Reavivando el debate sobre la liquidez: El nuevo “kit de herramientas” del Fed bajo presión

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porAInvest News Editorial Team
viernes, 16 de enero de 2026, 2:43 pm ET4 min de lectura

La conclusión de la intensificación cuantitativa ha eliminado una de las principales fuentes de disminución de las reservas. Sin embargo, el entorno de menor liquidez que se ha creído resulta ser insuficiente para controlar la situación. Las últimas semanas han demostrado que es necesario manejar activamente los nuevos instrumentos utilizados por la Fed, con el objetivo de evitar que se produzcan tensiones en el mercado.

El primer señal de alerta fue un aumento brusco en los costos de financiación a corto plazo. A mediados de noviembre de 2025, la tasa de financiamiento a plazo fijo aumentó significativamente.

Este aumento en la media de los 30 días indica una significativa intensificación en el mercado de repos, donde bancos y comerciantes toman préstamos a corto plazo. La presión se intensificó al final del año, ya que SOFR aumentó considerablemente.El 31 de diciembre, los bancos se esforzaban por mantener su liquidez durante las fluctuaciones estacionales.

La respuesta de la Fed fue inmediata y visible. Para proporcionar un mecanismo de estabilización, la Facilidad de Reserva Permanente del banco central aumentó su balance a los 75 mil millones de dólares el 31 de diciembre. Este fue el factor más importante que contribuyó al aumento del balance semanal de la Fed, que ascendió a 104 mil millones de dólares. La Facilidad de Reserva Permanente, que actúa como límite para las tasas de interés durante las horas pico, se convirtió en una fuente crucial de financiación de emergencia, ya que las tasas de mercado amenazaban con superar el rango establecido por la política monetaria de la Fed.

Sin embargo, esta fue una intervención de corta duración. A principios de enero, el estrés ya había desaparecido. Las oportunidades de ganancia para los bancos, de tomar préstamos al tipo de interés del 3.75% y de otorgar préstamos a tipos más altos en el mercado, se desvanecieron, ya que el SOFR cayó nuevamente. Como consecuencia, el saldo del SRF volvió a cero, ya que las partes involucradas retiraron sus posiciones. Esta rápida reversión resalta un punto clave: las nuevas herramientas utilizadas por la Fed son efectivas, pero son reactivas. Estas herramientas sirven para manejar situaciones extremas, pero no para enfrentar las presiones estructurales que surgen cuando el entorno de reservas se vuelve más restringido.

En resumen, el fin del período de QT no ha eliminado la necesidad de una gestión activa de la liquidez. Simplemente, ha desplazado esa responsabilidad hacia otro lugar. Ahora, la Fed se enfrenta a una nueva tarea: utilizar sus herramientas de manera proactiva, no solo en respuesta a las crisis, sino para garantizar el funcionamiento adecuado de los mercados monetarios críticos. Los acontecimientos de diciembre demuestran que el sistema puede manejar esa presión, pero también revelan su fragilidad bajo presión.

El nuevo conjunto de herramientas del Fed: los RMP y el Trilema

La decisión del Fed de implementar medidas de ajuste cuantitativo ha obligado a una reevaluación fundamental. Dado que su balance de activos se ha vuelto estático, el banco central debe gestionar activamente la liquidez para evitar los tipos de tensión en el mercado que se observaron en diciembre. Su nuevo enfoque se basa en la expansión proactiva de su portafolio a través de las compras de reservas. En su reunión de diciembre, el FOMC decidió…

Es necesario mantener las reservas cerca de su nivel actual de 3 billones de dólares. Esto representa un claro cambio en la forma de gestionar las reservas, pasando de una actitud pasiva a una gestión activa, con el objetivo de satisfacer la creciente demanda de reservas en este entorno más restrictivo.

Sin embargo, este cambio revela una restricción estructural más profunda: la Fed se enfrenta a un trilema clásico. Como han señalado los economistas de la banco central, las entidades monetarias solo pueden lograr dos de los tres objetivos al mismo tiempo.

