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La amenaza que una vez parecía distante, relacionada con la computación cuántica, ha motivado a uno de los estrategas de mercado más reconocidos a abandonar el Bitcoin. Esto demuestra cómo las dudas sobre la seguridad del Bitcoin están ganando terreno en el pensamiento de los inversores institucionales. Christopher Wood, jefe de estrategias de renta fija en Jefferies, eliminó una proporción del 10% de Bitcoin de su cartera de inversiones. Según él, teme que el surgimiento de la computación cuántica pueda socavar la seguridad de las criptomonedas. Este movimiento es una señal de revaluación por parte de los inversores institucionales, quienes están pasando de considerar al Bitcoin como una alternativa al oro digital, a considerarlo como un instrumento de cobertura tradicional.
El núcleo de la amenaza radica en los principios fundamentales de Bitcoin: su seguridad criptográfica. La red se basa en algoritmos que son efectivamente imposibles de romper con los ordenadores clásicos actuales. Pero los ordenadores cuánticos aprovechan los principios de la mecánica cuántica para resolver ciertos problemas de manera exponencialmente más rápida. En particular, algoritmos como el de Shor podrían permitir que los atacantes hackearan las claves privadas, es decir, las firmas digitales utilizadas para autorizar las transacciones, a partir de las claves públicas. Esto no es solo un defecto teórico; se trata de un cambio radical en el poder computacional, lo cual pone en tela de juicio la idea de que Bitcoin sirva como medio de almacenamiento de valor. Como escribió Wood, cualquier amenaza contra este sistema “puede ser realmente destructiva, ya que socava la idea de que Bitcoin sea un medio de almacenamiento de valor”.

La discusión actual se centra en la cronología de los eventos, considerando la amenaza cuántica no como algo que ocurrirá en una década lejana, sino como algo que ocurrirá “en unos pocos años”. Esta reducción del horizonte de tiempo es lo que motiva la cautela de las instituciones. Mientras que algunos desarrolladores de Bitcoin sostienen que realizar cambios en el protocolo y migrar los fondos podría llevar de 5 a 10 años, lo importante es que la transición en sí es un proceso enorme y complejo. Los investigadores de seguridad estiman que una parte significativa de la oferta de Bitcoin – entre 4 y 10 millones de BTC – podría ser vulnerable bajo ciertas condiciones. Además, los formatos de billeteras antiguas ya exponen las claves públicas en la cadena de bloques. Esto crea un período de riesgo que ahora se considera demasiado importante para ignorar por parte de los inversores a largo plazo.
El enfoque de Wood es muy instructivo. Reemplazó la ponderación del Bitcoin con una distribución equitativa entre el oro físico y las acciones relacionadas con la minería de oro. Estos activos tienen un historial más largo y han demostrado su capacidad para servir como cobertura contra riesgos. Su cambio de enfoque refleja una creciente opinión de que los problemas a largo plazo relacionados con la computación cuántica son, en realidad, algo positivo para el oro. En resumen, la computación cuántica representa una curva tecnológica en forma de “S”, que podría desestabilizar la infraestructura sobre la cual se basa el Bitcoin. Para los inversores, esto no se trata de un colapso de precios a corto plazo, sino de la integridad estructural de la propuesta fundamental de un activo digital.
La decisión de Christopher Wood de retirarse del mercado de Bitcoin es una clara señal de que está reevaluando su cartera de inversiones. Reemplazó la totalidad de su participación del 10% por una distribución más equilibrada entre diferentes activos.
Esto no es un paso hacia otro activo digital. Se trata de una retirada hacia activos que cuentan con mecanismos de seguridad basados en la escasez física y en la confianza que los humanos han depositado durante siglos, en lugar de basarse en algoritmos vulnerables ante una posible singularidad tecnológica en el futuro.La lógica detrás de esto es simple. Wood destaca claramente el cambio en lo que respecta al riesgo estructural a largo plazo. Mientras que señala que la amenaza cuantitativa no constituye una señal de precios a corto plazo, este hecho socava la capacidad de Bitcoin para funcionar como un medio de almacenamiento de valor a largo plazo. En contraste, el oro físico y sus acciones relacionadas con la minería ofrecen una seguridad real y no digital. Su valor no se deriva de tecnologías criptográficas que podrían ser rompidas por nuevas generaciones de computadoras; su valor proviene de la escasez geológica y del papel histórico que ha tenido como instrumento de protección contra riesgos. Para un portafolio de tipo pensionable, esto representa una preferencia por aquellos activos que ya han superado múltiples cambios en las circunstancias económicas.
