El “piso estructural” de oro: ¿Por qué la reunión de 2026 se basa en una demanda real, y no en especulación?
La volatilidad reciente del oro ha puesto a prueba la determinación de muchos inversores. Pero también ha permitido identificar los verdaderos factores que impulsan el mercado. El brusco descenso de los precios desde los niveles más altos es un ejemplo típico de una reducción forzada de las deudas, y no de una caída en la demanda. Lo que permanece intacto, y que ahora es aún más importante que nunca, es un cambio estructural significativo que está redefiniendo el precio a largo plazo del metal. Este mercado alcista se basa en un cambio duradero en la gestión de las reservas mundiales, así como en un entorno macroeconómico en el que el dólar estadounidense está más débil, superando cualquier tipo de frenesí especulativo.
La compra por parte del banco central es la base fundamental de este nuevo sistema. En el año 2025, la demanda del sector oficial alcanzó aproximadamente…863 toneladasSe espera que este nivel de diversificación de las reservas agresivas continúe en el año 2026. No se trata de una tendencia puntual, sino de un reajuste estratégico a largo plazo por parte de las principales economías, con el objetivo de reducir su dependencia del dólar y protegerse contra los riesgos sistémicos.
Esta demanda persistente y de larga duración actúa como un poderoso punto de anclaje, creando una barrera que las ventas especulativas por sí solas no pueden superar. Esto indica una reevaluación fundamental del papel del oro en el sistema monetario mundial.
Este apoyo estructural opera en un contexto macroeconómico favorable, definido por la relación histórica inversa entre el dólar estadounidense y el oro. Cuando el dólar se debilita, el oro se vuelve más económico para los compradores internacionales, lo que generalmente aumenta la demanda. El mercado ya está asignando precios basados en esta situación.Un entorno económico en el que el dólar es más “blando” desde un punto de vista estructural.Esto se debe a las variaciones en los diferenciales de tipos de interés y a las incertidumbres fiscales. No se trata de una baja temporal, sino de un posible nuevo patrón de comportamiento que podría representar un factor positivo para el mercado de metales en los próximos años. El papel del dólar como moneda de reserva mundial enfrenta nuevos obstáculos, lo que hace que el oro adquiera una importancia cada vez mayor como contrapeso.
Lo que complementa esta demanda oficial es un aumento en las inversiones minoristas e institucionales. Los activos gestionados por los fondos de oro globales alcanzaron un nivel récord.669 mil millones en enero de 2026Impulsados por un flujo de inversión mensual de 19 mil millones de dólares. Esto representa un nuevo nivel de participación en el mercado, ya que los inversores de Norteamérica, Asia y Europa están activamente asignando sus capitales en este sector. El hecho de que estos flujos de inversión continúen, incluso después de que los precios hayan bajado, demuestra que existe una demanda sólida y estable, lo cual reduce la probabilidad de que las inversiones se retiren rápidamente. Esto representa un ciclo de reasignación de capitales que añade otro nivel de apoyo al mercado.
Juntas, estas fuerzas – la diversificación de las políticas del banco central, el tipo de cambio más favorable del dólar y los flujos récord de fondos cotizados en bolsa– crean un nivel de precio a largo plazo más alto. Estas fuerzas establecen un nuevo equilibrio en el que el valor del metal no depende únicamente de las percepciones del mercado, sino también de cambios concretos y estructurales en la forma en que el mundo gestiona su riqueza y riesgos. Esta base hace que sea poco probable que se vuelva a los niveles de precios anteriores a 2023, incluso si la situación sigue siendo volátil.
La ilusión especulativa: Desacreditando la narrativa de la “burbuja”.
La reciente caída de los precios de las acciones constituye un caso típico para distinguir entre el estrés temporal del mercado financiero y una crisis estructural en la demanda. Cuando el oro cayó en su valor…El precio más alto durante el día fue de cerca de $5,608.Hasta mediados de los años 4000, la reacción inicial fue de pánico. Sin embargo, los mecanismos que llevaron a esta situación revelan que se trataba de una reducción forzada de las deudas, y no de un fracaso en los cimientos del mercado alcista. Se trataba de un reajuste del mercado, no de un colapso.
El catalizador inmediato fue un choque en la política monetaria. La nominación de Kevin Warsh como posible nuevo presidente de la Reserva Federal hizo que los rendimientos reales aumentaran, lo que fortaleció al dólar y cambió la valoración del riesgo en todos los activos. En ese entorno volátil, las bolsas aumentaron los requisitos de margen, lo que obligó a quienes tenían posiciones largas a liquidar sus inversiones. Con menos liquidez, el descenso se aceleró hasta llegar a un nivel casi vertical. El plata, con su beta más alto, fue liquidada aún más rápidamente. Pero la resiliencia relativa del oro, que logró estabilizarse por encima de los 4,700 dólares, indica que se trató de una reestructuración causada por problemas de liquidez, y no de un colapso estructural.
