La caída en las exportaciones de Pemex ha provocado una reevaluación negativa de los precios del crudo, además de un aumento en la competencia entre las refinerías estadounidenses.
El papel de México en los flujos mundiales de petróleo está experimentando una transformación fundamental. La empresa estatal Pemex implementa una política gubernamental deliberada para dar prioridad al refinado nacional en lugar de las exportaciones de crudo. Este cambio ha transformado drásticamente la huella energética del país. La magnitud de la disminución en las exportaciones es evidente: en diciembre de 2025, Pemex solo exportó…367,800 unidades de crudo por díaSe trata de una disminución del 54% en comparación con el mismo período del año anterior. Este volumen representa el nivel más bajo desde enero de 1990, que es la fecha más antigua para la cual se tienen datos disponibles en los registros de Pemex.
No se trata de una fluctuación menor, sino del resultado calculado de una estrategia a largo plazo para lograr la soberanía energética. Este cambio está directamente relacionado con el aumento en la producción de la nueva refinería Olmeca y con el incremento en el uso de las instalaciones nacionales existentes. En diciembre, la planta Olmeca procesó más de 263,400 barriles diarios de petróleo crudo pesado. La capacidad total de procesamiento de la refinería en todo México alcanzó los 1.22 millones de barriles diarios, el nivel más alto en más de una década. Al absorber los barriles que históricamente se destinaban a los mercados internacionales, estas instalaciones nacionales han logrado satisfacer la demanda nacional de combustible.
El plan a largo plazo del gobierno consiste en lograr una salida permanente de este país como uno de los principales exportadores mundiales. El objetivo estratégico es aumentar la producción total de líquidos.1.8 millones de unidades por día para el año 2035Se trata de un objetivo que requiere una reversión del descenso del 10.8% en la producción desde 2018. Este cambio histórico señala el fin de una era para el comercio de energía en América del Norte. México está reorientando su producción de crudo Maya hacia sus propias refinerías, en lugar de venderlo al mercado mundial. La consecuencia inmediata es una crisis de suministro, lo cual ya está causando impactos negativos en los precios regionales y obligando a una competencia acirrada por los materiales de refino.
Los factores que impulsan a los macrodrivers: los precios del petróleo, el dólar y las restricciones fiscales.
La vulnerabilidad fiscal y comercial de México está experimentando un cambio profundo. El país pasa de un modelo clásico de exportador de petróleo a uno en el que los precios más altos pueden no generar los beneficios esperados. El presupuesto del gobierno para el año 2026 asume que los precios del petróleo rondarán cierto nivel.$55 por barrilSe trata de un marco de referencia conservador, diseñado para proteger las finanzas públicas de la volatilidad. Esto establece un límite claro para las ganancias fiscales, ya que el cambio estructural en las operaciones de Pemex socava directamente la relación histórica entre los aumentos de precios y los ingresos del gobierno.
Los mecanismos de este desacoplamiento son claros. La producción de crudo en México ha disminuido a aproximadamente 1.6 millones de barriles diarios. En cambio, la capacidad de refinación nacional ha aumentado. Esto significa que el país ahora opera con un pequeño déficit estructural en el comercio de energía. En situaciones de shocks en el suministro, los precios más altos del petróleo aumentan el valor de las exportaciones. Pero ese beneficio se ve contrarrestado por el mayor costo de importar productos refinados como gasolina y diésel. Las estimaciones sugieren que un aumento continuo del precio del petróleo del 10% podría empeorar el equilibrio de la cuenta corriente de México, en aproximadamente 0.1% del PIB.
Además, la parte que corresponde al gobierno en los ingresos derivados del petróleo se ha reducido deliberadamente. La tasa de royalties pagada por Pemex, conocida como DUC, disminuyó de casi el 65% en 2019 a aproximadamente el 30% hoy en día. Esta política fortaleció la situación financiera de Pemex, pero también significa que el estado obtiene cada vez menos beneficios de las subidas de precios del petróleo, en comparación con lo que ocurría antes. Por otra parte, el sistema fiscal en sí mismo puede actuar como un freno. Cuando los precios mundiales aumentan, el gobierno suele reducir la tasa impositiva sobre los combustibles, con el objetivo de proteger a los consumidores. Esto reduce directamente los ingresos fiscales, al mismo tiempo que aumentan las exportaciones de petróleo.
