El jefe del ejército de Irán emite una advertencia de “respuesta contundente” desde un importante nodo de comando. Pero el verdadero poder pertenece al IRGC.
La sede operativa es un nodo crucial en la estructura de mando militar de Irán. Funciona como el cuartel general central del ejército regular. Su importancia se hizo evidente el mes pasado, cuando el general Amir Hatami, el nuevo jefe del ejército, emitió una declaración contundente desde ese cargo. En una ceremonia naval en el sur de Irán, Hatami afirmó que Irán y sus vecinos regionales son los “guardianes” de la paz y la seguridad en la región.Estrecho de Ormuz, una ruta estratégicaSe afirma que las fuerzas extranjeras deben abandonar la región. Este reclamo directo sobre la responsabilidad en materia de seguridad regional, formulado desde el cuartel general operativo, constituye una clara manifestación del poder militar.
El nombramiento de Hatami para este papel crucial en junio de 2025 ocurrió después de un período de gran inestabilidad en el liderazgo. Él sucedió a alguien que ya ocupaba ese cargo.Mohammad BagheriEl anterior comandante del ejército fue asesinado en ataques israelíes ese mes. La rápida promoción de Hatami a rango de comandante en jefe, tras la elevación de Abdolrahim Mousavi al cargo de jefe del Estado Mayor General, indica un esfuerzo por estabilizar la cadena de mando del ejército después de una derrota tan importante. Sus recientes declaraciones públicas, incluida la declaración sobre el Estrecho de Ormuz, son las primeras manifestaciones importantes de esta nueva liderazgo, y sirven para definir la postura del ejército en este entorno volátil.
Sin embargo, la sede operativa, por su importancia estratégica, opera dentro de una estructura más amplia, donde el poder decisorio final reside en otro lugar. El ejército regular, bajo el mando de la sede operativa, es uno de los pilares de las fuerzas armadas de Irán. El otro pilar, y el más importante, es el Cuerpo de Guardianes de la Revolución (IRGC). En las últimas semanas, el IRGC ha asumido efectivamente el control sobre las funciones clave del estado, relegando al presidente y bloqueando las nominas de personas importantes. Esta consolidación del poder significa que, aunque la sede operativa tiene el control sobre las operaciones diarias del ejército y sobre los mensajes estratégicos, la decisión final sobre las principales cuestiones militares y políticas corresponde al IRGC y a su comandante supremo. Por lo tanto, la sede operativa es un nodo de comando central, pero no el centro de toma de decisiones definitivas.

Estructura de mando y herramientas estratégicas
La reciente lucha por el poder entre el gobierno civil de Irán y su líder militar revela una tensión evidente entre el mando del ejército regular y el control de facto que ejerce la Guardia Revolucionaria. Mientras que las sedes operativas, bajo el nuevo comandante del ejército, el mayor general Amir Hatami, emiten declaraciones estratégicas, la Guardia Revolucionaria ha asumido efectivamente el control sobre las funciones clave del estado. Según fuentes informadas, la Guardia Revolucionaria ha bloqueado los nombramientos y decisiones del presidente, creando un perímetro de seguridad alrededor del núcleo del poder, y alejando así al gobierno del control ejecutivo. Esta consolidación del poder es especialmente evidente en el ámbito de la inteligencia: el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, ha insistido en que todas las posiciones de liderazgo críticas deben ser gestionadas directamente por la Guardia hasta nueva notificación. Este movimiento ha obstaculizado los esfuerzos del presidente Pezeshkian por nombrar a un nuevo ministro de inteligencia.
Desde esta posición de dominio militar, el general Hatami ha enviado un mensaje claro y contundente. Declaró que las capacidades de defensa de Irán son…“Indestructible”Se señaló que los sistemas de misiles del país, así como sus capacidades ofensivas y defensivas en general, han mejorado significativamente. Se emitió una advertencia severa, indicando que cualquier acto de agresión por parte del enemigo recibiría una respuesta “especial y decisiva”. Esta retórica, pronunciada desde el cuartel general operativo, refleja la postura del ejército en el actual entorno volátil.
