Pánico de mercado vs. Realidad estructural: Las implicaciones macroeconómicas de una distopía causada por la inteligencia artificial
La reacción del mercado ante ese escenario hipotético fue inmediata y severa. El domingo 23 de febrero, un artículo de 7,000 palabras publicado en Substack por una empresa poco conocida, Citrini Research, se volvió muy popular. El título del artículo era “La crisis de inteligencia global en 2028”. En el artículo se modelaba un escenario en el que despidos masivos causados por la AI desencadenarían una crisis deflacionaria, lo que llevaría al aumento del desempleo por encima del 10%. Su único propósito, como se indicaba en el prefacio, era explorar un riesgo “relativamente poco investigado”. Pero ya para la mañana del lunes, ese escenario hipotético se había convertido en un catalizador para el pánico.
La venta comenzó tan pronto como abrieron las operaciones bursátiles. El índice S&P 500 terminó la jornada con una caída de más del 1%. Las acciones relacionadas con el sector financiero y el software fueron las que sufrieron los efectos más graves de esta caída. El movimiento más drástico ocurrió en IBM, que cayó significativamente en bolsa.13%Es la peor caída en un solo día desde el año 2000. Otras empresas mencionadas en el informe, como DoorDash y American Express, también experimentaron una caída significativa. Este evento resaltó el estado de inestabilidad del mercado, que ya estaba en una situación delicada debido a las bajas en los precios relacionadas con la inteligencia artificial. Ahora, ese mercado se ve afectado además por una advertencia clara y contundente sobre el colapso sistémico del sistema económico.
Esta reacción excesiva creaba una clara desconexión entre las opiniones de los comerciantes y las de quienes tenían puntos de vista diferentes. Mientras los comerciantes vendían apresuradamente, algunas voces destacadas ofrecían perspectivas diferentes. Jim Cramer rechazó esa teoría.“Ciencia ficción de alto riesgo”Bromeando, el periódico hizo todo lo posible, excepto citar esa frase de *Predator*: “Todos vamos a morir”. Su evaluación reflejaba la opinión general de los estrategas optimistas: que ese escenario, por muy escalofriante que fuera, no era más que una obra de ficción especulativa, y no una predicción realista. Sin embargo, la violenta caída del mercado en un solo día reveló una vulnerabilidad mucho mayor. Esa caída demostró cómo una sola historia convincente sobre el poder disruptivo de la IA podía anular completamente el análisis fundamental y provocar una huida hacia lo que se consideraba seguro… aunque fuera temporal.
El cambio estructural: de software a activos HALO
El pánico en el mercado el lunes fue un fenómeno de un solo día. Sin embargo, la acción defensiva que siguió, identificada por Goldman Sachs, indica una reasignación más profunda y duradera de recursos. Mientras que los softwares empresariales sufrieron un impacto negativo, surgió una nueva estrategia: la huida hacia aquello que la empresa llama “efecto HALO”. Esto se refiere a activos pesados y baja obsolescencia. El mercado está reevaluando los riesgos, favoreciendo a las empresas que cuentan con infraestructura física y complejidad en su ingeniería, frente a aquellas que dependen del trabajo humano.

La escala de esta rotación es realmente impresionante. Desde principios de 2025, las acciones que requieren un alto nivel de capital han tenido un rendimiento superior al de sus pares que se basan en el trabajo humano y no requieren tanto capital.35%No se trata de un sentimiento pasajero; se trata de un cambio estructural en la valoración de las empresas. La lógica detrás de esto es clara: en un mundo donde la IA amenaza con convertir el trabajo relacionado con el conocimiento en algo común y trivial, los activos físicos de una empresa –fábricas, instalaciones especializadas, equipos especializados– se convierten en algo valioso. Estos activos son más difíciles de replicar y son menos susceptibles a la obsolescencia tecnológica, en comparación con la experiencia humana. En esencia, el mercado está pagando un precio adicional por la durabilidad y el menor riesgo de interrupción en el funcionamiento de dichos activos.
Esta rotación defensiva considera la amenaza proveniente de la IA no como algo lejano y distópico, sino como un factor que puede causar una reevaluación inmediata de los valores de las empresas. La venta de acciones de firmas que ofrecen servicios y software refleja el miedo a que sus modelos de negocio se vean afectados negativamente. Los aumentos en los precios de las acciones de empresas relacionadas con la industria pesada e infraestructura indican una búsqueda de estabilidad. Se trata de una estrategia típica de riesgo, pero motivada por una narrativa tecnológica específica. Como señaló Jim Cramer, el problema inmediato es, a menudo, el hecho de que los “múltiplos de las cotizaciones son demasiado altos para empresas con crecimiento incierto”. Por lo tanto, el mercado busca un nuevo punto de referencia para valorar las empresas en la era de la automatización.
Narrativas en contraste: la distopía frente al auge económico y las paralelas históricas
El informe de Citrini presenta una despiadada y autoperpetuante distopía: los despidos en masa provocan un colapso en el gasto público, lo que a su vez afecta los beneficios de las empresas y el mercado de valores. Esta narrativa, aunque vívida, tiene un defecto fundamental en su razonamiento económico. Se basa en el concepto de equilibrio parcial, centrándose únicamente en la perturbación del mercado laboral, ignorando las fuerzas opuestas que normalmente estabilizan una economía funcional. El error principal es asumir que los trabajadores despedidos reducirán simplemente los salarios, sin considerar que la producción de robots debe aumentar para justificar su propia expansión. Si la IA realmente aumenta la productividad, eso significa que los bienes y servicios disponibles también aumentarán. En ese caso, los ingresos reales aumentarán, no disminuirán, creando así un nuevo equilibrio en el que la producción será más alta y los salarios, posiblemente, también serán más altos.
