Morgan Stanley indica que el 20% de los retiros de capital se destinará al oro, ya que el régimen de distribución del 60/40 está desmoronándose.
El argumento institucional en favor del oro comienza con la desintegración de la arquitectura de cartera que se ha mantenido durante los últimos 50 años. La combinación tradicional de 60% en acciones y 40% en bonos se basaba en un régimen macroeconómico estable, donde las acciones y los bonos solían moverse en direcciones opuestas, lo que constituía una forma natural de mitigar los riesgos. Pero ese régimen ya no existe. Después de 2022, los inversores cuestionan cada vez más si los bonos son capaces de reducir la volatilidad de las acciones, especialmente ahora que la correlación negativa histórica ya no existe. En esta nueva situación macroeconómica, el “40%” en la cartera está sujeto a presiones estructurales.
El oro está emergiendo como el sustituto necesario para ese “bucket de bonos”. Su rendimiento en el año 2025 no fue una decisión táctica basada en miedos, sino más bien un reflejo de fuerzas estructurales poderosas. El metal…Un retorno del 65% increíble.Fue el año más exitoso para el oro desde 1979, gracias a la diversificación de las políticas monetarias por parte de los bancos centrales y a la incertidumbre relacionada con las tarifas arancelarias. Este cambio es de carácter institucional. En Europa, el apoyo institucional al oro ya se ha hecho realidad.Iguales en cuanto a su asignación a los bonos soberanos.Se trata de un desarrollo que está transformando las normas del portafolio global y acelerando la adopción de activos reales.
La clave radica en una redefinición fundamental de la diversificación. Dado que los bonos han perdido su eficacia como instrumento de cobertura de riesgos, las características únicas del oro –su papel como reserva de valor, además de su baja correlación con las acciones– lo convierten en un candidato superior para ser utilizado como activo central en el portafolio. Este cambio conceptual es importante: el oro pasa de ser un activo secundario a ser uno de los activos principales del portafolio. Para los asesores financieros, esto no se trata de nostalgia; se trata de reconocer que la resiliencia del portafolio ahora requiere una combinación de diferentes tipos de riesgos, no simplemente la ausencia de riesgos. La nueva mentalidad institucional tiende hacia una estructura de 60/20/20: un 20% de reasignación de fondos de bonos a oro, lo que demuestra que la diversificación consiste en agregar diferentes tipos de riesgos, no simplemente aquellos que son opuestos entre sí.
De un 5-15% a un 20%: El cambio institucional en los parámetros de asignación
El cambio institucional ahora se considera una revisión de los parámetros establecidos. Durante décadas, la opinión general era clara: se suponía que se debía asignar una cantidad determinada de oro…De 5% a 15%Con un porcentaje del 10% como punto de referencia ampliamente aceptado, se consideró que ese rango era el adecuado para una diversificación equilibrada. Este rango no fue elegido al azar, sino que se basó en una profunda investigación sobre los portafolios financieros. Se demostró que la inclusión de oro en el portafolio mejoraba los retornos ajustados según el riesgo con el tiempo. El razonamiento era simple: el oro presenta una baja correlación con las acciones, y su función como reserva de valor le permitía estabilizar los resultados financieros durante períodos de crisis. Además, el oro aumentaba la relación Sharpe, sin sacrificar el crecimiento en tiempos de mercado alcista.
Ese marco está siendo reescrito. La transición de una actividad táctica a una participación estratégica fundamental está ahora codificada en una nueva directiva institucional. A principios de 2026, Michael Wilson, director financiero de Morgan Stanley, solicitó que se tomara esa decisión.20 por ciento de la asignación se destina al oro.Se trata de una recomendación que representa un cambio radical con respecto al pasado. No se trata de una modificación menor; es una señal de que el punto de referencia fundamental para el capital institucional está siendo revisado hacia arriba. La razón de esto es estructural: a medida que los bonos pierden su estatus de refugio seguro y el modelo 60/40 se desmorona, el oro se convierte en la alternativa necesaria al tradicional “búfer de bonos” del 40%.

Para los jubilados, este nuevo patrón de inversión se adecúa a una arquitectura de portafolio moderna. La estrategia emergente 60/20/20 – 60% en acciones, 20% en oro y 20% en otros activos reales – reemplaza directamente la antigua asignación del 40% en bonos por un activo más resistente y no correlacionado. Este cambio reconoce que la resiliencia del portafolio en el actual contexto requiere una combinación de diferentes activos, no simplemente la oposición entre ellos. Una participación del 20% en oro ya no es una apuesta especulativa, sino un componente fundamental del portafolio, cuyo objetivo es preservar el poder adquisitivo y protegerse contra los riesgos fiscales y geopolíticos que amenazan a los ingresos fijos tradicionales. El caso institucional es claro: el antiguo rango de 5-15% está siendo superado por el nuevo estándar del 20% como participación fundamental en el portafolio.
Eficiencia del capital y estrategias de exposición dual para la construcción de portafolios
El cambio institucional hacia una proporción del 20% de oro como activo principal no se trata simplemente de la porción de oro que se asigna al portafolio, sino también del medio en el que se utiliza ese oro. El oro puro, aunque es un perfecto medio de almacenamiento de valor, presenta un problema estructural para los portafolios orientados al rendimiento: no genera ningún tipo de rentabilidad. Esto crea una dificultad en términos de eficiencia de capital. Para quienes deciden invertir en oro, esa decisión debe ser estratégica, y no algo que suponga un desperdicio de capital. La solución radica en la creación de nuevos productos que sean eficientes desde el punto de vista del uso del capital, y que permitan obtener beneficios estratégicos adicionales.
