¿Por qué la filosofía de gasto de Ramit Sethi no funciona para los jubilados? Una análisis desde la perspectiva de las finanzas conductuales.

Generado por agente de IARhys NorthwoodRevisado porAInvest News Editorial Team
jueves, 5 de febrero de 2026, 4:39 pm ET6 min de lectura

El problema principal para muchos jubilados no es la falta de dinero. Se trata de un cambio psicológico que resulta extremadamente difícil de manejar: pasar de una vida dedicada al ahorro a una vida en la que se gasta el dinero. Es en este momento cuando las filosofías financieras tradicionales suelen fallar, ya que no logran abordar las costumbres arraigadas que determinan el comportamiento humano.

La magnitud del problema es evidente. La investigación muestra que…Alrededor del 25% de los jubilados pertenece al grupo de personas que reducen sus gastos durante su período de jubilación.Esto contradice directamente la Hipótesis del Ciclo de Vida, que predice que las personas jubiladas deben mantener un consumo constante. El problema es más evidente para aquellos que dependen únicamente de sus ahorros personales. En cambio, las personas que tienen ingresos garantizados por la pensión o el Seguro Social son más propensas a gastar libremente. No se trata solo de cuestiones de presupuesto; se trata también de algo relacionado con la identidad personal. Durante décadas, ahorrar se ha convertido en una parte fundamental de quién somos. Como señala un análisis…Para muchos jubilados, ahorrar es más fácil que gastar.La costumbre disciplinada de vivir con menos de lo que se puede permitir, algo que se ha desarrollado a lo largo de 30 años, no desaparece cuando uno se jubila. Esa costumbre continúa vigente, y siempre nos obliga a cuestionar cada compra que hacemos.

Esto crea un vacío en la planificación, lo que lleva a arrepentimientos. Una encuesta reveló que…El cincuenta y cinco por ciento de los jubilados que se retiraron en los últimos cinco años declararon a Nationwide que lamentaban no haber ahorrado suficiente para su jubilación.Lo más común era que las personas no ahorraban lo suficiente y tampoco contribuían de manera efectiva a la economía familiar. Sin embargo, los datos indican que el problema no se reduce únicamente a la cantidad de dinero ahorrado, sino también al vínculo emocional que existe entre esa persona y ese dinero. Solo el 40% de los jubilados recientes sentían que estaban en el camino correcto para cumplir con su plan de ahorro. Además, el 21% tuvo que ser más conservador de lo que se esperaba. El miedo a quedarse sin dinero es real; el 64% de las personas se preocupan más por gastar todo su dinero antes de morir, que por la posibilidad de morir sin haber ahorrado nada. Esta ansiedad, combinada con la culpa por haber gastado el dinero ahorrado a través de años de sacrificio, atrapa a muchas personas en un estado de autonegación financiera.

El argumento principal es que se trata de un problema relacionado con el “modo de desaparición de los ahorros”, y no con la falta de fondos. El cambio de la acumulación hacia el gasto provoca poderosas tendencias psicológicas negativas. La aversión a la pérdida se activa, y proteger el dinero parece más importante que gastarlo. La tendencia al presente, que antes ayudaba en la planificación a largo plazo, ahora puede paralizar las acciones. El resultado es un paradojo: un gran montón de ahorros permanece intacto, ya que la persona jubilada no puede reconciliar, psicológicamente, el gasto con su identidad de ahorrador. Las filosofías de gasto populares, que se basan en reglas y porcentajes, a menudo pasan por alto este obstáculo humano fundamental. Ofrecen un nuevo presupuesto, pero no una nueva mentalidad.

Análisis de la filosofía: los sesgos cognitivos en la acción

El “Plan de Gasto Consciente” de Ramit Sethi es una excelente ejemplo de cómo se puede reformular la psicología financiera. Se enfoca directamente en los sentimientos de vergüenza y las restricciones que afectan a muchas personas. Ofrece una nueva perspectiva: el dinero se convierte en un instrumento para lograr la autonomía y la felicidad. Sin embargo, para los jubilados, esta filosofía a menudo fracasa, ya que aborda los sesgos erróneos y refuerza precisamente aquellas costumbres que hay que superar.

La fortaleza central del plan radica en su enfoque contra la aversión a la pérdida y la presión que genera el temor al escándalo en el proceso de presupuestación. Al considerar el gasto como algo “permitido para disfrutar sin sentir culpa”, y al automatizar el ahorro desde el principio, se elimina la ansiedad diaria relacionada con la gestión del dinero.Al convertir el resto de tu dinero en una forma de “permiso” para disfrutar sin sentir culpa…Se trata de un poderoso proceso psicológico que permite reemplazar el miedo a gastar por la claridad de una elección consciente. Para quienes han pasado toda su vida ahorrando, este cambio, de “Debo proteger esto” a “Puedo utilizar esto”, es el remedio ideal para superar esa parálisis que impide que el dinero se utilice en lugar de permanecer en el banco.

