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La división de las responsabilidades para el año 2025 no fue simplemente una estrategia de mercado, sino más bien una verdadera guerra narrativa. Por un lado, estaban los que defendían el uso del oro…
Y también…Se logró capturar un estado de FOMO puro y sin adulteraciones. Los inversores tradicionales e institucionales, alarmados por las tensiones mundiales, se apresuraron a invertir en este mercado. No se trataba de una inversión lenta; era un caso típico de rally causado por el FOMO. El precio del activo bajó 53 veces, y el volumen de activos invertidos en este ETF se duplicó, alcanzando los 559 mil millones de dólares. La situación era clara: la demanda de activos considerados “seguros” era muy alta, y los inversores de la vieja generación compraban en momentos de baja.Por otro lado, Bitcoin sufrió una prueba difícil en términos de convicción de los inversores. Mientras que el mercado en general mostró un aumento, la moneda criptográfica de Bitcoin cayó un 6% durante el año, marcando así un punto de inflexión negativo para ella.
Eso es un ejemplo típico de cómo las acciones del mercado pueden ser completamente diferentes de lo que se espera. A pesar de todos los discursos en favor de las políticas relacionadas con las criptomonedas y del entusiasmo por los fondos cotizados en bolsa, las cifras reales del mercado demostraron algo muy diferente. La diferencia entre los rendimientos de oro y de Bitcoin fue asombrosa: el retorno del oro fue casi 10 veces mayor que el de Bitcoin. En términos de criptomonedas, esto sirve como una clara lección: incluso las narrativas más fuertes pueden ser derrotadas por el sentimiento del mercado y por los factores macroeconómicos negativos.Este enfrentamiento constituye la tensión central para el año 2026. El aumento del precio del oro se debió al miedo y a la motivación de los inversores; se trataba, en realidad, de una estrategia típica de “FOMO” (miedo a perder las acciones). Sin embargo, la caída del precio del Bitcoin obligó a reflexionar más profundamente sobre la convicción que tienen los inversores en sus inversiones. ¿Los inversores mantuvieron sus posiciones a pesar de todo el caos, o decidieron rendirse? La situación actual es la siguiente: la historia del oro está relacionada con la estabilidad y la seguridad durante períodos de estrés; mientras que la historia del Bitcoin depende de su rendimiento a largo plazo, frente a la depreciación del dinero. El enfrentamiento del año 2025 mostró qué bando logró captar la atención de los inversores. La verdadera prueba será ver cuál de ellos puede mantener su convicción cuando llegue el próximo ciclo.
La divergencia en el año 2025 no se debió únicamente a factores sentimentales; fue un enfrentamiento entre los mecanismos fundamentales de suministro. Esta es la verdadera batalla de 2026: el suministro de oro es elástico, mientras que el suministro de Bitcoin es matemáticamente fijo. Y en un mundo donde la demanda institucional está aumentando, esa diferencia es lo que realmente importa.
La historia de el oro es una historia de producción flexible. Cuando los precios aumentan, los mineros pueden y lo hacen, incrementando su producción. Los datos muestran que el suministro mundial de oro crece a un ritmo anual.
Esa es una vulnerabilidad importante. Como señala Ark Invest, los precios más altos del oro incentivan a las mineras a aumentar la producción siempre que sea posible. Esta elasticidad incorporada limita el valor de la escasez a largo plazo. Se trata de un activo duro, pero su oferta puede aumentar si se perforan más pozos en el suelo cuando el precio está alto. En términos criptográficos, se trata de un “cap” blando.Por el contrario, el Bitcoin opera bajo un sistema diferente.
Esa cantidad no responde al precio. Su naturaleza algorítmica implica que la oferta se incrementa de manera matemática, pero a un ritmo predecible y decreciente. Durante los próximos dos años, ese aumento será de aproximadamente el 0,82% anual. Después del siguiente “halving”, el aumento de la oferta disminuirá aún más. Esto crea una situación de escasez que difiere significativamente de la del oro. La oferta simplemente no puede aumentar para satisfacer las demandas repentinas.Por eso, Cathie Wood, de Ark Invest, sostiene que el bitcoín es un activo escaso superior en el contexto actual. La tesis es clara: cuando el capital se dirige hacia los activos físicos durante una revaluación monetaria global, la oferta inelástica del bitcoín significa que cualquier aumento en la demanda, como por ejemplo, las continuas entradas de fondos en los ETF, tendrá un efecto más significativo sobre el precio. La asimetría es evidente: los mineros de oro pueden producir más, pero el código del bitcoín no puede hacerlo. Como dice Georgii Verbitskii, analista especializado en criptomonedas, esa asimetría significa que, cuando la demanda vuelve a aumentar, la reacción del precio del bitcoín será más explosiva.

En resumen, se trata de apostar en la escasez de los bienes. El aumento del precio del oro se debe a que la creación de riqueza mundial supera la capacidad de suministro. Pero el ritmo de crecimiento del suministro reduce esa diferencia. En cambio, el caso de Bitcoin se basa en una oferta fija e inmutable, lo que promete un aumento más pronunciado y asimétrico cuando la demanda finalmente alcance el nivel de oferta. Para quienes apostan por el diamante, esa es la verdadera apuesta segura.
