¿Por qué las nubes de tormenta macroeconómica persisten? Un entorno inflacionario estructural.

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porThe Newsroom
miércoles, 21 de enero de 2026, 9:54 am ET5 min de lectura

La opinión general es clara: la inflación está en un camino constante y predecible hacia el objetivo del 2% establecido por la Reserva Federal. Los analistas y los mercados parecen creer que la batalla ya ha sido ganada. Sin embargo, este optimismo generalizado es peligrosamente prematuro. Las fuerzas estructurales que podrían frustrar este proceso de desinflación ya están en marcha, y indican un resultado más turbulento. Existimos un riesgo significativo de que la inflación pueda superar las expectativas, posiblemente superando el 4% para finales de 2026.

Esto no es simplemente un cambio en las tendencias recientes. Se trata de un enfrentamiento entre dos narrativas diferentes. La historia que prevalece se centra en la reducción de las presiones inflacionarias relacionadas con la vivienda, así como en los aumentos en la productividad. Pero existe una fuerza más poderosa y persistente: una nueva era de altas presiones de precios, motivada por limitaciones estructurales en la oferta. El riesgo es que estas limitaciones sean más duraderas de lo esperado, lo que podría superar los efectos positivos derivados de la desinflación.

Tres fuerzas estructurales clave están en juego. En primer lugar, el efecto retrasado de las tarifas aduaneras se hará evidente. Aunque los importadores han absorbido hasta ahora el costo relacionado con estas tarifas, ese margen de seguridad está agotándose. A medida que los inventarios disminuyen y las empresas comiencen a aumentar los precios, se espera que este efecto se acelerará durante la primera mitad de 2026. Los patrones históricos sugieren que este efecto retrasado podría aumentar la inflación en un 50 puntos básicos para mediados del año. Además, su impacto podría no desaparecer rápidamente.

En segundo lugar, el mercado laboral se está volviendo más estrecho debido a un cambio en la política de inmigración. Varias bancos centrales estiman que el nivel de empleo necesario para estabilizar el desempleo ha disminuido significativamente. Esto significa que el mercado laboral es más competitivo de lo que indican los datos oficiales. Cuando los efectos completos de la reducción de la inmigración se hagan sentir, las escasez de mano de obra en sectores como la agricultura, la construcción y la sanidad se intensificarán, lo que llevará a aumentos salariales que, a su vez, contribuirán a la inflación en los servicios. Los costos de la atención médica en el hogar, que ya están aumentando a un ritmo anual del 10%, son un indicador importante de esto.

En tercer lugar, las perspectivas fiscales son más expansivas de lo que generalmente se cree. Un déficit fiscal que podría superar el 7% del PIB este año representa un estímulo significativo para la economía. Este déficit, junto con la deuda federal, que alcanza casi el 120% del PIB, limita la flexibilidad de la Reserva Federal para tomar medidas decisivas en caso de que la inflación vuelva a acelerarse. El resultado es un entorno político que podría ser más laxo de lo que parece.

Juntas, estas fuerzas – el retraso en la transmisión de las tasas arancelarias, la contracción del mercado laboral y el dominio fiscal – crean una situación en la que las presiones inflacionarias no disminuyen, sino que se reorganizan. La idea de una caída gradual y constante hacia un nivel del 2% está cediendo paso a la realidad de un camino más volátil y estructuralmente elevado.

La política y la divergencia en el mercado

La situación política del banco central está cambiando, pero la diferencia entre las acciones oficiales y las fuerzas económicas subyacentes crea un entorno frágil. Mientras que la Reserva Federal ha reducido los tipos de interés, los principales bancos centrales de Europa, Canadá y Brasil están en el final de sus ciclos de relajación monetaria. El Banco Central Europeo ya ha terminado sus reducciones de tipos de interés; los responsables de la política monetaria han indicado que ni hay aumentos ni más reducciones en el futuro. El Banco de Canadá y el Banco de Brasil también han detenido sus políticas monetarias, lo que indica que sus tipos de interés han alcanzado un punto de inflexión por ahora. Este cambio coordinado hacia una política neutral contrasta marcadamente con las presiones inflacionarias persistentes que provienen de causas estructurales.

