El golpe petrolero en Irán rompe las estrategias de cobertura financiera. Ahora, adoptar una posición defensiva es más ventajoso que utilizar derivados, ya que el mercado busca seguridad.
El mercado ha entrado en una nueva fase. Después de semanas de cambios constantes en las noticias geopolíticas, el impacto financiero del conflicto con Irán se ha vuelto algo permanente, en lugar de algo temporal. Este cambio ha rompido con los métodos tradicionales de gestión de riesgos. El Índice Industrial Dow Jones ha entrado en una fase de corrección.El 10% de su valor desde que alcanzó un máximo de más de 50,000 puntos en febrero.El índice S&P 500 también ha seguido esta tendencia, marcando sus progresos en este sentido.El período más largo de descenso del nivel del agua desde el año 2022.Se trata de cinco pérdidas semanales consecutivas. Para los inversores, esto no es simplemente una corrección del mercado; se trata de una reevaluación fundamental.
La tesis central es que el portafolio diversificado clásico, que siempre se ha considerado una forma de protección contra la volatilidad, ahora experimenta uno de los mayores declives mensuales desde 2022. Este fracaso de las estrategias tradicionales de protección es una señal clara de que algo está mal. En un mercado típico, los bonos y el oro sirven como respaldo cuando las acciones caen. Pero aquí, los dos factores que causan problemas son: los precios del petróleo, que aumentan constantemente, y el aumento de los rendimientos de los bonos del gobierno. Estos factores crean una situación en la que hay un aumento de riesgos tanto en las acciones como en los bonos. Cuando los temores relacionados con la guerra aumentan, los precios del petróleo suben, las acciones bajan y los rendimientos de los bonos aumentan, como señaló Nigel Green. Esta dinámica ejerce presión simultáneamente tanto en las acciones como en los bonos.
La prueba de esto se encuentra en el caso del “test de previsión perfecta”. Un inversor que haya realizado coberturas el 27 de febrero, anticipando esa volatilidad exacta, hoy estaría sufriendo pérdidas en todas las tres formas tradicionales de cobertura: bonos, oro y opciones. La nueva realidad del mercado es la preservación del capital, no la cobertura. Como observó el estratega Wee Khoon Chong…Los valores que han tenido un desempeño positivo recientemente son cada vez más vulnerables a las operaciones de toma de ganancias.Con los precios del petróleo en su nivel más alto desde el inicio de la guerra, y con las rentabilidades de las inversiones en derivados también aumentando, parece que ya se han agotado las herramientas para proteger las carteras de inversión. Ahora, lo más adecuado es adoptar una estrategia defensiva, en lugar de utilizar derivados complejos.
El Golpe del Petróleo: Un paralelo moderno a los shocks energéticos del pasado
El conflicto es ahora el principal factor que impulsa los mercados financieros. Su impacto se hace más evidente en el sector energético. Los precios del petróleo han alcanzado su nivel más alto desde el inicio de la guerra.El precio del crudo de Brent aumentó un 4.22%, hasta los 112.57 dólares por barril.Este aumento en los precios es el resultado directo del estancamiento diplomático. El Irán rechazó oficialmente las condiciones propuestas por Estados Unidos y detuvo las negociaciones. Esto hace que las perspectivas inmediatas para el mercado petrolero sean difíciles de predecir. La clave para determinar los precios esta semana es la posibilidad de una interrupción prolongada en el suministro mundial de petróleo. La clausura del Estrecho de Ormuz es un factor importante que puede influir en los precios.
Este impacto energético ya está afectando la economía real. El aumento en los precios del petróleo se traduce directamente en sufrimiento para los consumidores.La percepción de los consumidores ha disminuido casi un 6 por ciento, alcanzando su nivel más bajo desde diciembre.El índice de la Universidad de Michigan muestra una marcada reversión con respecto al optimismo anterior. Los estadounidenses sienten la presión debido a los altos costos de combustible y de las hipotecas. Este es el mecanismo clásico que ocurre cuando se produce un choque en el sector petrolero: los altos costos energéticos erosionan el poder adquisitivo de las familias y disminuye la confianza económica.
La respuesta política será la prueba definitiva. Parece que la Reserva Federal está dispuesta a adoptar una postura de “observación”, como señalan los analistas de TD Securities. La banca central espera que la Fed mantenga una actitud de “espera y veamos qué pasa”. Además, se cree que los líderes de la Fed todavía prefieren esperar hasta finales de 2026 para tomar decisiones sobre las tasas de interés.Siempre y cuando las expectativas de inflación a largo plazo se mantengan estables.Esto refleja el enfoque utilizado por la Fed durante los últimos shocks energéticos, como el aumento de precios en 2008. En esos casos, el banco central se centró en la inflación básica y evitó reaccionar de manera excesiva a los picos temporales en los precios.
Sin embargo, la situación actual presenta una diferencia importante. En 2008, el shock del petróleo coincidió con una crisis financiera mundial, lo que generó una compleja situación entre la inflación y la recesión económica. Hoy en día, ese shock ocurre en un contexto en el que los rendimientos de los bonos del Tesoro ya son elevados, además de un mercado que se está recuperando. La capacidad del Fed para superar este shock dependerá completamente de si puede contener los efectos secundarios. Si los precios más altos del petróleo comienzan a influir significativamente en las expectativas de inflación a largo plazo, la paciencia del Fed podría agotarse rápidamente. Por ahora, el mercado asume que habrá un período de aumento de los costos energéticos. Pero la respuesta política determinará si este shock se convertirá en algo temporal o en una realidad persistente.
