La situación de escasez en Japón, relacionada con el papel higiénico, podría convertirse en una trampa de escasez que se autoengrana. La industria sigue sin mostrar signos de cambio alguno.

Generado por agente de IAJulian CruzRevisado porAInvest News Editorial Team
domingo, 22 de marzo de 2026, 11:16 pm ET3 min de lectura

El alarma actual en Japón es, en realidad, un eco de los temores del pasado. Mientras que los precios del petróleo crudo aumentan debido al conflicto en el Medio Oriente, las redes sociales están llenas de alertas para que las personas acumulen suficiente papel higiénico. Una publicación captura perfectamente esta situación:Será mejor que compremos papel higiénico antes de que el precio del mismo se disparé debido al aumento de los precios del petróleo. De lo contrario, tendremos grandes problemas.La comparación con la crisis petrolera de 1973 es evidente. Algunos analistas relacionan directamente el cierre del Estrecho de Ormuz con una posible escasez de papel.

La respuesta oficial es una llamada unificada a la calma. La Asociación de la Industria de Papel de Japón, que representa a 41 fabricantes, ha declarado que “no hay problemas relacionados con el suministro de materias primas, ni con la fabricación en sí”. Su director ejecutivo, Morio Ishizuka, enfatizó que aproximadamente el 60% de las materias primas utilizadas provienen de papel reciclado obtenido dentro del país; el resto proviene de pulpa importada de América del Norte, América del Sur y el Sudeste Asiático. Es importante destacar que…Casi ninguno de los materiales necesarios para la producción de papel higiénico depende del Medio Oriente.El Ministerio de Economía, Comercio e Industria también ha expresado este mismo mensaje, instando a que se mantenga un juicio calmado.

La posición de la industria es que la verdadera amenaza no es el fracaso de la cadena de suministro, sino el pánico entre los consumidores. Ellos señalan que…Definitivamente, no existe ningún riesgo de que el papel higiénico desaparezca del mercado, siempre y cuando no haya acaparamientos innecesarios.Este patrón está bien documentado. La “panique por la escasez de papel para baños” comenzó durante el shock petrolero de 1973. En ese momento, un llamado gubernamental para reducir el consumo de papel provocó rumores de escasez. Esto llevó a una acumulación masiva de papel, lo que generó esa misma escasez de la que se temía. Episodios similares ocurrieron después del terremoto de 2011 y de la pandemia de 2020. En estos casos, la escasez se debió más al caos en la distribución del papel que a una verdadera falta de producto.

La situación que se presenta aquí es una clásica forma de crear una sensación de escasez artificial. Un shock geopolítico provoca ansiedad, y esa ansiedad, al ser amplificada por los medios sociales y reforzada por la memoria generacional, puede convertirse en algo que se cumplirá realmente. La respuesta política es simple: tranquilizar al público sobre la resiliencia de la cadena de suministro y pedir que la gente actúe de manera racional. La prueba que vendrá será si ese mensaje puede superar el miedo que surge en las redes sociales.

Resiliencia estructural frente a la demanda impulsada por el pánico

La desconexión aquí es de carácter estructural. La cadena de suministro de la industria está diseñada para ser resistente, no para ser vulnerable.El 60% de las materias primas se reciclan dentro del país.Se crea un gran “búfer” que está independiente de los flujos globales de productos básicos. El pulpa restante proviene de América del Norte, América del Sur y el sudeste asiático; regiones que están muy alejadas de la actual crisis en Oriente Medio. Es crucial que…Ninguno de los materiales brutos se importa desde el Medio Oriente.Esta diversificación en las fuentes de suministro es una respuesta directa a los shocks pasados. Se trata de un sistema diseñado para poder absorber las turbulencias geopolíticas.

Compare eso con el choque petrolero de 1973, que generó un verdadero riesgo sistémico. La economía japonesa dependía en gran medida del petróleo proveniente del Medio Oriente; por lo tanto, Japón era un punto débil en la cadena de suministro. En ese momento, la ansiedad era justificada, ya que la cadena de suministro estaba expuesta a peligros reales. La situación actual es lo contrario: la cadena de suministro es robusta, pero el miedo es infundado. La verdadera amenaza no es una falla en el suministro, sino un shock en el lado de la demanda, debido al acaparamiento de bienes.

Si se produzca pánico, el resultado será una escasez temporal y artificial. Los almacenes están llenos, la producción es normal y los inventarios son suficientes. Como señala la industria, no existe ningún riesgo de que el papel higiénico desaparezca del mercado, siempre y cuando no haya acaparamientos innecesarios. El paralelo histórico es ilustrativo: el pánico de 1973 fue autoperpetuado, ya que el llamado del gobierno para ahorrar productos de papel provocó rumores que llevaron a una compra masiva. La misma dinámica puede repetirse ahora, donde el miedo a una escasez provoca realmente esa escasez.

En resumen, la estructura actual de los negocios es diferente. La industria ha desarrollado una cadena de suministro resistente, pero no puede controlar la psicología de los consumidores. Lo importante es ver si el mensaje de abundancia de suministros puede superar el miedo creado por las situaciones de escasez, evitando que esa escasez se convierta en algo real.

Catalizadores y lo que hay que observar

El camino hacia el futuro depende de dos factores clave: la resolución de la crisis en Oriente Medio y la capacidad de resistencia del sector de bienes de consumo de Japón. El principal motivo de preocupación es la clausura del Estrecho de Ormuz, lo cual ya ha tenido un impacto económico significativo. Un fabricante de bocadillos de tamaño mediano…La empresa Yamayoshi Confectionery ha detenido la producción de sus populares chips de papa Wasabeef.Esto se debe a una interrupción repentina en el suministro de petróleo pesado. Esto ilustra la verdadera vulnerabilidad física que algunas industrias enfrentan debido a las crisis energéticas. Si la crisis se prolonga, posibles cortes en la producción podrían extenderse, lo que aumentaría los riesgos para la economía en general.

En cuanto a la crisis del papel higiénico en particular, el factor clave que provoca este problema es la estabilización de los precios del petróleo. Mientras tanto, siempre que los precios del crudo sigan siendo inestables, la ansiedad sobre los mayores costos de producción y logística seguirá existiendo. La garantía de una amplia oferta por parte de la industria es condicionada: depende de que los consumidores no conviertan esa ansiedad en acaparamiento de bienes. Este episodio será solo un fenómeno temporal, si las compras vuelven a ser normales. Hay que estar atentos a los comentarios en redes sociales y a los datos de ventas minoristas para indicar si se ha recuperado la calma en el mercado.

El contraste con la situación de los fabricantes de bocadillos es ilustrativo. Mientras que el cierre de una sola planta afecta directamente la producción, la industria del papel cuenta con una variedad de fuentes de suministro y una base de reciclaje nacional que le proporcionan cierta resiliencia. Su vulnerabilidad radica en los aspectos financieros: los altos costos podrían presionar los márgenes de beneficio, pero no afectarán su operación en sí. El verdadero riesgo para la industria del papel proviene de shocks en la demanda, debidos al pánico, y no de problemas en la oferta. En resumen, el resultado estará determinado por los factores geopolíticos y la psicología de los consumidores, y no por alguna fragilidad inherente en la cadena de suministro del papel.

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