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El dilema de la política fiscal que enfrenta Japón ya no es una discusión teórica sobre la sostenibilidad a largo plazo. Se ha convertido en una realidad inmediata, relacionada con los precios del mercado. El compromiso reciente de la coalición gobernante de suspender temporalmente el impuesto al consumo del 8% sobre las ventas de alimentos ha causado un gran impacto en las finanzas gubernamentales. El costo de esto es considerable.
No se trata de un ajuste menor; se trata de un impacto anual directo en los recursos financieros del estado, en un momento en que su situación fiscal ya está al límite.El contexto en el que se encuentra esta situación es crítico. Los gastos de seguridad social de Japón ya han superado ciertos límites.
Cualquier gasto nuevo, financiado con deudas, ya sea para reducir impuestos o para otros fines, debe ser evaluado teniendo en cuenta este costo base abrumador. Los datos presupuestarios del gobierno resaltan esta presión: las “gastos relacionados con la deuda gubernamental” (pagos de intereses y costos de reembolso) sumarán 31.3 billones de yenes en el ejercicio fiscal actual. Esto significa que aproximadamente una cuarta parte de todos los gastos anuales ya se dedica al pago de las deudas. Añadir además una pérdida de 5 billones de yenes debido a la reducción de impuestos, hace que el sistema se convierta en un juego de suma cero, donde los fondos destinados a servicios esenciales se compiten directamente con los gastos relacionados con los intereses.Ese es el núcleo del cambio estructural que se está produciendo. El equilibrio del mercado está siendo forzado a reconsiderarse. El plan presentado, respaldado por un acuerdo entre el partido gobernante y su aliado Ishin, tiene como objetivo eliminar la tasa impositiva del 8%. Se trata de una compromiso político que los inversores deben valorar ahora. Los resultados ya se pueden observar en el mercado de bonos. Después de años de tipos de interés cercanos a cero, el rendimiento de los bonos gubernamentales japoneses a 10 años aumentó y se estabilizó por encima del 2.1% a principios de enero. Este nivel no se había visto en más de dos décadas. Este movimiento refleja una recalibración fundamental: el “refugio seguro” de los tipos de interés ultrabajos está desapareciendo, ya que el verdadero costo de la enorme deuda gubernamental de Japón, que supera el 250% del PIB, se ha vuelto innegable. El plan de reducción de impuestos revela el riesgo, convirtiendo una cuestión de sostenibilidad a largo plazo en un punto de presión fiscal inmediato que el mercado no puede ignorar.
La reacción del mercado de bonos ante la situación fiscal de Japón se puede cuantificar en términos de los rendimientos de los bonos y las subastas que se realizarán en el futuro. El rendimiento de los bonos gubernamentales japoneses a 10 años ha aumentado significativamente.
Es el nivel más alto desde febrero de 1999. Esto representa un aumento del 78% en comparación con el mismo período del año pasado. Este movimiento no se limita al sector primario; refleja una revalorización generalizada de los riesgos. La rentabilidad a 30 años ha aumentado considerablemente.Es el nivel más alto desde su lanzamiento. El rendimiento de los bonos a 20 años ahora es del 2.65%. Esta curva pronunciada indica que los inversores exigen una compensación significativamente mayor por la tenencia de deuda a plazo largo. Esto refleja directamente las preocupaciones relacionadas con la sostenibilidad de los compromisos fiscales enormes asumidos por Japón, que están financiados con deuda.
La próxima subasta de bonos a 5 años, con un valor total de 2.5 billones de yenes, será el siguiente test crítico. Esta subasta servirá como una prueba en tiempo real de la demanda en condiciones de rendimientos elevados. Históricamente, la política de control de la curva de rendimiento del Banco de Japón ha mantenido bajos los tipos de interés a largo plazo, lo que ha hecho que tales subastas sean algo habitual. Ahora, con el Banco de Japón alejándose de esa política, el mercado está decidiendo las condiciones de la subasta. El resultado de la subasta revelará si los inversores nacionales y extranjeros todavía consideran la deuda japonesa como un refugio seguro, o si el riesgo fiscal ya no es tan alto. Un resultado débil indicaría que el mercado sigue escéptico, mientras que una demanda fuerte podría significar que el aumento de los rendimientos fue una reacción excesiva. En cualquier caso, las reglas de la subasta han cambiado. El gobierno ahora debe competir por el capital en un mercado que ha redefinido su evaluación de riesgos. Los bonos con vencimiento a 5 años son un punto de referencia clave para este nuevo régimen.
En resumen, el mercado de bonos ha pasado de una situación con tasas de interés casi nulas a una nueva situación en la que las tasas de interés son más altas. Este cambio es una señal directa del riesgo fiscal. El aumento del 78% en la rentabilidad de los bonos a 10 años no es simplemente un número; es la opinión del mercado sobre el costo de financiar la deuda de Japón. Dados los datos presupuestarios del gobierno, se estima que los pagos por intereses representarán el 31.3 billones de yenes este año. La subasta que se realizará próximamente determinará si este nuevo régimen de rentabilidades es sostenible o si presagia un futuro más turbulento.
El panorama político ahora es el factor determinante para la trayectoria fiscal y monetaria de Japón. La primera ministra Sanae Takaichi está dispuesta a disolver la Cámara Baja, y se espera que se celebren elecciones urgentes.
