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El motivo inmediato que provocó la turbulencia en el mercado esta semana fue una noticia muy importante: el presidente de la Reserva Federal está siendo investigado por delitos penales. En noviembre, una oficina del fiscal federal, nombrada por el presidente Trump, inició una investigación contra Jerome Powell, debido a las renovaciones realizadas en la sede de la Reserva Federal, por un valor de 2.5 mil millones de dólares. Se alega que Powell engañó al Congreso. Este es un aumento en la presión sobre Powell, ya que el presidente amenazó con destituirlo y hasta nombró a un sucesor para él. Este movimiento ha desencadenado una tendencia claramente “vender a Estados Unidos”. Los inversores están asignando un mayor riesgo a los activos estadounidenses y prefieren invertir en activos seguros como el oro.
Pero la cuestión estructural más profunda es si esta es una apuesta arriesgada, ya que podría llevar a una pérdida fundamental de la credibilidad institucional de Estados Unidos. Esta investigación es el último acto de un ataque más amplio contra la independencia del Banco Central. Esta semana, la Corte Suprema escuchó los argumentos relacionados con el intento del presidente Trump de destituir a Lisa Cook, la gobernadora del Banco Central. Este caso pone a prueba los fundamentos legales de la autonomía del banco central. La mayoría conservadora de la Corte Suprema ha sido respetuosa con las decisiones del presidente en materia de poderes de emergencia. Pero este caso es diferente. Desafía directamente la autoridad del presidente sobre una agencia independiente que tiene responsabilidades importantes en materia de política monetaria. Por lo tanto, este caso representa una prueba crucial para la separación entre los poderes del gobierno y los del banco central.
Vistos juntos, estos eventos forman una narrativa coherente. La investigación criminal contra Powell y el conflicto entre la Corte Suprema y Cook no son incidentes aislados. Son acciones coordinadas cuyo objetivo es desmantelar la capacidad de la Fed para resistir la presión política. Para los mercados, esto crea un factor de incertidumbre, pero al mismo tiempo, también un poderoso catalizador estructural. Las ganancias comerciales relacionadas con “vender América” se intensifican, ya que los inversores asumen una mayor probabilidad de interferencia política en la política monetaria. Este escenario amenaza directamente la estabilidad y la credibilidad del dólar. El aumento de los precios de los metales preciosos es una forma de protegerse contra ese riesgo.
El impacto del comercio ya se refleja en los gráficos de precios. El oro ha subido.
La cotización de la plata ha aumentado un 25% al inicio del año. Algunas fuentes incluso mencionan que…Para el sector de la plata, se trata del mejor inicio que ha tenido un año en lo que respecta a las cotizaciones. No se trata de un movimiento marginal; es un aumento explosivo en las cotizaciones, que ha revivido lo que se conoce como “comercio de devaluación”. Los inversores están abandonando los activos en dólares, confiando en que las presiones políticas podrían llevar a una devaluación de la moneda. Están adquiriendo activos con valor tangible. Se trata de una escalada en la campaña de presión que ya dura meses. El presidente incluso amenazó con despedir a Powell y nombró a un sucesor para él. Este movimiento ha provocado un claro aumento en el interés por vender activos estadounidenses, y los inversores optan por huir hacia refugios seguros, como el oro.
La amplitud de este movimiento sugiere que se trata algo más que una simple recuperación del precio del oro. Se trata de un “comercio de bajada de precios” en general, donde los inversores buscan invertir en cualquier activo que se considere como un refugio contra la debilidad del dólar. Esto incluye metales industriales como el cobre y el estaño, cuyos precios también han aumentado en 2026. Los factores que están impulsando este movimiento son claros: shocks geopolíticos como el ataque de Estados Unidos contra Venezuela y las amenazas contra Irán, además de la volatilidad de las políticas domésticas. Todo esto ha causado aumentos significativos en los precios de los metales. Este comercio es una respuesta directa al impulso de “vender América”, donde el dinero fluye fuera de los bonos del Tesoro de EE. UU. y del dólar, como señalan los economistas.
Sin embargo, el indicio más importante es cómo han reaccionado las acciones. A pesar del caos, las acciones alcanzaron un nivel histórico esta semana y desde entonces solo han bajado ligeramente. Esta divergencia es crucial. Indica que el mercado no está experimentando una venta masiva de activos, sino más bien una estrategia de cobertura selectiva. Los inversores están utilizando la subida de los precios de los metales para protegerse contra ciertos riesgos: la pérdida de independencia de la Fed y la posibilidad de inestabilidad fiscal. Al mismo tiempo, continúan confiando en la solidez de la economía estadounidense y de sus principales empresas. Como señaló una analista, esto no es tanto una estrategia de venta de activos en Estados Unidos, sino más bien una estrategia de cobertura de activos en ese país. El precio récord del oro y la plata es la manifestación visible de esa política de seguridad estratégica.
La próxima decisión de la Corte Suprema sobre el intento del presidente Trump de destituir a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, es un punto de inflexión crucial. Los jueces decidirán si el poder del presidente para destituir a los funcionarios de la Reserva Federal está “sin límites” o si está restringido por la ley. Esta decisión no solo resolverá una disputa legal, sino que también marcará el tono de las operaciones de la Reserva Federal en los próximos años, con consecuencias directas y significativas para la política monetaria y los mercados financieros.
