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El caso de inversión para el año 2026, según lo expresado por Morgan Stanley, no consiste en apostar por una recuperación pasajera. Se trata de una tesis basada en un cambio estructural en el panorama económico y político. Mike Wilson, director de inversiones, describe esto como un camino claro hacia el futuro, impulsado por una combinación de factores que, según él, el mercado aún no ha logrado comprender completamente. El núcleo de este optimismo radica en la previsión de un crecimiento de las ganancias en “unas diez u once décimas”. Wilson insiste en que esta trayectoria ya es visible y sólida.
Esta confianza se basa en un conjunto de factores que, aunque se destacan individualmente, en conjunto son subestimados. Wilson identifica seis factores clave: la desregulación y la caída de las tasas de interés, la adopción de la inteligencia artificial y la debilitación del dólar. La banca sostiene que la suma de estos factores es mayor que la suma de sus partes individuales, lo que genera una recuperación sostenida, en lugar de un simple rebote temporal. Esta es la esencia del cambio estructural: las políticas y la tecnología se alinean para fomentar la productividad y la demanda, de manera que esto trasciende las dinámicas típicas del ciclo económico.

En el corazón de este sistema está la “Ley del Gran Impuesto”, conocida oficialmente como One Big Beautiful Bill Act, promulgada en julio de 2025. Esta legislación representa un impulso significativo para el sector consumidor. Al modificar las deducciones fiscales en lugar de reducir los tipos de retención de impuestos, la ley asegura que los beneficios fiscales lleguen en forma de importantes reembolsos de impuestos a principios de 2026. El impacto es evidente: se proyecta que los consumidores verán un aumento en sus ingresos fiscales.
Este año, en comparación con 2025. Estos aproximadamente 150 mil millones de dólares en nuevo ingreso disponible, proveniente de la expansión de las deducciones y créditos, representan una inyección directa en el poder de consumo de los ciudadanos. Para un sector como los bienes de consumo, que Wilson considera su opción más segura, esto implica un cambio fundamental en la ecuación de la demanda, después de un período de tensión.En resumen, Morgan Stanley considera que 2026 será un año en el que varias condiciones favorables convergerán en la misma dirección: el apoyo de las políticas monetarias, los estímulos fiscales y la adopción de tecnologías. Esto crea una situación en la que el crecimiento de las ganancias no solo es probable, sino que también está respaldado estructuralmente, lo que lleva al mercado a pasar de una fase cíclica a una fase de expansión más sostenible.
El mecanismo para reactivar el gasto de los consumidores ya está en marcha, y se trata de una inyección fiscal concentrada. La “Gran Ley Fiscal” no consiste en una reducción gradual de los impuestos, sino en un estímulo deliberado y retardado, cuyo objetivo es proporcionar un aumento significativo en los flujos de efectivo. Al cambiar las deducciones imponibles en lugar de reducir las tasas de retención fiscal, la legislación asegura que el impulso fiscal llegue en forma de devoluciones significativas de impuestos a principios de 2026. Esto crea una dinámica única: un aumento importante y concentrado en los ingresos disponibles, que no sea inmediatamente compensado por mayores impuestos, lo que proporciona un efecto directo de liquidez al sector consumidor.
Las disposiciones específicas de la ley están diseñadas para aumentar el salario neto, aplicable a una amplia gama de ingresos. Incluye también medidas importantes…
Se aumenta la cantidad destinada a parejas casadas que presentan solicitudes conjuntas a 32,200 dólares, desde 31,500 dólares. También se amplían los créditos importantes, como el crédito por adopción, y se introducen nuevas deducciones para personas mayores y quienes cuidan de niños. Es crucial destacar que, como se menciona en las pruebas, muchos de estos cambios entrarán en vigor el 1 de enero de 2026. Esto significa que los efectos completos en las devoluciones y en los ingresos disponibles se harán sentir durante la primera mitad del año. Este cronograma es crítico, ya que permite alinear el impulso fiscal con el período en el que el mercado espera ver un crecimiento en los ingresos.Se espera que este flujo de efectivo concentrado pueda contrarrestar directamente la “recesión continua” que ha afectado al sector de bienes de consumo. Como señala Mike Wilson de Morgan Stanley, los bienes de consumo han quedado atrás en comparación con el mercado en general, soportando un período de dificultades debido a las presiones relacionadas con la asequibilidad. El rendimiento reciente del sector refleja esta situación difícil.
A partir de principios de enero. El impulso fiscal generado por esta ley es el catalizador que, según Wilson, permitirá cambiar esa situación. Este impulso tiene como objetivo compensar las presiones de los costos relacionados con las tarifas y la inflación persistente. En otras palabras, se trata de abordar directamente el problema fundamental de la asequibilidad, que ha limitado el gasto público.Visto de otra manera, se trata de un cambio estructural en el momento y la forma en que se proporciona el apoyo fiscal. A diferencia de los recortes directos en las tasas de interés que se habrían sentido durante todo el año 2025, el retraso en el reembolso de los impuestos provoca un aumento de la demanda concentrado a principios de 2026. Este mecanismo ignora el crecimiento gradual de los ingresos y, en lugar de eso, proporciona una cantidad fija que puede utilizarse para gastos discrecionales, mejoras en la vivienda o el pago de deudas. Para sectores como los alimentos básicos y los bienes discrecionales, que han estado sin demanda durante mucho tiempo, esto representa un cambio fundamental. En resumen, el mercado consumidor está preparándose para un fuerte comienzo del año, con el estímulo fiscal sirviendo como “combustible” para el crecimiento económico.