Sin embargo, la metodología utilizada en este plan podría, sin darse cuenta, reforzar esa mentalidad de frugalidad que los jubilados deben abandonar. La directiva de “reducir despiadadamente los costos” en lo que no es esencial es una herramienta clásica para acumular riqueza. Pero para un jubilado, esta costumbre puede convertirse en una trampa cognitiva. El mismo marco mental que les ayudó a ahorrar durante décadas también se aplica a sus ingresos durante la jubilación. Esto lleva a que reduzcan sus gastos, incluso cuando tienen los medios para hacerlo. No se trata simplemente de hacer un presupuesto; se trata de un ciclo de comportamiento en el que la identidad de ser “frugal” prevalece sobre la realidad de tener un ingreso fijo y garantizado.

Esto nos lleva al defecto más grave del plan para los jubilados: su dependencia de un “porcentaje fijo” para poder gastar sin sentir culpa. La filosofía de este plan se basa en un sistema rígido, basado en porcentajes. Pero los ingresos de los jubilados rara vez son tan simples como eso. Como demuestran las pruebas, los jubilados que tienen más dificultades para gastar son aquellos que dependen únicamente de ese sistema.Sus propios ahorros para obtener ingresos durante la jubilación.Aquellos que tienen fuentes de ingresos garantizados, como pensiones o anualidades, tienen más probabilidades de gastar libremente su dinero. La regla del “porcentaje fijo” ignora este factor importante. Considera que un pago de pensión, un pago del Seguro Social o una retirada de un cuenta de ahorros son lo mismo, cuando, psicológicamente y financieramente, no lo son. Para el jubilado que recibe una pensión constante, la regla del “porcentaje fijo” puede parecer arbitraria y restrictiva. Por otro lado, para aquel que vive únicamente con sus ahorros, esa podría ser la única regla que conoce, lo cual lo atrapa en un ciclo de ansiedad.

En esencia, el plan de Sethi está diseñado para la fase de acumulación, no para la fase de descanso. Logra redefinir cómo se debe gastar el dinero por parte del ahorrador, pero no aborda los obstáculos psicológicos propios de quien se retira: el cambio de una mentalidad de escasez a una de abundancia sostenible. Los sesgos cognitivos que aborda –como el sentimiento de vergüenza y la tendencia a restringir el gasto– son reales, pero son superados por los sesgos más profundos y persistentes, como la aversión a la pérdida y el sesgo del presente. Estos sesgos se activan simplemente debido al hecho de gastar el dinero que se tiene ahorrado. El plan ofrece un nuevo conjunto de reglas, pero las viejas costumbres del ahorrador, formadas durante años de ahorro, siguen siendo las principales influencias en su comportamiento.

La “Prescripción de Finanzas Conductuales para la jubilación”

La solución no consiste en crear un nuevo presupuesto, sino en establecer un nuevo sistema diseñado para adaptarse a la psicología de las personas jubiladas. Este sistema debe funcionar en favor de estas personas, y no en contra de sus hábitos arraigados que causan ansiedad por los gastos. La solución se divide en tres puntos: redefinir la forma en que se presenta la información sobre los gastos, simplificar los procedimientos y proporcionar seguridad financiera.

En primer lugar, se puede aprovechar el poderoso efecto de la aversión a las pérdidas, al redefinir el acto de gastar como algo positivo. El objetivo es hacer que el acto de gastar parezca algo beneficioso, y no algo negativo. En lugar de concentrarse en “reducir el gasto”, los mensajes deben destacar qué se gana con el gasto: “Esta vacación es una oportunidad para crear recuerdos duraderos”, o “Este regalo sirve para fortalecer los vínculos familiares”. Este cambio de un enfoque basado en las pérdidas a uno basado en los beneficios está en línea con los principios de las finanzas comportamentales, que indican que las personas están más motivadas a evitar las pérdidas que a lograr ganancias.Las personas tienen una gran motivación para evitar lo que consideran como una pérdida.Para el jubilado, la “pérdida” no es el hecho de tener que renunciar a algo, sino el hecho de no poder disfrutar de la vida que habían ahorrado durante décadas. Al considerar el gasto como una recompensa por décadas de disciplina, el sistema convierte ese obstáculo psicológico en un herramienta motivadora.

En segundo lugar, hay que abordar el problema del sobrecargo cognitivo y la fatiga por las decisiones que padecen los jubilados. El esfuerzo mental necesario para calcular constantemente las tasas de interés y para controlar los gastos discrecionales es excesivo y propicio a errores. La solución es utilizar sistemas automatizados que permitan manejar los gastos de manera sencilla y sin complicaciones. Se podría crear una “cuenta de disfrute” dedicada a ese fin, con un transferencia mensual automática desde el portafolio principal. El jubilado no necesita pensar en esto; el dinero ya está asignado de antemano. Esto elimina la ansiedad diaria de “¿Es esto demasiado?”, y reemplaza esa ansiedad por un presupuesto predefinido y sencillo. Es una aplicación práctica para reducir las complicaciones y hacer que el comportamiento deseado –es decir, el gasto de una parte de los ahorros– sea una opción fácil de elegir.