Esto crea un problema crítico en cuanto a la transmisión de información financiera. El aumento en la emisión de deuda soberana después de la pandemia ha elevado el “premio por tiempo”, es decir, la ganancia adicional que los inversores demandan por poder mantener su capital durante períodos prolongados. Este costo más alto dificulta la reducción de las tasas de endeudamiento a largo plazo para las empresas y los hogares, gracias a las medidas de los bancos centrales. En otras palabras, incluso si las tasas de interés a corto plazo se mantienen estables o incluso disminuyen, el costo de financiar inversiones y préstamos hipotecarios podría seguir siendo elevado, lo cual reduce el efecto positivo que se pretende lograr con estas medidas.

Lo que agrega complejidad es la enorme escala de los mercados de crédito privado, que actualmente alcanza casi los 2 billones de dólares. Este amplio canal alternativo de financiación reacciona de manera diferente a las políticas monetarias, en comparación con el préstamo bancario tradicional. Cuando los bancos centrales reducen las tasas de interés, los mercados de crédito privado pueden no responder de manera tan drástica, y viceversa. Esta diferencia puede aislar ciertos sectores de la economía de los efectos completos del endurecimiento monetario, lo que genera condiciones económicas desiguales y potencialmente distorsiona la asignación de capital.

En resumen, se trata de un entorno político en el que los instrumentos utilizados para la regulación monetaria están siendo aplicados, pero su efecto se ve atenuado. Las principales bancos centrales están retrocediendo en sus políticas de flexibilización monetaria, mientras que la Reserva Federal sigue siendo la excepción, enfrentándose a una situación en la que su margen de maniobra es limitado. Al mismo tiempo, factores estructurales como la lentitud en la transmisión de las tarifas arancelarias y la tensión en el mercado laboral están impulsando al aumento de la inflación. El resultado es una divergencia entre las políticas monetarias y los mercados, lo que aumenta el riesgo de que ocurran situaciones volátiles, donde la inflación pueda superar las expectativas, incluso cuando los bancos centrales indican que ya han terminado con sus políticas de reducción de tasas de inflación.

Cambios estructurales y un entorno inflacionario a lo largo de varios años

Las fuerzas económicas que están transformando la situación en el año 2026 apuntan a un entorno de varios años marcado por una inflación elevada y una incertidumbre constante. Se proyecta que el crecimiento global disminuirá ligeramente.3.1% en el año 2026Pero la naturaleza de ese desaceleramiento es grave. Está causado por una combinación de shocks en el suministro, tensiones comerciales y incertidumbre política, no por una falta de demanda. Esta reconfiguración de la economía mundial está creando una nueva normalidad, donde las presiones de costos son estructurales, y no temporales.

El tema principal que se destaca es la incertidumbre creciente. Un estudio reciente muestra que…El 50% de los profesionales del sector de los riesgos anticipa que la situación mundial será turbulenta o llena de tormentas durante los próximos dos años.Se trata de un aumento significativo en comparación con el año anterior. Esto no se refiere únicamente a la volatilidad a corto plazo; se trata de un cambio fundamental hacia un panorama multipolar, donde la confrontación geoeconómica es el mayor riesgo que enfrentamos. En este entorno, la estabilidad es precaria, y la interconexión de los riesgos significa que cualquier shock en una región puede propagarse rápidamente por las cadenas de suministro y los mercados.

Para los inversores, esto implica una reorientación estratégica. La era de la gestión pasiva en un mundo predecible y libre de inflación ya ha terminado. La gestión activa se ha convertido en algo esencial para poder manejar este entorno complejo. El objetivo principal es identificar empresas que tengan un poder de fijación de precios duradero, es decir, la capacidad de soportar costos más altos sin perder volumen de ventas. Estas empresas están en la mejor posición para proteger sus márgenes de ganancia y obtener rendimientos reales, especialmente cuando la inflación sigue siendo alta.