Espacio de políticas: Una comparación histórica de los límites de respuesta
El “manual histórico” para gestionar los choques geopolíticos no ofrece mucha tranquilidad hoy en día. La diferencia principal con episodios anteriores es que el daño económico causado por este conflicto ya es significativo, lo que reduce considerablemente las posibilidades de respuestas políticas adecuadas. En 2008, el choque petrolero llegó junto con una crisis financiera cada vez más profunda, lo que obligó a tomar decisiones complejas. Hoy en día, ese choque está afectando a un mercado que ya se encuentra en proceso de corrección.Todos los principales índices bursátiles de Estados Unidos ahora se encuentran en “territorio de corrección”.Esta doble presión sobre los precios de los activos y los datos económicos restringe las opciones de política monetaria. Los bancos centrales ya enfrentan una tendencia hacia medidas más restrictivas, con los mercados anticipando aumentos de las tasas de interés por parte del BCE y el Banco de Inglaterra. Incluso la Fed también está bajo presión, ya que debe lidiar con los efectos inflacionarios de la guerra. La capacidad de la Fed para superar este shock depende ahora de su limitado margen de maniobra.
La reacción del mercado ante las señales de reducción de la tensión subraya aún más esta situación difícil. En contraste con el alivio inicial que se observó durante la guerra en Libia en 2011, cuando el alto el fuego trajo tranquilidad inmediata, la situación actual es completamente diferente. La semana pasada, la extensión por parte del presidente Trump del plazo para que Irán reabriera el Estrecho de Ormuz no logró calmar los nervios de los inversores, y los precios del petróleo aumentaron. Esto demuestra que las señales diplomáticas ya no tienen efecto alguno; el mercado ya no reacciona a promesas de soluciones, sino a la realidad de una perturbación prolongada. Las “ansias” de inquietud ahora incluyen un tipo de cambio de 160 yenes por dólar, así como un rendimiento del 5% sobre la deuda del Reino Unido. Esto indica que la estabilidad financiera misma está bajo presión. Las opciones políticas se están probando no por una amenaza futura, sino por una situación actual de estrés grave.
Por último, la robustez de las cadenas de suministro alternativas es un factor crucial. Sin embargo, hay pocas pruebas que demuestren su eficacia. En 2019, cuando las instalaciones petroleras saudíes fueron atacadas, el suministro se reorientó rápidamente y el mercado se estabilizó. Hoy en día, la situación es diferente. La guerra…Prácticamente se han detenido los envíos a través del Estrecho de Ormoz.Se trata de un punto de estrangulamiento para una quinta parte del petróleo crudo mundial. Aunque algunos petroleros ahora realizan este trayecto como una muestra de buena voluntad, la magnitud del problema es muy grave: se pierden 11 millones de barriles diarios de suministro. La curva futura del mercado todavía supone que el problema se resolverá rápidamente, pero la realidad logística de redirigir tales cantidades masivas de producto es incierta. Esto crea un vacío peligroso entre las expectativas del mercado y los obstáculos logísticos que surgen en caso de un shock en el suministro real.

Catalizadores y puntos de control: ¿Qué podría romper este estancamiento?
El estancamiento actual en el mercado depende de unos pocos acontecimientos concretos. El primero de ellos es un cambio en la posición de Irán respecto a la propuesta de 15 puntos presentada por Estados Unidos. Las señales actuales son contradictorias y carecen de fundamento real. Mientras que el presidente Trump afirma que las negociaciones van “muy bien”, los funcionarios iraníes…Rechazaron la propuesta de cesación del fuego hecha por Estados Unidos.Se dijo que las negociaciones indirectas a través de mediadores no constituyen “negociaciones con los Estados Unidos”. Este tipo de situación diplomática representa una señal de precio directa: el mercado asume que habrá una interrupción prolongada en las relaciones entre los dos países. La vía para reducir la tensión sigue siendo poco clara.
El segundo punto de referencia es la trayectoria de los precios del petróleo. Un aumento sostenido por encima de los 110 dólares por barril constituye un umbral importante. El aumento registrado el viernes, provocado por la extensión del plazo establecido por Trump, también fue un factor importante en este proceso.El precio del ICE Brent supera nuevamente los 110 dólares por barril.Este nivel obliga a reevaluar las expectativas de inflación. La postura de la Fed depende de cómo se establecen estas expectativas. Si los precios se mantienen o aumentan aún más, eso pondrá a prueba la paciencia del banco central y podría provocar un cambio en la política monetaria hacia una posición más restrictiva, incluso si el impacto es temporal.
El riesgo más importante es que el impacto económico del conflicto se vuelva permanente. La curva de precios en el mercado todavía presume una resolución rápida del conflicto, pero la realidad es que se producirá una interrupción masiva en el suministro de petróleo. La clausura del Estrecho de Ormuz ha reducido la cantidad de petróleo disponible en 11 millones de barriles al día, una cifra mucho mayor que las ocasionadas por otros incidentes anteriores. Si esta interrupción persiste, se generará un período prolongado de presión estagflacionaria: costos energéticos más altos y, por lo tanto, un deterioro en el crecimiento económico. Se trataría de una nueva presión económica que ninguna política podría revertir fácilmente. Los bancos centrales estarían atrapados entre la necesidad de luchar contra la inflación y la tarea de mantener a la economía en funcionamiento. Los indicadores son claros: un cambio en la posición de Irán, un precio del petróleo por encima de los 110 dólares, y la durabilidad de este shock en el suministro. Cualquiera de estos factores podría romper el actual estancamiento.



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