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El mercado comienza el año 2026 con un buen rendimiento: el índice S&P 500 aumentó un 1% en enero, lo que significa que se trata del tercer año consecutivo en el que los ingresos son de dos dígitos. Sin embargo, esta aparente calma es precisamente el escenario perfecto para la volatilidad que Goldman Sachs advierte que está a punto de ocurrir. El aviso de Goldman Sachs sobre la volatilidad llega justo cuando el mercado entra en una fase de alta incertidumbre: el inicio de la temporada de resultados del cuarto trimestre, que comenzará esta semana con bancos importantes como JPMorgan y Citigroup. Todo esto se desarrolla en un equilibrio frágil, donde el fortalecimiento reciente ha superado las crecientes tensiones geopolíticas y las incertidumbres relacionadas con las próximas medidas del Banco Central. La “pausa hawkiana” del Banco Central en cuanto a las reducciones de tipos ha añadido una capa más de incertidumbre política, mientras que la valoración del mercado está fuertemente presionada, cotizando a un nivel de 22 veces los ingresos futuros. Este nivel de precio de mercado deja poco margen para errores.
Esta es la clásica trampa de “precios establecidos para reflejar la perfección”. Los inversores han ignorado las noticias geopolíticas, y el índice Cboe Volatility ha subido ligeramente, pero sigue estando cerca de sus niveles más bajos en varios años. La complacencia es algo estructural. Los operadores de opciones estiman que los movimientos esperados serán mínimos, con un rango promedio de cambios del 4.7%, un nivel muy bajo en los últimos 20 años. Sin embargo, los movimientos reales que han ocurrido durante los días de resultados financieros han sido mucho más intensos, hacia niveles que no se habían visto desde la crisis financiera de 2009. Esta discrepancia es el núcleo de las advertencias de Goldman. Con actividad de cobertura en niveles muy bajos y volúmenes de opciones reducidos antes de la temporada, el mercado ha acumulado una situación peligrosa. Un informe de resultados decepcionante o una perspectiva ligeramente conservadora por parte de un gigante de la Bolsa podría desencadenar una cascada de ventas forzadas, ya que la demanda de cobertura superará la baja liquidez del mercado, lo que provocará esa volatilidad que el mercado de opciones no ha podido tener en cuenta.

El aspecto central de las advertencias de Goldman es una clara discrepancia estadística. El mercado de opciones prevé una calma casi histórica durante la temporada de resultados financieros que se avecina. Los operadores apuestan a que las acciones del índice S&P 500 medirán apenas…
Después de su informe trimestral. Este movimiento implica que…El mercado está cotizado de manera óptima, con pocas expectativas de turbulencia en torno a los anuncios corporativos.Sin embargo, los registros históricos recientes cuentan una historia diferente. Los movimientos de precios que ocurrieron durante los días de resultados financieros en los últimos dos trimestres fueron mucho más intensos. Hace solo dos trimestres, el movimiento promedio fue del 5.4%, un nivel que Goldman señala como el más alto desde 2009. Esto crea una clara brecha: el mercado espera una temporada más tranquila de lo que ha demostrado en el pasado reciente. Esta desviación se ve agravada por el contexto general del mercado. El S&P 500 cotiza a un precio muy elevado, con un multiplicador de beneficios futuros de 22 veces. Una valoración así deja poco margen para errores. En tales condiciones, incluso un pequeño retraso en los resultados financieros o una perspectiva cautelosa por parte de un gigante de la bolsa podría provocar una venta desproporcionada, ya que el multiplicador de beneficios ofrecido por el mercado no permite ningún margen de seguridad.
Este desajuste estructural es la trampa. El mercado de opciones ya ha tenido en cuenta la complacencia de los inversores, pero los factores subyacentes que causan volatilidad, sorpresas en los resultados financieros, cambios en las orientaciones de los gestores y presiones específicas de cada sector siguen siendo importantes. El análisis de Goldman sugiere que, aunque el índice en sí solo ha aumentado un 3% en los últimos meses…
Esta divergencia implica que es probable que ocurran sorpresas positivas, pero la escasa actividad de cobertura del mercado significa que no está preparado para los riesgos negativos que también podrían surgir. La situación es como una resorte enrollada: con una actividad de cobertura en niveles mínimos de varios años y volúmenes de opciones reducidos, el mercado ha desarrollado una vulnerabilidad peligrosa frente a esa volatilidad que no ha sido tenida en cuenta en los cálculos del mercado.La vulnerabilidad estructural que identifica Goldman no es algo abstracto. Está basada en dos condiciones concretas y interconectadas: una concentración extrema y una ausencia casi total de protección. Juntas, estas condiciones crean un entorno de mercado en el que un solo factor negativo puede provocar una revalorización desproporcionada y violenta.
