La desaceleración de la inflación: ¿Se trata de un cambio estructural o de una pausa temporal?

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porRodder Shi
domingo, 18 de enero de 2026, 6:49 am ET5 min de lectura

La caída de la inflación ha llegado a un punto de inflexión. La tasa anual de inflación en los Estados Unidos se mantuvo sin cambios.

En diciembre, la tasa de inflación alcanzó el nivel más bajo desde 2021, pero no superó las expectativas de un aumento del 2,7%. Este descenso indica una realidad compleja y potencialmente persistente que se esconde bajo la superficie. Los datos muestran una clara divergencia: mientras que los precios de la energía y de los automóviles usados disminuyeron significativamente, los precios de los alimentos y de los alojamientos aumentaron, siendo estas dos categorías las que contribuyen en mayor medida al IPC.

Por un lado, la reducción de los costos es tangible. Los precios de la energía han aumentado a un ritmo mucho más lento, debido a una disminución significativa en los costos de la gasolina. De manera similar, la tasa de inflación de los automóviles y camiones usados también se ha moderado. Sin embargo, por otro lado, las presiones continúan aumentando. Los precios de los alimentos han subido, y los costos relacionados con el alojamiento, que representan la mayor parte de los incrementos mensuales, han aumentado a una tasa anual del 3.2%. Esta situación crea un nuevo “plato” en la economía, lo que complica la idea de un descenso lineal y directo de los costos.

La pregunta central ahora es si esta estabilización representa un cambio estructural hacia un nivel más alto y más sostenible de inflación, o si simplemente se trata de una pausa temporal en la tendencia negativa de la inflación. Las pruebas sugieren que esto no es tan simple como parece. Un indicador clave que nos permite ver más allá de los datos principales es…

Se trata de un indicador que refleja bienes y servicios cuyos precios cambian con poca frecuencia. Su tasa anual, calculada a lo largo de 3 meses, es de 2.45%. Este indicador, que se considera reflejar las expectativas de inflación a largo plazo, implica que los presiones de precios sigan existiendo. El hecho de que este indicador siga por encima del objetivo del 2% establecido por la Fed, incluso cuando la tasa media de inflación permanece estancada, es un signo de alerta.

En resumen, la inflación aún no ha regresado al nivel objetivo establecido por la Fed. Los datos recientes indican que existe un nuevo equilibrio en el que algunas presiones disminuyen, mientras que otras persisten. Esto crea una situación difícil para la política monetaria. La Fed no puede permitirse actuar precipitadamente al reducir los tipos de interés, dado que la inflación básica sigue siendo elevada. Pero, al mismo tiempo, tampoco puede ignorar las señales de ralentización en los sectores clave. El nivel de 2.6% no representa un logro; es más bien una señal de que el camino hacia un nivel de inflación del 2% podría ser más largo y complejo de lo esperado.

Contexto global y riesgos estructurales: más allá de los datos de los Estados Unidos

El nivel de inflación estable en Estados Unidos no es un fenómeno global. Por el contrario, Argentina demuestra que se puede lograr una disminución significativa de la inflación. Después de un período difícil en el que la inflación alcanzó su punto más alto…

En el año 2024, los ajustes macroeconómicos adoptados por el país están dando resultados positivos. El programa de ajustes, basado en la consolidación fiscal y en un tipo de cambio gestionado, ha permitido una reducción significativa de la inflación. Se proyecta que la inflación cayerá al 13.7% en el año 2026. Este avance es una señal importante del poder que tienen los marcos políticos creíbles para estabilizar las expectativas y restaurar la estabilidad económica.

Sin embargo, en este panorama mundial, Estados Unidos enfrenta un conjunto de desafíos diferentes. El impulso de disminución de la inflación que se observa en otros países no se traduce automáticamente en una situación favorable para la economía estadounidense. El riesgo principal es de carácter estructural: una inflación persistente, motivada por la demanda, en el sector de servicios, y un mercado laboral que sigue siendo demasiado tenue. Las investigaciones realizadas por la Fed de San Francisco indican que la inflación actual se debe, en gran medida, a factores estructurales.

