperaba que la Reserva Federal realizara varias reducciones de tipos de interés para apoyar los mercados, como el mercado de petróleo. Pero esa expectativa se ha frustrado; ahora, los mercados anticipan solo una reducción de tipos de interés. Este cambio es una consecuencia directa de la inflación causada por el petróleo, lo que complica el camino que debe seguir la Fed.
El precio incorrecto se extiende más allá del sector petrolero. La perturbación ya ha provocado un reajuste en todos los sectores relacionados con las materias primas. Sin embargo, los mercados de activos siguen siendo demasiado optimistas. Las tasas de interés son demasiado bajas, las cotizaciones de las acciones son demasiado altas, y el dólar no está lo suficientemente fuerte en relación con los cambios en los precios de las materias primas. Esto crea vulnerabilidad, especialmente para los importadores de energía y los mercados emergentes.
En resumen, aunque el shock puede ser temporal en duración, su impacto económico es real e inmediato. La subestimación por parte del mercado de esta presión de estagflación abre el camino para una corrección dolorosa, a medida que los verdaderos costos de la interrupción en el suministro se vuelven innegables.
El mecanismo de transmisión del efecto monetario: inflación, monedas y saldo externo
El shock del petróleo no es un proceso unidireccional; se propaga entre los mercados emergentes a través de tres canales interconectados. Cada uno de estos canales amplifica el impacto inicial del shock en una presión económica más amplia. El primer y más directo efecto es sobre las balanzas externas. Un aumento del 10% en los precios del petróleo puede deteriorar las balanzas de cuenta corriente de los países en desarrollo en 40 a 60 puntos básicos. Esto representa un impacto significativo para economías que ya tienen déficits. Países como Tailandia, Corea del Sur y Vietnam, que dependen en gran medida del petróleo importado, son especialmente vulnerables a este efecto. No se trata de un riesgo teórico. La clausura del Estrecho de Ormuz, que ya ha hecho que el precio del crudo Brent superara los 100 dólares por barril, está provocando un rápido cambio en las expectativas inflacionarias. Los analistas advierten que esto podría “desanclar” agresivamente las expectativas inflacionarias, especialmente en países con pocas reservas de petróleo o con altos gastos de deuda en dólares.
Si se observa a través de un objetivo macroscópico, ese tipo de situación es inherentemente inflacionaria. El aumento en los costos de energía contribuye a la inflación general, mientras que al mismo tiempo se reduce la demanda global. Las familias y las empresas enfrentan dificultades, ya que tienen que gastar más en bienes esenciales como calefacción y transporte, lo que reduce su capacidad para invertir en bienes discrecionales. Esta combinación de aumento de precios y declive del crecimiento genera un dilema para los bancos centrales. Por ejemplo, se esperaba que la Reserva Federal realizara varias reducciones de tipos de interés para apoyar los mercados. Pero esa expectativa ha cambiado; ahora, los mercados prevén solo una reducción de tipos de interés. Este cambio es una consecuencia directa de la inflación causada por el petróleo, lo que complica el camino que debe seguir la Fed.
El segundo canal de influencia es la inflación en sí. El shock económico provocará que la inflación promedio en las economías emergentes aumente en 0.8 a 1.0 puntos porcentuales durante el período de perturbación. Goldman Sachs estima que un aumento del precio del petróleo, de 70 a 85 dólares por barril, podría elevar la inflación en solo Asia emergente en aproximadamente 0.7 puntos porcentuales. Se trata de una situación típica de estagflación: los precios más altos dificultan la situación financiera de las familias y las ganancias de las empresas. Para los bancos centrales, esto complica su capacidad para tomar decisiones políticas. Ahora deben equilibrar la necesidad de fomentar el crecimiento económico con la urgencia de controlar la inflación. Esta duda ya era más evidente después del impacto inicial del shock petrolero en los tipos de interés mundiales.
