La guerra en Irán impulsa el ciclo de las mercancías. Los precios de la energía están cerca del umbral de los 150 dólares, a medida que aumentan las preocupaciones relacionadas con el crecimiento económico.
La reacción del mercado ante el conflicto con Irán ha provocado un aumento en la volatilidad de las diferentes clases de activos. El Índice de Volatilidad Monetaria de Deutsche Bank alcanzó su nivel más alto en ocho meses la semana pasada. Este dato refleja directamente la incertidumbre que enfrentan los operadores financieros relacionados con las divisas. Este aumento en la volatilidad no es algo aislado. La moneda japonesa cayó al nivel más bajo desde julio de 2024, mientras que el euro descendió a su nivel más bajo en varios meses. Todo esto se debe al impacto del conflicto en los mercados energéticos y a los cambios en las expectativas de crecimiento económico.
El vínculo entre los precios de las materias primas es inmediato y significativo. Los precios de la energía han aumentado significativamente: el precio del petróleo ha subido un 25%, mientras que el precio del gas ha aumentado un 26%, en comparación con los valores previos al conflicto. No se trata simplemente de un cambio en los precios; se trata de una reevaluación fundamental del riesgo. A medida que el Estrecho de Ormuz quedó cerrado, el costo de transportar bienes y energía aumentó enormemente, lo cual afectó directamente a las economías importadoras. Esta situación está impulsando los movimientos en los tipos de cambio, ya que los países que dependen del petróleo enfrentan un mayor ralentismo en su crecimiento económico y una mayor inflación.
La volatilidad no se limita únicamente a las monedas. También se ha extendido a otros activos considerados seguros. El índice de volatilidad bursátil VIX llegó a niveles sin precedentes desde abril. En cuanto a la volatilidad del mercado de bonos, medida por el índice ICE BofA MOVE, este aumentó hasta un nivel récord en nueve meses. Esta tendencia hacia la búsqueda de seguridad refleja una reevaluación generalizada del riesgo en el mercado. El conflicto con Irán se ha convertido en la principal causa de incertidumbre en el mercado.
Visto a través de un objetivo macroscópico, este “punto” representa un síntoma de una perturbación más amplia en el ciclo de los precios de los productos básicos. Los altos precios de la energía contribuyen a la inflación, lo cual a su vez ejerce presión sobre las políticas monetarias de los bancos centrales. El Deutsche Bank espera que el Banco de Inglaterra mantenga las tasas de interés estables, en contra de la recomendación anterior de reducirlas en marzo. La banca estima que estos shocks energéticos podrían reducir el crecimiento del PIB del Reino Unido en 0.25 puntos porcentuales este año. Esto plantea un dilema difícil: la alta inflación y los obstáculos para el crecimiento podrían obligar a los bancos centrales a mantener políticas restrictivas durante más tiempo, lo cual apoyaría al dólar y a las tasas de rentabilidad reales. Sin embargo, la volatilidad y los daños económicos causados por el conflicto podrían eventualmente socavar la fortaleza del dólar. Cuanto más dure el conflicto, más arraigado se vuelve este contexto macroeconómico volátil, lo que definirá los rangos de precios a largo plazo de los productos básicos y las divisas.
Respuestas del mercado de bienes: Reacciones divergentes ante el shock
El shock inicial causado por el conflicto con Irán está afectando los mercados de materias primas. Sin embargo, los efectos no son uniformes. Los diferentes sectores reaccionan de manera diferente, según su exposición específica al riesgo de suministro, a la inflación y al crecimiento económico. Los precios de la energía se ven afectados de manera más directa y grave. En cambio, los metales preciosos e industriales enfrentan un entorno más complejo, con dos tipos de presiones en simultáneo.
La energía es el punto central de la volatilidad en los mercados. Con el estrecho de Ormuz en riesgo de cerrarse, el mercado prevé una grave interrupción en el suministro de petróleo. Esto ha llevado los precios del petróleo a niveles que podrían provocar un importante shock inflacionario. Un economista del Instituto Leibniz de Investigación Económica ha advertido que, si el conflicto continúa, la inflación en Alemania podría aumentar temporalmente.6%Ese escenario depende de que el conflicto dure más de cuatro semanas y que esto pueda provocar una verdadera escasez de suministros. Esto podría llevar los precios del petróleo a los 150 dólares por barril. No se trata simplemente de una crisis de suministro; se trata de un cambio fundamental en la estructura de costos energéticos mundiales. Esto, a su vez, contribuirá a aumentar las presiones inflacionarias, algo que ya está afectando las políticas monetarias de los bancos centrales.