Un fallo que preserve la independencia del Fed sería una victoria limitada. Probablemente, este fallo lograría contener el fenómeno de “vender América”, al reforzar la barrera legal entre la política y la política monetaria. En ese escenario, el dólar encontraría apoyo, y la intensa presión sobre los rendimientos reales de los bonos del Tesoro estadounidense disminuiría. El mercado interpretaría esta decisión como una reafirmación de un principio fundamental de la macroeconomía: que el control político sobre las tasas de interés inevitablemente conduce a la inflación. Como señaló el jurista John Yoo, el tribunal podría estar preocupado por las consecuencias económicas de desmantelar la separación entre el banco central y el gobierno. Este resultado permitiría que el Fed se concentrara en su mandato, aunque las tensiones políticas seguirían existiendo.
Por el contrario, una decisión que permita al presidente despedir a los funcionarios de la Reserva Federal validaría todo el sistema de “comercio de debasemento”. Sería una señal clara de que la autonomía del banco central es políticamente vulnerable, lo que socavaría directamente la credibilidad del dólar. Esto probablemente causaría una presión continua sobre la moneda y mayores rendimientos reales en los bonos del Tesoro con plazos más largos, ya que los inversores exigirían un mayor precio por poseer deuda estadounidense. El mercado tendería a prestar más importancia a la posibilidad de interferencias políticas en la política monetaria en el futuro, lo cual podría llevar a una reevaluación generalizada de los activos relacionados con el dólar.
En cualquier caso, el próximo presidente de la Fed, quien será nombrado por Trump en mayo, enfrentará un dilema muy difícil. Esa persona no solo tendrá que lidiar con la inflación, sino también con una entidad bancaria que opera en medio de una atmósfera política turbulenta. El proceso de selección del nuevo presidente es, en sí mismo, una prueba de la resiliencia institucional. Es probable que el nuevo presidente tenga que enfrentarse a un proceso de confirmación en el Senado más complejo que el anterior. La compleja estructura de la Fed, con sus 12 presidentes de bancos regionales y los miembros del FOMC que se rotan constantemente, podría proporcionar cierta protección. Pero la nueva dirección tendrá que demostrar su autoridad en un entorno donde su independencia está siendo cuestionada legalmente. El camino hacia la implementación de las políticas monetarias dependerá más de cómo manejen las consecuencias de esta prueba estructural, que no tanto de los datos económicos.
La situación actual depende de algunos acontecimientos críticos en el corto plazo. El factor clave es la decisión del Tribunal Supremo sobre el caso Cook, que se espera que se tome en las próximas semanas. Esta decisión será la prueba definitiva de la independencia legal del Banco Central. Una victoria para Cook sería una victoria para la independencia institucional, lo cual probablemente calmaría los temores de quienes quieren “vender a América”. Una derrota, por otro lado, confirmaría toda la narrativa de desvalorización, lo que demostraría que la autonomía del banco central es políticamente vulnerable. Como señaló el jurista John Yoo, los jueces podrían estar preocupados por las consecuencias económicas de desmantelar este sistema de protección legal, pero su decisión marcará el tono de las operaciones del Banco Central.
Más allá del mercado, los inversores deben vigilar la volatilidad del mercado en busca de señales de un comportamiento de huida hacia la seguridad a largo plazo, en lugar de un evento temporal que genere una reacción de riesgo. La volatilidad del mercado del VIX y del mercado de bonos del gobierno son indicadores clave. Si la turbulencia reciente es simplemente un aumento en la aversión al riesgo, la volatilidad debería normalizarse. Pero si se percibe que la independencia de la Fed está comprometida, veremos presión constante sobre los bonos del gobierno de EE. UU., además de una demanda persistente por oro. La divergencia entre las acciones que se mantienen cerca de sus máximos, mientras que los metales suben, sugiere una posición de cobertura táctica, no un retiro generalizado. Esta situación es frágil; un desplome más profundo en los valores podría obligar a una reevaluación de los activos en dólares.
Por último, hay que estar atentos a cualquier cambio en la comunicación o en la postura política del banco central tras el cambio de liderazgo en mayo. El nuevo presidente, quien será nombrado por el presidente Trump, se enfrenta a una situación difícil. Ese individuo no solo tendrá que manejar la inflación, sino también operar un banco central que está bajo la sombra de disputas políticas. El proceso de nombramiento es una prueba de la capacidad institucional del banco central; es probable que el próximo presidente tenga que enfrentarse a un proceso de confirmación más complejo en el Senado. La compleja estructura del banco central, con sus 12 presidentes de bancos regionales y los miembros rotativos del FOMC, podría proporcionar cierta seguridad, pero la nueva dirección tendrá que demostrar su autoridad en un entorno donde su independencia está siendo cuestionada legalmente. El camino hacia una política monetaria adecuada dependerá menos de los datos económicos y más de cómo manejar las consecuencias de esta prueba estructural.
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