En primer lugar, el peso de los mercados financieros está concentrado de manera peligrosa. Las diez acciones que ocupan el top ten representan una cantidad asombrosa de valor en el mercado.
Esta concentración aumenta el impacto de cualquier decepción en los resultados financieros de una empresa en particular. Cuando las decisiones de unos pocos grupos empresariales importantes determinan el curso del índice, todo el mercado se vuelve extremadamente sensible a sus informes trimestrales. Un error o una perspectiva cautelosa por parte de uno de estos gigantes no solo afecta a una sola acción, sino que puede provocar una serie de ajustes en el índice y en las carteras de inversores, amplificando así el impacto inicial en una crisis mayor.En segundo lugar, y lo más importante, el mercado ha eliminado en gran medida sus medidas de protección. La actividad de cobertura se encuentra en niveles mínimos desde hace varios años, y los volúmenes de opciones en el período previo a los informes financieros son excepcionalmente bajos. Esto significa que la gran mayoría de los inversores no han adquirido medidas de protección contra movimientos negativos drásticos. El resultado es un efecto “muelle enrollado”. Cuando ocurre un resultado negativo inesperado, no existe una base de órdenes de cobertura previa para absorber la presión de venta inicial. En cambio, surge una corriente de salida o de retirada de posiciones al mismo tiempo, agravando aún más las caídas de precios. La complacencia del mercado de opciones, que considera que un movimiento promedio de ±4.7% es suficiente, es una consecuencia directa de esta falta de posiciones defensivas.
Esta situación se complica aún más debido a la posición actual de la Reserva Federal. La “pausahawkish” del banco central en cuanto a reducciones de tipos de interés deja al mercado sensible a cualquier información que sugiera un período más largo de altos tipos de interés. Con el S&P 500 cotizando a un precio de 22 veces los beneficios futuros, la margen de valoración es mínima. En este contexto, la incertidumbre en las políticas de la Fed constituye un riesgo constante, lo que hace que el mercado reaccione con mayor agitación ante cualquier noticia económica o corporativa que pueda retrasar el ciclo de disminución de los tipos de interés esperado. En resumen, se trata de una situación caótica: los riesgos son elevados, ya que una sola mala noticia puede provocar una crisis de ventas generalizada. Además, los contratos de cobertura bajos aseguran que la crisis sea violenta e incontrolable, precisamente porque el mercado no ha tenido en cuenta esa volatilidad a la que ahora está estructuralmente vulnerable.
La brecha de volatilidad macro se convierte ahora en riesgos y oportunidades específicos a nivel de acciones. El análisis de Goldman proporciona un marco táctico para las próximas semanas, identificando a los ganadores y perdedores claros, donde la complacencia del mercado es lo más peligroso.
Por otro lado, el banco considera que existe una alta probabilidad de resultados positivos para un grupo seleccionado de acciones, donde los fundamentos están mejorando más rápido que los precios.
Se destacan como acciones en las que el mercado subestima el potencial de lograr resultados positivos después de los balances. Esta situación representa una oportunidad clásica para comprar opciones sobre acciones, con el objetivo de aprovechar la diferencia entre el precio actual y el potencial rendimiento posterior a los resultados financieros. La baja volatilidad implícita sugiere que el movimiento esperado será mínimo. Sin embargo, los factores que impulsan este comportamiento del mercado son suficientemente importantes como para provocar un aumento significativo en el precio de las acciones. Para los operadores, este es el escenario ideal para comprar opciones sobre acciones, con el fin de aprovechar esta oportunidad.Por el contrario, el riesgo de una revaloración de precios de manera violenta se concentra en las empresas que enfrentan presiones significativas en sus márgenes de beneficio.