Los metales preciosos, en particular el oro, están experimentando un aumento en su valor como reserva de valor. La turbulencia del mercado general, con la volatilidad de las divisas y los bonos alcanzando niveles sin precedentes durante varios meses, está impulsando la demanda de valores que sirvan como reserva de dinero. Sin embargo, la tendencia a largo plazo del oro estará determinada por las mismas fuerzas macroeconómicas que están afectando al sector energético: las tasas de interés reales y el dólar estadounidense. Si el conflicto provoca una inflación sostenida, esto podría presionar a los bancos centrales para que mantengan políticas monetarias restrictivas, lo cual beneficiaría a las tasas de interés reales y al dólar. Esto sería un obstáculo para el oro, ya que este no paga intereses. Por lo tanto, el camino del oro será un enfrentamiento entre los flujos de inversión a corto plazo y las dinámicas de política monetaria a largo plazo.
Los metales industriales enfrentan una doble presión que podría cambiar rápidamente la situación del mercado: de un aumento en el precio de los productos, impulsado por la oferta, a una caída en el precio, debido a la demanda reducida. Por un lado, están expuestos a mayores costos energéticos para su producción, lo cual afectará negativamente sus márgenes de beneficio. Por otro lado, el principal riesgo es el impacto en el crecimiento económico mundial. La advertencia del economista sobre una recesión en Alemania si la guerra continúa es un ejemplo claro de cómo los shocks energéticos pueden dañar a las economías importadoras. Si el conflicto se prolonga, existe el riesgo de una desaceleración generalizada en Europa y Asia, lo cual afectaría significativamente la demanda de cobre, aluminio y otros metales básicos. El mercado estará atento a signos de que el daño causado por el conflicto se vaya consolidando, lo cual podría cambiar fundamentalmente las perspectivas de estas materias primas.
En resumen, el ciclo de los precios de las materias primas está siendo alterado por este choque geopolítico. La energía se encuentra en una fase de inflación impulsada por la oferta; el oro, por su parte, se encuentra en una situación de volatilidad, lo que lo hace un activo seguro para los inversores. Los metales industriales, por su parte, enfrentan la posibilidad de un cambio en la dirección del mercado, pasando de una perspectiva basada en la oferta a una basada en la demanda. La duración del conflicto será el factor clave que determinará qué de estas situaciones prevalecerá en los próximos meses.
Macro ciclos en riesgo: las tasas de interés reales, el dólar y el crecimiento
El conflicto con Irán se ha convertido ahora en un factor clave en el ciclo macroeconómico mundial. La duración de este conflicto influye directamente en la trayectoria de los principales factores que determinan los precios de los productos básicos. El escenario depende de si se logra una resolución rápida o si se prolonga la guerra. Esta diferencia determina si las presiones inflacionarias obligarán a los bancos centrales a mantener o aumentar las tasas de interés, lo que limitará las altas en los precios de los productos básicos. O bien, ¿será el daño económico causado por el ralentizaje del crecimiento el factor dominante?
Un conflicto prolongado representa un severo impacto inflacionario, especialmente para las economías que dependen de las importaciones. El economista del Instituto Leibniz de Investigación Económica ha advertido que, si la guerra se prolonga por más de cuatro semanas,La inflación en Alemania podría aumentar temporalmente al 6%.Esto eliminaría el escaso crecimiento del 0,2% que ha tenido la economía desde 2025, y lo llevaría a otro año de recesión. El mecanismo es claro: los altos precios de la energía, junto con la posibilidad de que los precios del petróleo alcancen los 150 dólares por barril en caso de escases reales, aumentan directamente los costos para los consumidores. Este escenario obliga a un cambio en las políticas económicas. El Deutsche Bank espera ahora que el Banco de Inglaterra…Se mantienen las tasas de interés sin cambios, en el nivel del 3.75%.Se invierte así la decisión tomada anteriormente de reducir los gastos en marzo. El banco señala “riesgos serios relacionados con la inflación” debido al conflicto. Se estima que este impacto podría reducir el crecimiento del PIB del Reino Unido en 0.25 puntos porcentuales este año. En este escenario de alta inflación y daño al crecimiento económico, es probable que los bancos centrales mantengan políticas restrictivas, apoyando así los tipos de interés reales y el dólar estadounidense. Para los productos básicos, esto representa un gran obstáculo, ya que podría limitar las subidas de precios, incluso cuando las interrupciones en el suministro aumenten los precios inicialmente.
