El conjunto de activos relacionados con el petróleo para el año 2026 se verá afectado negativamente, ya que la ventaja geopolítica disminuye, en comparación con los excedentes estructurales.
El panorama de los productos básicos en el año 2026 no es algo uniforme, sino que está compuesto por varias áreas separadas. Después de años en los que las fuerzas macroeconómicas influían en las tendencias generales, ahora son los factores específicos de cada sector los que determinan las condiciones de oferta y demanda. El resultado es una clara divergencia: se espera que los metales tengan un rendimiento mejor, mientras que las materias primas energéticas y agrícolas tendrán un rendimiento más bajo en promedio.
Esta división es bastante evidente. Se prevé que los metales preciosos y los metales básicos experimenten el mayor aumento en sus precios, gracias a la fuerte demanda de los inversores y a las políticas favorables del gobierno. Los metales básicos también tendrán un desempeño mejor, gracias a la fuerte demanda proveniente de los centros de datos y las redes eléctricas. En contraste, los precios de los productos agrícolas siguen estando bajo presión, debido a las buenas cosechas mundiales y los altos inventarios. Se espera que los precios del petróleo experimenten las mayores caídas, ya que las condiciones de exceso de oferta dominan el mercado.
En resumen, los mercados de materias primas ya no se mueven al mismo ritmo. El camino que sigue cada sector principal está determinado por su propio equilibrio entre producción, consumo y inventarios.
Energía: El “premium geopolítico” frente al excedente estructural
El mercado de petróleo actual se encuentra entre dos fuerzas poderosas y opuestas. Por un lado, existe una marcada diferencia geopolítica, lo que impulsa los precios hacia arriba. Por otro lado, existe un claro exceso estructural en la oferta de petróleo. Los analistas creen que este exceso será el factor determinante de la tendencia a largo plazo del mercado.
La prima es real y se paga de inmediato. Después de las acciones militares en Oriente Medio, que comenzaron a finales de febrero, el precio del petróleo crudo Brent en el mercado al contado ha aumentado.La cotización del petróleo aumentó de un promedio de 71 dólares por barril a 94 dólares por barril el 9 de marzo.Este aumento se debió al cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, un punto estratégico que representa casi el 20% del suministro mundial de petróleo. La semana pasada, la situación empeoró, lo que llevó a que los precios del Brent subieran.$106 por barrilEn el mercado matutino, algunos informes indican que más de 8 millones de barriles al día han quedado fuera del servicio. Esto genera un riesgo persistente, ya que los participantes en el mercado tienen que considerar la posibilidad de interrupciones prolongadas en el suministro.
Sin embargo, debajo de esta volatilidad, la situación fundamental de oferta y demanda indica una situación débil. Los inventarios de petróleo crudo en los Estados Unidos, un indicador clave para predecir el equilibrio a corto plazo, aumentaron en 6.2 millones de barriles durante la semana que terminó el 13 de marzo. El total de reservas comerciales se elevó a 449.3 millones de barriles. Aunque este nivel sigue siendo ligeramente inferior al promedio de los últimos cinco años, sigue siendo suficiente y está en aumento. Lo más importante es que los analistas observan que existe una creciente brecha entre oferta y demanda. J.P. Morgan Global Research señala que los fundamentos económicos son débiles.Se espera que el precio promedio del crudo de Brent sea de aproximadamente 60 dólares por barril en el año 2026.Su pronóstico se basa en la proyección de que el suministro mundial de petróleo superará la demanda. Esto generará un excedente, lo que requerirá que se reduzca la producción para estabilizar los precios.

Lo más probable es que el “premio geopolítico” sea simplemente un factor que amplifica los efectos a corto plazo, y no una solución permanente. Los datos sugieren que, una vez que la inseguridad relacionada con el Estrecho de Ormoz disminuya, la presión ejercida por los abundantes inventarios y el exceso estructural de producción volverá a hacerse sentir. El mercado está asignando un valor temporal a este fenómeno, pero la trayectoria a largo plazo parece estar determinada por el equilibrio entre producción y consumo.
Metales: Restricciones en la demanda y oferta estructural
Aunque los choques energéticos tienen un impacto macroeconómico menor en la economía de los Estados Unidos, los metales siguen siendo esenciales para su infraestructura y su base manufacturera. Los factores estructurales que impulsan el mercado de los metales son claros y poderosos; esto crea un desequilibrio fundamental que contribuye a que los precios sean más altos.