Sin embargo, el contexto en el que se llevan a cabo las acciones del IRGC deja claro que la autoridad de Hatami está limitada. Sus declaraciones reflejan una línea militar unificada, pero los medios estratégicos para controlar los nombramientos, la inteligencia y las decisiones importantes pertenecen a la jerarquía del IRGC.
En resumen, la sede operativa del ejército es la encargada de mantener la disposición del ejército regular y de definir su postura estratégica. Sin embargo, no posee los resortes decisivos para controlar las acciones militares. En la práctica, el control que el IRGC ejerce sobre el aparato de seguridad del estado y su capacidad para bloquear a la dirección civil significa que, aunque Hatami habla en nombre del ejército, la dirección final de las respuestas militares y políticas de Irán proviene de otro centro de poder. La estructura de mando, como se puede observar en las recientes acciones de represalia, implica que las directivas provienen desde el nivel superior, con el IRGC actuando como el principal ejecutor y controlador. Las declaraciones poderosas de Hatami destacan la preparación del ejército, pero también revelan una realidad estructural: en el orden híbrido de Irán, el mando no se basa únicamente en la cadena de mando dentro de las fuerzas regulares, sino en quién controla el flujo de autoridad desde la cima.
Implicaciones estratégicas y escenarios futuros
La situación estratégica actual depende de una prueba crucial en materia de disuasión. Estados Unidos e Israel intentan utilizar la fuerza para evitar que Irán perturbe los flujos marítimos.Estrecho de OrmuzConsideran esto como una clara demostración de su voluntad. Su objetivo es claro: demostrar que pueden impedir que Irán tenga la capacidad de bloquear este importante canal de agua. De esta manera, se crea un factor disuasorio efectivo a largo plazo. Si no logran esto, eso indicaría debilidad, lo que alentaría a Irán y a sus aliados a actuar con mayor impunidad en futuros conflictos. Por lo tanto, la campaña actual no se trata solo de objetivos militares inmediatos, sino también de determinar las estrategias que se utilizarán en los próximos años.
La respuesta de Irán, expresada desde el cuartel general operativo, es una contraacción de carácter extremo. El jefe del ejército, el mayor general Amir Hatami, ha lanzado un severo aviso al respecto.“Una respuesta decisiva y devastadora”.Se trata de una retórica destinada a contrarrestar cualquier tipo de agresión. Esta retórica, reforzada por el hecho de que se nieguen las informaciones verificadas sobre las bajas causadas por él mismo, tiene un doble propósito: mantener la estabilidad del poder militar y el moralismo del público en el país, mientras que al mismo tiempo se transmite una señal de determinación hacia los enemigos externos. El mensaje es claro: Irán no será detenido únicamente por la fuerza. Sin embargo, esta postura desafiante se produce dentro de una estructura de mando dual, donde el poder supremo pertenece al Corpo de Guardianes de la Revolución, quienes han relegado al gobierno civil a un segundo plano. Esto crea una dinámica compleja, donde las declaraciones públicas del ejército reflejan una línea militar unificada, pero las decisiones estratégicas importantes se toman en otro lugar.
La resolución del conflicto, por lo tanto, depende de si la campaña liderada por Estados Unidos e Israel logra alcanzar su objetivo principal: disuadir a Irán. Si pueden demostrar la voluntad y la capacidad de imponer restricciones al control de Irán sobre el Estrecho, entonces podrían lograr una pausa estratégica. Pero si la campaña termina sin obtener este resultado decisivo, eso confirmará la estrategia asimétrica de Irán y dejará la región en un estado más peligroso. La sede operativa, con sus poderosas declaraciones, es un nodo clave en esta situación. Pero la prueba definitiva no consiste en la preparación del ejército, sino en si las fuerzas de la coalición pueden obligar a Irán a cambiar su comportamiento estratégico. Por ahora, el Estrecho sigue siendo el campo de batalla donde se decide el futuro de la disuasión.



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