El hecho de que el escenario no logre modelar una respuesta política adecuada socava aún más su capacidad predictiva. Como señaló la economista Claudia Sahm, un shock en el mercado laboral de tal magnitud probablemente desencadenaría una reacción fiscal y monetaria contundente. Sin embargo, el informe subestima este aspecto. La historia demuestra que tales crisis no ocurren en el vacío. En la década de 1990, existían temores de una “recuperación sin empleos”, así como preocupaciones sobre el potencial disruptivo del auge de Internet. Pero, a largo plazo, lo que ocurrió fue un período de crecimiento sostenido y aumento del nivel de vida, ya que la economía se adaptó y surgieron nuevas industrias. Los temores iniciales de disrupción fueron superados por la visión positiva que rodeaba al auge de Internet. La actual ola de tecnología de inteligencia artificial sigue un patrón similar: ahora existe una narrativa de posible colapso, pero el cambio estructural hacia activos duraderos y que requieren más capital sugiere que el mercado ya está anticipando un futuro más resiliente, aunque transformado.
En resumen, la tesis de Citrini considera que los costos de transición son algo inevitable. Sin embargo, ignora los mecanismos de estabilización del capitalismo monetario moderno, que pueden reducir las tasas de interés, así como las políticas fiscales que pueden redistribuir los ingresos. Además, ignora el vínculo fundamental entre la producción y los ingresos. Como dijo un crítico, el escenario planteado implica un “fracaso del mecanismo de intercambio”, es decir, un colapso del sistema en sí. En realidad, la reacción violenta del mercado el lunes fue simplemente una situación de pánico temporal. La posterior reorientación hacia activos pesados muestra una evaluación más sofisticada, aunque cautelosa: mientras que la IA puede causar cambios, también creará nuevas oportunidades. La economía cuenta con herramientas para gestionar estos ajustes. Por lo tanto, la narrativa del “boom” no es una negación del riesgo, sino un reconocimiento de la capacidad adaptativa del sistema.
Implicaciones estratégicas y factores que pueden influir en el futuro
La reacción violenta del mercado ante un escenario hipotético ya se ha calmado. La tendencia defensiva hacia los activos pesados y aquellos con baja obsolescencia se ha convertido en la nueva norma. Para los inversores, lo importante es que la narrativa dominante está cambiando: pasa de un optimismo puro sobre la IA a una evaluación más detallada de las disruptivas consecuencias y la capacidad de respuesta de la economía. Los factores clave para el futuro ya no se refieren a si la IA va a perturbar la economía, sino a qué tan rápido y de qué manera la economía se adaptará a esa situación.
La primera métrica clave que hay que observar es la trayectoria del gasto en software empresarial y la tasa de adopción de la inteligencia artificial en las funciones básicas de los negocios. Este es el frente principal en esta lucha por la transformación. Si se observan signos tempranos de disminución en el gasto en plataformas de software, o una reducción en la rentabilidad prevista de la integración de la inteligencia artificial, eso confirmaría la posición defensiva del mercado. Por otro lado, si se observa un aumento constante en la productividad gracias a la inteligencia artificial en sectores como la fabricación, la logística y la energía, eso reforzaría la teoría de HALO y justificaría el precio elevado que se paga a las compañías industriales importantes. Los datos aquí presentados indicarán si la inteligencia artificial es un factor que genera valor o, por el contrario, un factor que destruye el capital humano.
En segundo lugar, es necesario monitorear los datos del mercado laboral, especialmente el crecimiento de los salarios en los sectores de servicios y conocimientos. Esto nos permitirá detectar cualquier señal de “compresión de los salarios en el sector administrativo”, algo que se teme en la teoría distópica. El escenario propuesto por Citrini se basa en una tendencia deflacionaria en los salarios. Si el crecimiento de los salarios en los sectores financiero, consultorios y servicios tecnológicos comienza a desacelerarse significativamente, mientras que el desempleo sigue siendo alto, eso sería una advertencia temprana de este ciclo negativo. La rotación del mercado hacia empresas que dependen menos de la fuerza laboral ya refleja este riesgo. Una presión salarial continua en estos sectores confirmaría esta situación y, probablemente, extendería esa tendencia deflacionaria.
Por último, las respuestas políticas serán la medida definitiva para mitigar los riesgos deflacionarios descritos en la tesis distópica. El hecho de que el escenario no logre predecir una reacción fiscal y monetaria adecuada es un punto débil crucial. Es importante estar atentos a cualquier señal de apoyo dirigido a los trabajadores desplazados, o a un cambio en las políticas del banco central hacia medidas de estímulo más agresivas, si el crecimiento se detiene. Como señaló la economista Claudia Sahm, un shock en el mercado laboral de tal magnitud probablemente desencadeará una respuesta política contundente. La pánico inicial del mercado puede haber sido excesivo, pero la acción defensiva posterior sugiere que los inversores ya están preparándose para una transición más compleja, gestionada por las políticas económicas. La narrativa dominante dependerá de cuál de estas fuerzas prevalezca: el ritmo del desplazamiento tecnológico o la eficacia de los mecanismos de estabilización que la economía ha utilizado históricamente.



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