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La idea de que en enero se produce un aumento en los precios de las acciones es una creencia arraigada en el mundo de las inversiones. El llamado “efecto de enero” sugiere que las acciones, especialmente las más pequeñas, tienden a tener mejor rendimiento durante el primer mes del año. Una explicación histórica es que los inversores venden sus posiciones que han perdido dinero para obtener beneficios fiscales, y luego compran nuevas acciones en enero para reorganizar sus carteras de inversiones. Otra teoría es la de “revestimiento de acciones”, donde los gestores de fondos compran de nuevo aquellas acciones que no han tenido buen rendimiento, con el objetivo de mejorar sus informes financieros al final del año. También se cita el uso del capital por parte de los inversores después las vacaciones, así como la liquidez estacional.
Sin embargo, la base estadística que respeta esta peculiaridad estacional es débil y ha ido disminuyendo con el paso del tiempo. Entre los años 1928 y 2000, la rentabilidad promedio del mercado de valores en enero fue bastante buena.
Pero ese patrón ha cambiado en la era moderna. De 2000 a 2023, el rendimiento promedio de enero fue en realidad negativo, del 0.3 por ciento. Lo que es más significativo es el hecho de que enero siempre ha sido el mes con los mejores resultados del año. En cuanto a las acciones de gran capitalización, enero siempre ha sido el mes en el que se registran los mejores resultados.En el caso de las letras pequeñas, la frecuencia es aún menor. En los últimos 47 años, la letra “January” solo ha aparecido 8 veces en primer lugar. Estos números sugieren que este efecto es más una creencia popular que una regla confiable.El “barómetro de enero”, que sostiene que un aumento en enero predice un rendimiento positivo durante todo el año, también presenta un defecto similar. Aunque en la historia ha sido correcto en aproximadamente el 78% de los casos, esa capacidad predictiva está exagerada. La razón es simple: el mercado bursátil siempre ha tenido un comportamiento positivo en aproximadamente el 67% de los años. En otras palabras, la predicción del barómetro no es más precisa que el resultado de un lanzamiento de moneda al azar. Su precisión histórica es, en gran medida, un artefacto estadístico, ya que refleja simplemente la tendencia general del mercado a subir, y no una predicción significativa.

En resumen, estos patrones estacionales ya están en gran medida incorporados en el mercado, o bien se han desvanecido por completo. El impulso actual del mercado está determinado por factores fundamentales como los datos económicos, los resultados financieros de las empresas y la política monetaria, no por el calendario. Los inversores deben ser cautelosos al tomar decisiones basadas en estos patrones estacionales. Como demuestran los datos, el “efecto de enero” es una anomalía estadística que ha disminuido considerablemente; además, la capacidad predictiva del “barómetro de enero” es débil. Las condiciones para el año 2026 no se pueden predecir a partir de los rendimientos del primer mes.
El comienzo del mercado en el año 2026 está impulsado por factores tangibles y fundamentales, y no por factores estacionales o culturales. La situación actual es la de un reencauzamiento activo de capitales desde áreas menos rentables hacia activos de alto riesgo. Todo esto se ve respaldado por una base de ganancias sólida y un cambio claro en la postura institucional.
La escala de esta asignación de capital es impresionante. Los niveles de efectivo en el mercado monetario están alcanzando un nivel récord.
El tradicional flujo de contribuciones al plan 401(k) en enero, además de los bonos de fin de año y otros beneficios relacionados con este plan, está generando una cantidad enorme de dinero disponible para inversiones. Esto no es algo temporal; se trata de un flujo estructural de nuevos recursos que buscan obtener rendimiento, dado que las tasas de interés a corto plazo han disminuido. La dinámica del mercado está impulsada por este nuevo capital, el cual, históricamente, ha contribuido a resultados favorables en enero, tanto en los principales índices bursátiles como en otros mercados relacionados.Lo que sustenta este movimiento de capital es un contexto fundamental sólido. El S&P 500 comienza esta temporada con diez trimestres consecutivos de crecimiento positivo en las ganancias año tras año. Este ciclo de crecimiento, que comenzó como una tendencia impulsada por la tecnología de IA, ahora se está extendiendo a más sectores, lo cual proporciona una razón concreta para la resiliencia del mercado. Se trata de un impulso sostenido en las ganancias que puede apoyar un entorno de riesgo elevado, y así, la narrativa del mercado pasa de ser pura especulación a algo más realista.
La actividad institucional confirma este cambio en las preferencias de los inversores. Los flujos de opciones se dirigen hacia la compra, y la demanda se concentra en sectores específicos como la energía y los bienes raíces. Esto indica que se trata de una asignación estratégica, no una reacción espontánea de parte del mercado. La participación de los minoristas también es un componente importante; los operadores minoristas representan el 60% del volumen de clientes de OCC. Esta combinación de posicionamiento institucional y flujo de mercado minorista crea una estructura de soporte multifacético para los activos de riesgo.
En resumen, el impulso actual se basa en estos factores reales y fundamentales. El indicador de enero puede ofrecer una correlación histórica, pero el camino que sigue el mercado está determinado por la disposición del capital, el crecimiento de las ganancias y la opinión general de los inversores. Para los inversores, la tarea es distinguir este señal de los ruidos estacionales, y prestar atención a si estos flujos son sostenibles o si ya han reflejado las buenas noticias en los precios de las acciones.
El actual impulso del mercado se basa en la disposición de capital y el crecimiento de las ganancias. Pero la situación actual de las valoraciones presenta una clara asimetría. Las acciones mundiales se negocian a nuevos máximos históricos, un nivel que, por naturaleza, refleja un estado de perfección. Esto crea una situación en la que la opinión generalizada sobre una continuación de la fortaleza del mercado ya está establecida, dejando poco espacio para errores. Por lo tanto, la narrativa alcista de enero puede considerarse como algo poco relevante.