El tercer canal, que a menudo se pasa por alto, es la presión monetaria. Este factor está siendo intensificado por el fortalecimiento del dólar estadounidense. A medida que el conflicto se intensificaba, el dólar se convirtió en un claro refugio seguro, superando incluso a los tradicionales refugios como el yen y el franco. Este fortalecimiento del dólar, motivado por la aversión al riesgo y por la autosuficiencia energética de EE. UU., actúa como un multiplicador para el estrés en las economías emergentes. Esto daña las monedas nacionales, haciendo que la deuda denominada en dólares sea más cara para ser servida, y las importaciones se vuelven más costosas. El resultado es un ciclo vicioso: los altos precios del petróleo perjudican las cuentas corrientes; una moneda débil empeora los costos de las importaciones; y ambos factores contribuyen a la inflación. Los movimientos iniciales del mercado demuestran esta dinámica en acción: la libra egipcia y el forint húngaro son algunos de los países que han sufrido más afectaciones en las últimas semanas.
En resumen, el mecanismo de transmisión de la crisis es rápido y severo. Para muchos países emergentes, esta situación representa un triple golpe para la inflación, los equilibrios externos y la estabilidad monetaria. Aunque los grandes exportadores de materias primas pueden ser estructuralmente resilientes, la mayoría de los países enfrentan un período de mayor vulnerabilidad. El optimismo inicial del mercado respecto a una perturbación temporal ahora se topa con la realidad de una presión económica multifacética que podría obligar a tomar decisiones difíciles y a cambios en los flujos de capital.
Vulnerabilidades específicas del sector y del país en particular
La presión causada por el shock del petróleo no se distribuye de manera uniforme. Afecta de forma más severa a algunos sectores y regiones, creando así una clara jerarquía de riesgos. Se espera que los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo sufran las consecuencias más graves de este shock, ya que su economía está directamente afectada. Una interrupción en el paso por el Estrecho de Ormuz, por un período de hasta seis semanas, podría tener efectos negativos significativos.Se produjo una disminución de 1.6 puntos porcentuales en el PIB de Arabia Saudita, y de 3.3 puntos porcentuales en el caso de los Emiratos Árabes Unidos.Esto no es simplemente un juego de números; se trata de un golpe para todo el modelo económico. El turismo, que es un pilar clave para la diversificación económica, sufrirá a corto plazo, lo que tendrá efectos secundarios en las inversiones extranjeras y en los plazos de ejecución de los proyectos importantes. Para estas naciones que exportan petróleo, el impacto es paradójico: su principal producto de exportación enfrenta problemas de disponibilidad, mientras que su motor de crecimiento se detiene.
Más allá del Golfo, las economías asiáticas enfrentan una doble amenaza: el shock inflacionario y la posibilidad de interrupciones en el suministro de energía. Su vulnerabilidad es estructural, ya que dependen en gran medida de los recursos energéticos provenientes del Medio Oriente. El 56% de sus importaciones de petróleo y el 30% de sus importaciones totales de gas provienen de esa región. Esto les hace extremadamente sensibles a cualquier cierre prolongado de los suministros. Países como Taiwán, Vietnam, Tailandia, Pakistán, Bangladesh y Sri Lanka son especialmente vulnerables a estas situaciones de escasez de suministros. El riesgo es que un shock temporal en los precios se convierta en un shock más grave, lo que causaría dificultades en la distribución de la energía. Esta dinámica ya está ocurriendo; los precios en el mercado muestran que el libras egipcia y el forint húngaro son los que más han sufrido.
En el caso de las acciones, el impacto negativo se traduce directamente en una reducción de los márgenes de beneficio. Los altos costos relacionados con el petróleo y el gas llevan a una disminución del poder adquisitivo de los consumidores, lo que constituye una situación típica de estagflación. Esto ejerce presión sobre la rentabilidad de las empresas en general. En este contexto, la disciplina en materia de costos se convierte en un factor clave para diferenciar a las empresas exitosas de las malas. Las compañías que logran gestionar sus costos y mantener su poder de fijación de precios tendrán mejor desempeño. El optimismo inicial del mercado respecto a una perturbación temporal ahora se enfrenta a la realidad de una presión económica multifacética que podría obligar a tomar decisiones difíciles y a cambios en los flujos de capital. En resumen, la selectividad es crucial, tanto al elegir qué países invertir como qué empresas poseer.
