Volatilidad de los precios del petróleo: Lecciones extraídas de los conflictos en el Medio Oriente en el pasado
El “manual histórico” para el manejo de los conflictos en Oriente Medio es bastante claro: estos conflictos provocan aumentos significativos en los precios del petróleo. El ejemplo clásico de esto es la Guerra del Golfo en 1990. Cuando Irak invadió Kuwait el 2 de agosto, la preocupación inmediata del mercado fue una posible escasez prolongada de suministros de petróleo. Esa ansiedad llevó a que el precio del petróleo crudo Brent aumentara drásticamente.De 17 dólares por barril en julio, a 36 dólares por barril en octubre.Los precios del petróleo alcanzaron un máximo de 46 dólares por barril a mediados de octubre. Este no fue un incidente menor. Este choque económico contribuyó directamente a una recesión mundial, ya que los altos precios del petróleo representaron un importante shock negativo en el suministro de energía, lo que redujo los ingresos y la producción de las naciones que importan petróleo.
Sin embargo, este episodio no fue un caso de inflación de precios sostenida. El aumento de los precios fue breve, duró solo nueve meses. ¿Por qué? Porque la percepción del mercado sobre esta amenaza cambió con los acontecimientos militares. A medida que la coalición liderada por Estados Unidos logró éxitos rápidos, las preocupaciones sobre una interrupción a largo plazo en la producción saudí y en otros suministros importantes disminuyeron. La confianza volvió a surgir, y los precios comenzaron a bajar. Este episodio nos enseña una lección importante: la magnitud y duración de un aumento de precios dependen menos del conflicto en sí, sino más de la evaluación que el mercado hace del impacto que ese conflicto tiene en los flujos de suministro reales. La crisis de 1990 demuestra que incluso un conflicto grave puede ser controlado mediante acciones militares rápidas, lo que permite reducir la presión de los precios.

La guerra entre Irán e Irak en la década de 1980: una prueba para la resiliencia y el papel de la OPEP
La guerra entre Irán e Irak, que duró ocho años, representó un contraste marcado con la Guerra del Golfo de 1990. En lugar de un conflicto breve y intenso, se trató de una guerra prolongada y difícil, que puso a prueba la capacidad del mercado para soportar la incertidumbre constante. Cuando la guerra entró en una fase crítica en 1984, los analistas advirtieron que las probabilidades de que surgiera una amenaza mayor para los flujos de petróleo aumentaban. El temor no era solo por cortes en el suministro provenientes de las zonas de conflicto, sino también por una desestabilización regional que podría perturbar el equilibrio mundial de los recursos petroleros. Esto creó un nuevo equilibrio en el que el mercado tenía que adaptarse a una situación de posible disrupción continua.
La principal diferencia con la crisis de los años 1990 fue la existencia de un importante “amortiguador”: la capacidad excedente de OPEP. En la década de 1970, el mercado no tenía suficiente capacidad para absorber los impactos negativos. Sin embargo, en la década de 1980, se creó una reserva global de petróleo. Esta capacidad excedente sirvió como un amortiguador, evitando los picos de precios tan severos que se observaron en la década anterior. Como señaló una de las analizas…Cualquier tipo de perturbación causada por el conflicto probablemente será limitada en tamaño y duración.La capacidad del mercado para adaptarse era evidente; a pesar de la guerra en curso, los precios no se vieron afectados significativamente. Esto demostró una lección importante: el sistema se había vuelto más resistente, pero eso se debía únicamente a la importancia estratégica de la capacidad colectiva de la OPEP para estabilizar el suministro.
Sin embargo, la verdadera lección que aprendimos de esta guerra fue algo que ocurrió después del mismo. El resultado del conflicto, no solo el conflicto en sí, podría cambiar el equilibrio mundial del petróleo durante años. Los analistas plantearon tres escenarios posibles, cada uno con diferentes implicaciones para los precios y la cohesión de la OPEP. Un empate entre Irán e Irak probablemente llevaría a una presión competitiva entre los tres principales productores del Golfo, lo que dificultaría el logro de un consenso sobre las reducciones de producción y probablemente haría que los precios bajaran. Sin embargo, una victoria decisiva por parte de Irán podría hacer que Teherán se convirtiera en una potencia regional dominante, capaz de influir en las decisiones en todo el Golfo. En ese escenario, una coalición liderada por Irán podría convertirse en el principal productor de la OPEP, con control sobre la mayor parte de la capacidad de producción mundial. Esto cambiaría fundamentalmente la dinámica de suministro del mercado, demostrando que la herencia del conflicto no se limitaba a su duración, sino también a su capacidad para reconfigurar la estructura del suministro mundial de petróleo.
El Conflicto de 2026: Una prueba moderna de los patrones históricos
El reciente aumento en los precios del petróleo constituye una prueba directa de lo que ocurre en la historia. Después de los ataques mutuos entre Irán e Israel, los futuros del petróleo crudo Brent también han experimentado un aumento en sus precios.El precio del barril fue de 82.37 dólares.A principios de esta semana, se registró un aumento del 8%. Este incremento es significativo, pero aún está lejos de alcanzar el nivel deseado.46 dólares por barril: cantidad que se registró en el período de la Guerra del Golfo en la década de 1990.La reacción del mercado es moderada, lo que refleja una diferencia importante en comparación con las crisis anteriores: el actual nivel alto de capacidad disponible a nivel mundial. Este “amortiguador” actúa como un sistema de absorción de choques, evitando así esa inflación severa y sostenida que afectó a las décadas pasadas. En ausencia de un cierre significativo y sostenido de la oferta, el mercado puede soportar las primeras turbulencias.