El mercado ya tiene en cuenta este riesgo. El conflicto ha contribuido a ello.Disminución de más de 1,000 puntos en el Dow Jones.Desde que comenzaron los ataques aéreos, se ha observado una marcada disminución en el apetito de riesgo de los inversores. Esto es una señal clara de que los inversores consideran que existe un potencial para un ralentizaje del crecimiento económico mundial. En resumen, se trata de un compromiso difícil: un conflicto prolongado genera inflación y presiona a los bancos centrales para que mantengan bajas las tasas de interés. Esto, a su vez, favorece al dólar y a las tasas de rentabilidad reales. Pero, al mismo tiempo, esto daña el crecimiento económico, lo cual a su vez reduce la demanda de productos industriales. Cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será la probabilidad de que se produzca un ciclo autoperpetuante de inflación y estancamiento económico.
Por el contrario, una resolución rápida permitiría que los precios de la energía disminuyeran y que los temores inflacionarios disminuyeran también. Esto probablemente restauraría la tendencia anterior de los bancos centrales a reducir las tasas de interés, como se observó en las previsiones revisadas del Deutsche Bank sobre dos recortes este año, ahora esperados para junio y noviembre. El reciente aumento en el mercado, después de los comentarios que sugieren un final rápido del conflicto, demuestra esta sensibilidad del mercado. En cuanto a los ciclos de los commodities, una resolución del conflicto eliminaría el impacto inmediato en la oferta y en la inflación, permitiendo así que la atención se centre nuevamente en las tendencias de crecimiento subyacentes y en los ciclos de inventario. Lo importante es que el contexto macroeconómico de los commodities ahora está dividido por la cronología del conflicto. La próxima fase del ciclo, ya sea definida por la inflación impulsada por la oferta o por la debilidad impulsada por la demanda, depende completamente de cuán rápido se alivien las tensiones geopolíticas.
Escenarios e implicaciones en torno al rango de precios
El conflicto con Irán ha alterado el ciclo de los precios de las materias primas. Pero la dirección de ese cambio depende completamente de cuál sea el cronograma para resolver la situación. Ahora, el mercado está considerando dos escenarios distintos, cada uno con implicaciones claras y diferentes para las cotizaciones a largo plazo.
El primer escenario, y el más favorable, es que la guerra termine pronto. Si el conflicto se resuelve para finales de mes, como sugiere un economista, entonces el impacto inflacionario se podría controlar. En ese caso, la inflación en Alemania aumentaría.3% en el verano.Con una tasa promedio anual del 2.6%, esto permitiría a los bancos centrales continuar con sus ciclos de relajación monetaria. Esto se refleja en las previsiones revisadas del Deutsche Bank, que indican dos más recortes este año. En cuanto a los productos básicos, este escenario implica un regreso a un contexto macroeconómico más normal. La volatilidad probablemente disminuirá, y el dólar estadounidense podría debilitarse, ya que la demanda por activos seguros disminuye. Este entorno limitaría las subidas de precios de los productos básicos, a medida que desaparezca el temor a la inflación causado por la oferta insuficiente, y cuando vuelva el apoyo político.
La alternativa, y más perjudicial, es un conflicto prolongado. Si la guerra se prolonga por más de cuatro semanas, los riesgos se multiplican. El economista advierte que la inflación en Alemania podría aumentar temporalmente al 6%, lo cual haría que el crecimiento económico disminuyera y llevaría a una recesión. El mecanismo es simple: precios elevados de la energía, con la posibilidad de que el precio del petróleo llegue a los 150 dólares por barril si surgen escasez reales de este recurso. Esto obligaría a los bancos centrales a mantener o incluso subir las tasas de interés, lo que a su vez impulsaría los costos de consumo. Para los productos básicos, esto representa un gran obstáculo que podría frenar cualquier tipo de recuperación económica. Sin embargo, los altos precios mismos establecerían un nuevo nivel de precios para la energía y los materiales relacionados. La clave radica en equilibrar entre una fase inflacionaria causada por la oferta y una fase de desaceleración económica causada por la demanda. Cuanto más dure el conflicto, mayor será la probabilidad de que ocurra esta última situación, lo que cambiará fundamentalmente las perspectivas de los metales industriales.
En resumen, la resolución del conflicto es el factor más importante que influye en el ciclo de precios de los productos básicos. Mientras esa resolución no esté clara, el mercado seguirá con precios inciertos. Los aumentos en los riesgos geopolíticos mantendrán la volatilidad, lo que determinará el rango de precios de los productos básicos. Lo importante es estar atentos a las señales sobre la duración del conflicto. Si se resuelve rápidamente, el ciclo podría revertirse hacia una situación de estabilidad y menor inflación, lo que limitaría las ganancias de precios. Por otro lado, si el conflicto continúa durante mucho tiempo, se creará un entorno volátil y con alta inflación, lo que impulsará los precios de los productos básicos, pero al costo del crecimiento económico mundial.

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