Las consecuencias globales de la crisis de los bonos en Japón y los riesgos para la política fiscal de Estados Unidos

Generado por agente de IAWilliam CareyRevisado porAInvest News Editorial Team
martes, 20 de enero de 2026, 5:12 pm ET2 min de lectura

La crisis en el mercado de bonos de Japón en 2025 se ha convertido en un caso de prueba crucial para la estabilidad fiscal mundial. Este fenómeno tiene implicaciones de gran importancia para los Estados Unidos y otras economías importantes. Mientras el Banco de Japón iniciaba la normalización de su política monetaria, aumentando la tasa de política monetaria en 25 puntos básicos en enero de 2025, se anunciaron más medidas de ajuste.Los rendimientos de los bonos gubernamentales japoneses a 10 años aumentaron aproximadamente en 100 puntos básicos.Se espera que esta tasa alcance el 2% para finales de año. Este cambio representa un giro drástico en comparación con décadas de políticas monetarias extremadamente flexibles. Esto ha generado una serie de riesgos sistémicos, como la fuga de capitales, la volatilidad de las monedas y un reordenamiento de los flujos de capital a nivel mundial. Para Estados Unidos, que ya enfrenta sus propias vulnerabilidades fiscales, la crisis de Japón resalta la fragilidad del sistema financiero mundial, que cada vez está más influenciado por factores fiscales y dinámicas de endeudamiento interconectadas.

El “Experimento fiscal” de Japón: Un laboratorio para los mercados globales

La relación de la deuda de Japón con su PIB supera el 200%. Es la más alta entre las economías avanzadas. Además, la dependencia de los fondos proporcionados por los bancos centrales ha sido algo precario en el pasado. La reciente normalización de las políticas monetarias por parte del BOJ, al abandonar el control de la curva de rendimiento y implementar medidas de relajación cuantitativa, ha puesto de manifiesto la fragilidad de este arreglo. A medida que los tipos de interés de los bonos japoneses han aumentado…El yen se devaluó significativamente.Esto refleja la ansiedad del mercado sobre la capacidad de Japón para manejar las presiones fiscales sin el apoyo del banco central. Este escenario coincide con las tendencias generales de dominio fiscal, donde…Los gobiernos determinan cada vez más las acciones de los bancos centrales.Para financiar los déficits, se erosiona la independencia institucional y aumentan los riesgos inflacionarios.

Los efectos colaterales de este cambio en la política de Japón ya son evidentes. Los inversores institucionales japoneses, que históricamente han sido los principales compradores de bonos del Tesoro de EE. UU. y de bonos gubernamentales europeos, están reasignando su capital hacia activos nacionales, a medida que las tasas de rendimiento de los bonos gubernamentales japoneses aumentan. Esta retirada de capital amenaza con reducir la demanda por parte de Japón por el endeudamiento con EE. UU., quienes ya están bajo presión debido a esta situación.Un total de 71 billones de dólares en deuda gubernamental a nivel mundial.La reducción del diferencial de rendimiento entre los bonos estadounidenses y los japoneses, que ahora es de 2.12 puntos porcentuales, ha complicado aún más la situación fiscal en Estados Unidos.Los inversores vuelven a evaluar las compensaciones entre riesgo y retorno.En un entorno con mayor rendimiento.

Canales de transmisión hacia los Estados Unidos: Eludir las regulaciones y la volatilidad de los rendimientos

Los Estados Unidos enfrentan vulnerabilidades graves debido a su dependencia del capital extranjero para financiar sus déficits fiscales crónicos. Japón, como el mayor tenedor de bonos del Tesoro estadounidense, con aproximadamente 1.1 billones de dólares en inversiones en los bonos estadounidenses, también es un importante socio económico de los Estados Unidos.Históricamente, ha servido como base para la demanda.Se trata de la deuda estadounidense, que se ha generado a través del llamado “carry trade” con el yen. Sin embargo, la cancelación de este tipo de operaciones, provocada por las subidas de tipos de interés en Japón, ha creado un ciclo autoperpetuante: el aumento de los rendimientos de los bonos japoneses disminuye la motivación de los inversores japoneses para mantener activos en Estados Unidos. Esto, a su vez, puede llevar a que los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos también aumenten, lo que agravará las presiones fiscales.

Esta situación es especialmente preocupante para los Estados Unidos, dado que su ratio de deuda sobre el PIB es del 120%. Además, el límite máximo de la deuda federal sigue siendo una fuente constante de incertidumbre en el mercado.Unas tasas de interés más altas en el tesoro harían que los costos de endeudamiento aumentaran automáticamente.Esto acumula déficits y limita la capacidad de la Reserva Federal para responder a las crisis económicas, sin arriesgar la inflación o la credibilidad del sistema financiero. Además, Estados Unidos no está solo en esta situación.La rentabilidad de los bonos de 30 años de Alemania ha aumentado a 3.51%.Un nivel que no se había visto desde el año 2011, ya que los inversores mundiales están reajustando sus estrategias para enfrentarse a un mundo donde las políticas monetarias son más estrictas y los flujos de capital cambian constantemente.

Riesgos sistémicos y el camino a seguir

La interacción entre el experimento fiscal de Japón y las vulnerabilidades de los Estados Unidos destaca una crisis más amplia relacionada con la dinámica del endeudamiento mundial. Mientras que los bancos centrales de todo el mundo luchan por manejar la tensión entre la independencia monetaria y las exigencias fiscales, aumenta el riesgo de contagio entre los diferentes mercados.Una crisis a gran escala en los mercados de bonos y divisas de JapónPodría desestabilizar los flujos de capital, provocar un aumento desordenado en las rentabilidades mundiales y obligar a una reevaluación de los arreglos financieros existentes desde hace tiempo. Para Estados Unidos, este escenario agravaría las dificultades ya existentes, como la disminución del interés de los inversores extranjeros en los bonos del gobierno estadounidense, así como la fragmentación geopolítica que debilita el papel del dólar como moneda de reserva global.

Los responsables de la formulación de políticas deben enfrentar estos riesgos fortaleciendo la disciplina fiscal y garantizando la independencia del banco central. Sin embargo, la polarización política y la tendencia a la ineficiencia fiscal en los Estados Unidos y otras economías avanzadas sugieren que tales reformas podrían ser difíciles de implementar. Como lo demuestra la crisis en Japón, la era de políticas monetarias extremadamente flexibles está llegando a su fin. El mundo debe prepararse para una nueva realidad, en la cual la sostenibilidad fiscal –no solo la relajación monetaria– será el factor determinante para la estabilidad de los mercados mundiales.

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