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El sector de defensa de los Estados Unidos está experimentando un cambio drástico. La ambiciosa propuesta presupuestaria de defensa del presidente Donald Trump para el año 2027, que asciende a 1.5 billones de dólares, representa un aumento del 50% en comparación con los gastos actuales. Esto ha despertado un intenso debate entre inversores, políticos y líderes de la industria. Aunque la propuesta aún no ha sido aprobada por el Congreso, su simple existencia ya ha generado cambios estratégicos en el sector y oportunidades de inversión basadas en políticas específicas. Todo esto está transformando el sentimiento del mercado y las estrategias empresariales.
El desempeño del sector de la defensa a finales de 2025 refleja una lucha entre el optimismo y el escepticismo. Por un lado…
El decreto que autoriza gastos militares por valor de 901 mil millones de dólares ha fortalecido la confianza en las prioridades de defensa a largo plazo, como la modernización de los submarinos, el mantenimiento de tropas europeas y la revitalización de la base industrial. Por otro lado, la propuesta poco ortodoxa de Trump para el año 2027, impulsada por los ingresos derivados de las tarifas arancelarias y denominada “Ejército de los Sueños”, ha generado volatilidad en los mercados financieros.Los inversores están reajustando sus carteras para equilibrar las realidades fiscales inmediatas con las apuestas especulativas sobre el gasto futuro. Por ejemplo…
El gobierno federal, que incrementó en 156,2 mil millones de dólares los fondos obligatorios destinados a la defensa y la construcción de buques y sistemas de defensa antimisiles, ya ha beneficiado a empresas como Huntington Ingalls Industries y General Dynamics. Sin embargo, las amenazas de Trump de restringir las operaciones de recompra de acciones y las compensaciones de los ejecutivos de aquellos contratistas que no logran resultados satisfactorios han causado problemas a corto plazo.Tras las ultimadas del presidente, se observa inquietud en el mercado debido a la excesiva intervención de las autoridades reguladoras.
Además,
La asignación de 143,2 mil millones de dólares en el presupuesto para el año fiscal 2025, destinada a la investigación, y de 167,5 mil millones de dólares para adquisiciones, indica una demanda continua de empresas que se especializan en tecnologías de defensa basadas en la innovación. Las empresas que se especializan en armas hipersónicas, sistemas logísticos basados en inteligencia artificial o plataformas de ciberseguridad de nueva generación podrían obtener beneficios significativos si el presupuesto para 2027 se implementa con éxito.Los críticos sostienen que los cálculos de Trump son erróneos.
Ambos han advertido que los ingresos provenientes de las tarifas aduaneras son insuficientes para financiar el aumento propuesto, sin que esto agrave la deuda nacional. Este escepticismo fiscal ha disminuido el entusiasmo, especialmente entre los inversores de valor que temen las acciones relacionadas con defensa, que suelen estar sobreendeudadas.Sin embargo, el cálculo político también es igualmente convincente.
– El paquete de financiación para el año fiscal 2025 sigue siendo una opción viable, aunque con aspectos políticos complicados, para obtener parte del presupuesto para el año 2027. Los inversores que esperan un Congreso controlado por los republicanos podrían ver esto como una oportunidad para invertir en acciones relacionadas con defensa. Por otro lado, aquellos que anticipan restricciones fiscales podrían optar por alternativas como el sector aeroespacial o los conglomerados industriales que cuenten con fuentes de ingresos diversas.La trayectoria a corto plazo del sector de defensa depende de la capacidad del Congreso para equilibrar los gastos deseados por parte de Trump con la prudencia fiscal. Aunque el NDAA para el año fiscal 2026 proporciona una base estable, el destino de la propuesta para el año 2027 sigue siendo incierto. Para los inversores, lo importante es buscar equilibrio entre las oportunidades políticas inmediatas (por ejemplo, en el sector de construcción de submarinos) y las apuestas especulativas en proyectos futuristas.
Mientras el gobierno y el Congreso tienen diferencias en cuanto a las prioridades, una verdad permanece: el gasto en defensa es un juego de suma cero. Cada dólar asignado al “Ejército soñado” representa una cantidad de dinero que no se utiliza en otras áreas. En este contexto, las empresas que favorecen la rotación de sectores estratégicos, y que además tienen un buen equilibrio político y eficiencia operativa, serán de gran importancia.
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