Visto de otra manera, se trata de una apuesta por la durabilidad de la infraestructura. Bitcoin fue considerado como la alternativa digital al oro, ofreciendo una nueva forma de almacenamiento de valor basada en algoritmos. La decisión de Wood sugiere que, frente a una curva tecnológica en constante aceleración, la infraestructura física más antigua podría ser la base más confiable para la preservación del patrimonio a largo plazo. La discusión sobre los riesgos cuánticos ahora es un catalizador que obliga a reevaluar qué constituye un activo seguro en un mundo donde el poder computacional mismo se ha convertido en la nueva frontera tecnológica.
La amenaza cuántica para Bitcoin se ha convertido ahora en un catalizador para un cambio más amplio en la infraestructura relacionada con este medio de pago. Los factores clave no son solo técnicos, sino también de tipo comportamental. El capital institucional comienza a reubicarse según el riesgo tecnológico percibido. La perspectiva futura depende de tres factores críticos.
En primer lugar, la tasa de adopción de los estándares de criptografía resistente a la cuantización será el principal indicador de progreso. La amenaza es real, pero su impacto depende de cuán rápido el ecosistema pueda migrar hacia esta tecnología. Las pruebas muestran que hay financiación en cantidad considerable dirigida hacia este campo de soluciones.
Es necesario desarrollar herramientas post-quanticas para las cadenas de bloques. La métrica clave que hay que observar es el ritmo de esta migración. Si los desarrolladores y las principales plataformas de intercambio adoptan signaturas y formatos de carteras resistentes a los量子, en un ritmo acelerado, eso podría reducir el tiempo durante el cual las vulnerabilidades permanecen activas. Por otro lado, una adopción lenta confirmaría la teoría de que falta años para que esto se haga realidad, pero al mismo tiempo, una gran parte de la oferta existente seguirá expuesta a riesgos. La demostración práctica de que un ordenador cuántico puede romper la criptografía de Bitcoin sigue siendo la prueba definitiva. Pero la verdadera batalla es sobre la normalización y la implementación de estas tecnologías en el mundo real.En segundo lugar, los flujos de capital institucional revelarán el nivel de aversión al riesgo del mercado. La decisión de Wood es un indicador clave. Su cambio de estrategia…
Esto indica una preferencia por la infraestructura física como medio para contrarrestar los cambios tecnológicos. La tendencia general es determinar si se trata de un cambio estratégico aislado o del comienzo de una mayor redistribución de capitales. Es importante buscar mayores inversiones en activos físicos como el oro y las infraestructuras energéticas, ya que estos ofrecen seguridad basada en la escasez y en procesos físicos. Por otro lado, los activos digitales son considerados vulnerables a cambios en los paradigmas de computación. Este flujo de inversiones confirma que la amenaza cuántica se percibe como un riesgo estructural para el almacenamiento de valor digital.Sin embargo, el riesgo principal es que esta amenaza acelerará la transición hacia una infraestructura más segura y que requiera más recursos para su funcionamiento. El cómputo cuántico es, sin duda, la herramienta más poderosa para romper las criptografías actuales. Pero también constituye la base para construir nuevos sistemas resistentes al cómputo cuántico. La infraestructura que surja podría no ser más simple, sino más compleja y que requiera muchos recursos. Esto crea un paradojo: la tecnología que amenaza a algunos activos digitales podría convertirse en la infraestructura esencial y costosa para proteger la próxima generación de sistemas financieros. Para los inversores, lo importante es estar atentos a cómo el capital fluye, no solo lejos de los activos digitales vulnerables, sino hacia las infraestructuras físicas y computacionales que sustentarán este nuevo paradigma. El tiempo necesario para lograr esta transición ya se mide en años, no en décadas. Por lo tanto, la carrera actual por la adopción de esta tecnología es la curva técnica más importante que hay que seguir.
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