Productos como los de WisdomTree…GDMN y GDEEstos fondos permiten definir de nuevo cómo se utiliza el capital. Estos fondos ofrecen una posición que captura tanto el precio del oro como el rendimiento de las empresas mineras o de los valores bursátiles relacionados con el oro. Esta estructura de doble exposición es una herramienta poderosa para la construcción de portafolios. Permite a los inversores participar en el potencial de crecimiento del oro, algo que el oro puro no tiene. Esto mejora el perfil general de retorno de la alocación de recursos. La componente relacionada con las empresas mineras añade un potencial de crecimiento similar al de los valores bursátiles, algo que el oro puro no cuenta.
Esta eficiencia está acelerando la adopción de este método por parte de las instituciones. El crecimiento de los fondos cotizados en bolsa relacionados con el oro en los Estados Unidos es un factor clave para lograr esto. Estos fondos ofrecen una forma líquida, transparente y escalable de acceder al oro, lo cual es exactamente lo que demandan las instituciones. Mientras que los inversores europeos establecen nuevos estándares, con el oro ahora representando una proporción similar a la de los bonos soberanos, la infraestructura necesaria para mover el capital se está desarrollando. La verdadera revolución está en los mecanismos utilizados: los inversores prefieren los productos cotizados en bolsa sobre el oro físico, debido a sus ventajas prácticas. Esta tendencia continuará influyendo en la liquidez del oro y en su relevancia para las instituciones.
Para los jubilados, esta evolución es crucial. Es necesario establecer una asignación del 20% de recursos en forma de oro, de manera eficiente, con el fin de preservar el poder adquisitivo, sin sacrificar la estabilidad de los ingresos que se requiere en la jubilación. Las estrategias de doble exposición capitalizadas ofrecen una forma de lograr ambos objetivos. Permiten al portafolio aprovechar las ventajas del oro, manteniendo al mismo tiempo una orientación hacia activos que generen ingresos, lo cual resuelve el problema principal relacionado con la tenencia de activos que no generan rendimiento alguno. En esta nueva arquitectura, el vehículo utilizado para gestionar los activos es tan importante como los propios activos.
Escenarios prospectivos, catalizadores y riesgos clave para una asignación de recursos fundamental
El argumento institucional en favor de un 20% de contenido en oro se basa en una trayectoria futura específica. El escenario alcista, basado en la demanda continua por parte de los bancos centrales e inversores, indica una importante reevaluación estructural. J.P. Morgan pronostica que los precios aumentarán.Se espera que el precio alcance los 5,000 dólares por onza para el cuarto trimestre de 2026.Esta trayectoria cuenta con el apoyo de una demanda promedio de 585 toneladas por trimestre en el año 2026. Esto se debe a las mismas tendencias de diversificación que impulsaron el mercado durante el año pasado.65% de retornoPara un portafolio, esto valida la tesis central: el oro no es simplemente un instrumento de cobertura, sino que constituye un factor clave para la preservación del capital y el aumento de los rendimientos, incluso en situaciones de estrés fiscal.
El catalizador clave para seguir este camino es la continuación de la tendencia hacia la diversificación de las reservas oficiales. A medida que los bancos centrales reducen sistemáticamente su exposición al dólar, crean un nivel de estabilidad en los precios que no está influenciado por las fluctuaciones cíclicas. Esto se ve exacerbado por las tensiones geopolíticas persistentes, especialmente las disputas entre Estados Unidos y China, lo cual actúa como un catalizador directo para la volatilidad de los precios. Las investigaciones confirman que…Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China aumentan significativamente la volatilidad a largo plazo en el mercado del oro.Esto refuerza su papel como indicador de riesgo sistémico. En esta perspectiva, las fluctuaciones en el precio del oro son una señal importante de inestabilidad global. Por lo tanto, incluir el oro en una cartera de inversiones representa una forma de monitorear los riesgos macroeconómicos.
Sin embargo, la tesis institucional también debe enfrentarse a la realidad de una debilidad prolongada. La historia del oro incluye períodos de bajas de precios, especialmente un descenso del 40% desde septiembre de 2011 hasta diciembre de 2015. Estos períodos ponen a prueba la capacidad de resistencia necesaria para mantener una cartera con una proporción del 20% en oro. El riesgo no es solo el descenso de los precios, sino también la posibilidad de que el papel fundamental del oro se vea cuestionado, si la tendencia de diversificación falla o si un período prolongado de baja volatilidad y altos rendimientos del dólar socava su valor como refugio seguro. Esta es la principal vulnerabilidad en una asignación estratégica de activos.
En resumen, se trata de un portafolio que incluye dos escenarios posibles. El escenario alcista ofrece una razón convincente para una asignación del 20% en el oro, ya que este actúa como reserva de valor y también como indicador táctico. Por otro lado, el riesgo inverso, aunque reconocido, se considera más como una oportunidad de revalorización que como una pérdida permanente de utilidad. Para un asignador institucional, la decisión se basa en la eficiencia del capital y en la rentabilidad ajustada al riesgo. Una cartera fundamental consiste en apostar por la durabilidad del régimen macroeconómico actual; las características únicas del oro sirven como cobertura necesaria contra posibles riesgos. Los factores clave son los flujos de los bancos centrales y los desarrollos geopolíticos. El riesgo radica en la paciencia necesaria para soportar un ciclo de varios años de debilidad en los precios del oro.

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