El nuevo mandato de la Fed de mantener reservas suficientes a una tasa objetivo la lleva a optar por las dos últimas opciones, sacrificando inevitablemente la primera. El trilema radica en la demanda que el sector financiero tiene de reservas, y esa demanda se debe a prácticas de gestión de riesgos internos y a pruebas de liquidez, no únicamente a requisitos regulatorios. Según un reciente estudio realizado con los tesoreros de bancos, los factores principales para mantener reservas son las prácticas de gestión de riesgos internos y la superación de pruebas de liquidez. Esto significa que los bancos exigirán que se disponga de reservas, independientemente del ratio de reservas oficial, el cual ha sido efectivamente cero desde 2020.

Esta percepción es crucial. La capacidad del Fed para reducir su balance general a niveles previos a la crisis está ahora en duda, ya que la demanda de reservas es algo estructural, y no un subproducto de las políticas regulatorias. Por lo tanto, los recursos disponibles para el Fed son limitados debido a esta demanda. Los nuevos niveles de reservas son una respuesta a este problema, pero sirven únicamente para manejar los síntomas, no la causa. El trilema implica que cualquier intento de reducir aún más el balance general puede desestabilizar los mercados monetarios que el Fed intenta estabilizar. La prueba de estrés de diciembre fue una advertencia: en un entorno de reservas más restrictivas, el Fed no puede permitirse ser pasivo. Debe elegir con cuidado contra qué luchar, sabiendo que lograr reservas suficientes y tipos de interés estables requerirá un balance general más grande y más activo de lo que podría preferir.

Implicaciones en el mercado y escenarios futuros

La nueva postura proactiva del Fed tiene como objetivo evitar que se repita la crisis del mercado de financiamiento en 2019. Ese episodio, en el que la tasa de refinanciación superó el objetivo establecido por el banco central, sirve como un recordatorio de los riesgos que surgen cuando la oferta de reservas disminuye. El banco central está intentando evitar ese escenario utilizando los RMPs para mantener reservas suficientes. Sin embargo, el éxito de esta estrategia depende de su capacidad para manejar los picos impredecibles en la demanda. Es una tarea que se pondrá a prueba repetidamente.

El principal riesgo no es la falta de herramientas, sino el desajuste entre la gestión estable de la Fed y la naturaleza volátil de las necesidades de liquidez en el mundo real. El marco de trabajo del banco central asume que la demanda de reservas es relativamente estable. Sin embargo, el mercado está sujeto a flujos de pago irregulares y a presiones temporales al final de cada trimestre o año. La prueba de estrés de diciembre demostró cuán rápido pueden estos picos de demanda sobrepasar el sistema, obligando a la Fed a actuar de forma reactiva. Si estos shocks impredecibles se vuelven más frecuentes o más graves, las reservas de la Fed podrían tener dificultades para mantenerse al día, lo que haría que el sistema sea vulnerable a ese tipo de volatilidad que intenta evitar la Fed.

Esta dificultad de gestión se ve agravada por un cambio en el liderazgo que está por venir. Se espera que un nuevo presidente asuma el cargo para mayo de 2026. Aunque el marco operativo básico probablemente se mantendrá intacto, este cambio introduce una incertidumbre en cuanto a las políticas a seguir. Las expectativas del mercado en cuanto a la gestión de la liquidez en el futuro, especialmente en lo que respecta al ritmo y la escala de los RMPs, podrían volverse más inestables. Esta incertidumbre puede contribuir a una mayor volatilidad de los tipos de interés a corto plazo, lo cual pone a prueba la estabilidad que el nuevo conjunto de herramientas pretende proporcionar.

En resumen, el nuevo conjunto de herramientas utilizadas por la Fed es una evolución necesaria. Pero no constituye una solución definitiva. Los riesgos que plantea este enfoque son dos: primero, la dificultad inherente para predecir y gestionar picos impredecibles en la demanda de reservas; segundo, la posibilidad de que las señales políticas se vuelvan menos claras durante el período de transición en el liderazgo de la Fed. El sistema puede ser más resistente que en 2019, pero su estabilidad ahora depende de la capacidad de la Fed para manejar tanto los aspectos técnicos relacionados con la oferta de reservas, como las expectativas del mercado.

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Julian West
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