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Las acciones de Alcoa (AA) cerraron con una baja del 2.63% el 8 de enero de 2026, lo que marca la continuación de su bajo rendimiento reciente, debido a las preocupaciones relacionadas con la valoración de la empresa. El volumen de negociación de las acciones fue de 730 millones de dólares, lo que la sitúa en el puesto 163 en términos de actividad de negociación diaria. Esta disminución se produce en el marco de una tendencia general de mejor rendimiento en comparación con los precios del aluminio, que han aumentado solo un 7% en el último año, mientras que el precio de las acciones de Alcoa ha aumentado un 73%. Esta disparidad ha atraído la atención de los analistas; J.P. Morgan lidera la opinión negativa, clasificando las acciones como “bajo peso”.
La rebaja de la calificación crediticia de Alcoa por parte de J.P. Morgan, de “Neutral” a “Underweight”, destaca los riesgos inmediatos relacionados con la valoración del papel. La empresa fijó un objetivo de precio de 50 dólares, lo que implica una posible caída del 20% en comparación con los niveles recientes. Además, se expresaron preocupaciones sobre el hecho de que el precio de las acciones haya superado los indicadores fundamentales de la empresa. El coeficiente P/E de Alcoa, de 14.07, está cerca de su nivel más alto en tres años, y su coeficiente P/B es de 2.49, lo cual refleja una percepción de sobrevaloración. Los analistas sostienen que el precio de las acciones es 7.1 veces superior al precio actual del aluminio, cifra considerablemente alta respecto al promedio histórico de 4.7 veces. También advierten que el crecimiento de los ingresos ha sido lento, con una disminución del 4.6% en tres años. Esta rebaja también refleja escepticismo sobre la capacidad de Alcoa para mantener sus márgenes de beneficio en medio de las presiones que surgen en el lado de la oferta.
Un factor crítico que contribuye a la degradación de la calificación crediticia es el aumento previsto en el suministro de aluminio proveniente de Indonesia. Se espera que este aumento alcance los 1.5 millones de toneladas anuales durante los próximos dos años. Los analistas de J.P. Morgan sostienen que esto generará un excedente, lo que podría separar los precios del aluminio de los del cobre y llevar a una corrección en las acciones de Alcoa. El equipo de investigación del banco prevé un excedente moderado de 307,000 toneladas en 2026 y 215,000 toneladas en 2027, lo cual podría debilitar el poder de fijación de precios. Además, los compradores chinos, un factor clave en la demanda, parecen resistir los precios más altos. Los niveles de inventario aumentaron un 15% en enero de 2026, en comparación con los promedios de diciembre de 2025. Esto sugiere una disminución en la demanda de importaciones y una posible desaceleración en el reabastecimiento de materiales antes del Año Nuevo Lunar.
La falta de exenciones arancelarias en virtud del artículo 232 para las operaciones de Alcoa en Canadá sigue siendo un problema a corto plazo. Las operaciones de aluminio de la empresa en Canadá actualmente se benefician de exenciones arancelarias según las políticas del artículo 232 establecidas por el gobierno de Trump. Sin embargo, los analistas advierten que cualquier decisión de la Corte Suprema que anule estas exenciones podría provocar nuevas imposiciones arancelarias. Tal cambio afectaría directamente la estructura de costos de Alcoa, ya que la empresa paga más de 900 millones de dólares anuales en aranceles. Aunque los mayores precios en el Medio Oeste han compensado parte de estos costos, J.P. Morgan advierte que cualquier disminución en los precios, debido a cambios en las políticas o dinámicas del mercado, podría afectar negativamente los márgenes de la empresa. Esta incertidumbre regulatoria contrasta con los fortalezas de la industria del cobre; J.P. Morgan ha renovado su recomendación de “Overshadowing” para Freeport-McMoRan (FCX).
A pesar de esta degradación, la situación financiera de Alcoa sigue siendo relativamente estable. La empresa mantiene un coeficiente de solvencia de 1.56 y un coeficiente de deuda sobre capital propio de 0.41, lo que refleja una estructura de capital equilibrada. Sin embargo, su puntaje Altman Z-Score, de 2.21, indica una situación de riesgo financiero. Además, el retorno sobre el capital invertido, del 9.61%, está por debajo del costo promedio de capital de la empresa. Las métricas operativas, como un margen EBITDA del 16.64% y un margen operativo del 10.39%, destacan la eficiencia de la empresa, pero también subrayan las limitadas márgenes de ganancia inherente a la industria del aluminio. Los analistas señalan que el modelo de integración vertical de Alcoa, que abarca desde la minería de bauxita hasta la producción de aluminio, hace que su rendimiento esté influenciado por los precios volátiles de los productos básicos, lo que aumenta su exposición a los cambios en los mercados.
La preferencia de J.P. Morgan por el cobre en lugar del aluminio se basa en diferencias en las dinámicas de oferta y demanda. Los precios del cobre han alcanzado niveles record, debido a una fuerte demanda y problemas de oferta en Estados Unidos, como el derrumbe de la mina Grasberg de Freeport-McMoRan. En contraste, el aluminio enfrenta riesgos de sobreoferta a corto plazo, especialmente debido a la nueva capacidad producida por Indonesia. El banco elevó el objetivo de precios de Freeport-McMoRan a $68, desde $58, señalando su mayor correlación con los fundamentos del cobre. Este cambio estratégico refleja una percepción general en el mercado de que la situación del cobre, marcada por restricciones de oferta y un dólar más débil, es más interesante que la del aluminio. Por su parte, las acciones de Alcoa parecen estar expuestas a correcciones, a medida que el mercado se equilibra de nuevo.
La propiedad institucional de las acciones de Alcoa es del 72.96 %, lo que refleja un fuerte interés por parte de los grandes inversores. Sin embargo, los indicadores técnicos sugieren condiciones de sobrecompra, con un RSI de 81.05 y una puntuación de recomendación de 2.4 (lo cual indica una posición de “mantenimiento”). La ausencia de actividad interna significativa durante el último año podría indicar confianza en las perspectivas a largo plazo de la empresa. No obstante, esto no contribuye mucho a contrarrestar la opinión negativa a corto plazo. Con los resultados financieros previstos para el 22 de enero de 2026, los inversores observarán de cerca cualquier signo de resistencia operativa en medio de este entorno de mercado desafiante.
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