Es una distinción crucial, ya que significa que la presión no puede ser considerada simplemente como un shock temporal en el lado de la oferta. Esta fortaleza de la demanda, impulsada por condiciones financieras favorables y estímulos fiscales continuos, crea una situación persistente con la cual la política monetaria debe lidiar.

Esta tensión se refleja en el indicador multivariante del New York Fed. Se trata de una herramienta sofisticada que sintetiza diversos señales económicas. Recientemente, este indicador ha indicado una posible reaceleración de la inflación en el nivel PCE. Esto es una advertencia concreta de que la tendencia a la disminución de la inflación podría no ser lineal. Indica que, incluso cuando algunos precios disminuyen, el motor subyacente de la demanda sigue siendo capaz de generar presiones inflacionarias, especialmente en el sector de servicios, donde el crecimiento de los salarios y los gastos de los consumidores siguen siendo elevados.

En resumen, Estados Unidos se encuentra entre una tendencia mundial de desinflación y sus propias dinámicas estructurales internas. Mientras que la situación en Argentina es de estabilización, en Estados Unidos se trata de mantener un nivel de inflación más alto y persistente. El mercado laboral tenso y la inflación en los servicios representan un obstáculo estructural para los precios, lo cual complica la tarea de la Reserva Federal. Por ahora, la capacidad del banco central de reducir las tasas de interés está limitada por el riesgo de reactivar ese mecanismo basado en la demanda. El nivel de inflación del 2.6% no es solo una cuestión estadounidense; es también un síntoma de una realidad económica más amplia, donde la desinflación no es uniforme, y las fuerzas que sostienen la inflación se han vuelto más profundamente arraigadas.

El dilema de la Fed: Las implicaciones políticas de una base más alta para las políticas monetarias

Los datos de inflación que se han estancado han dejado claro que la situación para la Reserva Federal es difícil y peligrosa. Las expectativas del mercado indican que la Reserva Federal probablemente…

Y no anticipan una reducción de las tasas hasta junio. Esta actitud de espera es una respuesta directa al índice anual del IPC, que, aunque está en un nivel bajo, sigue estando por encima del objetivo del 2% establecido por la Fed. El banco central se encuentra entre dos riesgos, cada uno de los cuales podría desviar su mandato dual.

El principal desafío es la amenaza de una nueva aceleración. Algunos modelos, como el indicador multivariante del Federal Reserve de Nueva York, sugieren que existe un potencial para tal situación.

No se trata de un riesgo teórico lejano. Está basado en datos concretos que indican que los costos de alojamiento están aumentando rápidamente, y los precios de los alimentos también han subido significativamente. La Fed debe considerar este hecho en relación con la necesidad de evitar errores de política que puedan causar una desaceleración aún mayor de la economía. El mercado laboral, aunque muestra signos de estabilizarse, sigue siendo tenso. Además, la inflación, impulsada por la demanda, persiste. Reducir los tipos de interés demasiado pronto podría reavivar las presiones que la Fed ha intentado controlar durante años. Sin embargo, retrasar las reducciones indefinidamente, frente a la disminución de los precios de la energía y de los vehículos usados, podría sobrecalentar a una economía que ya está creciendo, gracias a los estímulos fiscales y a las inversiones en inteligencia artificial.

Este equilibrio se complica aún más debido a la incertidumbre política. Una investigación sobre el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha añadido un nuevo factor de confusión. Sin embargo, la reacción del mercado es reveladora: a pesar de esta investigación…

La opinión general es que la investigación no cambia significativamente el camino que se seguirá para lograr una mayor flexibilidad en las políticas monetarias. El marco institucional es sólido, y el Senado desempeña un papel clave en la confirmación de los futuros líderes del gobierno. Se espera que cualquier cambio en el marco de formulación de políticas del banco central sea gradual, de modo que las decisiones del Fed se basen en datos económicos. Sin embargo, las influencias políticas pueden generar volatilidad, pero no introducen nuevas direcciones políticas.

