La decisión de Intel por el desarrollo de chips, frente a la estrategia de transformación tecnológica de Tesla en el área del inteligente: lecciones de los procesos de cambio tecnológico en el pasado.

Generado por agente de IAJulian CruzRevisado porAInvest News Editorial Team
jueves, 8 de enero de 2026, 11:52 pm ET6 min de lectura

Tanto Intel como Tesla entrarán en el año 2026, después de un año 2025 difícil, pero por razones diferentes. Para Intel, ese año representó un momento de fortalecimiento de su credibilidad. Las acciones de la empresa experimentaron un aumento significativo.

Un movimiento que permitió ganar tiempo y cambió la situación después de años de declive. Sin embargo, ese aumento fue motivado por la esperanza de un cambio positivo en la situación, no como prueba de dicho cambio. La verdadera prueba ahora es la rentabilidad de las fábricas de semiconductores. Para Tesla, el objetivo del año 2025 era algo más que una mera necesidad estratégica. Las ventas de vehículos disminuyeron.Un claro indicio de que su negocio principal está bajo presión. Esta debilidad obligó a una reorientación decisiva, convirtiendo la inteligencia artificial y la autonomía en las nuevas prioridades de inversión.

Ambas empresas se enfrentan ahora a un año crítico, en el que la ejecución de sus planes debe demostrar o socavar la confianza de los inversores. En Intel, el foco se centra en el segmento de las fábricas de chips.

Y más allá, a partir de 2023. La escala de la inversión en fabricación es enorme; desde 2021 se han invertido más de 100 mil millones de dólares. Pero para que esa escala se convierta en un modelo comercialmente viable, es necesario que haya un volumen suficiente de clientes externos que justifiquen los costos de los nodos avanzados como el 18A. La cuestión ya no se trata de capacidades técnicas, sino de viabilidad económica.

La situación de Tesla es igualmente difícil. Con los envíos de vehículos eléctricos en declive, la empresa apuesta por proyectos como Robotaxi y Optimus. Como señala un analista…

La alta valoración de la acción, con un P/E cercano a 192, exige que estas iniciativas ambiciosas se conviertan en negocios escalables. La empresa también ha indicado que espera un aumento significativo en los gastos de capital para el año 2026. Esto significa que sus operaciones principales deben generar suficientes fondos para financiar esta próxima fase, sin que esto afecte negativamente el valor para los accionistas.

En resumen, 2026 será la prueba decisiva tanto para Intel como para Tesla. Para Intel, se trata de convertir una enorme infraestructura de fabricación en un negocio rentable. Para Tesla, se trata de demostrar que sus inversiones en inteligencia artificial y autonomía pueden ser escalables. La credibilidad obtenida en 2025 ya no existe; ahora, lo único importante es la ejecución correcta de los planes.

Paralelismos históricos: Lecciones de los procesos de recuperación en el pasado

Los caminos que Intel y Tesla están siguiendo actualmente no son sin precedentes. La historia nos ofrece dos ejemplos claros que ponen a prueba la viabilidad de sus estrategias actuales, destacando tanto las similitudes estructurales como las diferencias cruciales en su implementación.

La dificultad de Intel en el área de fabricación refleja su desventaja en el mercado de los ordenadores personales en el pasado. Durante años, la empresa perdió gradualmente cuota de mercado para AMD; esta pérdida se debió en parte a una diferencia en la tecnología de procesamiento de semiconductores.

El lanzamiento de Panther Lake, construido utilizando el nuevo proceso 18A, es el último intento por recuperar esa posición de vanguardia en el mercado. Esto refleja la dependencia anterior de la empresa en métodos de fabricación menos avanzados, lo que la obligó a subcontratar la producción con TSMC para mantener su competitividad. La relación entre ambos casos es directa: una debilidad en los aspectos fundamentales del negocio se resuelve mediante la adquisición de nuevas capacidades de fabricación avanzadas. El riesgo es que, esta vez, esta inversión en fabricación no sea solo para uso interno, sino también para clientes externos. Por lo tanto, se requiere una escala de producción y un compromiso con los clientes que las subcontrataciones anteriores no implicaban.

El giro de Tesla hacia la inteligencia artificial se asemeja, en cierto modo, al reorientamiento estratégico de IBM en la década de 1990. Cuando el negocio de hardware central de IBM comenzó a declinar, la empresa se vio obligada a concentrarse en servicios y software con mayores márgenes de ganancia.

Tesla es diferente; se espera que sus ingresos en el sector automotriz disminuyan, y su margen bruto se encuentra bajo gran presión. La empresa está intentando realizar un cambio similar, pasando de un modelo centrado en el hardware a uno basado en la inteligencia artificial y la autonomía. Este es un caso clásico de una disminución en los ingresos del negocio principal, lo que obliga a una reubicación estratégica de la empresa. En este contexto, el nuevo negocio debe convertirse en el principal motor de ingresos de la empresa.

