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La próxima decisión del Tribunal Supremo de Panamá sobre la propiedad de dos puertos clave cercanos al Canal de Panamá tiene consecuencias de gran importancia, no solo para el país, sino también para el comercio mundial y las dinámicas geopolíticas. Lo que está en juego es si la empresa vinculada a China, CK Hutchison, podrá seguir operando los puertos de Balboa y Cristóbal. Ambos puertos son puntos estratégicos para la ruta comercial más importante del hemisferio occidental. Esta decisión podría confirmar el control continuo de la empresa o, por el contrario, poner fin a su concesión de 25 años, lo que significaría la cancelación de la venta de 43 puertos por un valor de 22.8 mil millones de dólares a un consorcio respaldado por Estados Unidos.

Los inversores y las empresas globales están observando con atención la situación. El posible recurso judicial por parte de CK Hutchison, junto con la participación de Cosco Shipping, una empresa respaldada por el estado chino, ha convertido este problema en algo que involucra aspectos legales internacionales. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya ha expresado interés en “reclutar” el Canal de Panamá. Por su parte, China busca obtener una participación controladora en los puertos, considerándolos como parte de su estrategia de infraestructura y comercio.
La revisión por parte de la Corte Suprema se centra en si el contrato entre CK Hutchison y Panamá es constitucional. Una auditoría de tres meses, llevada a cabo por el contralor general del país, reveló irregularidades financieras, como obligaciones de pago no cumplidas y errores contables que causaron a Panamá una pérdida de ingresos de 1.3 mil millones de dólares en los 25 años desde que el contrato comenzó en 1997. El contrato fue renovado en 2021, pero la cuestión legal se refiere a si esa extensión fue justificada o si violaron los términos del acuerdo original.
Si el tribunal considera que el contrato es inconstitucional, podría suspender las operaciones de CK Hutchison. Esto significaría que la venta planeada de los 43 puertos a un consorcio formado por el fondo de inversión estadounidense BlackRock y la Mediterranean Shipping Company (MSC) se vería afectada. La venta ya ha sido detenida por China, que considera que los puertos son un activo estratégico y ha exigido que su empresa estatal Cosco Shipping tenga una participación controladora en el negocio. Pekín ha dejado claro que bloqueará cualquier acuerdo que excluya a Cosco, añadiendo así un factor geopolítico al acuerdo, que inicialmente estaba diseñado como un intento de privatización y modernización.
Una sentencia en contra de CK Hutchison tendría consecuencias inmediatas para las operaciones portuarias de Panamá. El gobierno tendría que garantizar la continuidad de las operaciones, ya sea reclutando a un nuevo operador o iniciando un nuevo proceso de licitación para los puertos. Esto podría llevar a una reestructuración de las condiciones del contrato, de modo que se ajusten mejor a los intereses nacionales y a los objetivos de transparencia fiscal. Sin embargo, esto también podría abrir el camino a acciones legales por parte de CK Hutchison, quien podría llevar el caso a tribunales internacionales para proteger su inversión, de acuerdo con los tratados internacionales vigentes.
Mientras tanto, Panamá sigue avanzando hacia sus objetivos de infraestructura a largo plazo. La Autoridad del Canal de Panamá ha presentado planes para construir dos nuevos terminales: uno en Corozal, en el océano Pacífico, y otro en Telfers, en el océano Atlántico. El objetivo es aumentar la capacidad total de manejo de contenedores del canal de 9.5 millones de unidades equivalentes a 20 pies por año, a 15 millones de unidades equivalentes a 20 pies por año. Se espera que estos proyectos se adjudiquen a finales de 2026, y las operaciones comenzarán en 2029. La Autoridad del Canal de Panamá atribuye su esfuerzo por expandir la capacidad de los terminales, en parte, a la incertidumbre relacionada con el acuerdo con CK Hutchison, así como a la posibilidad de que sea necesario contar con operadores alternativos en la región.
Para los inversores, la decisión del Tribunal Supremo representa un momento crucial, con posibles efectos en los ámbitos legal y geopolítico. El resultado podría cambiar el control sobre los puertos clave y afectar la dinámica comercial, lo que a su vez influirá en las empresas que dependen de estos puertos para sus operaciones logísticas y de transporte. A medida que este caso se desarrolla, las implicaciones más amplias para el comercio mundial y la propiedad de infraestructuras se harán cada vez más evidentes.
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