Si nos alejamos del panorama de la batalla entre las manos “FOMO” en 2025 y las manos que utilizan diamantes, el informe a largo plazo nos dice una historia diferente. A lo largo del tiempo…
Bitcoin ha superado por completo al oro. El “rey de las criptomonedas” ha aumentado su valor en un 360%, mientras que el oro solo tuvo un aumento del 166%. Se trata de una ventaja enorme, que no puede ser capturada simplemente mediante los datos de precios de 2025. Para quienes invierten a largo plazo, esto es realmente una oportunidad de inversión. Demuestra la capacidad de Bitcoin para generar ganancias asimétricas cuando el mercado finalmente se dirija hacia activos físicos.Esta brecha en rendimiento está respaldada por una poderosa ventaja estructural: una baja correlación entre los dos activos. Los datos muestran que la correlación entre las ganancias del Bitcoin y las del oro ha sido de solo 0.14 durante los últimos años. Esto constituye una herramienta de diversificación en su forma más pura. Cuando se enfrenta a un shock específico, ya sea debido a temores geopolíticos relacionados con el oro, o debido a informaciones negativas sobre regulaciones, el Bitcoin no necesariamente se ve afectado negativamente. Por lo tanto, la asignación de capital en el Bitcoin puede ser una forma eficaz de protegerse contra una amplia gama de riesgos sistémicos, y no solo contra uno de esos tipos de inestabilidad.
Por lo tanto, la decisión depende realmente de tu horizonte temporal y de tu tolerancia al riesgo. El oro gana por su estabilidad y la demanda a corto plazo como refugio seguro. Es como una “póliza de seguro” que funciona cuando surgen situaciones de pánico. En cambio, el Bitcoin ofrece un rendimiento asimétrico, relacionado con la expansión de la liquidez y un cambio fundamental en las expectativas monetarias. Se trata de una apuesta a largo plazo, basada en la narrativa de la escasez del dinero.
En resumen, cualquier portafolio debe contener ambos tipos de activos. El oro es una forma comprobada de almacenar valor durante períodos de crisis. La Bitcoin, por su parte, es un instrumento de inversión con alta credibilidad y baja correlación con otros activos. Además, tiene un historial de crecimiento a largo plazo impresionante. En la batalla por el control del mercado en 2026, lo más sensato sería utilizar tanto el oro como la Bitcoin: el oro para garantizar estabilidad, y la Bitcoin para aprovechar las oportunidades de crecimiento. Ese es el mejor portafolio posible.
La guerra narrativa se intensificará en el año 2026. Los factores clave que determinarán el desarrollo de los acontecimientos serán si la demanda del oro por parte de los bancos centrales será suficiente para mantener su aumento continuo.
O, tal vez, el Bitcoin pueda finalmente superar su fase de “objeto sin valor real”. La tesis principal se verá probada en cuanto a qué activo es más adecuado para servir como reserva de valor durante situaciones económicas difíciles, en comparación con un activo digital de crecimiento rápido y escaso en cantidad.En primer lugar, hay que observar la narrativa relacionada con el oro. La demanda de oro está impulsada por una tendencia poderosa: los bancos centrales están comprando oro a un ritmo acelerado, con un promedio de 585 toneladas por trimestre en el año 2026. Se trata de una demanda estructural importante. Si esta compra continúa, podría llevar los precios hacia las proyecciones de J.P. Morgan, que indican un precio de 5,055 dólares por onza para el último trimestre. Lo importante aquí es la estabilidad y la seguridad durante situaciones de crisis. Para quienes invierten en este activo, se trata de una opción segura. Pero desde la perspectiva de los criptoactivos, se considera que esta demanda ya está incluida en los precios actuales. La verdadera prueba será si el suministro de oro puede mantenerse al ritmo de esta demanda, especialmente debido a una posible revaluación de la moneda.
Luego está el bitcoín. La caída en el año 2025 fue brutal, pero las estadísticas a largo plazo muestran una situación diferente. El factor clave que impulsó su crecimiento es un cambio en las expectativas monetarias y un flujo continuo de fondos en los ETF relacionados con el bitcoín. Como sostiene Cathie Wood de Ark Invest, el bitcoín…
Se trata de un activo escaso y de alta calidad, cuando el capital se dirige hacia los activos fijos. La tesis es que, si la demanda sigue aumentando, las criptomonedas podrían beneficiarse más que el oro, debido a su naturaleza matemática. Se trata de una apuesta de alto crecimiento y asimétrica. La pregunta es si las personas que invierten en diamantes podrán soportar la volatilidad para ver cómo se lleva a cabo esta tesis.En resumen, se trata de una batalla entre dos narrativas. La historia de la moneda en oro es la de un activo que ha demostrado su valor durante situaciones de crisis, con el apoyo constante por parte de los bancos centrales. La historia del Bitcoin, por otro lado, es la de un activo digital que crece rápidamente y es escaso en cantidad. La reacción de su precio ante las altas demandas es, en general, más explosiva. En 2026, veremos qué narrativa ganará la confianza del público.
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