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Olvídense de la idea de que el optimismo es simplemente una sensación pasajera o una táctica ingenua para animar a las personas. Para los mejores resolutores de problemas, el optimismo es una habilidad práctica y adquirida con el tiempo: una costumbre diaria de buscar soluciones, en lugar de simplemente concentrarse en el problema. Los datos demuestran que esto no es algo meramente inspirador. Un estudio sobre millonarios autodidactas reveló que…
Esto no tiene que ver con ignorar la realidad; se trata de adoptar una forma de pensar que esté abierta a las posibilidades. Como dijo un experto, las personas que piensan de manera positiva son capaces de ver soluciones, mientras que las personas negativas solo ven problemas.Esta mentalidad no se basa en una actitud de positividad ciega. Se trata, más bien, de un enfoque basado en la curiosidad y una alta tolerancia hacia lo ambiguo. Los grandes resolutores de problemas, ya sea en el ámbito empresarial o político, son personas que saben cómo enfrentar las dificultades con eficacia.
Son personas que aceptan la imperfección y tienen una alta tolerancia hacia lo ambiguo. Abordan los desafíos como un niño de cuatro años, con una interminable búsqueda de explicaciones. Se esfuerzan incansablemente hasta llegar al fondo del problema. Esta mentalidad abierta les permite ver las cosas desde diferentes perspectivas y experimentar sin temor al fracaso inicial.La recompensa de este enfoque es evidente en el lugar de trabajo. Cuando los empleados son optimistas, no solo son más felices, sino que también están más motivados. Según un estudio citado por Forbes,
Esto se traduce, directamente, en un mayor rendimiento y en un equipo más resistente. La Asociación Psicológica Estadounidense estima que el estrés en el lugar de trabajo costea a la economía estadounidense más de medio billón de dólares al año. Cultivar esta mentalidad centrada en las soluciones es, precisamente, una forma de contrarrestar ese problema.Por lo tanto, la tesis es bastante sencilla: los mejores solucionadores de problemas no son aquellos que evitan los obstáculos, sino aquellos que son optimistas y resilientes. Utilizan esta actitud para convertir los reveses inevitables en oportunidades. Entienden que cada problema difícil tiene un resultado positivo esperando a ser descubierto. Es una habilidad que cualquiera puede adquirir, comenzando con un simple cambio en sus hábitos diarios.
¿Cómo funciona realmente esta mentalidad centrada en la solución en el mundo real? No es algo mágico; se trata de un proceso deliberado y paso a paso, que siguen los grandes resolutores de problemas. El primer y más importante paso es definir correctamente el problema. No se puede resolver un problema si no se ha diagnosticado adecuadamente. Como demuestran las pruebas, la resolución efectiva de problemas implica…
Eso impide que se logren los objetivos deseados. Esto significa comenzar por identificar con precisión el obstáculo que está impidiendo el cumplimiento de los objetivos, en lugar de simplemente reaccionar a los síntomas.
Los mejores solucionadores comienzan con una curiosidad profunda, similar a la de alguien que tiene cuatro años de edad. Preguntan incansablemente “¿por qué?”, hasta llegar al fondo del problema. Este es el enfoque de quien siempre está curioso; un enfoque que permite superar las suposiciones y los prejuicios. Se trata de detenerse para cuestionar las condiciones o suposiciones que parecen obvias, ya que los prejuicios humanos a menudo impiden que se descubran las posibles soluciones. Esta curiosidad es la base para el siguiente rasgo importante: una alta tolerancia a la ambigüedad. Los problemas rara vez son claros y definidos. Los mejores solucionadores aceptan esta incertidumbre, considerándola no como un obstáculo, sino como un terreno fértil para el descubrimiento.
Esto conduce a un concepto poderoso: la “visión de libélula”. Significa ver el problema desde múltiples perspectivas al mismo tiempo. En lugar de una única perspectiva rígida, se considera el problema desde el punto de vista del cliente, del equipo, del mercado y, incluso, del competidor. Esta visión amplia y abarcadora permite detectar conexiones y patrones que otros pasan por alto. Es así como se pueden generar ideas verdaderamente innovadoras, algo que de otra manera no sería posible.
A partir de aquí, el proceso pasa del pensamiento al acto. Las pruebas indican que existe un paso crucial en este proceso.
Ese es el principio de “mostrar y contar”. Significa ir más allá de la planificación interminable, para construir prototipos rápidamente, realizar pruebas sencillas y recopilar comentarios reales sobre el producto. No se necesita una solución perfecta desde el primer intento; lo importante es tener algo que funcione, a partir de lo cual se puede aprender. Aquí, aceptar el fracaso se convierte en una verdadera ventaja. Como señala el consultor de carreras profesionales Nir Bashan…Pero cada error es, en realidad, una oportunidad de aprendizaje. Es un paso necesario en el ciclo de innovación, ya que permite transformar los problemas en oportunidades a través del aprendizaje iterativo.En la práctica, esto se parece a un marco estructurado de procesos, similar al que se utiliza en el pensamiento de diseño. Este proceso cuenta con etapas claras: aclarar el problema, generar ideas sin juicios de valor, combinar esas ideas y seleccionar las más viables, construir un prototipo y, finalmente, llevar a cabo la implementación. Lo importante es que este no es un camino lineal. Se retroalimenta constantemente, utilizando los comentarios obtenidos de cada experimento para mejorar la comprensión y el enfoque. La mentalidad de solución consiste en adoptar una actitud disciplinada, comenzar con curiosidad, enfrentarse a lo incierto y probar incansablemente hasta lograr un resultado mejor. Es el arte práctico de convertir las situaciones imposibles en algo concreto y factible.