El riesgo principal ahora es la escalada de los conflictos. La dinámica actual depende de si el conflicto se mantiene como una serie de ataques o si evoluciona en una campaña prolongada contra las principales vías de navegación. El Estrecho de Ormuz es una vulnerabilidad crucial. Como señaló un analista…Al no haber ninguna posibilidad de reducir la tensión de forma rápida, el Estrecho de Ormuz se ha cerrado efectivamente.Y Irán ha demostrado su disposición a atacar la infraestructura energética. Si esta amenaza se convierte en un bloqueo sostenido, esto pondría en peligro la evaluación actual del mercado respecto a la resistencia de los suministros. El aviso de Bernstein de que los precios podrían alcanzar los 120-150 dólares en caso de un conflicto prolongado subraya cuán rápidamente el patrón histórico podría volver a imponerse en tales circunstancias.
Este contraste destaca una nuanciatura crucial: no todos los conflictos en el Medio Oriente afectan a los precios del petróleo de la misma manera. La guerra entre Israel y Hamas en 2023 provocó una disminución en los precios del petróleo, un resultado contraintuitivo que demuestra cuánta importancia tienen las expectativas del mercado y la naturaleza de la amenaza en juego. En ese caso, el conflicto se produjo lejos de las principales rutas de producción y transporte de petróleo; por lo tanto, el mercado lo consideró como un evento limitado, sin repercusiones significativas en el suministro de petróleo. Por el otro lado, el conflicto de 2026 representa un ataque directo contra la infraestructura marítima de la región, lo que reaviva el temor de que se interrumpan los flujos de petróleo. El patrón histórico de aumentos en los precios del petróleo debido a conflictos no ha cambiado, pero su efecto ahora depende completamente de si el conflicto logra pasar del ámbito político a convertirse en una amenaza real para las tuberías de distribución de petróleo a nivel mundial.
Catalizadores y riesgos: ¿Qué podría romper este patrón?
El aumento actual en los precios es una señal de alerta, no un juicio definitivo. El mercado refleja el miedo que existe entre las personas. Pero para que ocurra una recesión significativa, como la que hubo en 1990, se necesita un conjunto específico de factores que rompan este patrón de volatilidad controlada. Tres factores podrían provocar ese cambio.
El catalizador más directo es la interrupción confirmada de los servicios de transporte marítimo.Estrecho de OrmozEste canal de navegación es el punto más vulnerable del sistema petrolero mundial. Transporta aproximadamente una quinta parte de la demanda global diariamente. Los ataques recientes contra los petroleros y la decisión de Irán de cerrar el estrecho ya han aumentado los precios. Si esta amenaza se convierte en un bloqueo permanente, esto pondría en peligro la capacidad de respuesta del mercado a las fluctuaciones en el suministro. Como señala Bernstein, un conflicto prolongado podría llevar los precios a los 120-150 dólares por barril. La capacidad de reserva del sistema, que hasta ahora ha servido como amortiguador ante tales situaciones, podría verse superada por un cierre físico tan drástico.
Un segundo factor importante es el cambio en la política de producción de Arabia Saudita. El reino ha sido una fuente clave para mantener la disciplina en la producción, gracias a las reducciones voluntarias en su actividad productiva. La pregunta ahora es si los precios más altos lo llevarán a eliminar esas reducciones para aumentar sus ingresos. Las pruebas sugieren que esta es una posibilidad real. Los analistas están observando esta situación con atención.Ya sea que los suministros de petróleo desde Irán se vean interrumpidos, o que haya un aumento continuo en los precios del petróleo, todo esto podría influir en los planes de Arabia Saudita para reducir sus cortes en la producción de petróleo.Si Riad decide aumentar su producción en respuesta a este aumento de demanda, eso podría indicar una pérdida de disciplina por parte de OPEC+. Esto cambiaría fundamentalmente las perspectivas de oferta del mercado, eliminando así un factor importante que podría contribuir a la caída de los precios, una vez que el conflicto se calme. Este escenario tendría efectos negativos para los productores.
Sin embargo, el principal riesgo es el ciclo de retroalimentación económica. Los altos costos de energía se transmiten rápidamente a toda la economía mundial, afectando tanto a los consumidores como a las empresas. Esto representa un gran obstáculo para los bancos centrales.El impacto del conflicto mortal e impredecible en el Medio Oriente sobre la economía mundialCada vez es más claro que los responsables de la formulación de políticas económicas se encuentran en una situación difícil. Deben equilibrar la inflación causada por los altos precios del petróleo con la necesidad de fomentar el crecimiento económico. El resultado podría ser un endurecimiento forzado de las políticas monetarias. El riesgo es que los bancos centrales, al enfrentarse a la inflación causada por los altos costos de energía, se vean obligados a aumentar las tasas de interés, lo que afectaría negativamente al crecimiento económico. Esto sería similar a lo que ocurrió en la década de 1990, cuando un choque en el mercado de suministros no solo aumentó los precios, sino que también provocó una recesión global. El patrón no ha cambiado; simplemente está esperando que se produzca una combinación adecuada de problemas en el mercado y errores en las políticas económicas para que se repita esa situación.



Comentarios
Aún no hay comentarios