Por último, los productos financieros como las anualidades no son simplemente herramientas de inversión. Son, en realidad, herramientas psicológicas. Proporcionan un flujo de ingresos garantizado y predecible, lo cual ayuda a combatir el miedo a quedarse sin dinero. Como demuestran los datos,Aquellos que tenían fuentes de ingresos garantizadas… eran más propensos a gastar sus ingresos.No se trata solo de flujos de efectivo; se trata también de reducir la disonancia cognitiva. Cuando una persona jubilada sabe que cada mes recibirá una cantidad fija de dinero, eso valida su plan de gastos y reduce la ansiedad que provoca prejuicios y precaución excesiva. El pago anual se convierte en una señal concreta: “Este es tu dinero, y está seguro”. Esta certeza financiera permite un consumo constante, permitiendo que la persona jubilada pueda disfrutar finalmente de los frutos de su trabajo, sin tener que mantener una vigilancia constante como ocurre cuando se maneja un cuenta de ahorros.

En resumen, para que los gastos relacionados con la jubilación sean efectivos, es necesario contar con un sistema que tenga en cuenta las características del cerebro humano. Es preciso ver los gastos como algo positivo, automatizar los procesos necesarios para reducir la presión mental, y brindar la seguridad financiera necesaria para que los jubilados puedan dejar de vivir con miedo al futuro y comenzar a vivir en el presente.

Catalizadores y riesgos: Lo que hay que tener en cuenta

El camino a seguir para los jubilados depende de una cuestión crucial: ¿puede el sistema financiero adaptarse a la mente humana, o la psicología continuará determinando un resultado no óptimo? Los factores clave para esto provienen de una creciente cantidad de investigaciones en el campo de las finanzas comportamentales. Estas investigaciones indican que el diseño de los planes financieros debe tener en cuenta los factores emocionales y cognitivos, y no solo los aspectos matemáticos relacionados con las estadísticas actuariales. Este cambio es fundamental. Como señalan los expertos…El diseño y la comunicación relacionados con los planes de retiro suelen basarse en supuestos erróneos sobre las personas.El antiguo modelo de proporcionar datos y de dejar que los jubilados tomen sus propias decisiones está fallando. La nueva frontera radica en el uso de “nudges” y en opciones estructuradas que se adapten a la naturaleza humana, en lugar de contrariarla. Para los jubilados, esto significa pasar de reglas generales basadas en porcentajes a sistemas que aborden de manera explícita las cuestiones relacionadas con la aversión a la pérdida, los conflictos de identidad y la fatiga por tomar decisiones.

El riesgo principal de la inactividad es evidente. Sin un cambio fundamental en la mentalidad de las personas, el patrón de gasto insuficiente continuará, lo que llevará a una mejoría en la calidad de vida. Paradójicamente, esto podría resultar en que los ahorros se agoten antes de tiempo. Los datos muestran que…Alrededor del 25% de los jubilados pertenece al grupo de personas que reducen sus gastos durante su retiro.Esto no es un simple error en la planificación presupuestaria; se trata de una conducta que daña el propio objetivo de ahorrar. Para aquellos que dependen únicamente de sus ahorros personales, el miedo a la agotación de esos fondos puede superar la realidad de tener un patrimonio bien establecido. El resultado es una vida llena de ansiedad, donde el dinero destinado al disfrute se convierte en una fuente de estrés. Como señala un análisis,Para muchos jubilados, ahorrar es más fácil que gastar.Si esta identidad se mantiene sin ser cuestionada, el jubilado podría perder las experiencias y relaciones que realmente le proporcionan utilidad. Esto, a su vez, disminuirá su bienestar.

Sin embargo, existe un camino claro hacia el futuro. Los asesores financieros están preparados para convertirse en los artífices de este cambio. El potencial radica en la integración de herramientas que permitan influir directamente en las decisiones de los retornados. Esto podría implicar el uso de herramientas simples pero efectivas, como comparaciones sociales que muestren a los retornados cómo su comportamiento de gasto se ajusta al de sus pares en situaciones similares. También podrían utilizarse dispositivos que permitan bloquear una parte de los ingresos, permitiendo así que los retornados disfruten sin sentir culpa. El objetivo es redefinir la forma en que se considera el gasto, tal como lo enseña la finanza conductual: centrándose en lo que se gana con el gasto, y no en lo que se pierde. Como observa Olivia S. Mitchell…La gente no obtiene “utilidades” al ahorrar. Lo que obtienen es dinero, y eso se logra a través del gasto.La solución consiste en hacer que ese gasto sea más sencillo y automático, además de ser algo que resulte satisfactorio desde el punto de vista psicológico. El catalizador para esto son las investigaciones; el riesgo, el statu quo actual. La solución, por tanto, es un sistema más inteligente y centrado en las necesidades humanas.

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