Pemex ha cambiado la fórmula de su crudo pesado y ácido de tipo “Maya”. Se aleja así del aceite volátil y altamente sulfuroso, que era el estándar anterior. La nueva fórmula, que entrará en vigor en diciembre, se basará en…La evaluación de los precios del petróleo crudo WTI en Houston, según Argus, y el precio del contrato de petróleo Ice Brent.Se trata de un ajuste que refleja la necesidad de estabilidad en medio de las volatilidades regulatorias y del mercado mundial. Este cambio es una medida pragmática, pero también indica un cambio más profundo: México está fijando los precios de su petróleo crudo de acuerdo con los estándares mundiales, no solo los regionales. De este modo, México se integra más plenamente en el complejo mundial de refinerías.

En resumen, se trata de un cambio fundamental en el marco macroeconómico. México ya no es un país que obtiene beneficios netos debido a los precios más altos del petróleo. En caso de un shock en la oferta de crudo, existe el riesgo de que México se convierta en un país que pierde dinero. La combinación de una disminución en la producción, un déficit comercial, una tasa de regalías más baja y una política fiscal que protege a los consumidores crea una situación en la que la fortaleza de los precios puede no generar ingresos fiscales significativos. La asunción presupuestaria conservadora de 55 dólares por barril no representa realmente un objetivo, sino más bien un reconocimiento de esta nueva realidad fiscal, más frágil.
El impacto en el mercado: la competencia regional y la reevaluación de los precios
La consecuencia inmediata de la baja en las exportaciones históricas de México es una escasez de suministros. Esto está causando efectos negativos en los precios regionales y obliga a una competencia feroz por los materiales de origen pesado. Con Pemex exportando apenas…367,800 unidades por día en diciembre de 2025Se trata de una disminución del 54% en comparación con el año anterior. La región del Golfo de los Estados Unidos enfrenta una pérdida repentina y significativa de su fuente tradicional de petróleo crudo. No se trata de una situación menor; se trata de la eliminación total de una importante fuente de suministro. El petróleo de calidad Zapoteco, que antes era una exportación importante, ahora se utiliza exclusivamente en el país, durante al menos cuatro meses.
La competencia por los recursos ya está en marcha. Las refinerías de la costa del Golfo de EE. UU., que son algunas de las principales compradoras de crudo pesado en el mundo, se ven obligadas a buscar otras fuentes de suministro. El cambio estratégico en los tipos de crudo provenientes de México, con prioridad al crudo pesado de Maya, abre las puertas para otros productores de este tipo de crudo. Los analistas señalan que…Se necesitan algunos de los barriles venezolanos para reemplazar lo que México podría terminar conservando.Esta dinámica se está acelerando debido a los cambios políticos. La administración de Trump busca revivir la industria petrolera de Venezuela, lo que podría crear una nueva ruta de suministro para las refinerías estadounidenses.
El impacto se nota en los patrones de comercio de las principales empresas operadoras. Valero Energy Corp. ya ha tomado medidas para aumentar sus compras de crudo venezolano, después de la captura del presidente Maduro. En una declaración a finales de enero, el vicepresidente de la empresa afirmó que el crudo venezolano constituiría “una gran parte de nuestra estrategia de suministro, a medida que avanzamos hacia febrero y marzo”. Otras importantes refinerías de la costa del Golfo, como Marathon Petroleum y Chevron, también están reajustando sus estrategias de compra para llenar el vacío dejado por la disminución de las importaciones mexicanas.
