Goldman advierte: La complacencia y las bajas premisas de riesgo generan un alto riesgo de correcciones en los precios de las acciones.
La vulnerabilidad actual del mercado se debe a una peligrosa trampa comportamental. Durante años, la baja volatilidad y las ganancias constantes han generado un fuerte sentido de complacencia entre los inversores. Estos esperan que todo vaya bien, subestimando los riesgos que siempre acechan. Este falso sentido de seguridad ahora choca con una realidad dura: los premios por el riesgo de las acciones –o sea, la rentabilidad adicional que los inversores demandan por poseer acciones en lugar de bonos más seguros– han disminuido significativamente, hasta niveles similares a los observados antes de la crisis financiera de 2008. Ese es el alerta central del principal estratega global de valores de Goldman Sachs, Peter Oppenheimer. Él señala que este hecho hace que las acciones sean “más vulnerables a decepciones o shocks”. En resumen, se trata de una situación en la que la complacencia se mezcla con un alto nivel de riesgo.
El defecto de comportamiento aquí es un claro ejemplo de sesgo de recienteza. Cuando las acciones han tenido un comportamiento positivo en el pasado, la mente humana tiende a descartar la posibilidad de una reversión brusca en el mercado. El período prolongado de baja volatilidad ha hecho que los inversores vean al mercado como algo estable, y no frágil. Este atajo cognitivo les impide darse cuenta de las vulnerabilidades estructurales que señala Oppenheimer. El peligro se ve exacerbado por el hecho de que los valores de las acciones son elevados, no solo en Estados Unidos, sino en todas las principales regiones globales. En otras palabras, las acciones son caras en todas partes, y está próximo un descenso en sus precios. Esta uniformidad global en los precios elevados elimina la función de diversificación, concentrando el riesgo en lugar de distribuirlo.

La transición de la complacencia hacia la conciencia ya está en marcha, pero es una transición frágil. El mercado muestra signos de colapso, como se puede ver en el colapso histórico del dominio de las tecnológicas y en el hecho de que los sectores cíclicos hoy en día cotizan al mismo nivel que los sectores defensivos. Cualquier shock, ya sea geopolítico, económico o relacionado con el gasto en IA, podría rápidamente erosionar el reducido margen de seguridad que aún queda. En resumen, la situación actual del mercado es un ejemplo perfecto de cómo la psicología humana puede llevar los precios a niveles insostenibles. Cuando la creencia colectiva en la estabilidad perpetua finalmente se vaya desvaneciendo, el riesgo de corrección no será un ajuste gradual, sino un reajuste brusco y doloroso.
El “Macro Backdrop”: Un mix de crecimiento y inflación en declive
La complacencia del mercado ahora choca con una realidad fundamental que se está deteriorando. Los precios del petróleo han aumentado enormemente, y esto es el resultado directo de un aumento significativo en el riesgo geopolítico. Los analistas de Goldman Sachs ahora asumen que…21 días de reducción en el flujo de barcos a través del Estrecho de Ormoz.Se trata de una situación que ha llevado los precios del crudo de Brent a los 100 dólares por barril. No se trata simplemente de un titular de noticias; se trata de un ataque directo contra la combinación entre crecimiento económico e inflación. Incluso el análisis más detallado indica que este shock energético reducirá el crecimiento del PIB de EE. UU. en 0,3 puntos porcentuales, hasta llegar al 2,2%. Además, aumentará la probabilidad de recesión, del 20% al 25%. El razonamiento es simple: los altos costos energéticos ejercen presión sobre los presupuestos de los hogares y las ganancias de las empresas, lo que constituye un obstáculo para el crecimiento económico. Al mismo tiempo, esto fomenta la inflación. Esta debilidad a corto plazo contrasta claramente con la visión optimista del banco sobre el mercado global. Los economistas de Goldman han pronosticado…Crecimiento económico global “resistente”, del 2.9%, en el año 2026.Se espera que la economía de los Estados Unidos crezca un 2.8%. La desconexión entre estos dos datos es crucial. El mercado está sufriendo una crisis grave y específica, algo que las previsiones a largo plazo no logran capturar completamente. Esto crea una situación difícil para los inversores. Se les pide a los inversores que concilen una situación económica positiva a lo largo de varios años con la presión inmediata y tangible que supone un choque de precios que podría frustrar los objetivos de crecimiento e inflación. El resultado es un mercado atrapado entre dos narrativas contradictorias, lo que aumenta la incertidumbre.
Esta tensión ya está poniendo a prueba el reflejo más arraigado del mercado: la mentalidad de “comprar en las bajas”. Los recientes retrocesos han sido significativos, con el S&P 500 y el Nasdaq Composite cayendo aproximadamente…El 3.4% y el 4.4%, respectivamente, en los últimos cinco días de negociación.Sin embargo, estos movimientos no han desencadenado la fiebre de compra que se esperaba. En un mercado donde las valoraciones son elevadas y los premios por el riesgo son bajos, la psicología del miedo comienza a superar la codicia por oportunidades de inversión. El fracaso de estas caídas en atraer a los compradores indica un cambio en el sentimiento de los inversores: ya no están dispuestos a considerar cada corrección como una oportunidad de comprar. Es un signo clásico de disminución de la confianza, donde el sesgo cognitivo de atención a lo reciente –esperando que la tendencia actual de ganancias continuara– está siendo cuestionado por la nueva realidad más amenazante que representa un contexto macroeconómico cada vez más negativo.