Al mismo tiempo, la construcción de carteras de inversiones debe incluir medidas de cobertura contra la inflación persistente. Los activos reales constituyen una forma eficaz de protección. Históricamente, los productos básicos, la infraestructura y los metales preciosos han mantenido el poder adquisitivo durante períodos de debilitamiento monetario. Asignar recursos a estos sectores constituye una forma directa de contrarrestar las presiones de costos estructurales, como las escasez de viviendas o los cuellos de botella en el sector energético.

En resumen, se trata de un portafolio diseñado para enfrentar un entorno inflacionario más volátil y con condiciones estructurales más favorables en el largo plazo. Para lograrlo, es necesario realizar una selección activa de las acciones, buscando empresas resilientes, y también una asignación estratégica de los recursos en activos reales, con el fin de preservar el capital. En un mundo donde la incertidumbre es la norma, esta estrategia defensiva y activa es el camino más lógico hacia el futuro.

Catalizadores y puntos de control para el año 2026

La tesis de la inflación será testada mediante una serie de eventos y datos específicos en los próximos meses. El primer y más importante factor que podría influir en esto es la aceleración del efecto de las tarifas arancelarias en los precios al consumidor. Después de un período de impacto mínimo, los importadores han agotado los inventarios que habían almacenado antes de la implementación de las tarifas. Esto prepara el terreno para un aumento de precios más pronunciado y gradual. Los patrones históricos sugieren que este efecto retrasado podría tener un impacto significativo.50 puntos básicos para la inflación promedio a mediados del año.El momento y la persistencia de este aumento en los precios serán una prueba crítica en el corto plazo, para evaluar el estado del entorno inflacionario que hemos descrito.

Al mismo tiempo, los desarrollos en materia de política fiscal servirán como una prueba importante de la voluntad política y los efectos económicos que se pueden obtener con esa política. Las reducciones significativas en los programas sociales, incluyendo la extinción de los créditos fiscales relacionados con el Acta de Cuidado de Salud Asequible, así como las nuevas requisidades laborales para el programa Medicaid y SNAP, entrarán en vigor en el año 2026. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que estos cambios causarán…Alrededor de 5 millones de personas perderán su seguro médico.Más de 2 millones de personas podrían perder el acceso al programa SNAP. Los primeros datos oficiales que reflejen estos cambios, provenientes de la Encuesta Nacional de Salud, se esperan este verano. Un aumento significativo en las dificultades financieras podría disminuir el gasto de los consumidores, lo cual podría servir como un contrapeso a las presiones inflacionarias. El mercado estará atento a cualquier señal de que este endurecimiento fiscal pueda compensar el déficit expansivo; este déficit podría superar el 7% del PIB este año.

La respuesta de la Reserva Federal a estas presiones será el factor decisivo que determinará la estabilidad del mercado. El banco central se enfrenta a una situación delicada: su doble mandato, es decir, mantener la estabilidad de los precios y lograr el máximo empleo, se complica debido al nombramiento de un nuevo presidente en junio y a que la Casa Blanca ha solicitado públicamente una reducción de las tasas de interés. La comunicación de la Fed sobre su independencia y credibilidad será crucial. Cualquier señal de debilitamiento de su autonomía frente a la presión política podría socavar la confianza en su capacidad para manejar la inflación. Esto podría llevar a una reevaluación de las tasas de interés a largo plazo y del premio por el riesgo crediticio.

En resumen, la primera mitad de 2026 estará marcada por los efectos retardados de las políticas arancelarias, la implementación de importantes cambios fiscales y el manejo que haga la Fed en esta transición, que es de gran importancia desde el punto de vista político. Estos son los factores clave que determinarán si el entorno inflacionario estructural se establece o si todavía predominan las fuerzas deflacionarias.

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