Para los líderes, el objetivo no es simplemente ser positivos; sino crear una cultura en la que la resiliencia y el optimismo sean lo normal. Este es el enfoque del “optimismo con una red de seguridad”. Significa combinar una profunda creencia en el progreso con un plan realista para enfrentar los peores escenarios posibles. Lo que hay que evitar es la sobreconfianza, algo de lo cual Daniel Kahneman ha advertido que lleva a las personas a…
La verdadera resiliencia es lo contrario de eso: es el optimismo fortalecido por la preparación.La base de esta cultura es el “capital psicológico”, o PsyCap. No se trata simplemente de tener buenas vibraciones; se trata de un estado mental que puede medirse y que incluye optimismo, esperanza, eficacia y resiliencia. Cuando los líderes invierten en desarrollar su PsyCap, lo que realmente hacen es invertir en la capacidad de sus empleados para prosperar y desempeñarse bien. La investigación muestra que este tipo de mentalidad mejora directamente el liderazgo bajo presión y el rendimiento del equipo.
Entonces, ¿cómo se puede cultivar esto? Comiencen por modelar el comportamiento adecuado. Cuando surjan desafíos, resistan el pánico. En cambio, concentren al equipo en tomar medidas prácticas para superarlos. Su respuesta calmada y orientada a la solución es el mensaje más poderoso que pueden transmitir. No se trata de ignorar el problema; se trata de demostrar que creen, con un enfoque flexible, que el problema puede resolverse.
El empoderamiento es la siguiente herramienta importante. El optimismo resistente florece cuando las personas sienten que se les confía la capacidad de tomar decisiones. Debe darse a los empleados la autonomía necesaria para experimentar y tomar decisiones por sí mismos. Esto fomenta su confianza en sí mismos, es decir, la creencia de que pueden marcar una diferencia. Cuando las personas se sienten capaces, es más probable que actúen durante tiempos difíciles.
La transparencia es el elemento que une todo lo relacionado entre sí. Es necesario compartir toda la información, incluyendo los riesgos e incertidumbres involucrados. Esto fomenta la confianza y permite que el equipo pueda trabajar de manera colaborativa para planificar de forma realista. Cuando las personas comprenden el “porqué” detrás de las decisiones, se sienten más comprometidas con el camino que deben seguir.
Por último, hay que normalizar los fracasos como parte del proceso. Aquí es donde la “red de seguridad” se vuelve crucial. Los fracasos deben considerarse como puntos de datos necesarios, no como fracasos personales. Como señalan las evidencias, los fracasos son casi inevitables cuando se innova. Al crear una cultura en la que las personas puedan aprender de sus errores sin temor, se libera la inteligencia colectiva y se fomenta el riesgo, lo cual conduce a logros significativos.
La conclusión para los líderes es la siguiente: el optimismo resistente es algo que debe ejercitarse diariamente. Se trata de una combinación de fe en las personas y en el camino que nos espera, además de una disciplina práctica para planificar ante las adversidades. Cuando se crea esta cultura, no solo se logran superar las dificultades, sino que también se crean las condiciones necesarias para que el equipo esté listo para avanzar, incluso cuando las cosas se ponen difíciles.
La mentalidad de solución no es una característica pasiva; es un hábito que se fortalece bajo las condiciones adecuadas. El mayor catalizador para ello es una cultura que valora el aprendizaje más que el castigo, y la experimentación más que la perfección. Cuando las personas no temen probar algo nuevo y cometer errores, pueden explorar libremente. Este es el entorno en el que la visión de “pequeña criatura” y la experimentación incansable pueden florecer realmente. La investigación muestra que una mentalidad de crecimiento, es decir, la creencia de que las habilidades pueden desarrollarse, está directamente relacionada con un mejor rendimiento.
Para las personas, el catalizador es la decisión consciente de ver cada desafío como un problema que se puede resolver. Todo esto comienza con una prueba pequeña y manejable.Sin embargo, existe un riesgo crucial que puede sabotear este enfoque eficaz: el exceso de confianza, sin ningún tipo de preparación previa. Este es el peligro del optimismo sin una “red de seguridad” que lo controle. Como advirtió Daniel Kahneman, el exceso de confianza lleva a las personas a…
La mentalidad de solución, en su mejor estado, es un optimismo resiliente: una combinación de fe en el progreso y un plan realista para enfrentar los peores escenarios posibles. Este “optimismo con una red de seguridad” no tiene nada que ver con el pesimismo; se trata de fortalecer la creencia positiva con disciplina práctica. Significa reconocer las dificultades, pero al mismo tiempo decidir seguir adelante, superándolas.Para que esta mentalidad tenga éxito, la cultura debe normalizar el fracaso como parte del proceso. Como señala el consultor de carreras profesionales Nir Bashan:
Cuando se está innovando, lo importante es no ver estos errores como derrotas personales, sino como puntos de datos necesarios para el progreso. Cuando las personas pueden aprender de los fracasos sin temor, la inteligencia colectiva del equipo se despierta. Ese es el “refugio seguro”: permite tomar decisiones audaces, ya que el costo de un error está bien definido y es manejable.En resumen, la mentalidad de solución prospera en un tipo específico de seguridad psicológica. Se necesita el permiso para experimentar, el apoyo para enfrentar los fracasos y una estructura de planificación realista. Sin esa base, incluso la persona más curiosa y optimista puede encontrarse con obstáculos. Pero con esa base, la mentalidad se convierte en un poderoso instrumento para convertir los problemas en progreso.
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