Esta medida es una respuesta directa a la precaria situación de la coalición gobernante. Aunque en noviembre del año pasado logró obtener el apoyo de tres miembros independientes, la alianza actualmente carece de la mayoría necesaria para formar gobierno. Una elección anticipada parece ser la única opción viable para asegurar un mandato estable que permita avanzar sus objetivos, incluyendo el controvertido plan de reducción impositiva sobre los alimentos.La reacción del mercado ante este cálculo político ha sido rápida y decisiva. En el día en que se llevaron a cabo las elecciones, el Nikkei 225 aumentó en más del 3%, alcanzando niveles récord. Además, el yen se debilitó hasta llegar al nivel más bajo en 18 meses. Este aumento refleja una clara apuesta por la estabilidad política. Las altas calificaciones de aprobación de la coalición, aproximadamente el 70%, sugieren una alta probabilidad de obtener más escaños. Una mayor mayoría de votos podría dar lugar a medidas fiscales expansivas, lo que proporcionaría un margen político para que el gobierno pueda llevar a cabo su plan económico, sin correr el riesgo de un estancamiento legislativo.
Sin embargo, este impulso político se enfrenta a una limitación crucial: la postura del Banco de Japón. El balance de patrimonio del BOJ sigue siendo enorme.
Es un legado de años de compras agresivas de activos. Sin embargo, su marco político ha cambiado hacia uno que se basa en…El gobernador Kazuo Ueda ha indicado que el banco está dispuesto a aumentar las tasas de interés si la evolución económica y los precios se ajustan a las proyecciones. Sin embargo, los mercados no tienen una dirección clara en el futuro. Esta ambigüedad es una característica principal del régimen actual. El BOJ no gestiona activamente las tasas de interés, lo que crea un vacío en el que las fuerzas del mercado, impulsadas por los riesgos fiscales, determinan las condiciones del mercado.La tensión en este contexto es de carácter estructural. El catalizador político está fomentando una mayor expansión fiscal para estimular el crecimiento económico, mientras que el punto de referencia monetario se aleja cada vez más. Los resultados de las próximas elecciones determinarán el mandato del gobierno. Pero la actitud pasiva del Banco de Japón significa que no estará presente para ayudar a estabilizar los riesgos del mercado. El resultado es una situación en la que la estabilidad política podría impulsar un aumento en los precios de las acciones, pero el nuevo régimen de rendimientos más altos del mercado de bonos será una característica permanente que pondrá a prueba la sostenibilidad de cualquier nueva compromiso fiscal.
El camino que tendrá que seguir los mercados financieros japoneses depende de un único acontecimiento político de gran importancia y del cumplimiento por parte del gobierno de sus compromisos fiscales. Esta situación genera riesgos asimétricos: una posible recuperación en los precios de las acciones se contrarresta con una presión estructural constante sobre los rendimientos de los bonos. El punto clave es claro: el resultado de las elecciones del 8 de febrero y el plan fiscal formal del gobierno serán los factores determinantes para las próximas acciones en el mercado de bonos.
El escenario base se refiere a una situación en la que el riesgo es limitado. En este caso, se asume que la coalición gobernante implementará una reducción fiscal a corto plazo, específicamente…
Financiado con las reservas fiscales existentes o con ajustes menores, sin que esto genere nuevos déficits de gran escala. En este escenario, el reajuste de los precios en el mercado es completo. Los rendimientos se estabilizan cerca de los niveles actuales; las obligaciones a 10 años se mantienen en un rango de alrededor del 2.2%. El BOJ permanece al margen de esta situación.La política se mantiene sin cambios. Esto representaría una maniobra política exitosa para abordar los costos de los hogares, sin que ello implique un cambio fundamental en la trayectoria del endeudamiento. De esta manera, el nuevo régimen de rendimientos podría implementarse sin problemas.Sin embargo, el caso riesgoso es aquel en el que se pueda provocar un cambio drástico en los precios de los activos. Esto ocurriría si la coalición, al contar con un mandato más fuerte, anunciara una mayor reducción de impuestos o un nuevo programa de gastos financiado con deuda. Esto desafiaría directamente el nuevo equilibrio del mercado. En ese caso, el BOJ se vería obligado a elegir entre permitir que el yen se debilitara aún más, arriesgándose a una situación desordenada en el mercado monetario, o acelerar su ciclo de endurecimiento de las condiciones financieras para defender el yen. La segunda opción causaría un aumento en los rendimientos de los bonos. El rendimiento a 10 años podría ascender hasta el 2.5% o incluso más, ya que el mercado exige una compensación adecuada por el aumento del riesgo fiscal. Este escenario es lo contrario al escenario base, donde la estabilidad política fomenta la expansión fiscal, algo que el mercado no puede ignorar.
El punto de referencia principal es las elecciones del 8 de febrero. La posición actual de la coalición, con pocas bancas menos que la mayoría necesaria, hace que una elección urgente sea la opción más probable para asegurar un mandato estable. Una victoria decisiva proporcionaría un respaldo político para medidas expansionistas, mientras que un resultado débil podría retrasar el progreso de los planes políticos. La reacción del mercado ante el resultado de las elecciones será inmediata y decisiva. El anuncio formal del plan fiscal, incluyendo su escala, mecanismo de financiación y duración, será el siguiente catalizador. Hasta entonces, el nuevo régimen de rendimientos más altos en el mercado de bonos será el telón de fondo permanente. La tesis de inversión ahora depende de si el catalizador político llevará a un ajuste fiscal limitado o a uno más amplio y disruptivo.
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