Se consideran factores que podrían ser catalizadores de una caída más pronunciada de lo esperado. En el caso de Texas Instruments, el riesgo radica en la sensibilidad de la industria de semiconductores a los ajustes de inventario y a los cambios en la demanda. En el caso de Southwest, la presión proviene de aspectos operativos: el aumento de los costos de combustible y las gastos laborales reducen los márgenes ya de por sí bajos de un operador tradicional. En ambos casos, el entorno de bajo cobertura del mercado significa que cualquier información que no cumpla con los altos estándares establecidos por el optimismo reciente podría provocar una serie de ventas, ya que la falta de coberturas previas amplifica el impacto inicial.El riesgo más importante es un cambio en el nivel de volatilidad. La historia nos muestra que los períodos de volatilidad extremadamente baja, como el actual…
Un aumento de aproximadamente un 4.7% suele ir seguido por un incremento brusco en la volatilidad del mercado. Este es el “cambio de régimen” de que advierte Goldman. La próxima temporada de resultados financieros podría ser el factor desencadenante. Dado que el índice cotiza a un precio elevado y las diez compañías más importantes determinan el curso del mercado, cualquier sorpresa negativa de una empresa de gran capitalización podría provocar un cambio en la valoración de todos los activos. El problema radica en que el mercado de opciones, al haber asumido movimientos mínimos en sus precios, no ofrece ninguna protección real. El resultado podría ser un rápido descenso de las posiciones abiertas y un aumento repentino en el índice de volatilidad de Cboe. Esto validaría las advertencias de Goldman de que el mercado es estructuralmente vulnerable a esa volatilidad que no ha sido incorporada en los precios de los activos.La brecha de volatilidad no es simplemente un aviso; es una estrategia táctica. Para los inversores, el camino a seguir requiere un cambio de la forma pasiva de mantener las acciones a una forma activa de posicionarse, utilizando los desajustes estructurales identificados para navegar en las próximas semanas. La regla de seguridad es clara: hay que observar si la volatilidad realizada en todo el mercado comienza a cerrar esa brecha con la volatilidad implícita, lo que indicaría que la trampa está empezando a manifestarse.
La forma más directa de protegerse es comprar opciones sobre las empresas que son más vulnerables a cambios negativos en sus precios. Se trata de acciones que enfrentan presiones conocidas relacionadas con los márgenes de beneficio de sus acciones.
Comprar opciones down de manera prudente, antes de los informes financieros de las empresas, es una estrategia sensata. Esta acción aborda directamente el efecto “muelle enrollado”, proporcionando un suelo contra las caídas excesivas que Goldman espera. El bajo nivel de volatilidad implicada hace que estas coberturas parezcan baratas, pero su valor radica precisamente en las ganancias asimétricas que ofrecen, en caso de que ocurra algo negativo que vulnere la vulnerabilidad de las coberturas del mercado.Por el contrario, la oportunidad se encuentra en la dirección opuesta. En los casos en que los fundamentos de una empresa mejoran más rápido que sus precios, la complacencia del mercado crea una oportunidad para comprar esas acciones antes de que se hayan subido demasiado de precio. Goldman lo destaca.
Como en los casos en los que el mercado subestima el potencial de sorpresas positivas. En este caso, la estrategia táctica consiste en comprar opciones de acción individuales, o incluso considerar una posición de “straddle” con plazos más largos, con el objetivo de aprovechar la brecha entre el precio actual y la fortaleza probable del activo después de los resultados financieros. Los bajos volúmenes de operaciones con opciones y la actividad de cobertura indican que el mercado no ha valorado adecuadamente estos posibles rendimientos positivos.Se deben monitorear los movimientos de las acciones identificadas después de los resultados financieros, ya que son señales tempranas sobre la existencia de una “trampa” en el mercado y sobre la precisión de los precios establecidos por el mercado. Un movimiento que exceda el rango de volatilidad implicada del 4.7%, especialmente para una acción de tipo “mega-cap”, sería la primera evidencia concreta de que esa “trampa” está activándose. Estos datos en tiempo real serán más reveladores que cualquier modelo matemático, y confirmarán si la subestimación del mercado de opciones está a punto de corregirse de manera drástica.
En resumen, se trata de un posicionamiento asimétrico. La fragilidad estructural del mercado, junto con una alta concentración de participantes, pocos opciones de cobertura y valoraciones excesivas, significa que el riesgo de caídas debido a volatilidades elevadas es mayor que las posibilidades de beneficios si el mercado continúa estable. Por lo tanto, la medida prudente es asegurarse de que su cartera cuente con algún tipo de protección, especialmente contra los factores que puedan causar volatilidades. Al utilizar opciones para cubrir ciertas vulnerabilidades y aprovechar el optimismo presente en los precios, los inversores pueden manejar la temporada de resultados sin ser meras víctimas pasivas de una trampa, sino como participantes activos que han tomado en consideración esa volatilidad que el mercado no ha logrado detectar.
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