Este episodio puso de manifiesto una importante diferencia entre el mercado de papel y el mercado físico. El mercado de futuros asumió la mayor parte de las pérdidas, con ventas sistemáticas que intensificaron el movimiento de baja. Mientras tanto, la demanda física, que es lo que sustenta el nivel de precios a largo plazo, permaneció estable. Las compras realizadas por los bancos centrales, que constituyen el principal soporte estructural, continuaron con su tendencia de diversificación de reservas. La caída de precios no modificó sus objetivos de cobertura y asignación de riesgos a largo plazo. En otras palabras, el mercado de papel vendió, pero el mercado físico se mantuvo estable.
La enorme escala de las actividades comerciales resalta el alto riesgo de ejecución de las transacciones. Los volúmenes de negociación en el mercado del oro han alcanzado un nivel récord.623 mil millones de dólares al día, en enero.Esto refleja la extrema volatilidad y las dificultades que implica operar en un entorno tan turbulento. No se trata de una señal de un mercado sano y ordenado, sino de uno que está bajo estrés. Los rápidos cambios en los precios y la escasa liquidez aumentan el costo de hacer negocios.
En resumen, se trató de una corrección necesaria. Esta corrección redujo el apalancamiento excesivo, normalizó la posición de los activos y reajustó los precios después de un rali excesivo. La estructura del mercado alcista, basada en la demanda de los bancos centrales y en un régimen monetario más favorable para el dólar, sigue intacta. La caída de precios no rompió el mercado; más bien, sirvió como prueba y demostró que el mercado es resiliente. Para los inversores, la lección es clara: en un contexto de alta volatilidad, la disciplina y la gestión del riesgo son más importantes que la certeza sobre la dirección del mercado. El entusiasmo especulativo puede haber disminuido, pero la demanda estructural que define el nuevo nivel de precios es más fuerte que nunca.
trayectoria de precios en el año 2026 y los principales escenarios posibles
Las fuerzas estructurales identificadas anteriormente determinan una tendencia clara en la dirección en la que se desarrollará el proceso. Pero el camino hacia ese resultado estará influenciado por ciertos factores y riesgos específicos. El objetivo más importante a corto plazo es la proyección de J.P. Morgan, según la cual los precios del oro podrían alcanzar un promedio de…$5,055 por onza, para el último trimestre de 2026.Existe la posibilidad a largo plazo de que el precio alcance los 6,000 dólares por onza. Esta previsión se basa en una demanda sostenida. La banca espera que, en 2026, haya un promedio de 585 toneladas de demanda por parte de inversores y bancos centrales cada trimestre. Este nivel de demanda supera significativamente el umbral de 350 toneladas por trimestre, que es necesario para mantener un aumento en los precios. Esto constituye un punto de apoyo real y un mecanismo para generar presión al alza en los precios.
La resiliencia del mercado alcista depende de la durabilidad de esta demanda. Para que se produzca una desaceleración sostenida en el mercado, será necesario un cambio fundamental en los factores que impulsan esa demanda. Esto implica una reducción significativa en la disposición de los bancos centrales a comprar activos, algo que ha sido un proceso estratégico que lleva varios años en desarrollo. También podría significar un cambio drástico en las tendencias relacionadas con la desdolarización. El mercado ya ha superado una corrección severa, lo que demuestra que la demanda proveniente de ETFs y bancos centrales puede absorber la volatilidad del mercado. Mientras continúen estos flujos estructurales, el mercado tendrá la capacidad de volver a alcanzar niveles más altos.
El principal riesgo a corto plazo es una ronda intensa y sostenida del dólar estadounidense. La relación histórica inversa entre el oro y el dólar significa que un fuerte repunte del dólar podría presionar temporalmente los precios del oro, incluso en medio de una demanda estructural sólida. Esta es la vulnerabilidad clave en esta situación. Un repunte del dólar probablemente se debirá a un cambio en la política fiscal o monetaria de Estados Unidos, lo cual podría aumentar la demanda por los activos en dólares. Tal movimiento representaría un fuerte obstáculo para el mercado, creando un entorno volátil donde el nivel de precio a largo plazo del oro se pone a prueba frente a la fortaleza del dólar a corto plazo.
En la práctica, esto crea un mercado con dos fuerzas competidoras. Por un lado, el poderoso impulso de la demanda proveniente de los bancos centrales e inversores busca llevar los precios hacia el objetivo de 5,000 dólares o más. Por otro lado, la trayectoria del dólar actúa como un contrapeso potente en el corto plazo. El resultado dependerá de cuál de estas fuerzas prevalezca en cada momento. Por ahora, la demanda estructural parece demasiado fuerte para ser desviada por un solo shock político. Pero puede ser suprimida temporalmente. En resumen, mientras que la estructura del mercado alcista se mantiene intacta, los inversores deben monitorear cuidadosamente la trayectoria del dólar. Es muy probable que esto sea el catalizador para una pausa o retroceso en el corto plazo, pero no una ruptura en la tendencia a largo plazo.



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