En resumen, la Fed está en una situación delicada. El nivel de inflación del 2.6% indica que la tendencia a la disminución de la inflación no es lineal. El banco central debe manejar el riesgo de un aumento en las presiones causadas por la demanda, mientras también tiene en cuenta los problemas relacionados con el crecimiento económico. Las expectativas del mercado sobre una reducción de las tasas de interes en junio sugieren que se debe esperar a que haya evidencia clara de una disminución sostenida de la inflación. Por ahora, las decisiones de la Fed están determinadas por la tensión entre un nivel de inflación más alto y persistente, y la necesidad de apoyar una economía aún capaz de recuperarse.

Implicaciones de las inversiones: Repensar la duración y la diversificación

El cambio estructural hacia un nivel de inflación más alto exige una reevaluación fundamental de la forma en que se construyen los portafolios de inversión. Durante años, los inversores han sido instruidos a buscar rendimientos en un mundo con desinflación. Pero ahora, ante la persistente amenaza de aumentos de precios, es necesario cambiar la estrategia de inversión hacia aquellos activos que protejan el capital de las fluctuaciones de precios. La importancia de los valores y activos reales que protegen contra la inflación ya no es algo secundario; es algo crucial para preservar el capital.

Los datos respaldan esta decisión. A pesar de una disminución reciente en la tasa de inflación, el riesgo de inflación sigue siendo una de las principales preocupaciones de los profesionales del sector de compra, por cuarto año consecutivo. No se trata de una preocupación teórica, sino que es algo real y presente en la situación actual.

Además, tres de los otros principales riesgos son: la deuda gubernamental, la independencia de la Reserva Federal y el aumento de las políticas populistas. Estos factores sirven como estímulo para que los precios se eleven demasiado. Esto crea un ciclo autoperpetuador en el cual la presión fiscal podría llevar a los bancos centrales a adoptar medidas de represión financiera, manteniendo así los rendimientos reales bajos y las expectativas de inflación elevadas. En este contexto, las obligaciones a largo plazo, que han mejorado con las expectativas de recortes por parte de la Reserva Federal, pueden verse afectadas negativamente si la inflación resulta ser más difícil de controlar de lo esperado. El reciente repunte de los mercados de acciones y bonos, incluso frente al ruido político, refleja la creencia de que las medidas de relajación monetaria todavía están en camino. Sin embargo, los datos de inflación sugieren que esta situación es más incierta y menos segura de lo que implica ese repunte.

En el caso de las acciones, el camino a seguir está determinado por la capacidad del Fed para manejar esta nueva situación sin desestabilizar el crecimiento económico. La doble misión del banco central se encuentra ahora en una situación de mayor tensión. Por un lado, debe contener las presiones causadas por la demanda, que mantienen la inflación alta. Por otro lado, no puede exceder los límites en un mercado donde la oferta de trabajo sigue siendo limitada y los estímulos fiscales contribuyen a la actividad económica. Esto crea condiciones volátiles para los activos de riesgo. Los aumentos en la productividad logrados con la ayuda de la inteligencia artificial son algo lejano en términos de beneficios a largo plazo. A corto plazo, es probable que las restricciones de la oferta y la demanda dominen la situación, lo que apoyará los resultados financieros de las empresas, pero también hará que el Fed mantenga su política actual. El resultado será un mercado que podría continuar creciendo, pero que también estará expuesto a cambios repentinos en la política monetaria si la inflación vuelve a acelerarse.

En resumen, la diversificación debe ser redefinida. El portafolio del pasado, basado en la suposición de que la desinflación se desarrollaría de manera gradual, no está preparado para enfrentar esta nueva realidad. Los inversores deben dar prioridad a aquellos activos que ofrezcan una protección natural contra la inflación, como los bonos a término, las propiedades inmobiliarias y los productos básicos. También deben analizar detenidamente la duración de sus inversiones en rentas fijas, reconociendo que la era de reducciones predecibles de los tipos de interés ya ha terminado. El objetivo no es apostar contra la inflación, sino crear un portafolio capaz de resistirla y prosperar en un mundo donde la política monetaria está más restringida y el riesgo de represión financiera es una amenaza real, aunque distante.

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Julian West
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