Sin embargo, la historia más alarmante es el cierre del proyecto de superordenador Dojo de Tesla. Esto refleja el abandono por parte de IBM del sistema AS/400 en la década de 1990; una decisión costosa que, en última instancia, no logró salvar a la empresa de un período de estancamiento.

Dojo representó una inversión enorme, que duró años, en una solución propia para el entrenamiento de algoritmos de inteligencia artificial. Su cancelación repentina en agosto de 2025, después de seis años de promoción, indica un gran ajuste estratégico. La lección que se puede extraer es clara: incluso cuando una empresa cuenta con los recursos y la ambición necesarios para desarrollar una solución personalizada, el camino desde un proyecto interno hasta un negocio escalable y rentable está lleno de riesgos. La cancelación de Dojo sugiere que Tesla está reduciendo sus esfuerzos más ambiciosos en términos de desarrollo interno. Este movimiento puede ser necesario, pero también destaca la dificultad de llevar a cabo tal cambio.

En resumen, ambas empresas intentan superar desafíos estructurales profundos. Intel debe demostrar que su nueva capacidad de fabricación puede ganar clientes externos, al igual que en el pasado tuvo dificultades para ganar cuota de mercado interno. Tesla debe demostrar que sus ambiciones en materia de inteligencia artificial pueden convertirse en un negocio rentable, y no simplemente en un proyecto costoso y secundario. La historia muestra que estos cambios son posibles, pero rara vez ocurren de manera fácil o rápida.

La división de fabricación de chips de Intel: De la escala a la viabilidad comercial

La escala de la inversión en fabricación de Intel es inigualable. Desde el año 2021, la empresa ha invertido más de 100 mil millones de dólares en la creación de una red mundial de fábricas de chips. Esta inversión le ha dado tiempo, pero no ha permitido que la empresa obtenga ganancias. Los aspectos económicos del proyecto siguen sin resolverse; el segmento de fábricas de chips presenta pérdidas operativas.

Se siguen pérdidas adicionales de varios miles de millones hasta el año 2024 y 2025. La brecha entre la demanda interna y los ingresos de los clientes externos constituye el principal desafío: convertir las capacidades técnicas en un modelo comercialmente viable.

Panther Lake, el primer chip fabricado con el proceso Intel 18A, representa una prueba crucial tanto para la competitividad interna como para el atractivo de la empresa como fabricante de chips. Su éxito no se trata únicamente de recuperar cuota de mercado en el sector de los ordenadores personales, cuya cuota ha disminuido debido a desventajas en la fabricación.

Los avances en el rendimiento y la eficiencia de Panther Lake son resultado directo de las mejoras estructurales aplicadas al proceso 18A. Su lanzamiento en la CES 2026, con más de 200 diseños de dispositivos para PC en desarrollo, constituye una prueba de concepto para el negocio relacionado con los procesadores de chips. Cualquier cliente externo que observe este lanzamiento estará evaluando la viabilidad real del proceso en el mundo real.

La principal métrica para el año 2026 es la mejora en la tasa de rendimiento, lo cual determina directamente los costos y el margen bruto. Aunque Intel no ha divulgado cifras exactas, la empresa ha indicado que la tasa de rendimiento está mejorando a un ritmo predecible, de aproximadamente 7% al mes. Según los análisis, se espera que la tasa de rendimiento de los chips de tipo 18A alcance entre el 65% y el 75% al comienzo del año. Es esencial mantener este ritmo durante la primera mitad de 2026 para lograr el nivel de rendimiento necesario para la competitividad comercial. Sin embargo, TSMC sigue siendo el referente, consolidando su posición como la opción predeterminada para los clientes que requieren altos volúmenes de producción.

La nueva disciplina de gestión es un elemento clave para garantizar la eficiencia del capital. La empresa ha indicado que requerirá compromisos firmes por parte de los clientes externos antes de poder construir una capacidad de producción de 14A. Este cambio, de validación interna a involucración de terceros en las etapas iniciales, representa la siguiente fase. Intel informó que tenía un volumen de pedidos de más de 15 mil millones de dólares relacionados con servicios de fabricación de chips, lo cual refleja el interés en tecnologías de silicio para inteligencia artificial y en envases avanzados. Sin embargo, parece que la mayoría de las relaciones con los clientes siguen siendo exploratorias, en lugar de ser vinculantes. La verdadera prueba será si estos acuerdos se convierten en compromisos de volumen necesarios para justificar la próxima ola de inversiones. La credibilidad obtenida durante la reunión de 2025 depende ahora completamente de este paso hacia la viabilidad comercial.

El giro hacia la inteligencia artificial de Tesla: financiar el futuro desde un núcleo en dificultades

El ambicioso cambio de dirección que ha tomado Tesla hacia la inteligencia artificial ahora se ha convertido en una carrera contra el tiempo. La capacidad de la empresa para financiar su futuro depende de un negocio principal que, claramente, está bajo presión. La cancelación del proyecto del superordenador Dojo en agosto de 2025 fue un giro drástico, que indicó un gran ajuste estratégico en la estrategia de la empresa. Después de años de esfuerzos y seis años de compromiso, el sistema construido especialmente fue declarado como un “callejón sin salida”. Este cambio obligó a Tesla a adoptar una nueva estrategia de hardware para la inteligencia artificial, menos ambiciosa, centrada en el sistema Cortex. Este cambio destaca la dificultad de llevar a cabo una expansión interna masiva.