Esta revalorización regional no es simplemente una sustitución de un modelo por otro. Significa un cambio de paradigma en la dinámica energética de América del Norte: pasamos de un modelo de abundante oferta a uno en el que el consumo se centra en los mercados internos. La baja exportación histórica marca el fin de una era en la que México era un exportador confiable y de gran escala. Ahora, la región debe adaptarse a una nueva realidad, donde la demanda de crudo pesado será satisfecha por una mezcla de fuentes más fragmentada y con mayor sensibilidad geopolítica, como las de Canadá, Venezuela y otros países. Para los mercados mundiales de crudo pesado, esto significa condiciones de oferta más estrictas y una reconfiguración de los flujos comerciales. Esto probablemente conduzca a un aumento de los precios de estos productos en el mediano plazo.
Catalizadores y riesgos: El camino a seguir
El éxito del giro estratégico de México ahora depende de un conjunto reducido de variables. El factor clave es la capacidad de PEMEX para cumplir con su ambicioso objetivo de producción para el año 2026. La empresa debe aumentar su producción de líquidos en un nivel adecuado.1.794 millones de barriles al díaSe trata de una cifra que supera en casi 160 millones de barriles por día la media de los años 2025. Lograr esto es una tarea monumental, teniendo en cuenta las profundas dificultades que enfrenta el sector. La producción total de líquidos ha disminuido en un 10.8% desde 2018; la producción de petróleo crudo, por su parte, ha caído en un 24.6% con respecto al pico anterior. El plan estratégico de la empresa para los años 2025-2035 consiste en alcanzar una producción de 1.8 millones de barriles por día para el año 2035. Pero revertir esta decada de declive requiere acelerar la creación de nuevas capacidades productivas, algo que PEMEX no ha logrado hacer de manera consistente.
El principal riesgo operativo es el deterioro de la cultura de mantenimiento y seguridad en la empresa. No se trata de una cuestión teórica, sino de una vulnerabilidad real. Ex empleados han señalado una reducción constante en el tiempo dedicado al mantenimiento programado. Un especialista abandonó su trabajo hace diez años, temiendo una posible catástrofe. Esa preocupación se hizo realidad en 2016, cuando una explosión en el complejo de Pajaritos causó la muerte de 32 personas. La falta de mantenimiento de las infraestructuras, sumada a una enorme carga de deudas y restricciones financieras, amenaza con socavar tanto los objetivos de producción como la seguridad de los trabajadores y las comunidades cercanas. Cualquier incidente grave podría frustrar los planes de expansión de la empresa y provocar una interrupción costosa en sus operaciones.
El riesgo geopolítico representa una segunda prueba, de carácter indirecto. Un shock en el mercado petrolero del Medio Oriente podría provocar aumentos en los precios mundiales. Pero el sistema fiscal de México es actualmente frágil. El presupuesto para el año 2026 parte del supuesto de que el precio del petróleo será de aproximadamente…$55 por barrilEs un punto de referencia conservador. Aunque, en teoría, precios más altos podrían aumentar los ingresos, el cambio estructural significa que México ya no es un país beneficiado neto. El país opera con un pequeño déficit estructural en el comercio de energía; los mayores valores de las exportaciones de petróleo se compensan con el aumento del costo de los productos refinados importados. Un aumento continuo en los precios podría incluso empeorar el equilibrio de la cuenta corriente. Esto hace que el sistema fiscal sea más vulnerable a las fluctuaciones, lo que pone a prueba la resiliencia de un presupuesto basado en la suposición de precios bajos del petróleo.
En resumen, se trata de una situación muy compleja. PEMEX debe lograr una recuperación en la producción, teniendo en cuenta la infraestructura obsoleta y las presiones financieras. Además, el modelo económico del país ha cambiado, lo que hace que sea menos sensible a los cambios en los precios del petróleo. El camino a seguir está marcado por estas presiones contradictorias: la necesidad urgente de aumentar la producción para satisfacer la demanda interna y los objetivos fiscales, frente a los riesgos reales de fracaso operativo y un entorno geopolítico que puede no recompensar con éxito los beneficios financieros esperados.

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