Ali Larijani, de Irán: La panicada del mercado ignora al mediador pragmático en medio de la crisis.

Generado por agente de IAIsaac LaneRevisado porAInvest News Editorial Team
martes, 17 de marzo de 2026, 5:58 am ET4 min de lectura

El factor que provoca el pánico en los mercados es un informe de los medios israelíes que indica que el jefe de seguridad nacional de Irán, Ali Larijani, podría haber sido asesinado en un ataque reciente. Aunque esta información ha recibido mucha atención, Irán no la ha confirmado oficialmente. La acusación surgió durante un período de ataques intensos que ya han causado la muerte del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, y de otros altos comandantes militares. Esto crea un vacío de liderazgo. La pregunta clave para los mercados es si este ataque tan importante justifica el pánico, o si la opinión general subestima el riesgo de una escalada catastrófica.

Larijani no es una figura común. Es un experto en temas nucleares y exnegociador en este ámbito. Fue reelegido para ocupar el cargo de Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional en agosto de 2025. Su importancia ha aumentado considerablemente en las últimas semanas. Se dice que se ha convertido en un actor clave en la estructura de poder de Irán, después de la muerte del Líder Supremo. Esto significa que su acción actual constituye un acontecimiento importante en el contexto del conflicto actual.

Sin embargo, la reacción del mercado debe analizarse en el contexto de la resiliencia política del país. Irán ha logrado superar la pérdida de su líder supremo y de otras figuras importantes en el pasado. El aparato estatal y la cadena de mando militar de Irán demuestran una capacidad para soportar situaciones difíciles. La tesis es que el riesgo de una escalada catastrófica es menor de lo que se supone en general.El ataque contra Larijani, aunque grave, podría ser un ataque calculado contra un centro de poder específico, y no un preludio a una guerra de tipo “existencial”.

Sentimiento del mercado vs. realidad política: ¿Están los precios ajustados para lograr la perfección?

La actitud del mercado actual es de miedo extremo. Se habla de que la guerra terminará en unos días, y también hay especulaciones sobre operaciones militares drásticas por parte de la Marina de los Estados Unidos. Esta retórica “hawkish” sugiere que existe un consenso entre las autoridades de que la crisis de liderazgo provocará una escalada inmediata e incontrolable de los acontecimientos. Sin embargo, las pruebas indican que existe una realidad política más compleja, donde la continuidad institucional y las estrategias calculadas podrían mitigar el riesgo de una guerra catastrófica.

Por un lado, el miedo es palpable. Un post en las redes sociales, publicado hace tres días, afirmaba que la guerra terminaría cuando los buzos de la Marina de los Estados Unidos capturaran a los líderes iraníes. Esto refleja una narrativa de acción decisiva y inminente. Esto coincide con la percepción del mercado sobre una alta volatilidad y riesgo. Sin embargo, la figura central de esta crisis, Ali Larijani, representa una asimetría crucial. Es un experto dentro del régimen, quien alguna vez fue considerado “el hombre calmado y pragmático” que negoció acuerdos nucleares. Su reciente cambio de actitud, pasando de acusar a EE. UU. de “desesperación y miedo” a prometer “quemar sus corazones”, parece ser una postura política dentro del régimen. Este es el modo en que el régimen intenta unir a la nación después de la pérdida de su líder supremo.

El riesgo principal aquí no es un colapso caótico, sino que se trata de un régimen que actúa como si estuviera preparándose para el consumo interno, mientras maneja la crisis a través de los canales establecidos. Irán cuenta con un consejo de liderazgo formado por tres personas, además de una red de poderosos individuos, entre los cuales se encuentra Larijani, quien ahora es considerado parte del círculo cercano al nuevo líder supremo. Esta estructura proporciona cierta continuidad institucional, algo que el pánico del mercado podría pasar por alto. El ataque contra Larijani, aunque grave, podría ser un ataque dirigido contra un centro de poder específico, y no un preludio a una guerra existencial.