Catalizadores, escenarios y lo que hay que observar
El camino a seguir depende de tres variables clave que determinarán si este shock será algo breve y temporal, o si se tratará de un episodio prolongado de estagflación. Para los inversores, el marco general es claro: es necesario monitorear la cronología del conflicto, las respuestas de los bancos centrales y los cambios en la posición de los mercados, para poder evaluar la gravedad y duración del estrés en los países en desarrollo.
En primer lugar, el cronograma de resolución del conflicto y la clausura del Estrecho de Ormuz es el factor más importante que puede influir en el desarrollo de la situación. Una solución diplomática rápida podría permitir un rápido aumento en los precios del petróleo y un retorno a las trayectorias de crecimiento anteriores al conflicto. Sin embargo, las pruebas indican que el escenario no es tan optimista. La interrupción en el suministro ya se ha convertido en una verdadera crisis de abastecimiento. Una clausura que dure más de tres meses aumentará significativamente el riesgo de recesión para una amplia cantidad de economías emergentes. El riesgo no se limita solo a un impacto en los precios; también se trata de un posible shock en el suministro. A medida que el conflicto continúa, las economías asiáticas podrían enfrentar restricciones en el suministro de energía. Se necesitaría que el consumo final de energía disminuyera en un 5% a 7%, si los precios duplicaran. Este cambio estructural, de un shock en los precios a un shock en el suministro, agravará las presiones de estagflación en toda la región.
En segundo lugar, la postura de los bancos centrales, en particular la Reserva Federal, será una fuerza importante que contribuirá a agudizar el impacto del shock inflacionario. La primera reacción del mercado ante este shock ya se está corrigiendo. Como se ha visto en las últimas semanas, el aumento de los precios del petróleo ha presionado a los mercados de valores y ha elevado los rendimientos de los bonos del Tesoro. Los mercados futuros ahora anticipan menos recortes en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal. Esta postura firme de los bancos centrales es una respuesta directa a la inflación causada por el petróleo. El fortalecimiento del dólar, otra dinámica importante, amplía aún más esta presión. El dólar se ha convertido en un refugio seguro, superando incluso a los tradicionales refugios financieros. Este fortalecimiento del dólar hace que las condiciones financieras se vuelvan más difíciles a nivel mundial, y hace que la deuda denominada en dólares sea más cara para las economías en desarrollo, lo que agrava aún más la situación económica. En resumen, es probable que las políticas de los bancos centrales se movilicen al mismo ritmo que el shock inflacionario, limitando así el apoyo monetario disponible para las economías vulnerables.
En tercer lugar, los cambios en la posición de los inversores y su disposición al asumir riesgos determinarán los movimientos de precios a corto plazo. A pesar de que el contexto macroeconómico general establece objetivos a largo plazo, el impulso de los mercados puede llevar a que los precios sobrepasan ciertos límites. La volatilidad reciente en los valores, con el S&P 500 alcanzando un nuevo mínimo en 2026, demuestra cuán sensibles son los mercados a las noticias relacionadas con la energía. Sin embargo, la vulnerabilidad subyacente es estructural. El mercado subestima el impacto del shock en el suministro, ya que los tipos de interés están demasiado bajos, los valores están demasiado altos y el dólar no está lo suficientemente fuerte en relación con los cambios en los precios de las materias primas. Esto crea condiciones para una corrección dolorosa, a medida que los verdaderos costos de la perturbación se vuelven innegables. Para los países en desarrollo, la mayor vulnerabilidad radica en los valores, que parecen estar subvaluados en términos de riesgo de caída.
En resumen, la perspectiva a corto plazo implica una mayor incieriedad en el mercado. Sin embargo, el sesgo hacia algún dirección específica es claro. Las presiones de estagflación, las políticas monetarias hawkish y el fortalecimiento del dólar definen un entorno restringido para los activos de los países en vías de desarrollo. Aunque el movimiento del mercado pueda causar fluctuaciones temporales, los objetivos a largo plazo están determinados por la duración del conflicto y los daños económicos que esto pueda causar. Los inversores deben estar atentos a estos tres factores para poder manejar las turbulencias futuras.



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