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No se trata simplemente de una disputa entre tecnología y aerolíneas. Se trata de una verdadera guerra de palabras entre dos de los multimillonarios más agresivos del mundo. El costo anual asciende a 250 millones de dólares.
La solución fue sencilla: el director ejecutivo de Ryanair, Michael O’Leary, dijo que no tenía intención de instalar servicios de Internet Starlink en sus aviones. Su motivación para hacerlo era…
Se trata del peso adicional que representa una antena, además del hecho de que los pasajeros no estarán dispuestos a pagar más por la conexión Wi-Fi en vuelos cortos. Según él, ese costo adicional sería algo que la aerolínea tendría que asumir.O un dólar adicional por pasajero.¿El costo de Starlink? La penalidad es mucho menor. Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink en SpaceX, se opuso a esto, diciendo que “un 2 por ciento de impacto debido al combustible podría ser cierto para las terminales tradicionales, pero la terminal de Starlink tiene un perfil mucho más bajo y es más eficiente”. El conflicto principal está claro: O’Leary menciona un costo importante, mientras que Musk discute la magnitud de ese costo.
La discusión se intensificó rápidamente, pasando de una discusión técnica a insultos personales. Musk, conocido por su lengua afilada, llamó a O’Leary…
O’Leary, que no era de los que se rindía fácilmente, respondió con una frase clásica: “No prestaría atención a Elon Musk; él es un idiota”. La respuesta de Musk fue: “Despedirlo”.Los riesgos financieros son reales. Para Ryanair, esa cifra de 250 millones representa una amenaza directa para su modelo de aerolínea de bajo costo. Para Musk, en cambio, representa un desafío para la propuesta de valor de su red de aeropuertos satelitales. Este enfrentamiento no es simplemente algo insignificante; es una señal de los problemas reales que surgen cuando la tecnología de vanguardia se enfrenta a una disciplina rigurosa en cuanto a los costos.
El verdadero problema en este caso no es la discusión sobre las consecuencias negativas del uso de combustible. El verdadero problema es el contraste entre el modelo de negocio de Ryanair y las promesas de Starlink. Los números lo demuestran claramente.
Por un lado, tienes una máquina que simplemente imprime…
Ese es el tipo de flujo de efectivo que permite financiar todo, desde la expansión de la flota hasta las retribuciones a los accionistas. Para una empresa que opera con márgenes muy bajos, ese beneficio representa la base fundamental de su modelo de bajo costo. Cualquier nuevo costo, por pequeño que sea, debe ser analizado detenidamente.Por otro lado, existe una tecnología que está ganando cada vez más importancia. Lufthansa y Scandinavian Airlines ya la están implementando en sus operaciones. La tendencia en la industria es clara. Pero para Ryanair, el obstáculo principal sigue siendo fundamental.
En ese caso, la propuesta de valor de la conexión Wi-Fi pagada no existe. Como dijo O’Leary sin rodeos: “No creemos que los pasajeros estén dispuestos a pagar por una conexión Wi-Fi durante una vuelo de una hora”.Los posibles ingresos que podrían obtenerse con Starlink no son significativos. Incluso si Ryanair cambiara de opinión, lo normal en la industria es ofrecer ese servicio gratis como una ventaja para los clientes. Eso significa que no habrá nuevos ingresos, sino solo un nuevo costo adicional. La cuestión del aumento en el consumo de combustible, ya sea un 0.3% o un 2%, es un factor crucial. Para una aerolínea que realiza miles de vuelos cortos, incluso un pequeño aumento en el consumo de combustible se convierte en un gasto anual considerable.
En resumen, se trata de un clásico conflicto entre escala y estrategia. El modelo de negocio de Ryanair se basa en la simplicidad y el control de los costos. Por su parte, Starlink, aunque eficiente, agrega peso y complejidad al sistema, lo cual amenaza directamente ese modelo de negocio. La multa de 250 millones de dólares que menciona O’Leary es un número real en su mundo. Por ahora, ese número es demasiado alto para justificar un servicio que los pasajeros no pagarán, y que tampoco se ajusta al perfil de los vuelos. La tesis de inversión de Starlink en este segmento no tiene sentido desde un punto de vista matemático.
La tesis es clara: el modelo de bajo costo de Ryanair no puede permitirse una penalización anual de 250 millones de dólares por el combustible que se utiliza en los vuelos. Pero los mercados evolucionan con el tiempo, y no se mantienen inmutables. Aquí está la perspectiva futura.
El elemento crítico en la lista de vigilancia es la erosión del porcentaje de mercado. La verdadera prueba es la presión competitiva. Si los rivales equipados con tecnología Starlink, como Lufthansa o British Airways, comienzan a atraer a los clientes sensibles a los precios de Ryanair, ofreciendo beneficios adicionales, entonces será necesario vigilar los factores relacionados con la carga de pasajeros y el porcentaje de mercado. Cualquier declive sostenido en comparación con la competencia indicaría que la suposición de O’Leary de que “nadie paga” no es correcta. Ese sería el primer punto débil en su estrategia.
El riesgo principal es el alargamiento de la ruta. Todo el cálculo se basa en esto.
Pero, ¿qué pasaría si la red de rutas de Ryanair cambiara? Un movimiento estratégico hacia rutas europeas de mayor longitud, o un aumento en la demanda de vuelos más largos, podría hacer que el uso de Wi-Fi pagado sea una opción viable para generar ingresos. Esto invalidaría la argumentación sobre los beneficios clave de este servicio y haría necesaria una reevaluación del costo adicional relacionado con el uso de Wi-Fi.El “Alpha Leak”: los 250 millones de dólares. Este es un número crítico que puede marcar la diferencia en el resultado final. La estimación de 250 millones de dólares representa un factor importante que puede influir en los resultados. Cualquier reducción en la eficiencia del combustible, ya sea debido a las tecnologías utilizadas por SpaceX o a los avances en la flota de aerolíneas como Ryanair, podría cambiar el resultado final. Por otro lado, si los precios del combustible aumentan, esa penalidad se volverá aún más grave. Es importante seguir de cerca cualquier información oficial proporcionada por Ryanair o SpaceX sobre los datos relacionados con el consumo de combustible después de la instalación de los nuevos sistemas en otras aerolíneas.
En resumen: la postura de Ryanair sigue siendo firme hoy en día. Pero esa posición es frágil. Todo depende del estado actual de las cosas: los vuelos cortos, la falta de ingresos provenientes del Wi-Fi y la ausencia de presión competitiva. Cualquier cambio en estas condiciones podría destruir el modelo de presupuesto de Ryanair. Miren los datos, no los tuits.
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