En resumen, se trata de una brecha entre las expectativas y la realidad. El mercado considera que existe una alta probabilidad de una escalada catastrófica en el corto plazo, debido al vacío de liderazgo y a la retórica dura utilizada por el régimen. Pero la realidad política sugiere que sería mejor adoptar una respuesta más controlada, aunque sea peligrosa. La capacidad del régimen para soportar los shocks y la presencia de figuras pragmáticas como Larijani, incluso en una fase de retórica dura, constituyen un factor de estabilidad. Por ahora, la relación riesgo-recompensa favorece la prudencia. Sin embargo, es posible que la opinión general esté subestimando el peligro inmediato de una guerra a gran escala.

Catalizadores y riesgos: Lo que hay que tener en cuenta en la tesis

El análisis se basa en la idea de que la escalada más grave ya está incluida en los precios. Para verificar esto, debemos observar tres señales prospectivas que confirmen o contradigan la tesis de una respuesta controlada y ordenada, frente a un colapso caótico.

En primer lugar, la confirmación o negación oficial por parte de Irán sobre el estado de Larijani es un factor clave para entender la situación. La falta de una declaración oficial hasta ahora ya es un indicio de algo. Pero un reconocimiento formal, ya sea de que se ha producido un daño o de que hay una víctima, podría aclarar el alcance del desorden en el liderazgo. Si Irán confirma una pérdida grave, eso podría provocar una lucha de poder más intensa. Si niega esa situación, podría ser una señal de que el régimen está gestionando la crisis internamente, sin causar pánico público. El miedo actual del mercado se basa en esta incertidumbre. La claridad de la situación determinará si ese shock será validado o no.

En segundo lugar, es necesario supervisar la composición y las declaraciones del consejo de liderazgo interino. Este organismo, establecido después de la muerte del Líder Supremo, constituye el mecanismo oficial del régimen para garantizar la continuidad de su gobierno. El equilibrio entre los partidarios de la línea dura y los pragmáticos dentro de este consejo revelará la capacidad del régimen para recurrir a medidas extremas. Las recientes declaraciones de carácter extremista, como las amenazas veladas de Larijani contra la dirección estadounidense, son meras posturas públicas. Pero si las declaraciones públicas del consejo pasan de ser advertencias defensivas a planes concretos de represalia, eso indica un cambio desde la simple postura hasta la acción real. La presencia de personas como Larijani, quien es considerado parte del círculo cercano al nuevo Líder Supremo, sugiere que existe una red de poderosos que manejan la crisis, lo cual podría proporcionar estabilidad.

En tercer lugar, hay que estar atentos a cualquier escalada de la situación en el plano regional, especialmente a cualquier ataque directo contra los activos estadounidenses en el Golfo. Esto pondría a prueba la capacidad del régimen para responder y podría indicar un cambio desde meras declaraciones de intenciones hacia acciones concretas. La muerte del comandante del IRGC, Hossein Salami, durante el conflicto fue un golpe importante, pero la respuesta de Irán fue limitada. Un ataque directo contra un activo naval estadounidense sería una escalada significativa, lo que obligaría a Irán a tomar medidas que podrían llevar a una guerra más amplia. Por ahora, la atención se centra en las dinámicas de poder internas de Irán. Pero cualquier desafío directo a los intereses estadounidenses sería una señal clara de que la crisis está pasando de un vacío de liderazgo a una guerra más amplia.

El contexto de la reciente carta abierta que Larijani dirigió a las naciones islámicas también es revelador. Al criticar públicamente el silencio del mundo musulmán y de los estados del Golfo, intenta fomentar la solidaridad regional. Se trata de una medida típica de un régimen bajo presión. Esto no es señal de debilidad, sino más bien de un esfuerzo calculado por crear una coalición. Si los aliados regionales de Irán permanecen pasivos, eso podría darle mayor fuerza al enfoque extremista del régimen. Pero si reaccionan, eso podría cambiar la situación. Para los inversores, lo importante es observar estas señales para detectar cualquier cambio en la narrativa actual, que se centra en la gestión controlada de las crisis, hacia una narrativa donde las cosas se vuelven cada vez más caóticas.

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