Los catalizadores macroeconómicos convergen para crear una vía clara tanto para el crecimiento de las ganancias como para la expansión de las empresas. La previsión de Morgan Stanley para…
Es la base fundamental de la “bull case”. Esta visibilidad, combinada con un contexto político favorable, prepara el terreno para una reevaluación del mercado en su conjunto. El objetivo de precios de la banca para el S&P 500, de 7,800, implica un aumento de aproximadamente un 13% con respecto a los niveles de finales de 2025. Este movimiento se debe tanto a la expansión fundamental de las ganancias como a la posible prolongación de los valores elevados de las acciones.Esta reevaluación no representa una asignación uniforme de prioridades. Las recomendaciones del sector bancario indican en qué áreas es más probable que se produzcan ganancias y crecimiento. El sector de bienes de consumo es el principal destino elegido, con la expectativa de que…
El reciente rendimiento inferior del sector, destacado por el índice de bienes de consumo de Estados Unidos del Dow Jones, que ha disminuido un 1.4% en lo que va de año, indica que todavía hay margen para un repunte significativo, a medida que los efectos positivos fiscales derivados del “Gran Proyecto” se hagan efectivos.Más allá de los productos básicos para los consumidores, el banco ve una gran oportunidad de aumentar su eficiencia operativa en otras áreas. Se recomienda invertir en sectores financieros, ya que las regulaciones se han relajado, especialmente en lo que respecta a los cambios en las normas de capital. Los analistas creen que estos cambios contribuirán al mayor aprovechamiento de la capacidad productiva del capital bancario. El sector sanitario también es un área clave, beneficiándose de la estabilidad de las políticas y de los ciclos de innovación. También se destaca la inversión en acciones de pequeña capitalización, algo que el banco considera como una oportunidad para aumentar la eficiencia operativa; una característica que puede amplificar el crecimiento de las ganancias durante una expansión económica.
En resumen, el mercado se encuentra en una situación propicia para un avance amplio, pero selectivo. El cambio estructural constituye el “combustible” para este avance, pero la asignación de recursos a los sectores de bienes de consumo, finanzas, salud y pequeñas empresas representa el camino más directo para obtener ganancias y aumentar el valor de las acciones. Para los inversores, la situación es clara: los factores macroeconómicos son favorables, y los inversores inteligentes están aprovechando los sectores que tienen la mejor posibilidad de convertir el apoyo político en beneficios reales.
La tesis alcista para el año 2026 depende ahora de una serie de acontecimientos futuros que verificarán la tendencia de aumento en el consumo prevista. El principal factor a corto plazo es la distribución de los reembolsos de impuestos a principios de 2026, lo cual pondrá a prueba la fuerza del aumento en el gasto de los consumidores. El “Gran Proyecto” está diseñado para proporcionar un apoyo fiscal significativo; se espera que los consumidores vean un aumento en su poder adquisitivo.
Este año, estos aproximadamente 150 mil millones de dólares en ingresos nuevos son el factor que impulsará directamente el crecimiento del sector de los bienes de consumo. El momento es crítico; los efectos se notarán en la primera mitad del año, coincidiendo con el período en el que se espera que el crecimiento de los ingresos acelere. La fortaleza y sostenibilidad de las ventas minoristas y de los ingresos fiscales en los próximos meses serán la primera señal real de si este estímulo retrasado logrará reactivar la demanda.Un riesgo importante que podría frustrar este plan es el momento y la magnitud de las reducciones de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. El optimismo del banco supone un cambio hacia políticas más relajadas, lo cual estaría en línea con los incentivos fiscales destinados a apoyar la situación financiera de los consumidores. Sin embargo, si las reducciones de los tipos de interés se retrasan o no son suficientes para disminuir los costos de endeudamiento de las tarjetas de crédito y las hipotecas, los beneficios fiscales podrían verse contrarrestados por una “doble presión”. Como se señala en las pruebas disponibles…
Incluso después de las recientes reducciones de tipos de interés por parte de la Fed. Esto ejercería presión sobre esas familias, precisamente aquellas a quienes se pretende ayudar con los reembolsos de impuestos. Potencialmente, esto podría frenar el aumento en el gasto y socavar las expectativas de crecimiento de los ingresos de dichas familias.Para los inversores, las primeras señales proviendrán de segmentos específicos del mercado. Mike Wilson, de Morgan Stanley, señala esto.
Como posibles beneficiarios iniciales de este aumento, es esencial supervisar el rendimiento de las acciones de los sectores relacionados con el consumo y la vivienda. Como se ha destacado, industrias como las empresas minoristas de mejoras domésticas y las compañías de mobiliario podrían ver un aumento cíclico si las bajas tasas de interés revivan el mercado inmobiliario. De manera similar, los minoristas de descuento también podrían beneficiarse, ya que los compradores buscan productos de mejor calidad a bajo precio. El rendimiento relativo de estos grupos en comparación con los sectores más defensivos será un indicador clave de cómo evoluciona la economía, pasando de condiciones desfavorables a condiciones favorables.En resumen, el camino hacia el “bull case” ahora es una prueba de la capacidad de ejecución de las estrategias planteadas. Los factores que impulsan este proceso ya están presentes, pero su efecto debe medirse en el comportamiento real de los consumidores y en las ganancias corporativas. Los próximos meses determinarán quiénes han anticipado correctamente los cambios estructurales, y quiénes simplemente han tenido en cuenta el optimismo generalizado.
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