La división norte-sur de Nigeria amenaza las reformas fiscales y la estabilidad económica
Las propuestas de reforma fiscal del presidente nigeriano Bola Tinubu, destinadas a modernizar el sistema de ingresos de la nación y abordar las disparidades regionales, han enterrado la brecha política norte-sur del país. Las reformas, que incluyen la reducción de los impuestos corporativos y la revisión de la distribución del IVA, enfrentan una oposición feroz de los estados del norte, cuyos líderes argumentan que los cambios exacerbarán las desigualdades económicas. Este choque destaca un desafío crítico para los inversores: ¿puede Nigeria reconciliar sus divisiones regionales para desbloquear el crecimiento o el estancamiento político sofocará el progreso?

La propuesta fiscal: ambición contra realidad
Los cuatro proyectos de ley tributaria de Tinubu, presentados a finales de 2024, buscan simplificar el caótico sistema fiscal de Nigeria, reducir los impuestos a empresas del 30 % al 25 % y revisar la distribución del IVA para favorecer a los estados con un ingreso por habitante más bajo. Las reformas también apuntan a proteger a las pequeñas empresas y a las personas de bajos ingresos, al consolidar al tiempo la administración tributaria bajo la nueva Agencia de Impuestos de Nigeria. Los defensores argumentan que esto atraerá inversiones, reducirá la corrupción y financiará infraestructuras críticas.
No obstante, una simulación por parte deÁgoraAPI--El Centro de Políticas reveló graves desequilibrios regionales. De acuerdo con la fórmula del IVA propuesta, 22 estados recibirían ingresos, pero 14, entre ellos 10 estados del norte, perderían. Por ejemplo, Lagos, el motor económico de Nigeria, perdería N7,44 mil millones en ingresos por IVA, mientras que Kano y Sokoto (ambos en el norte) ganarían N1,59 mil millones y N3,06 mil millones, respectivamente. Los estados del sur como Delta y Ekiti también experimentaron ganancias, pero los estados del norte como Zamfara y Taraba enfrentaron pérdidas de N344 millones y una caída de ingresos del 26,49%.
El Norte-Sur: Raíces y reacciones
La oposición del norte se ha cristalizado en torno a los temores de ser marginado. El Foro de Gobernadores del Norte (NGF, en inglés), liderado por figuras como Babagana Zulum de Borno, afirma que las reformas favorecen al sur, donde se produce la mayor actividad económica. "Este es un complot sureño para desviar recursos hacia el norte", acusó el ex gobernador de Kano, Rabiu Kwankwaso, haciendo eco de un sentimiento arraigado en historias de injusticia. La dependencia del norte de la agricultura y una población más grande con un PIB per cápita más bajo amplifica su vulnerabilidad a los recortes de ingresos.
Los estados del sur, a pesar de la pérdida proyectada de Lagos, apoyan ampliamente las reformas. El gobernador de Lagos, Babajide Sanwo-Olu, apoyó la redistribución del IVA como un paso hacia la equidad, incluso cuando su estado corre el riesgo de perder fondos. La división refleja tensiones más profundas: el dominio político del Norte en las instituciones nacionales choca con la influencia económica del Sur.
Líneas de falla cultural y fiscal
Las reformas también generaron reacciones culturales aparte de económicas. Un impuesto sobre la herencia propuesto fue condenado por líderes islámicos como el jeque Ahmad Gumi, quien argumentó que se contradice con los principios de la sharia. Entretanto, legisladores del norte exigieron que se tradujeran los borradores de leyes al Hausa para abordar los «malentendidos», resaltando las brechas de comunicación entre los legisladores y los ciudadanos.
Las reformas también amenazan con desmantelar agencias como el Fondo Fiduciario para la Educación Terciaria (TETFUND) y la Agencia Nacional de Infraestructura de Ciencia e Ingeniería (NASENI), que los líderes del norte consideran vitales para el desarrollo. "Esto se trata de más que de impuestos, se trata de quién controla el futuro de Nigeria", dijo el gobernador de Gombe, Inuwa Yahaya.
Cálculo político y riesgo de mercado
La batalla legislativa refleja los desafíos más amplios de gobernanza de Nigeria. La discusión ha quedado estancada en la Asamblea Nacional y los legisladores del norte amenazan con bloquear los proyectos de ley. El gobernante Congreso de Todos los Progresistas (APC) de Tinubu carece de mayoría lo que lo obliga a depender del adversario, el Partido Democrático Popular (PDP), una alianza arriesgada dadas las disputas entre partidos.
Para los inversores, la incertidumbre es tangible. La depreciación del 40% de la naira en 2024 y la eliminación del subsidio a los combustibles ya han puesto a prueba a las empresas. Una prolongación del estancamiento podría desincentivar la inversión extranjera directa, particularmente en infraestructura y manufactura, sectores críticos para diversificar la economía de Nigeria que depende del petróleo.
Conclusión: Una nación al borde de un precipicio fiscal
Las reformas fiscales de Tinubu se enfrentan a una batalla en ascenso. La oposición del norte, arraigada tanto en la economía como en la identidad, amenaza con desestabilizar el progreso hacia un sistema fiscal más eficiente. No obstante, los datos de Agora Policy muestran que sin una redistribución equitativa de los recursos, las disparidades regionales de Nigeria empeorarán. Los estados del sur, a pesar de su fortaleza económica, no pueden sostener el crecimiento, mientras que el subdesarrollo del norte alimenta la inseguridad y la inestabilidad política.
El camino que se debe seguir requiere compromiso. Si las reformas se aprueban, Nigeria podría liberar N2,5 billones de ingresos presupuestales anuales para 2026, según proyecciones del Tesoro, financiando proyectos de infraestructura como la línea ferroviaria Lagos-Ibadan e iniciativas de energía renovable. Pero si fracasan, el país corre el riesgo de una crisis fiscal más profunda y los estados no pueden financiar la educación o la atención médica.
Lo que está en juego es existencial. Como señala el politólogo Kayode Soremekun, las élites de Nigeria a menudo explotan las divisiones regionales para evitar la rendición de cuentas. Para los inversores, el mensaje es claro: apuesten por el potencial de Nigeria, pero preparen sus propios corazones para la volatilidad. El futuro económico de la nación depende no solo de los códigos fiscales, sino también de si sus líderes pueden superar la división Norte-Sur.
El camino hacia la unión fiscal es largo, pero el costo del fracaso, tanto para los inversores como para los ciudadanos, es demasiado alto como para ignorarlo.



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