La presión financiera en este área de negocio es inmediata y grave. El negocio de vehículos de Tesla, que siempre ha sido su fuente principal de ingresos, se encuentra en declive. Las entregas para el año 2025 han disminuido.

La producción disminuyó en el cuarto trimestre. Este descenso en los ingresos principales plantea directamente problemas para la capacidad de la empresa de financiar las próximas etapas de sus inversiones. La dirección ya ha reconocido esto, y espera un aumento significativo en los gastos de capital en 2026. La pregunta es: ¿de dónde vendrá ese capital si el negocio principal no va en crecimiento?

En este contexto, al equipo de IA se le ha advertido que 2026 será el año más difícil de su carrera profesional. Esta directiva interna, según informa Business Insider, destaca la presión extrema para lograr resultados tangibles. La alta valoración de la empresa, con un IPC cercano a los 192, no permite ningún tipo de retraso. Las iniciativas relacionadas con la inteligencia artificial –Robotaxi, Optimus y la nueva plataforma Cortex– deben pasar rápidamente de las fases piloto a una operación comercial escalable. Al mismo tiempo, los flujos de efectivo provenientes de la venta de vehículos también están bajo presión.

En resumen, se trata de una situación clásica de tensión: un negocio en declive está siendo obligado a financiar un futuro lleno de riesgos y altos costos. El cierre de Dojo sugiere que Tesla está reduciendo su proyecto interno más ambicioso, algo necesario pero costoso. Para que la nueva estrategia de IA tenga éxito, debe generar rendimientos lo suficientemente rápido como para justificar el gasto de capital y compensar la disminución de la rentabilidad del segmento automotriz. En 2026, Tesla no necesita promesas grandiosas; necesita pruebas de que sus inversiones en inteligencia artificial pueden convertirse en el nuevo motor de ingresos.

Catalizadores y riesgos: Lo que hay que tener en cuenta en 2026

El camino desde la promesa hasta la prueba está marcado por etapas específicas. Tanto para Intel como para Tesla, el año 2026 será un año en el que se esperan señales concretas de que sus estrategias de transformación están dando resultados positivos… o, por el contrario, fracasan.

Para Intel, el catalizador clave es la validación externa de sus productos. La empresa ha desarrollado una escala de producción sin precedentes, pero el modelo de negocio de las fábricas depende de los clientes de terceros. Los inversores deben estar atentos a los compromisos que hagan estos socios, especialmente en lo que respecta a nodos avanzados como el 18A. El lanzamiento de Panther Lake en la CES 2026 es una oportunidad importante para demostrar el éxito del producto en el mercado de los ordenadores personales.

Es una prueba directa de la competitividad del proceso 18A. Lo que es más importante, constituye un argumento comercial para la actividad de fundición. Cualquier pedido concreto de clientes que se anuncie en los próximos trimestres será la primera prueba real de que la escala de Intel puede traducirse en ingresos que van más allá de sus propias necesidades.

Los catalizadores de Tesla se relacionan más con la demostración de su eficiencia operativa que con el lanzamiento de nuevos productos. La orientación de la empresa hacia la inteligencia artificial requiere avances demostrables en dos áreas. En primer lugar, los taxis robóticos deben mostrar signos de escalabilidad. Como señala un análisis,

Los inversores deben buscar expansiones geográficas, horarios de operación más largos y un camino claro hacia la implementación comercial de las soluciones, no simplemente funcionalidades en una sola ciudad. En segundo lugar, la nueva estrategia de hardware para la IA, nacida de la cancelación del superordenador Dojo, debe mostrar resultados tangibles. El sistema Cortex debe comenzar a cumplir su promesa de entrenar modelos de IA de manera eficiente, proporcionando así la base para el uso de tecnologías como Optimus y la autonomía.

El riesgo general que enfrentan ambas empresas es el mismo: deben generar suficientes flujos de efectivo de sus operaciones para financiar sus inversiones de gran importancia. Las pérdidas de Intel en su área de fabricación de chips han sido enormes.

Es un recordatorio contundente de la presión financiera que enfrenta Tesla. El negocio de vehículos de Tesla se está debilitando.Mientras que la dirección de ambas empresas espera un aumento significativo en los gastos de capital en 2026, si ninguna de las compañías puede estabilizar su sistema financiero básico, las ambiciosas inversiones externas se verán privadas de capital. La credibilidad obtenida en 2025 ahora se convierte en algo que debe utilizarse para lograr resultados concretos. En 2026, el mercado observará si estas empresas no solo gastan dinero, sino que también lo ganan.

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Julian Cruz

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