Esto es especialmente cierto en lo que respecta al barómetro de enero. Aunque un comienzo positivo ha estado relacionado históricamente con un año completo exitoso, es probable que ese poder predictivo ya haya sido tenido en cuenta en los precios actuales. La trayectoria futura del mercado está determinada por factores tangibles y fundamentales, y no por señales calendarísticas. En otras palabras, la precisión histórica del barómetro es simplemente un resultado estadístico de la tendencia general del mercado hacia el aumento de sus precios, y no un nuevo factor que pueda influir en los precios. Para los inversores, la pregunta ya no es si enero marcará el tono del mercado, sino si los precios actuales ya reflejan ese tono.
El riesgo principal es que se produzca un cambio en las corrientes estacionales que han impulsado este proceso. Si los datos económicos o los cambios en la política monetaria causan un aumento de las rentabilidades, el montante de 7,6 billones de dólares en efectivo del mercado monetario podría cambiar rápidamente de dirección, lo que haría que el capital se retirara del mercado. Más allá de esto, la tendencia de resultados positivos durante diez trimestres constituye un fuerte soporte para el precio actual. Pero este soporte no es infinito. Cualquier señal de que este ciclo de ganancias esté fallando podría cuestionar directamente la lógica detrás de los precios actuales.
Esto crea la posibilidad de una corrección drástica, especialmente si la anomalía estacional se rompe. Una transición de las acciones pequeñas a las grandes podría ser un escenario probable en tal caso. Las acciones pequeñas, que a menudo se benefician del “viento favorable” del barómetro de enero y de los flujos generados por el sector minorista, podrían ver su dinamismo disminuir. Por otro lado, la resiliencia del mercado general frente a los resultados financieros de las grandes empresas podría servir como un punto de apoyo relativo. La asimetría aquí es clara: el riesgo de retroceso o decepción en los resultados financieros parece más grave que las posibilidades de ganancia que se derivan de la confirmación de un resultado positivo en enero.
En resumen, la apuesta por una continuación del impulso actual es algo muy arriesgado. Dado que las valoraciones son elevadas y la opinión general sigue siendo positiva, el mercado tiene poco margen para cometer errores. Los inversores deberían concentrarse en la durabilidad del crecimiento de los ingresos y en la sostenibilidad de la disposición de los capitales, en lugar de prestar atención a los patrones estacionales que ya están reflejados en los precios.
La verdadera prueba para el impulso del mercado ahora va más allá de las especulaciones basadas en calendarios. Los inversores deben monitorear eventos y indicadores específicos que puedan confirmar o cuestionar la teoría actual sobre la disposición de capital y el apoyo a los ingresos. El indicador de enero no es más que un dato histórico; lo importante son los factores reales que pueden influir en el mercado.
En primer lugar, hay que observar el flujo de capital en sí. La información registrada…
El combustible para el desarrollo de la actividad económica es el dinero en efectivo, pero su sostenibilidad es crucial. Los datos de los primeros años sobre la participación del sector minorista, que representa el 60% del volumen total de clientes de OCC, nos ayudarán a determinar si esta tendencia es amplia y duradera. Una disminución sostenida en la confianza de los minoristas, o un cambio en la posición de las instituciones financieras, indicaría que el flujo de nuevos recursos está disminuyendo, lo cual eliminaría uno de los pilares fundamentales de apoyo para el desarrollo económico.En segundo lugar, es importante observar si hay una rotación en el liderazgo del mercado. El aumento del 17% del índice S&P 500 en 2025 fue significativamente mayor que la tasa de rendimiento del índice Russell 2000, que fue del 12%. Esta diferencia entre ambos índices es un fenómeno notable. Cualquier ampliación de esta brecha, o cualquier cambio repentino en la situación, donde las pequeñas empresas comiencen a superar las expectativas, podría indicar un cambio en la dinámica interna del mercado. Esto podría significar que el mercado está pasando de la concentración en las grandes empresas a un modelo más diversificado, lo que pondría a prueba la solidez de los fundamentos del mercado.
Sin embargo, el catalizador más importante es la continuación del impulso positivo en los resultados financieros de las empresas. El índice S&P 500 comienza esta temporada con diez trimestres consecutivos de crecimiento positivo en los resultados año tras año. Este ciclo de crecimiento positivo, que se ha extendido más allá de las empresas tecnológicas de alto rendimiento, constituye la base fundamental de la situación actual del mercado. Cualquier desaceleración en el crecimiento de los resultados financieros, especialmente si esta se produce de forma generalizada en lugar de ser algo aislado, pondría en tela de juicio la lógica detrás de las altas valoraciones del mercado. La próxima temporada de reportes financieros, en la cual el 45% de las empresas del S&P 500 presentará sus informes para finales de enero, representa la primera gran prueba para el mercado.
El calendario macroeconómico activo de enero representa una presión adicional sobre el mercado. Eventos como el informe sobre los empleos no agrícolas y las decisiones de tipo de interés del FOMC pueden cambiar rápidamente la situación del mercado para los activos de riesgo. Si estos datos indican que la economía está mejorando o que la Fed es más restrictiva, eso podría reactivar los flujos de capital que han impulsado el comienzo del año. Por el contrario, datos negativos podrían acelerar una reacción negativa en el mercado. En resumen, el rumbo del mercado está determinado por estas dinámicas reales, no por las ganancias o pérdidas del primer mes del año.
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