La desconexión en el comportamiento: ¿Por qué los mercados permanecen indiferentes?
El hecho de que el mercado no actúe en respuesta a los claros signos de alerta es un ejemplo clásico de disonancia cognitiva. Los inversores se encuentran entre dos fuerzas psicológicas poderosas: un miedo profundo a las pérdidas y una creencia firme en resultados recientes que son favorables. Esta tensión explica por qué se ignoran los señales más alarmantes.
Por un lado, existe la aversión a las pérdidas. Se trata de una tendencia bien documentada: el dolor causado por una pérdida se considera dos veces más intenso que el placer derivado de una ganancia equivalente. Esto debería hacer que los inversores sean extremadamente vigilantes cuando los riesgos son altos. Sin embargo, el mercado trata la caída drástica en los premios de riesgo de las acciones como algo insignificante, como si fuera simplemente ruido de fondo. Como señala Oppenheimer de Goldman Sachs, estos premios han bajado hasta niveles que ya se habían visto antes de la crisis de 2008. Eso es una clara señal de que las acciones son más vulnerables a los shocks. La desconexión entre el comportamiento real de los inversores y sus reacciones ante los riesgos es evidente: los inversores son muy sensibles a las posibles pérdidas, pero no ajustan su comportamiento para enfrentar ese mayor riesgo. En cambio, tratan la situación actual como algo normal, lo cual es una señal de complacencia, que supera la ansiedad racional.
Esta complacencia está alimentada por el sesgo de recienteza. El mercado ha disfrutado de una serie de años de altos rendimientos anuales.El 23.3% en el año 2024, y el 24.2% en el año 2023.Esta historia reciente crea un punto de referencia para los inversores, quienes asumen que tales ganancias son la nueva norma. Esto hace que subestimen la posibilidad de un retroceso en las cotizaciones, suponiendo que la tendencia positiva actual continuará. Este sesgo es especialmente peligroso cuando se combina con valoraciones elevadas a nivel mundial, ya que genera una falsa sensación de seguridad. En esencia, el mercado está apostando a que el rendimiento del último año se repetirá, ignorando las vulnerabilidades estructurales que Oppenheimer ha señalado.
El sesgo de confirmación contribuye aún más a este punto de vista erróneo. La persistente narrativa del “frenesí tecnológico” actúa como un poderoso filtro, motivando a los inversores a buscar y exagerar las noticias positivas, al mismo tiempo que subestiman los riesgos. Este sesgo lleva a una valoración excesiva de las empresas tecnológicas. Los datos recientes muestran que el sector ha tenido que soportar algunos problemas, pero no es tan grave como se creía.Los períodos más débiles en cuanto al rendimiento relativo, en los últimos 50 años.Sin embargo, la narrativa sigue vigente, lo que refuerza la creencia de que el gasto en IA es un motor de crecimiento seguro. Esto crea un ciclo de retroalimentación en el cual el mercado ignora los signos de advertencia, ya que no encajan con la narrativa dominante. El resultado es un comportamiento colectivo en el que la psicología está impulsando los precios lejos de la realidad fundamental. Esto prepara el terreno para una corrección cuando la narrativa inevitablemente se rompe.
Catalizadores y lo que hay que observar
La advertencia de Oppenheimer de Goldman es clara. Pero la reacción del mercado depende de ciertos factores que pueden convertir la complacencia en una situación de venta masiva. Los factores más importantes son los macroeconómicos y técnicos. El punto de observación importante es la erosión del reflejo de “comprar en momentos de baja”.
En primer lugar, hay que estar atentos a cualquier ruptura continua por debajo de los niveles de soporte técnico clave. El mercado ha demostrado capacidad de recuperación en las últimas caídas, pero la psicología del miedo está comenzando a superar al deseo de ganar dinero. Un movimiento decisivo por debajo de esos niveles de soporte podría significar una nueva caída, como la que ocurrió recientemente con el S&P 500 y el Nasdaq Composite.El 3.4% y el 4.4%, respectivamente, en los últimos cinco días de negociación.Podría desencadenar comportamientos de masas. Cuando ocurre una crisis técnica grave, esto a menudo actúa como un señal que se refuerza por sí mismo, acelerando la venta de activos por parte de los inversores, sin importar los fundamentos del mercado. Este es el mecanismo comportamental que puede convertir rápidamente una corrección en una corrección aún más grave.
En segundo lugar, es necesario monitorear la trayectoria de los precios del petróleo y el riesgo geopolítico. Este es el factor macroeconómico inmediato que menciona Oppenheimer. El aumento significativo en el riesgo geopolítico se refleja en la asunción de riesgos relacionados con esa situación.21 días de reducción en los flujos de tráfico a través del Estrecho de Ormoz.Esto ha llevado los precios del crudo de Brent hasta los 100 dólares por barril. Este golpe está empeorando la situación económica, ya que se proyecta que el PIB de Estados Unidos disminuirá al 2.2%, y la probabilidad de recesión aumentará al 25%. Cualquier escalada más importante en los precios del petróleo o en las tensiones geopolíticas ejercerá una presión directa sobre los márgenes de ganancia de las empresas y los gastos de los consumidores. Esto constituye una razón económica concreta para que el mercado reevalué las valoraciones de las empresas. La vulnerabilidad del mercado se incrementa, ya que este riesgo no es algo lejano, sino algo real y presente.

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