En el caso de los metales industriales, la transición hacia energías limpias es la principal fuerza que impulsa este proceso. La demanda proveniente de proyectos de energía renovable, vehículos eléctricos y la modernización de las redes eléctricas supera con creces la oferta disponible. Se prevé que esto conduzca a una mayor escasez tanto de cobre como de aluminio. La situación para el cobre es particularmente difícil; se espera que el crecimiento del consumo sea muy lento.El 2.8% para ambos años: 2025 y 2026.Esta expansión sostenida, impulsada por la electrificación y la construcción de centros de datos, tendrá como resultado que los precios aumenten, ya que la oferta no logra seguir el ritmo de la demanda.
El apoyo al oro proviene de diferentes factores fundamentales. El aumento de los precios del oro no se debe únicamente a la demanda industrial, sino también a las compras realizadas por los bancos centrales, a los grandes déficits fiscales y a los riesgos geopolíticos en curso. La semana pasada, el precio del oro alcanzó nuevos máximos, con un valor de poco menos de 4,600 dólares por onza. Los analistas proyectan que los precios del oro continuarán aumentando, con una expectativa de que alcancen los 5,000 dólares por onza para marzo, antes de disminuir ligeramente más adelante en el año.
En resumen, los metales enfrentan una doble presión: una demanda duradera y robusta, proveniente de la descarbonización y la digitalización a nivel mundial; además, existen limitaciones en el suministro, las cuales resultan difíciles de resolver. Esto crea una situación fundamentalmente diferente a la que se presenta en el sector energético, donde los riesgos geopolíticos son un factor que agrava la situación a corto plazo, en medio de un exceso estructural en el suministro. En el caso de los metales, las presiones son de carácter estructural y están en constante aumento.
Catalizadores y riesgos: ¿Qué podría cambiar las balanzas?
Las narrativas específicas para el año 2026 son claras, pero no están destinadas a permanecer inmutables. Varios eventos y datos futuros pondrán a prueba estos equilibrios en los próximos meses. Lo importante será ver si los factores relacionados con la oferta y la demanda pueden cambiar de sus trayectorias actuales.
En cuanto al petróleo, el catalizador más inmediato es la resolución de las tensiones en Oriente Medio. El aumento actual en los precios del petróleo es el resultado directo de un riesgo geopolítico.El estrecho de Ormoz quedó efectivamente cerrado.La principal amenaza que podría causar que los precios sigan aumentando es la prolongada interrupción de este punto de suministro crítico. Sin embargo, los analistas esperan que la producción de petróleo se estabilice a principios de abril. Si la situación se normaliza y los petroleros vuelvan a operar, ese sobreprecio desaparecerá. El camino a largo plazo del mercado dependerá entonces del exceso de oferta en el mercado.6.2 millones de barriles de petróleo crudo se han almacenado en los Estados Unidos.Se trata de una oferta abundante. Cualquier cambio en las tendencias del inventario, ya sea un aumento continuo o una disminución, sería una señal clara de que el exceso estructural está disminuyendo.
En el ámbito agrícola, la presión sobre los precios se debe a las buenas cosechas a nivel mundial y a los altos inventarios de productos agrícolas. El factor clave que influye en esto son las condiciones climáticas. Las lluvias o las sequías no correspondientes a la temporada, en regiones como el Medio Oeste de los Estados Unidos o América del Sur, pueden interrumpir el suministro y agravar la situación. Por ahora, los datos respaldan la idea de que la situación es precaria, pero el sector sigue siendo vulnerable a shocks en el suministro.
En el caso de los metales, los principales factores que impulsan su rendimiento superior son las compras de oro por parte de los bancos centrales y la actividad industrial en China. Lo importante es observar el ritmo y el compromiso de las compras realizadas por los bancos centrales. Si el aumento del precio del oro continúa siendo apoyado por las acumulaciones record de oro por parte de los bancos centrales, eso fortalecerá la teoría de la demanda estructural. En cuanto a la industria, la salud económica de China es de suma importancia. Como el mayor consumidor de metales básicos del mundo, cualquier desaceleración en la producción o en los gastos de infraestructura en China podría agravar la situación de escasez entre oferta y demanda de cobre y aluminio. Las pruebas indican una fuerte demanda de energía limpia y de centros de datos, pero esa demanda debe materializarse en un consumo físico real.
En resumen, estas narrativas se basan en ciertas suposiciones. Los factores que pueden hacer que esas suposiciones sean erróneas son los acontecimientos que ocurran. En el caso del petróleo, ese factor es la reapertura del Estrecho de Taiwán. En el caso de la agricultura, es un impacto climático que afecte la oferta de alimentos. En el caso de los metales, es el desaceleramiento económico en China o un cambio en las políticas monetarias de los bancos centrales. El monitoreo de estos factores nos ayudará a determinar si la división de los productos básicos en 2026 es una realidad duradera o simplemente una situación temporal.



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